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" 53 "

"Aureolina"

Aureolina, aureolina, aureolina... ¿Habían ustedes conocido un color tan dulce y vivo que el aureolina? Taehyung sí lo hizo, desde el momento en que Jeon Jungkook abrió sus ojos un día viernes a las doce del día. 

Corrió a él en cuanto los médicos se lo autorizaron y lo envolvió en sus desamparados brazos, llorando a causa del contento de su corazón. Estaba devuelta.

—Tae... —suspiró complacido. 

—Oh, Jungkook —lo tenía entre sus brazos, justo donde y de la manera que lo anhelaba cada noche cuando se sentía a punto de llorar —Jungkook, Jungkook, Jungkook... Has vuelto...

—¿Vuelto? —titubeó completamente fuera de órbita— Volver a... ¿Busan? ¿Ya nos fuimos de Seúl? Pero... ¿Y mamá? El tren...

—Ju-Jungkook, escucha —intentó tranquilizarle. Estaba sobrecogido, lo sabía. Sin embargo, Taehyung se apaciguó al ver que Jeon recordaba gran parte de lo que se necesitaba y le acarició el rostro—. Estamos en Seúl. Tu madre nos pidió quedarnos en casa de la vecina Sabi, así que dormimos allí mientras tu madre se ocupaba de un caso. Las cosas... —trató de explicarse con sus manos— se salieron de control. Alguien prendió fuego en la casa y todo se incendió... Y terminaste... —se detuvo al ver la cara de estupefacción de Jungkook— cayendo. Alguien te empujó desde el segundo piso, con la casa en llamas. Caíste en la nieve y eso te salvó la vida... —le miró mordiendo su labio inferior al contarle todo lo sucedido. Jungkook no estaba cuerdo, procuró tragar toda la información que se le había revelado hace unos segundos. No quiso pensar en que fuese cierto, pero sabía que aquello sería incorrecto; Taehyung nunca le mentiría con semejante tragedia— Kook, estaba tan preocupado por ti... —besó las manos de Jungkook repetidas veces y a este se le aceleró el corazón.

—Oh... Tae —suspiró al borde de las lágrimas— Yo... Lo siento.

—Dios, ¿por qué te lamentas?

—No... —se miraron fijamente— No lo sé...

De inmediato se echaron a reír y se abrazaron tanto como su anhelo les suplicó todo ese tiempo separados por el martirio. 

Jungkook intentó conectar todos los episodios vividos hasta ahora, empezando por aquella noche con Taehyung en el tren... Que con solo rememorarlo le traía el calor a su cara. Luego unas melodías llegaron a sus oídos, una guitarra, las manos de Taehyung, sus ojos... Y después, nada. Es en ese instante que comenzó a unir todas las piezas del rompecabezas. Le costaba un poco, pero los hechos siempre serían innegables. 

 Sin embargo, algo interrumpió en la habitación e hizo que Jungkook dejara de pensar con claridad. Delgado, rubio, pálido, mesurado pero áspero... 

—Yoo... Yoon...

Ni siquiera su nombre pudo pronunciar. ¿Era esa una ilusión frente a su puerta esperando por él? ¿O se trata de algún efecto secundario? Jungkook no iba a entrar en pánico, pero no podía prometer prudencia. Hubo un terremoto en su mundo.

Taehyung se alejó de la camilla de Jeon y fulminó al chico de manera peligrosa, como si estuviese diciéndole "ni te atrevas a arruinarlo". 

—Por favor... —pidió el rubio intentando alcanzarle con su mano.

Inmediatamente, ambos se dirigieron a Jungkook para buscar su aprobación. Fue así como Taehyung debió abandonar la habitación con descontento. Yoongi y Jungkook por fin se volvieron a reencontrar. Hubo un vago silencio, como si en ese mudo trance entre los dos revelara todo lo que querían gritar a los cuatro vientos con solo un choque de miradas. Miradas necesitadas de infinitas horas de pura agitación. Sí, querían gritar. 

