
7
El gorjeo de las aves era simple, constante y molesto.
Un sonidillo fastidioso que seguía el movimiento de las hojas caídas y era llevado a través del viento hasta deslizarse por el pasto reluciente, en una ruta movediza e inconsistente que seguía el trayecto de los rayos solares. Juntos, encaramándose por la pared y siendo ingenuos y traslucidos al ingresar por la ventana abierta en par. Llevando el bullicio cantor con una constancia irritable hacia los oídos del hombre herido, arrastrando a su lado a los traviesos brillos de sol. Calando en toda la habitación con su luz inoportuna.
Una luz que abrigó con molestia el cuerpo rodeado en vendas y que este obtenga un calor ligeramente insoportable. Una leve mueca apareció en el rostro del lobo pero, al rodearse de la barba prominente, fue un gesto tan imperceptible y ligero como el movimiento de las hojas. Sin vislumbrarse más que la leve agitación del viento en el cabello, pero indicando con certeza que el herido estaba fingiendo su reposo.
Porque la palabra reposo era simplemente falsa. Siendo el reposo lo contrario a lo que el lobo había empezado a hacer desde el día anterior, en el que se propuso a aguardar con calma en la trampa de la bruja. Sus instintos activándose levemente y con cautela mientras permanecía a la espera de una actitud sospechosa para atacar. Porque, aunque la debilidad aguarde aún en sus huesos, adormezca sus músculos y lo haga un inútil humano convertido, el corazón de lobo aún era envuelto con el espíritu salvaje y embravecido digno de las bestias de la luna.
Y Sunghoon estaba decidido a aprender como usar ese cuerpo inútil de humano que la bruja le había dado por alguna razón extraña. Pero primero debía aprender sobre esta y sobre los planes perversos que mantenía detrás de esa fachada inocente hasta lograr volver a su forma original. Y por supuesto, sobrevivir mientras recuperaba su fuerza.
Por ello, se mantenía atento a los ruidos, a los pasos y a los susurros inconstantes y suaves que soltaba la bruja llamada Sunoo. Una bruja que caminaba por la cabaña, siendo un ignorante total del escuchar del lobo. ¿Pero quién podría descubrir que Sunghoon estaba despierto y atento a cada cosa cuando el gesto del lobo era el de una estatua cincelada con determinación y tan quieta como el agua mansa y congelada?
Sunoo era un completo ignorante de ello, sin saberlo, aún caminando mientras buscaba un poco de avena que preparar. Pero habiendo recogido al herido hace dos días, había agotado sus reservas en una cantidad peligrosamente baja y entre sus canastas, solo se veía un poco de cebada y semillas, además de arroz, pero la avena había desaparecido luego de haberla consumido en masas. Mientras pensaba en el hecho de ir hacia el pueblo y tal vez intentar llevar a Hoon con él.
Aunque lo descartó al instante, porque la realidad era que hasta ahora no se explicaba cómo había podido ayudar a Hoon a levantarse y llevarlo hacia su cabaña si su fuerza era casi inexistente. Alzó los brazos mientras se decía a si mismo que tendría que empezar a llevar leña o algo más pesado y practicar si es que quería sobrevivir en el bosque. Sino, estaría en graves problemas, porque usualmente la gente débil era atacada.
Por defecto, sus ojos se giraron hacia el invitado dormido, mientras su ceño se fruncía. Porque el hombre herido no parecía del tipo débil y tampoco del tipo que era atacado. Sunoo aún se preguntaba que tipo de problema había tenido como para ser atacado de esa forma tan malvada. Parpadeando con simpleza mientras pensaba en que aunque Hoon seguía resultándole un poco intimidante tanto en apariencia como en carácter, no parecía agresivo cuando le había hablado el día anterior y era más tranquilo de lo que había creído. Como en ese momento, reposando con suavidad.
