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03 - {I}


Canción en multimedia: Bad guy - Billie Eilish🎵🎶



—¿Jeon Jungkook? Uhm... —Rosé se llevó el bolígrafo a la boca, mordisqueando un poco la tapa mientras pensaba en lo que diría—. Nop. Es decir, él es guapo, atlético e inteligente, pero no me gusta... Prefiero a alguien más... Atrevido —resolvió decir después de varios intentos—. Kim Taehyung, por ejemplo.

—Oh, Jisoo, ¿estás bien? —Irene golpeó la espalda de la susodicha al verla escupir la bebida que tomaba, presa de un vergonzoso ataque de tos por la sorpresa—. Respira, respira...

—Kim Taehyung es un idiota —farfulló la pelinegra después de recomponerse.

—Lo es —Rosé estuvo de acuerdo y sonrió—. Pero es un idiota caliente, supongo. ¿Has visto sus manos? Son hermosas.

—Uh, Rosé... —Esta vez fue Joy quien habló, mirando por encima del hombro de la mentada con una expresión incómoda.

—Es la clase de chico con la que escaparía de noche para ir a una fiesta... —prosiguió la chica sin miramientos, ignorando los siseos desesperados de sus compañeras—. Es que no es como que pudieras ignorarlo y ya está. Si me voy a casar y alguien lo lleva a mi despedida de soltera en veinte años, la boda se cancela. ¿Entienden? Él es tan... ¿Qué pasa? —preguntó al fin. Joy lucía como si estuviera viendo un fantasma y Jisoo estaba roja como un tomate, en tanto Irene se cubría la cara.

—Park Chaeyoung —Y entonces la voz de Jimin se hizo escuchar en el salón, haciendo brincar a Rosé. Su tono era suave, pero firme—. El salón del Consejo no es para que derrames baba. Y bájate de la mesa. Qué indecencia que nuestro invitado tenga que ver y oír eso.

—Nop —replicó Taehyung con una sonrisa despiadada, cuyo cabello rojizo estaba desaliñado detrás de una bandana—. Puedes seguir, cariño. —Y él le guiñó un ojo. Oh, él de verdad lo hizo.

—Kim, no tenemos todo el día — El chico de cabellos plateados rodó los ojos, mientras suspiraba—. Venías a disculparte con Jisoo, ¿no?

La mirada de la chica se encontró con los ardientes ojos de Taehyung. Allí no había ni una pizca de remordimiento, pero de todas formas él habló:

—Lo siento —musitó—. Por entrar sin aviso al salón.

—¿Solo eso? —Ella preguntó airada.

—Y verlas en ropa interior. ¡Pero! —añadió el chico—. Aquello es una consecuencia de la primera acción. Es física, no culpa mía.

—¡Kim! —chilló Jisoo—. ¡Eres un idiota! ¡Entraste a propósito a ese salón, eres un acosador, pervertido, degenerado!

—No fue así —objetó el pelirrojo, dándole una mirada mordaz a Jimin, quien solo se encogió en su sitio—. Esto es culpa de Jungkook. Quizá él sabía muy bien que Jennie estaba trabajando en el vestuario de la obra de teatro de primavera y sabía que ese día estarían allí. Él es al acosador, pervertido, degenerado que buscas. No fue mi culpa. De hecho, la culpa fue de Jimin.

—Jimin-ssi —Joy alzó una ceja una ceja, pidiendo tácitamente una explicación.

—No vinimos aquí para echarnos las culpas —El chico hizo un ademán y señaló hacia una de las sillas—. Siéntate, Taehyung. —Y así zanjó el tema.

El pelirrojo bufó antes de obedecer, no sin antes darle una rápida mirada a Rosé. Ella sonrió con timidez cuando recibió un segundo guiño.

Una vez aclarado el asunto, Jimin sacó su adorada libreta, en donde tenía todo lo referente al Consejo anotado. Ni siquiera podía creer que Taehyung hubiese aceptado a hablar con él, después de largas discusiones acerca de ser un traidor por ayudar a su archienemigo a tenderle aquella sucia trampa. El director, Jennie y Jisoo estuvieron envueltos en una o dos de esas.

Solo un día había pasado después de aquel incidente y cada vez que Jungkook lo veía por los pasillos, se reía en su cara. Taehyung había descubierto que el serio capitán del equipo de natación tenía una odiosa sonrisa que lo hacía parecer un conejo y no lo golpeaba solo porque estaba en contra del maltrato animal. Además su risa era extraña y burlona; le hacía bullir la sangre.

Pero se vengaría, y ya sabía muy bien cómo.

—Excelente —dijo el pelirrojo hora y media después, fingiendo una sonrisa entusiasmada. Ya ninguna de las chicas estaba, pues las actividades de sus respectivos clubes habían comenzado. Suerte que ese día Yoongi había cancelado la práctica y aún faltaba media hora para que iniciara el entrenamiento del equipo de natación. Literalmente, todo estaba sobre ruedas para llevar a cabo su plan.