—Hola —musitó casi sin aliento el castaño, sin saber qué expresión pintar en su rostro. ¿Felicidad? ¿Satisfacción? ¿Rabia?

—Hola... —soltó Yoongi en un fuerte suspiro.

Otra vez ese silencio tan peculiar, y el rubio se le acercó para hablar.

—Tu madre me informó de todo esto. Después de todo, este alboroto fue el shock del momento en los noticieros —rascó su nuca, esperando ver alguna mueca en la cara de Jungkook. Suspiró y bajó la cabeza, hizo un revoltijo de pensamientos en su cabeza antes de soltar algo inapropiado. Se estaba consumiendo por dentro, y más lo fue cuando al subir su mirada se encontró otra vez con los castaños orbes. Ya ni pensó—. Kookie, regresé a ti. Como lo prometí —le tomó las frías manos y el chico en la camilla asintió sin más—. Kookie... Yo te quiero de vuelta —¿Qué? ¿Escuchó bien...?—. Te quiero conmigo otra vez.

Fue directo al grano.

Jeon apartó brusco la mirada, igual que sus manos. Necesitaba analizar todo lo que estaba aconteciendo, necesitaba más motivos. Todo estaba yendo tan... rápido. De pronto, la oscuridad y la lejanía que los separó hasta un "hasta nunca" resultó ser solo un "hasta pronto". Quería respirar, se sentía al borde de una cuerda floja. No se sentía bien, y su corazón estaba latiendo como un loco, igual que el de Yoongi. Él estaba nervioso.

—Yoongi —murmuró en la habitación—. No.

¿No?

—¿Jungkook?

—Volviste por mi, lo sé —mantuvo su mirada alta y sin siquiera pestañear—. Pero no puedo volver contigo. 

Yoongi se calló. Se refregó su mano por su boca y su cara se arrugó. Se notaba que esas palabras le habían caído como agua fría por todo su ser. Sintió escalofríos, miedo.

—Después de todo lo que vivimos juntos...

—Éramos niños.

—No digas eso —reprochó injuriado y dolido—, tú y yo conocíamos lo que sentíamos el uno por el otro. ¿No lo recuerdas?

—¿Tú crees que no lo haría?

—Jungkook —imploró en su nombre, arrodillándose para tomar sus hombros.

—No —el castaño le quitó las manos de encima y le tomó la cara para mirarle de frente—, Hyung, escúchame —acercó su rostro para acentuar la importancia de sus palabras, y Yoongi cedió—. Puedes ser mi primer amor, puedes ser una gran parte de mis recuerdos, y puedes haber sido una guía en mi laberinto —inició con sutileza y honestidad—. Sin embargo, hoy solo eres mi pasado. Mi precioso pasado —testificó acariciando sus pómulos y limpiando la lágrima que había caído por la mejilla del rubio—. Fuiste una de las mejores cosas que me ha pasado.

—¿La mejor cosa ahora es Taehyung?

—Necesitas avanzar —interrumpió haciendo oídos sordos a la pregunta—, sin mí. 

Min no habló, solo negó con la cabeza y más lágrimas se deslizaron como cascada por su cara. Los pulgares de Jungkook solo empeoraban el estado de su corazón, desbocado por todas las emociones que le atravesaban en ese minuto. En cualquier momento se sentía desfallecer, quería salir corriendo de ese lugar y no volver. Ansiaba su cama y su silencio. Pero su cuerpo estaba plantado con raíces al lado de Jungkook, su primera y única pasión. ¿Qué más podía hacer?

—Jungkook... —farfulló con sus último aliento de aguante.

—Yoongi... —susurró en respuesta.

—Si algún día no sabes adónde ir, estaré allí solo por ti.

A Jungkook se le cortó la respiración y sintió los labios de Yoongi en el dorso de su mano. Le regaló una última mirada y su conexión simplemente se cortó. Como unas tijeras a un lazo. Se cortaron, y Yoongi se fue.