Sunoo se rascó la nuca mientras pensaba en la segunda opción, ir simplemente al pueblo y dejar a Hoon en la cabaña. Era la opción más viable y estuvo a punto de tomarla. ¿Podría ir al pueblo y volver rápidamente? El pensamiento se formuló en su cabeza, sin embargo, un ligero estremecimiento aguardo en su cuerpo al vislumbrar el camino en su mente. Caminar solo por el bosque había empezado a parecerle un poco complejo por ese sueño extraño. Negó con su cabeza mientras se llamaba a sí mismo cobarde.
¿Pero qué podría hacer? Tenía que alimentar a Hoon ya que ahora se había hecho responsable de este al ayudarlo. Observó su canasta pero la misma imagen de la cebada lo recibió al igual que unas pocas hojas. Sunoo no podría alimentarlo simplemente con agua de hierbas.
Sin embargo, dejar solo a Sunghoon estando herido no le parecía algo aceptable. Si despertaba e intentaba levantarse bruscamente como aquel día, sin ayuda, podría tener un movimiento malo que abra su herida. Caminar hasta el pueblo le tomaría su tiempo y aún más volver.
El muchacho se debatió en silencio, sus manos dudosas apoyadas en los estantes mientras su vista viajaba sin un camino, llamándole la atención la luz que se reflejaba en el piso enmaderado y que empezaba a fluctuar con unas sombras pequeñas y aleteantes.
Su vista se alzó con rapidez persiguiendo el cántico curioso y sus ojos se entrecerraron en dulzura al percibir a las pequeñas avecillas volar alrededor de un ave parlanchina, juntas empezando a cantar con tonos altos y bajos alrededor de los árboles, acompañadas con el movimiento de las copas que reflejaban el verdor innato de la primavera.
Los ojos de Sunoo permanecieron un momento así, con el rostro en alto. Y con el sol empezando a iluminar los recuerdos de su niñez, mientras una sonrisa nostálgica aguardo su rostro. La imagen de una anciana empezando a llamar a un pequeño niño con temerosa curiosidad, que envuelto en una capa se aferraba a las manos arrugadas de la mujer y cuyas palmas contenían una templanza mansa capaz de apaciguar cualquier miedo infantil—. ¿Lo ves, cariñito? No hay porque temer al bosque ni a las aves. Cuando vas a cazarlas, primero debes asegurarte de observar muy bien a las aves, que muchas veces son más astutas que nosotros. Pero son solo los astutos que logran descifrar sus caminos. —Había dicho la anciana señalando los pajaros en lo alto. Mientras el pequeño niño quedaba quieto en su lugar, como la anciana le había indicado—. Las aves son mucho más ágiles que nosotros, pero nosotros somos más inteligentes que ellas. ¿No crees que es un buen balance, mi niño?
—Porque cuando sepamos los pasos de las aves, podremos capturarlas. Así es como funciona, pequeño. Tú tampoco debes dejarte capturar, ¿Lo entendiste, mi gorrioncito?
Fue entonces, cuando algo hilarante sucedió. Porque tan pronto el recuerdo se desvaneció entre las sombras de la cabaña, un pequeño pajarito de colores pardo se posó sobre la rama de un árbol que colindaba con la ventana. Sunoo observó los movimientos rápidos y graciosos del ave, riéndose mientras lo imitaba moviendo su cabeza, obteniendo la observación del pequeño gorrión. Riéndose hasta que su ceño se frunció como si llegara a un entendimiento tácito de algo. Un momento, ¿Gorriones?
Sunoo parpadeó con ligereza mientras sus recuerdos empezaban a engranar. Logrando que el aspecto preocupado de su rostro se gire en una expresión feliz. ¿Cómo lo había olvidado? ¡Estaba preocupándose por nada cuando afuera había un festín primaveral!
Con todas las aves, los faisanes y perdices caminando y volando, las golondrinas cantando e indicando su camino. El muchacho estuvo emocionado al instante mientras se aproximaba a buscar la red un tanto vieja y marchita, pero con la idea de aún poder usarla. Corriendo hacia la puerta y deteniéndose de golpe al recordar un punto importante.
No podía simplemente irse sin avisar a Hoon. ¿Y si se asustaba por no encontrar a nadie al despertar? ¿Y si intentaba levantarse como la mañana anterior? A Sunoo le parecía que Hoon era el tipo de persona callada que no decía cuando algo le molestaba. Pero no podía perder el tiempo para cazar y Hoon seguía profundamente dormido.
