
3
El invierno era confuso, complicado y codicioso.
El viento intentaba huir de este, sollozando un cántico, pero era tomado por las manos frías de un ser que prometía quedarse una buena temporada haciendo que todos se escondiesen, buscando calor. Entre esos seres minúsculos, una sombra roja avasallada de recuerdos, se apresuraba sentado en el sillón dentro de una cabaña rodeada de las sombras de la espesura, oculto bajo la nieve.
Sunoo bordaba mientras ignoraba el canto del viento, las ramas inertes del bosque y los copos destinados a morir al caer en el suelo. Su dedo índice siendo cubierto por un dedal antiguo y sus hombros por un manto rojo. El muchacho se mantenía un poco encorvado mientras con destreza, en la tela oscura en sus manos, unas figuras suaves y elegantes se posaban sobre esta aferrándose a los hilos. Patrones en color plata que parecían constelaciones sobre esa tela que parecía una noche.
Trazando una bonita noche estrellada.
El cansancio pesando sobre sus hombros y una fuerte punzada molestaba en su cuello al permanecer encorvado y en una sola posición por mucho tiempo. Agradeciendo la chimenea encendida que le otorgaba calidez necesaria. Deseando descansar en su cama y rodearse de mantos, sin embargo, no podía tomarse esos leves descansos y solo se mantenía tejiendo. Porque el tiempo no estaba a su favor.
Muy pronto, cuando la gelidez se diluya junto al rocío, sería el cumpleaños de Heeseung.
—Probablemente harán una misa, pero he escuchado que los amigos de Heeseung le prepararan algo especial. -recordó a Jiheon exclamar con emoción cuando visitó la aldea —. ¿Vendrás, verdad? Eres mi único amigo aquí y la tienda de costura esta muy triste sin ti.
—Que mentira tan grande, tienes tantas amigas como piedras en el suelo, así que no mientas.
—Lo acepto, lo acepto. ¿Pero vendrás, verdad? Ya deja tu vida de topo, ¿Sí?
¿Vida de topo? Sunoo se miraba a sí mismo, tejiendo oculto en el bosque con la nevada cayendo, y lo aceptaba. Era casi como un topo en invierno, ocultándose de la nieve que podría exponerlo al frío y a la muerte. Sunoo sería un topo si eso le permitía vivir un poco más.
Sin embargo, el problema llegó a su mente cuando la idea de no tener nada que regalarle a Heeseung apareció. Sunoo nunca tuvo nada que ofrecer, era un simple costurero huérfano que solo contaba con la cabaña descascarada de su abuela. Sin el señor John, Sunoo sabía que habría sido un niño de la calle destinado a morir en los brazos del invierno o tal vez, un monaguillo en la iglesia. El destino de su vida estaba destinado a ser infortunado, por eso Sunoo agradecía la amabilidad que le daba el señor John y no le importaba la mirada de recelo de la señora Jane sobre él.
Tal vez por ello, Sunoo se había acostumbrado a no recibir mucho y a dar todo. Y la idea de no tener nada que regalarle a Heeseung para su mayoria de edad le aterraba.
Y tal vez en el fondo, Sunoo quería hacer algo especial a Heeseung solo para que este lo mire un poco más, por un poco más de tiempo antes de girarse para seguir con su camino. Sunoo solo necesitaba que lo mirase unos segundos más antes de darse por vencido. La codicia del invierno aparecía en su corazón pero él solo tenía ese deseo que no sabía si era mucho pedir.
Cuando fue a la tienda esa vez, sus ojos se abrieron con sorpresa y sintió que había encontrado algo bueno. El señor John se jactaba de que Sir Kamir, uno de sus amigos, había traído buenas telas de la capital y que no le había cobrado una sola moneda, hablando sin parar como un canario pero captando la mirada de curiosidad del niño pelirrojo por una de las telas oscuras. Una sonrisa baño su rostro jovial y regordete y sin dudarlo, el señor John le entregó esa tela. Había leído por completo al joven, por supuesto, leído sus ansias por hacer algún traje con esa tela. Y Sunoo solo pudo agradecerle con un abrazo. -¿Ya estás pensando en que coser, eh? ¡Digno de ser mi aprendiz! -el señor John se paseo con felicidad al saberse que no se había equivocado con Sunoo siendo totalmente ignorante de los pensamientos del muchacho, en cuya cabeza revoloteaba la imagen de Heeseung portando una capa oscura.
