LUCAS REBELDE
Desde el juicio a Jimena Lucas se ve distinto, cambiado, ido, sin entusiasmo por nada, la abuela veía reflejado el rostro de su hija María Eugenia cuando le prohibía compartir con Roberto preocupada le pidió a Gonzalo que se fuera de vacaciones con su hermano.
_¿Los dos solos abuela?_ algo preocupado le pregunta ya que ellos siempre se van de vacaciones en familia.
_¡Solos, ya Lucas es mayor de edad y tú eres ingeniero¡_
En ese preciso momento se avisa que la comida está servida, Lucas llega cuando todos están sentados y de la peor forma responde que no va a comer sin disimular toma el tenedor y revolviendo la comida insiste con un rostro de desagravio que la comida se vé asquerosa
_¡Te la comes o te la doy de comer!_ lo obliga María Eugenia.
_¡Es mejor que te sientas y comas de lo contrario te saldrá comida hasta por la nariz. Recuerdo que cuando tenía cómo diesiceis años no quería leche sin azúcar y mi mamá le dijo a Eju, cómo yo la nombraba, que me la diera y me vació la leche en la boca, recuerdo que me salió leche hasta por la nariz!_ Roberto lo mencionó en advertencia, la evidente risa se mezcló en la sala, solo faltando la risa de Lucas, el que continuaba en su acrecentada postura altanera.
_¡Come para que salgamos con el abuelo!_
Con desprecio miró a Rosa María y retrocedió la silla para sentarse, la abuela tomó la silla y la alejó un poco más, para que Lucas cayera, embriagado de cólera quedó en el suelo, las dicimuladas risas fueron de bajo perfil, María Eugenia le ordenó que se volviera a sentar.
_¡Pienso que mi abuela me odia, me da castigos muy crueles!_ sin mirar a nadie se volvió a sentar.
Nadie respondió a sus dichos, la abuela salió a dar vueltas por el jardín, comió tan rápido como pudo para estar lejos de todos, siendo al momento de levantarse cuando María Eugenia le ordenó que se quedará ya que aún nadie había terminado, Lucas miró el extraño rostro que tenía su madre y prefirió quedarse quieto, sin hablar, solo observaba.
_¿Donde van papá?_ muy serena le pregunta a su padre.
_¡Me contaron que hay un pequeño buque en buenas condiciones y que mi amigo se quiere deshacer de él!_
María Eugenia sintió muy acertada la salida de su padre deseando que Lucas regresara con un ánimo renovado. Ya todos comenzaron a retirarse quedando solo María Eugenia, Roberto y su padre.
_¡Papá te quiero pedir que me prestes algún revolver porque queremos con Roberto aprender a manejar las armas, ya que tú me hiciste sentir que debo estar preparada en caso de emergencia!_
El hombre ya mayor pero con prestancia, tomó las llaves y se las entregó para que su hija se hiciera cargo mientras él no estuviera. Los dos jóvenes hermanos bajaron apresurados con mantas puestas y trayendo Gonzalo la manta del abuelo se la entrega, no disimulando el entusiasmo por la salida.
El último contacto con su madre fue para informarle de qué puerto salían y la ubicación de la camioneta. El barco estaba en buenas condiciones, más bien parecía nuevo, el afectuoso saludo que se dió el abuelo con el hombre demostró que lo apreciaba mucho, pero Lucas sintió que el abuelo era un ser amable y un amigo leal, luego inhaló una gran bocanada de aire un suspiro que fue pensando en Jimena, la abuela lo miró y descubrió que sus pensamientos están motivados por esa chiquilla alborotada, sintiendo que tenía un enorme trabajo para que su nieto la olvidara.
_¡Abuela quiero que vengas con nosotros!_ le pidió Gonzalo.
_¡Si me llamás ahí estaré!_ le confirmó Rosa Maria.
Al recibirle las llaves el abuelo los invitó a subir, siendo él el primero, los bolsos con cocabi los vaciaron en la cocina de ésta reluciente nave de mar. El abuelo enhiesto hurgueteo la cabina, dobló el timón y suavemente comenzó a conducir el que sintió un pequeño juguete, ya que él había conducido esos grandes buques de guerra, su rostro enorguyecío al recordar cuando tripulo la Esmeralda.
_¿Les conté que comande la Esmeralda?_
Los ya jovencitos nietos, que lo observaban, se acercaron aún más para prestarles la atención.
_¡Estábamos por esos años de mi general Pinochet, los Argentinos querían guerra y yo recién llegando me tiraron a navegar por los mares del sur, tratando de mostrar poderío!_ el abuelo orgulloso enseñaba sus hazañas.
Fueron muchos kilómetros recorridos, cuando de pronto se asoma una nave de la armada de Chile, pidiendo documentos, las sofocantes luces encandelillaron a los hermanos, los marinos al pasar hacia la embarcación se percataron quién tripulaba, lo llamaron mi capitán y se cuadraron ante el, luego de una leve conversación se retiraron para dejarlos en su travesía.
_¡Te llamaron capitán abuelo!_ entusiasmado le declaró Lucas.
_¡Siempre quedan conocidos!_ resaltó Sonriente el abuelo.