Sunoo dejó la red a un lado mientras se giraba hacia la tina de madera donde agua recolectada era visible. Y con ágil costumbre, tomó un poco colocándola en un cuenco, dirigiéndose hacia Hoon con timidez y temor entremezclados. Con la idea de dejarle el cuenco de agua por si necesitaba lavarse o beber agua al despertar mientras lo esperaba. Aunque no creía demorarse mucho.
Con pasos pausados, se detuvo a una distancia considerable. Su vista captando el rostro de Hoon quien empezaba a recordarle esas estatuas de la iglesia: Barbudas, miserables y durmientes. Aún envuelto en vendas oscurecidas por sangre seca y hojas. Sin embargo, al igual que las estatuas de la iglesia, tenía un aura estoica en lo que cabía. Sin dejar a entrever más que los ojos durmientes, con las sombras ocultando su rostro con desconfianza, como si repudiase la luz del sol que intentaba iluminarlo.
Sunoo acercó hasta el hombro de Hoon, en un movimiento dudoso, pensando en despertarlo para avisarle que iba a cazar. Los ojos de Sunoo atreviéndose a mirar el rostro del hombre más de cerca. Donde los ojos mantenían muestras de cansancio, las mejillas permanecían palidas y la respiración era complicada. La imagen fue suficiente para que Sunoo a solo escasos centímetros, detenga su mano. Pensando en que era mejor dejarlo descansar un poco más. ¿Para qué despertarlo cuando al fin había logrado que el herido se durmiese?
Sunoo recordó cómo la noche pasada, Hoon había tenido demasiada fiebre, así que ahora, viéndolo tan calmo, decidió dejarlo así por un tiempo más. El cuenco de agua dejado al lado para que Hoon pueda limpiarse al despertar. Y el muchacho de capa se aproximó hacia las cortinas, dejándolas caer un poco más. Estando satisfecho en cuanto vio que la sombra arrullaba al herido.
Y aunque no sabía cómo hacer que el dormido supiese que había salido, decidió no demorarse. Mientras decía al azahar con una voz tan baja como un susurro tranquilo.
—...En un momento vuelvo, Hoon. Voy a cazar el desayuno...O bueno, lo intentaré.—Sintiéndose un poco tonto al hablarle a un hombre dormido. Caminando hacia la puerta sosteniendo la red y la canasta sin darle más importancia, con la emoción por cazar con la red antigua apareciendo en su pecho de manera inevitable.
Sunoo se había sentado entre los matorrales por un buen tiempo, esperando la señal que alguna vez, entre sus recuerdos pasados y difusos, había aprendido de su abuela.
Ella solía decir que las perdices eran astutas y sigilosas, como si una mosca les hubiese enseñado cómo escapar tan rápidamente ante el peligro. Y siendo tan cautas como los ciervos, atentas ante cualquier movimiento. Por ello, el primer paso, era esperar y ver, en donde estaban y que estaban haciendo, si estaban esperando alimentarse o correr. Porque a pesar de ser sigilosas, las perdices solían ser animales predecibles y con una buena observación, la presa estaba servida.
Pero Sunoo nunca creyó que el simple hecho de aguardar y ver sería tan agotador. Sintiendo como sus piernas se entumecían, mientras la red que había traído en su canasta reclamaba ser usada. El muchacho solo era acompañado por el silbido del viento chocar con curiosidad entre las hojas y por los rayos del sol abrazando con calor su espera, una espera que lejos de ser cálida como creyó, empezó a despertar un miedo impredecible al verse rodeado de la soledad del bosque.
¿Cómo era que de pronto sentía un poco de recelo al pensar en caminar solo por los tramos naturales por los que siempre se había dirigido?
Era tonto. De cualquier forma que lo viese, siempre había caminado por ese lugar o al menos, lo hizo en su niñez casi todos los días. Pero solo ahora, con el pensamiento de la posible existencia de bandoleros y aquel extraño sueño, hacían que se niegue a cruzar por allí. Y se sintió un completo inútil por ello, porque era un cobarde que vivía en el bosque y que empezaba a temerle a este. ¿Qué sentido tenía? No lograba entenderlo.