Sin embargo al llegar a su cabaña, la emoción que había tenido bajo por completo.
¿Le regalaría una capa a Heeseung? ¿Una simple capa?
Sunoo había escuchado en la aldea que los regalos por mayoría de edad eran armas, cinturones, flechas, arcos, hasta podrían ser la piel de una bestia como símbolo de valentía.
La capa de Sunoo, entre todas aquellas cosas, sería como un trapo digno de ser desechado. Sunoo se lanzó a su sillón mientras la nieve seguía cubriendo afuera todo de blanco y el viento, en susurros suaves, borraba sus huellas, poco a poco, desapareciendo como si nunca hubiese estado allí. Porque todo tenía un fin, lo confuso se aclaraba ante la luz, lo complicado se resolvía luego de desatar los hilos revueltos y los codiciosos se enfrentaban a la vida irreversible y funesta, teniendo que aceptar su realidad, redimiéndose o muriendo junto a esta. Para el invierno no era diferente, que al notar al sol que se imponía como un guerrero noble que liberaría una ciudad de sus cielos grises, se enfrentaba a este y el invierno caía, diluyéndose hasta volver a la forma sutil y transparente, uniéndose a la tierra, quebrado y vencido, jurando una promesa cíclica ante el sol.
Es por ello que Sunoo no podía explicarse porque, su corazón se negaba a soltar el invierno que cubría el jardín de su pecho, un invierno que se apuro en llegar y se negó a partir, aferrándose a los tallos de las flores hasta secarlas, escondiéndose en su manto puritano y gélido y, trepando con sorna hacia los árboles, besando las ramas vacías que se dejaban ser ante su destino infeliz. Agitando al viento que hacía bombear su corazón y este, totalmente indefenso, solo podía susurrar gritos en contra de aquella estación egoísta y conflictiva, asentándose de más en los lugares donde no era bienvenido, acaparando su corazón con su nevada silenciosa y atenuante.
Sunoo no podía explicarse cómo era que aquel árbol de su jardín permanecía en pie, cubierto de un manto blanco sin atreverse a marchitar. Deseando que Heeseung pronto se convierta en una de esas huellas al caminar y su corazón, lleno de nieve, lo olvide, olvide sus marcas, su sonrisa y su ser dejara de latir tanto cuando ese leñador se acercaba a saludar. Deseando cortar su amor tan fácilmente como el leñador cortaba leña y despedirse de aquellos sentimientos que, estancados en su pecho, no lo dejaban ir. Siendo aun, mas confusos, complicados y codiciosos que el invierno.
La nieve siguió cayendo afuera y Sunoo se arremolino, copiando la forma de un estambre plata que, posado sobre la canasta, se burlaba de la ensoñación excesiva del pelirrojo. La chimenea siguiendo brindándole apoyo con sus llamas y la cabaña abrazando a un pequeño bulto rojo que botaba lágrimas cortas y casi imperceptibles.
Sunoo se abrazó a sí mismo, la huella de sus pasos al fin desapareciendo entre la nieve y una única resolución pareciendo en su mente, una a la que siempre había llegaba.
Detén esto, Sunoo.
Aquella verdad era la única que Sunoo se negaba a aceptar. Pero había tanta razón en esta, sus sueños, su corazón, su vida, estaba respirando por un hombre que nunca iba a saber de sus sentimientos antinaturales, estaba ansiando la mirada desinteresada y deseando una sonrisa ajena. Se sentía estúpido y culpable. Porque Sunoo no quería detenerse y en lo único que podía pensar era en el regalo de Heeseung.
Como un tonto mendigo de un amor que nunca pasaría la brecha amistosa.
