Coronada de ilusión
Y a veces una corona no te hace reina, te hunde y te pesa sobre la cabeza, más que el mundo sobre los hombros de Atlas.
Y lo han dicho, que la honra es más que un metal incrustado de diamantes, pero no lo sabía, hasta que el mundo se me vino abajo ante tan grande presión.
Y entonces llegaste tú, con una tiara de campo, de rocío mañanero y pretricor.
Llegaste para iluminar mis horas con tu presencia etérea, con tu esencia primaveral y tu cabello de arcoiris.
Me enseñaste a danzar como tulipanes amarillos, a ser libre como diente de león.
Empecé a ver el mundo a color y, gracias a ti, me percaté de que los diamantes son solo representación del poder que ansiamos, y del que carecemos; de que la corona no es más que un símbolo de aprobación que le muestra al mundo lo dueña de mí y de cuanto deseé conquistar.
La corona no hace reyes, y si acaso es esto una regla, he aquí la excepción.
Por cuanto has sido tú quien coronaste mis sienes, puedo levantar el mentón, besar tus manitas de niña y mirar al futuro con ilusión. Una corona de flores que no pesa al corazón, que se guarda en el pecho más de lo que adorna el cabello; tu intención, tu beso en la mejilla y el abrazo... No sé yo si es magia o simple y llanamente una demostración de razón:
Más vale cargar la vida, que un reino destinado a la perdición.
Feilan & Jessy González
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