—¿Excelente? —Oh, pero tanta efusividad resultaba sospechosa para Jimin. No era posible que él accediera tan rápido después de haberle rechazado el miércoles.

—Sí, Jimin-ssi. Leyendo bien las propuestas —empezó en tono intelectual—, no tengo que ver la cara de Jeon todo el tiempo. Ni siquiera tengo que hacer mucho. Puedo ponerlo a trabajar como mi esclavo. ¡Eso es! —Se levantó de un brinco y desordenó el pulcro cabello de su compañero, demasiado feliz—. Iré a hablar con el entrenador Kim. Nos vemos mañana, supongo.

—Esper... Taehyung, uh, bien, pero... Ah... —Soltó un suspiro cansado al verse solo en salón. ¿Por qué tenía un mal presentimiento? —Kim Taehyung, ¿qué harás?

El pelirrojo tarareó una canción mientras dejaba el salón. Pensó que sería un buen día y ni siquiera la horrible carota de Jungkook lo haría cambiar de opinión. El salón del consejo estaba cerca de la sala de profesores, donde el capitán del equipo de natación esperaba cruzado de brazos. Al verse las caras, el pelinegro levantó su ceja a forma de saludo y sonrió dulcemente. Taehyung quiso decir lo mismo, pero tal vez su sonrisa era tan falsa como un bolso Channel.

—Kim, escuché que te has metido en algunos problemas —dijo Jungkook con un puchero—. ¿Sabes? No es bueno espiar a las personas. Anótalo.

—Eres tan amable por preocuparte por mí —Taehyung palmeó su hombro—. Te daré un regalo a cambio. Solo espéralo, querido amigo.

—Tan bondadoso. Seguro la chica que deja corazones en tu casillero debe ver esa gran cantidad de virtudes en ti —suspiró el pelinegro con tanto sarcasmo que Taehyung ya no podía decir si era tal cosa o no—. Espera. Escuché que alguien vio a Jimin entregándote uno de esos. Sabía lo de Jimin pero no sabía que, ya sabes, te gustaba recibir un poco.

Taehyung le miró aterrado.

—No hay manera de que deje que algo entre en mi trasero. Nunca.

Él sonrió y luego la puerta de los profesores se abrió. Eunha asentía a lo que el profesor Namjoon estaba diciendo en esos momentos, mientras sostenía algunos papeles en sus manos. El moreno profesor saludó a los chicos con un asentimiento antes de cerrar la puerta de nuevo.

—Hola, Taehyung-ssi —murmuró Eunha con evidente incomodidad—. Yo, uhm, ya tengo los libretos —dijo esta vez para Jungkook, enseñándole el cuaderno argollado en sus manos antes de darle una copia—. Tendré que reunirme con Jisoo ahora.

—Estaba con Jisoo hace unos momentos —comentó Taehyung en un tono inocente y aterciopelado—. Puedo acompañarte si quieres, Eunha.

—No hay necesidad —Ella se apresuró a negar con la cabeza—. Quedamos en encontrarnos en la cafetería, así me iré ahora. Gracias por acompañarme, Jungkookie.

—Está bien, descuida. ¿Te veré en las prácticas hoy?

—Sí, sin duda.

El pelinegro agitó su mano amenamente y después de un pequeño momento incómodo, Eunha partió; solo cuando estuvo lo suficientemente lejos, giró hacia Taehyung y gruñó—: No te metas con ella, grandísimo idiota.

Fue el turno del pelinegro para irse y Taehyung solo pudo rodar los ojos, bufando.

Jungkookie —repitió en una voz aguda y fastidiosa.




[♥]




Por el rabillo de su ojo, Jungkook juró haber visto un borrón de color rojo cuando entró con Yugyeom a los vestidores después de la charla habitual con el entrenador Kim antes de que iniciara la práctica. Se quedó mirando hacia los casilleros del fondo, pero finalmente no había nada raro allí.

—Hey —Su amigo le codeó, tratando de llamar su atención—. Estás demasiado distraído. Es por Eunha, ¿no? —Yugyeom tomó el borde de su camiseta antes de sacársela de un tirón—. Ahora que estás con ella, siento que perdí a mi mejor amigo.

El pelinegro reprimió una sonrisa mientras se sacaba los zapatos frente a la banca en donde había dejado su maleta.

—Ella y yo no estamos juntos —aclaró con algo de vergüenza—. ¡Pero quizá pronto lo estemos! Diablos, es lo que más quiero ahora mismo...

Le dio una enorme sonrisa a Yugyeom antes de estirarse a tomar su botella de agua. Cualquiera pensaría que alguien que pasaba la mitad y un cuarto de su entrenamiento dentro del agua no necesitaba más, pero estaban equivocados. Jungkook siempre tenía su botella de agua.