La nieve afuera seguía arremolinándose, el viento seguía susurrando entre los árboles y Sunoo llegó a una conclusión al ver como una rama caía al fin, rota, sin soportar el soplar gélido y excesivo. Se giró y tomó en sus manos a la bola de estambre plata y posó el dedal, un regalo de su abuela, en su índice. Tomando el hilo y la tela oscura en sus manos, mientras su corazón bombeaba con temor. Sunoo mordía sus labios jurando una promesa.
Aquella capa, sería una capa especial solo a sus ojos, nadie notaría el tejido distinto, nadie notaría el remallado y los patrones plateados. Al igual que, nadie notaría que, junto a aquella capa, venía un corazón mudo y ansioso de amor que, aceptando su derrota, era entregado al leñador.
Prometiendo así, sellar su amor por Heeseung y nunca más volver a ansiarlo.
Sunoo estaba confundido.
La aldea estaba más que alborotada y aunque se acercaba el fin del invierno, no era algo muy común de ver. La plaza estaba siendo alistada, las señoras llevaban vasijas en sus manos, algunos de los muchachos cargaban barriles de vino y de la iglesia, bancas de madera eran sacadas. Sunoo se confundió al ver el lío de cosas que pasaban al mismo tiempo, buscando con su mirada a un castaño conocido, sin encontrarlo, dirigiéndose a la tienda de costura donde todo parecía igual de alborotado que afuera.
—¿Hola? ¿Qué está pasando? ¿Por qué están tan activos en invierno?— los ojos de Sunoo no sabían si enfocar al rechoncho señor John escogiendo telas celestes, a la señora Jane dirigiendo a unas muchachas de la aldea o al pequeño Anton, que al verlo, se acercó con entusiasmo en los ojos y una sonrisa iluminada.
—¡Sunnieee! —el niño alargó su nombre mientras alzaba sus manos, Sunoo se agacho con una sonrisa, cargándolo mientras el niño agarraba las mejillas del pelirrojo. El señor John al fin captó la presencia de su aprendiz con el gritillo chillón de su hijo y se giró con rapidez para saludar.
—¡Sunoo! Al fin llegas, estaba a punto de caer en la locura. ¡Mira! ¿Qué opinas de estas telas? ¿Se ven lo suficientemente aptas para una boda? ¿O se ven muy comunes? —preguntó con una expresión apurada. El señor John presentó las telas celestes y suaves que solo guardaban para las bodas más caras. Sunoo sonrió mientras señalaba tres de las que le enseñaba.
—Esas se ven mucho mejores, el tejido es pulcro y más suave a comparación de las otras dos. —el señor John aceptó con una sonrisa que le daba la razón mientras caminaba al estante de madera que cubría toda la pared final de la tienda de costura. Sunoo tenía curiosidad al verlo tan atento.
—¿Qué opinas de estas de aquí? Son las que Sir Kamir trajo. Aunque no confío mucho en su procedencia, note que la textura es aceptable, pero claro, tu opinión me importa mucho, así que dime. —el señor John lo miró expectante, divirtiendo a Sunoo con su nerviosismo, mientras asentía.
—Probé la que me regalo, tiene una buena hilada. Además, usted es el maestro, no se preocupe. —mencionó divertido. El señor John se alejó asintiendo con rapidez mientras dejaba las telas escogidas a parte. Sunoo seguía expectante por aquella boda que parecía enloquecer al pueblo. Colocó la canasta con la capa a su lado y dejo a Anton sentado en la mesa, apoyándose a un lado mientras observaba al señor John sacar mas telas, con curiosidad tomó las que estaban sobre la mesa y vio los trazos en el papel rugoso con diseños elegantes pero aún no concebidos por completo.
Que bonito vestido, pensó. Sus ojos relucieron al imaginar el trazo en una tela real.
—Son muchas cosas, señor John. ¿De quién es esta boda? Parece importante. —mencionó con asombro ante los detalles que iban a tener en cuenta para el vestido. El señor John a veces solía sorprenderlos con pedidos de otros pueblos o hasta de la ciudad, pero esta vez le resultaba extraño, tanto afuera como dentro de la tienda, todos parecían alterados.
La señora Jane, que se había desocupado por un momento, miro con curiosidad y con una sonrisa irónica confeso.