Sunoo resoplo observando sus manos con la red, mientras el sentimiento del miedo seguía molestando en su pecho. Se sentía observado, se sentía vulnerable. Y era un sentimiento de inutilidad terrible. Pero se había negado a prestarle más atencion. Decidido a ignorarlo por completo. Después de todo, era un hombre, ¿Qué derecho tenía de ser vulnerable?
Un leve canto llamó su atención y sus pensamientos se esfumaron cuál neblina. Sunoo permaneció estático mientras giraba su vista en aquella dirección, pero las aves seguían su cantar y el viento seguía en su silbido adecuado y fresco. Cuando el bosque suena, el peligro no llega, resonó en su mente. Y pudo diferenciar un murmullo de sutiles sonidillos tocando el pasto, como el pisar de algo realmente pequeño. Los ojos de Sunoo, con lentitud, barrieron el lugar y se detuvo cuando algo maravilloso apareció, e hizo de su miedo algo desechable haciéndolo desaparecer al instante.
Porque tan pronto como observo a las criaturas pequeñas caminar con sus patitas por el bosque, Sunoo quiso gritar de felicidad, deteniéndose y resguardando su emoción. Pensando: ¡Perdices!
Con un poco más de sigilo, se aproximó con lentitud. Sin embargo, las aves eran más astutas que Sunoo y solo con una pisada bastó para que estas empezaran a correr. El joven reaccionó rápido lanzando la otra red de repuesto guiando a las aves a la red principal, pero esta no hizo más que caer a un pasto vacío, mientras algunas habían empezado a tomar vuelo. Haciendo que el muchacho se bañe en plumas pequeñas y, golondrinas jocosas volaban en lo alto junto a sonata burlesca al ver la pequeña batalla entre el humano de rojo y las perdices.
Sunoo solo hizo una leve mueca mientras veía su red vacía, pero luego de todo, aquella había sido la primera vez en años que la volvía a usar. Asintiendo con su mente mientras se repetía "Con la mejora viene el triunfo". Tomando la red en sus manos, sin importarle las pequeñas plumas en su cabeza, atento ante los sonidos del bosque.
Y una vez más, las perdices se aproximaron al pasto para comer la cebada que había esparcido. El muchacho corrió y lanzó su red. Y otra y otra, y otra vez. Lanzando la red al principio con determinación, después con velocidad y después con agresividad cansina. Pero, aun así, luego de todos los intentos, con sudor en su cuello y bordeando su frente, bañado en plumas delicadas. Sunoo no obtuvo ni una sola ave y el canto arriba solo parecía extenderse y extenderse al igual que la luz del sol.
Sunoo observó a las aves mientras con una mueca triste, empezaba a hablarles, empinándose en las puntas de sus pies- ¿Por qué son tan veloces? ¿O es que yo soy muy lento? ¡Un día de estos las atraparé, ya verán!
Pero aquello solo causó que el gorjeo de las aves aumente y que Sunoo sintiera un leve hincón en su tobillo al empinarse. El muchacho hizo una leve mueca de malestar mientras su mirada bajaba hacía su tobillo y decidió sentarse entre los matorrales mientras empezaba a sentir otra vez aquel hincon que había estado ignorando pero que ahora, tal vez por el esfuerzo, había regresado.
—Lo que me faltaba. —pensó mientras deslizaba sus manos hacia la hinchazón. Recordó también, que había gastado todas sus hierbas y tenía que volver a recolectar algunas. Suspiró con un poco de dolor, mientras se aproximó a levantarse a su pesar para caminar entre los matorrales un poco más secos, apoyado en su pie sano.