Apenas el rubio pareció haber desaparecido de vista, Taehyung entró. La puerta de la habitación se abrió para dar la bienvenida al pelirrojo y notó la falsa sonrisa que Jungkook le ofrecía. 

—Jungkook, ¿estuvo todo bien?

—Sí... Solo me cuesta ver a Yoongi-hyung de esa manera —acarició su propio antebrazo y desvió la vista—. Sé que tiene que aceptar que debe salir de ese atascamiento en su pasado. Duele, pero es la realidad.

—¿Dijo algo de mucha vitalidad? —se preocupó el mayor. Sí, quiso decir Jungkook, retrocediendo el tiempo a unos minutos atrás, cuando las lágrimas de Yoongi hablaron por sí solas. Mas no quería alarmar a Kim— ¿Kook?

—No, nada. No te preocupes —le miró esta vez.

Taehyung asintió y acarició las manos de su pareja.

—Bueno, en ese caso, quería avisarte que algunas de nuestras cosas se salvaron en el incendio. Están en casa de tu mamá, sanas y salvas —le revolvió los cabellos en cuanto logró relucir una sonrisa en el rostro de Jeon—. En cuanto volvamos a casa podremos tenerlas de regreso.

—¿Volvamos? —arqueó una ceja.

—Sí, en cuanto volvamos —recalcó la última palabra besando a Jungkook en los labios, sintiendo lo secos que estaban. Luego le besó la nariz y volvió a observarlo—. Nunca puse un pie afuera de este hospital apenas entraste en urgencias, y no pienso irme de este lugar sin ti. 

A Jeon le brillaron los ojos y se sintió totalmente conmovido por el buen corazón de Kim Taehyung. Su Kim Taehyung. ¿Cómo es que pudo haberse ganado el amor de una persona tan honrada como Taehyung? No entendía la lógica tras todos los esquemas ininteligibles, pero no negaba su alegría.

Jungkook acarició el cuello del chico y sus labios se encontraron de nuevo, anhelantes y ávidos. El toque se volvía tierno y delicado. Tan sutil como puro. Tan casto... Tan real...

Tan correcto...

Y tras la puerta y su ventana, el rubio chico permanecía a la búsqueda de una esperanza para quedarse unos minutos más, esperar por él... Pero no hubo mayor decepción que sentir su corazón ultrajado. Cerró fuertes los párpados y reconsideró no creer más en el amor, arrugando con fuerza su chaleco, hasta que al dar media vuelta se encontró con Jeon Youngae.

—Pequeño Yoongi... —pronunció luego de mucho tiempo sin hacerlo— Bueno, no tan pequeño ahora —bromeó, pero sin encontrar una sonrisa en los labios de Yoongi solo se le quedó mirando con pesar. Ya suponía todo—. Dime cómo estás, Yoongi.

—Ya tengo una idea de quién es el pirómano —soltó brusco y los ojos de la madre salieron de su órbita.

—¿Cómo dices?

—Creo que ya sé quién prendió la llama y empujó a su hijo.

—Yoongi, espero que me estés hablando con certeza de lo que piensas. Sabes que estos asuntos son meramente cargo de la policía de investigación.

—Sé sobre las cosas que salen de mi boca, señora Jeon —afirmó con su voz, ocultando sus manos en los bolsillos—. Yo siempre quise y querré lo mejor para Jungkook. Siempre.

Y Min Yoongi se retiró por donde entró y no miró atrás, siguió caminando contra las frías ventiscas que secaban sus lágrimas y llegó a la furgoneta. Yuqi no formuló ninguna pregunta al verle en ese estado, sabía que no era el momento para hablar, así que solo prendió el auto y marchó. Se fueron muy lejos de ese lugar para olvidar sus penas, sus injusticias...

Para olvidarlo todo, si era posible. 

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