—Es por el compromiso de Heeseung y Sohyun, la adorada hija del alcalde, ¿Es que tu amigo no te lo dijo?
Sunoo se giró como un trompo a ver hacia la mujer alta y recta, esta solo se rio con cariño.
—Tal vez lo olvido o seguro quiere que te enteres como el resto del pueblo. Hoy lo anunciaran. —soltó para luego seguir a unas muchachas afuera de la tienda. Dejando a Sunoo confuso solo sintiendo las manos de Anton presionar sus mejillas, jugando con estas. Sintiendo como un susurro de viento se arremolinaba en su pecho.
—¿Se comprometerán? ¿Era cierto? —Sunoo no había querido aceptarlo. Jiheon había mencionado algo parecido pero él no lo había aceptado, ¿Heeseung se iba a comprometer? Para su mala suerte, aquello que creyó era un pensamiento ido, fue una pregunta que el señor John escuchó.
—Ahh, Sunoo. No le des muchas vueltas, yo también olvide decirle mi compromiso al señor Kamir. Pero es mas por los nervios del compromiso, lo juro. Además las bodas son tan complicadas, hacer todas las ceremonias y seguir los ritos y las misas, es todo un tema. Hubiera preferido casarme sin hacer tantas ceremonias previas...
Pero Sunoo no podía escuchar el parloteo del señor John, mientras veía la puerta como un pase a una batalla de gelidez. La manos suaves de Anton distorsionaron una lagrima y el niño se sorprendió. —¿Estas llorando? —el niño lo miró con ojos preocupados. Sunoo negó sonriendo.
—Estoy muy feliz, Anton. Tan feliz que lloro. Mi hermano se casará pronto. —mintió. El niño no quedó convencido pero las cosquillas que Sunoo le dio fueron lo suficiente para que olvidará el tema y lo deje ir. El señor John salió al fin de debajo de la mesa de madera y vio a Sunoo jugando con Anton, pero también vio como el muchacho no paraba de mirar hacia afuera.
—Si quieres, puedes ir, Sunoo. ¿Hoy también es el cumpleaños de Heeseung, no? Creo que sería bueno felicitarlo dos veces y darle el regalo que le has preparado.
Sunoo lo miró con sorpresa mientras las cosquillas hacia Anton se detenían. ¿El señor John se había dado cuenta de su regalo? Pero si lo había escondido bien. En la canasta, la tela negruzca se difuminaba en la oscuridad.
—Eres tan transparente, Sunoo ¡Dale unas buenas felicitaciones a tu buen hermano! Ahh, la juventud, pronto tú seguramente también te casaras, así que aprovecha el tiempo con tus amigos, niño. —Para su buena suerte, el señor John solo parecía conocer la parte de buena hermandad de Sunoo y Heeseung. Sunoo asintió sin convencerse del todo, dejando a Anton en el suelo y este empezó a quejarse.
—No...Sunniee. Te vas a ir y no volverás a la tienda después. —dijo el niño formando un puchero. Sunoo negó mientras el niño también se negaba a soltar su capa. Sunoo pensó en algo y pronto, se quitó la capa roja y la posó sobre el pequeño Anton, que parecía más un duende cubierto de un manto, sin poder alzar sus manos por la gran tela que lo cubría. Sunoo lo alzó como un saco.
—Espérame aquí, Anton. Volveré luego de darle el regalo a Heeseung. No me tomará mucho tiempo, ¿Cuidarás mi capa por mi para cuando vuelva, verdad? —preguntó suave. El niño asintió con emoción y río al tener tanta tela encima.
—¡Esperaré aquí, Sunnie!
Sunoo salió de la tienda, portando solo su camisa y un chaleco. El frío mortificando sus manos y la canasta sosteniendo un corazón dañado por las agujas que pronto coserían un vestido de bodas. Los aldeanos se apresuraban a llegar a la plaza, Sunoo se apresuró a mezclarse entre el gentío de gente. La iglesia, con puertas abiertas, recibía a los feligreses felices por asistir a misa. Sunoo se aproximó un poco, sin intentar buscar a Jiheon con la mirada, ni prestar atención si alguno de sus amigos estaban ahí.