Solo había un pequeño problema.

—Uh, juré que había dejado mi botella aquí... —farfulló con el ceño fruncido al no verla junto a su maleta. La buscó con desespero unos cuantos segundos, suspirando al encontrarla dentro del morral. Sufrió un mini infarto, como cuando no sentía su celular en el bolsillo.

—Seguramente se cayó y alguien del equipo la guardó ahí —sugirió Yugyeom. El desvergonzado se sacó los pantalones y solo quedó en sus shorts de natación, listo para iniciar con la verdadera práctica.

—Sí, supongo... —Jungkook le dio un largo trago a la botella de agua y en cuanto el valioso líquido tocó sus papilas gustativas, sintió una llamarada recorrerlo de pies a cabeza. Su cuerpo se estremeció por el repentino calor y lo hizo apartar la botella con desagrado. Le había dejado un extraño gusto a champagne.

—¿Qué pasa? —A su otro lado, Mingyu se carcajeó por la extraña mueca que el pelinegro tenía deformando sus facciones—. ¿Con esa cara vas a lucirte frente a Eunha?

Ante la mención de la chica algo se revolvió dentro de él. Era cierto; ese día, más que nunca, debía verse genial, como el excelente capitán del equipo de natación.

El calor del agua humedecía el aire y empañaba las altas ventanas del recinto techado; el entrenador Kim estaba en un costado, reprogramando el cronómetro. Ese día harían pruebas de velocidades para mejorar sus tiempos.

Jungkook dio una mirada panorámica al lugar y sus ojos se encontraron con los de Taehyung. Aquello lo inquietó un poco. ¿Otra vez allí? La última vez no había terminado muy bien.

Sin embargo, el pelinegro quisiera haber podido explicar por qué Taehyung le sonrió de esa manera tan... peculiar. Ya suficiente tenía con que su sonrisa fuera cuadrada. Ahora, que pareciera estar burlándose de él, lo hizo sentir algo mareado. Y asustado.

Él no pensaba hacerlo quedar mal frente a Eunha, ¿o sí?

Eunha.

Su mirada voló hacia otra dirección en las gradas y allí se encontró con los cálidos ojos de la chica, la cual agitó su mano de manera frenética a modo de saludo. Verla a ella le daba paz, tranquilidad... Algo que desaparecía con Kim Taehyung. Comenzaba a odiarle un poco.

—¿Listos? —La voz del entrenador Kim se hizo escuchara—. Haremos una ronda de calentamiento primero.

Taehyung apartó la mirada de Eunha cuando escuchó el chapoteo del agua. Quería decidir si la chica le agradaba o no, pero lo cierto era que parecía una pequeña mosca muerta de esa manera, toda sonrojada mientras jugaba nerviosamente con las manos. Eso era falso, según el pelirrojo. Oh, ella posiblemente estaba sintiéndose atacada por Jeon Jungkook. Claro que sí. No estaría tan nerviosa de ser el caso.

No podía culparla, de todas formas. Jeon Jungkook tenía un cuerpo... aceptable. Sus hombros eran anchos, pero no de forma exagerada, y su cintura era tan pequeña y estrecha como sus caderas. Seguramente Eunha se había perdido en los músculos de sus muslos, porque diablos, Taehyung no podía negar que con esas piernas el chico debía tener un empuje brutal...

¿Y por qué él estaba pensando eso?

El equipo de natación, de todas formas, debía reconsiderar su uniforme. Esos pequeños shorts que utilizaban eran como un golpe a la imaginación. No se podía fantasear. Todo se marcaba... Todo.

Taehyung mordió su labio cuando el rápido capitán del equipo de natación llegó en primer lugar, alzándose con facilidad sobre la paredilla, y se sintió realizado cuando escuchó un pequeño jadeo por parte de Eunha —y admiradoras presentes—. Jeon Jungkook mojado, semidesnudo, con gotas resbalando por su abdomen, jadeando y sacudiendo su cabello empapado, parecía ser mucho para ellas.

O tal vez no era nada de eso, sino la vergonzosa tienda de acampar que Jeon tenía allí abajo. Una muy dolorosa teniendo en cuenta que esos shorts debían estar apretándole un infierno.

—¡Jeon! —Seokjin no se demoró en gritar. Su timbre de voz era tan alto que parecía estar hablando por un megáfono; el eco del lugar no parecía ayudarle mucho—. A los vestuarios, ahora.

El pelirrojo se carcajeó libremente, escuchando balbucear a Jungkook una respuesta, avergonzado como la mierda. Ah, Taehyung sentía la justicia divina como una suave brisa soplando su cara.

Hasta que se dio cuenta de un pequeño detalle. Y eso hizo que su risa desapareciera de inmediato.

¿No estaba... eso, muy grande? 



Sonrían 😂❤️

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