Agachándose mientras cortaba las hierbas necesarias, intentando desviar su malestar en el tobillo con un leve tarareo, sus manos tanteando las ramas secas, arrancando las hierbas con textura porosa y las coloco poco a poco en su canasta. Una de las ramas era un tanto más molesta que las demás, así que Sunoo solo decidió dejarla y empujarla a la derecha. Pero esta vez, se encontró con la textura y figura de algo un poco extraño pero conocido. Sus dedos tanteando la textura curva y un poco porosa, rodeada de tierra y ramillas. Y al tomar una de las pequeñas piedrecillas que parecían haber sido lijadas con esmero. Sus ojos brillaron al sentir haber encontrado un gran tesoro. Con presura, sacando su mano del matorral con el pequeño huevo que cabía en la palma de su mano sin problemas. ¿Cómo no lo había recordado? ¡Un huevo de codorniz!
—¡Yeeee! —soltó en una emoción reflejo, sacándose la capa roja para ponerla en su canasta y evitar que los huevos se rompan. Uno a uno siendo sacado.
El bosque en su punto más calmo y las codornices pareciendo atrapadas en su punto más álgido, pero antes de irse, Sunoo solo observo en lo alto mientras decía con respeto- ¡Tranquilas y gracias, solo me lleve lo necesario! ¡He dejado lo demás!
Porque su abuela había sido clara con él desde pequeño, cuando aún aprendía sobre el bosque y los animales.
"El respeto no se impone, ni se manda. Se gana. Respeta el bosque y el bosque te respetará a ti, mi niño."
Y al igual que Sunoo no se dio cuenta del verdadero estado de Sunghoon, tampoco se dio cuenta de los ojos observando a través de la ventana. Esperando ver el actuar de la bruja frente a los animales, porque Sunghoon había supuesto que esta debía tener un entendimiento absoluto de los estos y que estos deberían temerle. Como solían temerles a los lobos. Así que Sunghoon permaneció a la espera de su actuar, captando sus movimientos con detalle. Observando como Sunoo empezaba a esparcir algo en el pasto, Sunghoon espero que empiece a decir algún conjuro.
Pero lejos de lo que creyó, Sunghoon vio con extrañeza cuando Sunoo procedió sentarse a esperar entre los matorrales, una red lanzada en el pasto y otra en sus manos.
El tiempo seguía pasando y el sol se alejaba con movimientos lentos de la ventana, un largo momento en donde Sunoo simplemente se mantuvo sentado y aguardando, siendo como un arbusto rojo llamativo en medio del bosque.
Entonces, Sunoo alzó la mano y Sunghoon creyó que al fin iniciaría su caza, quién sabe qué clase de ritos había hecho la bruja para llamar a las aves y obtener una caza jugosa.
La bruja, con manos rápidas, alzó su red. Pero había algo extraño en la forma del lanzamiento, un lanzamiento a pesar de rápido...muy torpe. El ceño de Sunghoon se frunció al ver también la red de huecos grandes ser lanzada. ¿Por qué la red era indeseablemente ancha para capturar bichos tan pequeños? Y al caer la red, el instinto del lobo había acertado. Aquel lanzamiento destinado a fracasar y una red miserable que solo pudo capturar plumas y burlas de las golondrinas volando en lo alto.
El lobo no se explicaba que estaba haciendo esa bruja, ¿Qué nuevo tipo de caza estaba inventando? Ni los niños humanos que Sunghoon había visto antes cazaban de una forma tan torpe.
El lobo sintió que había algo oculto o que tal vez la bruja supiese que la observaba, así que simplemente se escondió entre las cortinas que esta había movido. ¿Con qué la había cerrado para que el lobo no observase? Que astuta, pensó Sunghoon mientras observaba a la bruja masculina, quien se sentó observando el bosque con las manos aferrándose a la red, como preparándose para lanzarla. Pero la postura era innegablemente novata y desconocedora de la caza, por lo cual Sunghoon predijo su fracaso al observarlo. ¿Qué clase de cazador cazaba de esa forma? Y lo había dicho con tanta calma, típico de un mentiroso.
Las pisadas rápidas le indicaron al lobo cuando la bruja salió corriendo como si estuviese siendo perseguido por una manada de jabalíes agresivos, siguiendo a las perdices divertidas con su red de huecos gigantes. Sunghoon simplemente se quedó observando, esperando un instante, hasta que la bruja masculina lanzó la red y tal cual pensó, el fracaso fue rotundo y desesperanzador.