Porque sus ojos tenia un dueño, como si fuera un imán, dirigiéndose a su dirección. Viendo el cabello castaño de Heeseung, sus ojos felices posados junto a una sonrisa amable. A su lado, una mujer hermosa, esbelta y elegante, sonreía mientras esperaban las palabras del sacerdote principal. El cabello, como tinta negra, caía bien peinado y rodeado de flores. La imagen de ambos juntos, aquella que había tenido tanto miedo de aceptar, ahora se materializaba frente a sus ojos, el futuro denso abriéndose paso ante sus sentimientos agridulces.
El sacerdote salió de manera oportuna, deteniendo la huida del muchacho pelirrojo y exclamando con felicidad.
—¡Bienvenidos a nuestra ceremonia de compromiso! Hoy, gracias a los caminos trazados por nuestro señor, vemos el floreciente amor de dos jóvenes que, deseando seguir los pasos del buen cristiano, deciden dar el siguiente paso hacia el matrimonio y la familia. Estos jóvenes son un orgullo para el pueblo y un orgullo para los ojos de Dios...
Los feligreses estaban felices ante las palabras del sacerdote, los ojos del alcalde veneraban a su hija y los ojos de Heeseung observaban a su futura esposa, dedicándole risas y miradas. Porque así debía ser y el único intruso ahí era él.
Sunoo presionó la canasta en sus manos y se giró, huyendo, sin poder resistirlo más y tal cual las huellas en la nieve, dejó un trazado que pronto se borraría. El invierno codicioso siendo golpeando duramente en su pecho y su corazón marchitándose cual flor, siendo bañada de la nevada. Porque a los ojos de Heeseung, Sunoo era una simple huella de la infancia. Y a los ojos de Sunoo, Heeseung era el único invierno en el que su jardín siempre viviría.
Deteniendo el tiempo, conservando la huella.
Sin darse cuenta de que al irse, los ojos curiosos de Heeseung buscaban entre la multitud a un amigo, una mancha rojiza y tímida, rindiéndose en buscar al instante.
Al volver a la tienda, se excusó ante el señor John, diciendo que había mucha gente ahí y después entregaría su regalo. El señor John aceptó y el pequeño Anton lo abrazo, aun portando su capa roja. Sunoo decidió concentrarse en la emoción del señor John por el repentino trabajo masivo por la próxima boda a fines de primavera, en la conversación de la señora Jane sobre los preparativos del banquete y en el pequeño Anton, que parecía tan feliz mientras alzaba sus manos, jugando con su capa. Sunoo se concentró en esto para evitar las palabras razonables de su mente.
Debes parar esto, Sunoo.
♡
♡
♡
¡Hola!
La verdad que estoy un poco sorprendida por el apoyo que recibe este fic (si ven, tengo un fic abandonado JAJAJSJS) y Caperucita iba a ir en ese rumbo por eso agradezco mucho cada voto y comentario, en verdad, no saben lo feliz que me hace saber que hay personitas que leen lo que escribo. ♡
También ha habido algunos cambios, porque al parecer, mi forma de escribir me dificulta terminar esto en pocos capítulos, así que se extenderá un poco, espero que no les moleste ( ◜‿◝ )♡
Es necesario trazar el camino por eso está demorando un poco y por ahora vemos a un Sunoo así. (Jeje)
Ya falta poco para el Sunsun! 👀
El próximo capítulo casi está listo, tal vez lo publique el jueves 🧚
Y también, escribí esto escuchando
Creep (Radiohead), Wildflower, L'amor ma vie y listen before i go (Billie ♡)
Por cierto, también dibujo, así que si quieren ver dibujitos que fanfics que leo y me encantan demasiado, pueden ir a ver (probablemente los publique está semana) (◍•ᴗ•◍)✧*。
Vayan a leer GISEI y YANDERE de rikicimos !! ♡
Si encuentran algún error ortográfico, por favor comentenlo (╥﹏╥)
Sin más que agregar, cuidense mucho ♡
li♡
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