No mucho navegar se encontraron mar adentro, la noche se mostraba mansa la luna nueva esplendorosa, bañando su silueta en mar abierto, se decidieron a comer, unidos preparando lo que sería su banquete, todo puesto en mesa el abuelo suavemente dirige su mirada a Lucas, a quién lo distingue lánguido, por su parte Lucas se saborea y sin más preámbulos toma el tenedor y come, no se sabe si es el aire marino o simplemente se le abrió el apetito, hasta llegar el momento en que Gonzalo le toma el brazo y lo incita a comer saboreando. El abuelo disfrutaba el momento junto a esos chicos que daban a su vida una feliz vejes. Sintiéndose algo incómodo al preguntarle Gonzalo cómo empezó su relación con la abuela, sin agrandarse ni dejar a Rosa María cómo una suelta por la vida, respiro muy profundo y comenzó contando.
_¡Desde joven estuve atraído por su abuela, justo al término de la secundaria me fui a la marina y cada vez que tenía salida la visitaba, ella siguió la universidad y fue cuando se conoció con el esposo, se casaron y yo continúe por siempre visitándola, un día la llamé para invitarla a mi matrimonio, luego de bailar con mi novia, mi madre la invité a bailar, fue cuando le dije que me hubiese gustado que fuera ella la que estuviera vestida de blanco!_
Sin terminar de relatar se escuchó un estridente ruido, el que dejó paralizado a Lucas, Gonzalo se aferró al abuelo, quién no perdió el control y tomó la radio para ponerse en contacto con la guarnición, mientras lo manipulaba les dijo a sus nietos que tenían que ser valientes. Al salir a cubierta descubren un navío muy descuidado y hombres que saltan muy al lado de ellos, se veían dezgarrapados con un lenguaje de colombianos o quizás venezolanos, un tercero lanza un cordel y lo amarra sigilosamente a la proa. Los nietos abrazados al capitán su abuelo, el que supo arrastrar la situación por ellos, éstos individuos traían consigo bolsas con polvillo blanco, que jalaron con mucha naturalidad, el que llevaba la batuta le ofreció al abuelo, quién recibió y fingiendo inhalar se cubrió un orificio de la nariz.
_¡Arto purita ésta weva!_ Gonzalo le abrió los ojos pero el abuelo le le guiñó el suyo desmintiendo su dicho. Los visitantes inesperados se sentaron y comenzaron a reír cómo endemoniados, el abuelo sin perder la calma les movió las manos invitándolos a que se retiraran al camarote. Gonzalo sin prestarle atención comenzó a cantar la canción para ser feliz, inmediatamente Lucas lo siguió con devoción, olvidando hasta su rebeldía.
AAAAA_ YO QUIERO CANTAR
EEEEE_ TENGO MUCHA FE
IIIII_ SIEMPRE SOY FELIZ
OOOOO_CREO MUCHO EN DIOS
UUUUU_MI ABUELA ES UN ESPIRITU.
El abuelo por un momento quedó trémulo, pero al ver que Gonzalo conversaba con su abuela se tranquilizó, no así los hombres drogados, continuaron riendo con más ahinco, uno calló al mar por estar sentado en la baranda, se le vió subir los brazos y terminar unas burbujas en el agua y sin darse cuenta los otros seguían en su carcagueo. La abuela llegó acompañada y ésta vez Gonzalo le vió sus alas hermosas ya no eran todas blancas, las últimas plumas estaban adornadas con un dorado brillante, Gonzalo tuvo el atrevimiento de tocarla, siendo una suavidad esquisita.
_¡Estás hermosa abuela!_ El hombre que veía cómo Gonzalo hablaba solo, se levantó, abrió el sierre del pantalón y comenzó a orinar hacia el agua, fue el momento que la abuela lo expulsó cayendo con pantalón abajo, largando un etéreo ruido. El acompañante de la abuela con su dedo quemó el cordel quedando el destartalado barquito a la deriva.
El último malhechor al sentirse sólo y desprotegido sacó su arma y le ordenó muy autoritario a que el abuelo encendiera el motor y diera alcance a su barco. Los acompañantes de la abuela que tenían sus alas completas doradas, se acercaron, siendo el ángel más joven tomó la mano que el hombre sostenía el arma y se la aprisionó, disparando la pierna del opresor, quién soltó el arma y cayó acuclillado. Siendo el preciso momento que se escuchó la sirena de la lancha que llegó con una exorbitante cantidad de marinos, unos se quedaron con el abuelo y el resto en la lancha para salir a alcanzar el barco, que estando con sacos del estupefaciente, se acercaron avivando que habían desbaratado a esos narcos. Antes de la retirada el abuelo les preguntó de porqué fueron a su encuentro, el marino que tenía un rango superior le informó que el abuelo al marcar el número de la base lo dejó prendido, escuchando ellos lo que sucedía.
Todo volvió a la calma, ya los marinos se llevaron al delincuente y su abultada evidencia, la abuela abraza a Gonzalo, sin antes de alejarse le recomienda decirle al abuelo que no se adentre al océano. El abuelo sosteniendo el timón se acercó a la costa. Lucas dejando su aturdimiento reacciona dando señales que su madre tiene razón de privar su junta con Jimena.
_¡Nuestra madre nos ama y su amor infinito la hace protegernos de lo que nos puede dañar, la mamá es savia!_
Lucas descubrió su vocación, sin esperar se hacerca al abuelo y le hace saber que quiere ser marino. Su abuelo se desprende de la ropa y lo invita a darse un chapuzón en la noche, Lucas lo sigue y junto a su abuelo se lanzan al agua, Gonzalo solo ríe y en vez de sacárse la ropa mete su cabeza en el poncho.
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