"Miente tan mal, ni siquiera es bueno cazando". Pensó Sunghoon mientras observaba a la persona falsa. Porque para el lobo, Sunoo parecía ser falso en todo, desde su magia extrañamente no vista hasta en lo que había fingido ser: Un cazador. Sin embargo, para el lobo debía haber una razón oculta para la que un brujo tan astuto como Sunoo finja aquello. No había otra respuesta. Aunque había empezado a tener dudas porque nada parecía encajar.
Sunghoon siguió observando mientras veía como Sunoo era cubierto por plumas, mientras parecía regañar a las aves y aclamar al bosque por ayuda.
"Que tonto" pensó.
Decidió no prestarle más atención y no gastar más tiempo en algo indescifrable, girando su vista hacía sus piernas aún débiles y se decidía a empezar a practicar ese nuevo cuerpo que tenía. Porque, ¿Cómo iba a fortalecer su nuevo cuerpo si no practicaba en él? Si quería avanzar y estar un paso delante de la bruja, debía fortalecerlo.
El lobo respiró con lentitud, para luego, apoyarse en un pie. Sosteniéndose de la cabecera de la cama, hasta lograr ponerse de pie, intentando copiar la forma en la que andaban en su manada, apoyándose de la mesita de al lado y luego de los estantes mientras trataba de ganar estabilidad.
Sunghoon sabía cómo los humanos andaban, como cazaban, conocía también el sabor de la sangre humana. Pero estar en el cuerpo de un humano era algo que jamás había pensado tener y se había negado a tenerlo. Y ya habiendo pasado dos días desde que lo portaba, empezaba a sentirse un poco menos extraño al tener una piel tan frágil. Siendo lo único que le recordaba a su figura lobuna: el pelaje que sentía en su rostro. Porque hasta sus colmillos se habían ido y se habían reemplazado por unos dientes que aunque afilados, eran pequeños y sin capacidad de ataque. El lobo se mantuvo de pie, habiéndose lavado con el cuenco, pero sin poder concentrarse por el ruido de afuera, un bullicio molesto.
Porque no importaba que fuese, si lobo o humano, a Sunghoon le molestaban los ruidillos de las aves, tan burlescas viéndolo desde el árbol cerca a la ventana. Carcajeándose de su nueva forma y su andar parecido al de un pequeño cervatillo.
Sunghoon estaba ya cansado de estos bichos voladores y su incesante canto que usualmente no sonaba en cuanto los lobos pisaban el bosque, pero ahora, creyendo que era débil, demostraban su superioridad. Entonces, aún con dolor e intentando copiar su antigua forma, Sunghoon estuvo listo para gruñir ante las aves que veía por la ventana. Acercándose con dolor en dirección a los bichos molestos.
Pero ese gruñido fue detenido al verificar por la ventana, como Sunoo el "cazador", seguía en su batalla con su mísera red intentando atrapar perdices. Frunciendo el ceño por los inútiles ataques que veía mientras se sentaba en la cama otra vez, encontrándole extraño y tonto. ¿Aún seguía corriendo detrás de las aves?
¿Podría ser que este tipo de bruja tenga una buena máscara de ingenuidad? Una buena mascara que hasta un lobo como él no podría ver a través de este. Sunghoon no supo la respuesta de inmediato, mientras seguía escuchando las burlas de las aves hacia Sunoo. ¿Cómo era que hasta las aves parecían no tenerle un poco de piedad?
Los ojos del lobo se entrecerraron mientras observaba y escuchaba la voz de Sunoo entremezclarse entre el bullicio de la primavera, quien alzaba su brazo hacia las ramas, bañando su cabello en el sol, haciéndolo ver un poco más rojo y anaranjado de lo normal, mientras su cuerpo se alzaba empinado en sus pies.
Sunghoon quiso reírse de lo mal que había resultado la mentira de la bruja. Pero al instante, vio un rastro de dolor en el rostro de este. El "cazador" había saltado otra vez, pero esta vez, había evitado pisar con un pie. En un leve balanceo al ritmo de las hojas al viento, un movimiento imperceptible de inestabilidad que, a los ojos de cualquiera, pasaría desapercibido.
Pero que la vista de Sunghoon captó con precisión, su entrecejo fruncido mientras intentaba examinarlo, pero el muchacho de capa ya se había sentado en el pasto, haciendo que Sunghoon no pueda proseguir en su análisis decidiendo volver a lo suyo, debido a que la bruja masculina parecía tener mucho tiempo por delante en su batalla con las perdices, quienes lejos de temer, parecían divertidas ante la vista de este siendo bañado con sus plumas.
Afuera de la cabaña, Sunoo alzaba sus puños con emoción hacia las aves, agradecido ante ellas, y dentro de esta, Sunghoon observaba de soslayo cada tanto mientras se apoyaba de las paredes, un poco de sudor cayendo de su frente mientras sus piernas temblaban sin fuerza. Pero para Sunghoon ya era bueno poder mantenerse de pie, empezando a mover sus pies con curiosidad.
La audición del lobo advirtió el sonido de unos pasos rápidos, sentándose con rapidez mientras observaba la puerta. En su mente aguardando la llegada de la bruja, hasta que como pensó, lo vio aparecer pero esta vez, vestido con una camisa holgada y un pantalón oscuro. Un puño alzándose sin poder contener la emoción. Mientras sus ojos tenían la misma brillantez y molestia de la luz del sol que ingresaba por la ventana.
—Ya que no podemos ir al pueblo, decidí cazar unas perdices pero... ¡Son muy difíciles de atrapar! Así que traje huevos de codorniz. ¡Mira! ¿A qué no es un buen día, Hoon?
—...
El lobo escuchó mientras controlaba su respiración por el agotamiento de haber caminado y aunque sabía que aquello definitivamente no era cazar, sino, recolectar, no mencionó una palabra, aun mirando con recelo tanto a Sunoo, su canasta y un leve detalle que había captado antes cuando vió a Sunoo empinarse hacía las aves: El tobillo un poco hinchado que había empezado a hacer que Sunoo cojeara, de manera nimia, pero perceptible ante los ojos astutos de Sunghoon. Que persiguieron el tobillo herido mientras Sunoo ignoraba aquello, empezando con sus quehaceres diarios.
Sunoo camino hacia la chimenea, echando agua en la olla y algunas hierbas recién recogidas. Indicando a Sunghoon que esperará un poco. Sunghoon, sin entender, solo observó con atención a Sunoo otra vez deslizarse por la cocina, echando hierbas a la olla para luego sacarlas y dejarlas en un pocillo de piedra. Dejando otras cosas a hervir en el caldo mientras se dedicaba a aplastar la hierba hervida con una roca, para luego hacer una pequeña pasta verde. Sunghoon había visto ese tipo de pomadas en su manada y esperó a que la bruja se la aplicará en su tobillo hinchado. Pero se sintió extrañado y con recelo al notar como Sunoo se acercaba a él.
—No tengas miedo, creo que así funcionará mejor que solo dejándote las hojas en el torso. Así podrás recuperarte rápido y seguir tu viaje. —intentó convencer la bruja masculina.
Sunghoon solo aceptó otra vez mientras permanecía confundido, aún atento a cada movimiento extraño, listo para atacar al menos en lo que podía. Pero lejos de obtener algún toque extraño y tal como el día anterior, Sunoo fue práctico, y echó y vendó. Para luego seguir preparando la sopa. Mientras Sunghoon seguía observando el tobillo de soslayo, aún sin vendar.
¿Le había echado hierbas venenosas y por eso no las usaba en si mismo? El lobo dudo y esperó los efectos secundarios, creyendo que pronto su piel ardería. Su piel se caería o que otras cosas perversas pasarían.
Más el único efecto perturbador que sintió el lobo, fue una ligera calma en su piel. Descubriendo lo mucho que había ardido una herida a la que no le había prestado atención mientras el sentimiento fresco de las hierbas molidas le resolvían el dolor. Pero lo confundían en su interior, sin entender aún el actuar de la bruja que sin prestarle atención, prosiguió en su receta echando los huevos lavados de la codorniz dentro de la olla.
El sol se empinó en lo alto y Sunoo sirvió dos tazones de sopa. Sonriendo con timidez mientras se disculpaba por el extraño sabor que podría tener, ya que no era bueno en ello. Bebiendo con calma, mientras veía como Sunghoon observaba la sopa con extrañeza, sosteniéndola entre manos complicadas y temblorosas. Sunoo pensó que aún tenía el cuerpo débil, así que solo se acercó, mientras extendía la cuchara ante él. Sunghoon abrió la boca con sorpresa y Sunoo metió el cucharón de sopa, mientras sus ojos demostraban una extraña genuinidad.
—Es bueno que te alimentes. Tal vez, solo necesitas un poco de comida para terminar de recuperarte. Hubiera traído codornices, pero son muy altivas, ¿No lo crees?
Sunghoon asintió, aunque luego, se detuvo. Pero el asentimiento le bastó a Sunoo para pensar que estaban entendiéndose. Y así como Sunghoon tomo un cucharón de sopa, pronto fueron dos, tres. Hasta que no hubo más sopa y aunque el sabor era extraño, herbal y sabía a yema de codorniz. Sunghoon también pudo sentir un poco de calidez indescifrable, tal vez, por el sol ingresando por la ventana. O así lo creyó.
♡
♡
♡
¡Hola, gorrioncitos! ♡ (sonaba cute en mi mente pero escribiendolo, me dio cringe, igual lo dejaré para burlarme de mí en el futuro)
¿Me disculpan por no actualizar? Dejare un dibujito para disculparme. (╥﹏╥)
Sunoo En-plumado (ya se que no se escribe así, pero bueno, se entiende el chiste😔)
Sunoo: deonuu! ♡☺️
Sunghoon: efectivamente, es bruja 🗿
(rianse, perdon, mi humor es muy fácil)
Este es uno de los capítulos que mas me he demorado en escribir, debido a que empieza a demostrar la relación de desconfianza que todos sabemos, es inútil. (me da risa escribir a Hoon así, no se estresen, ríanse de él) <( ̄︶ ̄)>
Caperucita llegó a los 11.8K. (no puedo creerlo) Me resulta un poco triste (soy muy nostálgica) pero gracias por apoyar y darle una oportunidad a este fic, en serio. Me había dado un hiatus por temas personales y cada vez que veía que leían Caperucita o dejaban comentarios, no saben lo alentador que se sentía. (Literal era como: Esta pequeña parte de mi vida se llama felicidad, soy ese, ajajaj) ¡Gracias por seguir leyéndolo, si has llegado hasta aquí!
Con este capítulo tenía muchas dudas, porque solo iba a mostrar el punto de vista de Sunoo. Pero despues agregue a Sunghoon y luego no pude eliminar ninguno (jaja)
Tengan en cuenta que todos tenemos derechos a sentirnos vulnerables, la autosuficiencia puede llegar a ser enfermiza. Esta bien simplemente decir: Bueno, esta bien, necesito ayuda. Y lo entendí gracias a un libro del Sunsun, lo super recomiendo!
Se llama Pretend y es de attplsdan
Por otro lado, esta vez no pondré excusas y tampoco mencionaré mi salud porque, sigo igual de enfermiza. (jaja) (algún día escribiré sobre un personaje enfermizo, y sabrán que soy yo)
También, ya tengo 21 años y la edad se siente. Solo diré a cada uno de ustedes que disfrute su juventud, su adultez o simplemente la etapa en la que se encuentre. El tiempo es veloz y cruel, así que abracen cada día con amor y respeto. Hagan lo que crean beneficiará a ustedes y no se queden con el "y si hubiera", háganlo mientras sea algo beneficioso para ustedes y los demás. ♡♡♡
Muchos abrazos a cada uno de ustedes y espero que este año puedan lograr muchas cosas, ánimo! ¡La vida es un mar de posibilidades! ♡♡♡
Sin más que agregar.
li♡
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