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19

Que te pone de rodillas
Que hace que tu cuerpo se ponga en el borde
Y se deje caer

2023

Basilica de Guadalupe


Max miraba encantado la gran estructura, era tan bonita, con detalles tan delicados, que no podía compararla con otras obras arquitectónicas que había visitado antes en otras partes del mundo.

—¿Te gusta? —preguntó Checo, sonriendo.

—Simply Lovely —afirmó Max, y ambos rieron.

—Me alegro que te haya gustado, Max —dijo Checo—. Siempre pido a mi morenita que me ayude en las carreras.

—¿En serio? —preguntó Max, sorprendido.

Checo asintió con la cabeza, sonriendo. —Sí, siempre llevo una pequeña foto de ella conmigo en la carrera. Me da suerte.

Max se rió, divertido por la superstición de Checo. —Bueno, parece que funciona —dijo, sonriendo.

Checo se rió también, y ambos continuaron admirando la estructura, disfrutando del momento y de la compañía del otro.

—Depende de cuánta fe le tengas, Max —dijo Checo con una sonrisa.

—Creo que me volveré católico a este paso —respondió Max, riendo—. Si la morenita de Checo puede darle suerte en las carreras, quizás pueda hacer un milagro en mi vida también.

Checo rió. —Pero si tú ya eres bicampeón, Max, no necesitas más ayuda, más que la de tu mismo y la mía, obviamente.

Max sonrió y miró la foto de la virgen, quedando en silencio por un momento.

—¿Vas a pedirle algo? —preguntó Checo, sonriendo.

—Bien, te dejo que le reces —dijo Checo, bromeando—. Mira, ponte de rodillas así... —y Max se puso de rodillas, sonriendo.

—Oh, para eso está el que  parece cuero —dijo Max, señalando una pequeña alfombra de cuero que estaba en el suelo.

—Sí, Max —respondió Checo, sonriendo y poniéndose de rodillas en la alfombra.

—¿Y cómo le pido? —preguntó Max, curioso.

—Fácil —respondió Checo—. Solo cierras tus ojos y ora.

Max siguió la instrucción de Checo, pero antes de cerrar sus ojos, Checo le hizo la señal de la cruz en la frente. Max se sorprendió un poco, pero no dijo nada y solo se dejó hacerlo.

Checo sonrió y le dijo: —Ahora cierra tus ojos y pide lo que quieras.

Max cerró sus ojos y se quedó en silencio por un momento. Checo se quedó a su lado, sonriendo y esperando a que Max terminara su oración.

Max cerró sus ojos y se concentró en su oración.

Mientras tanto, Checo se quedó a su lado, observándolo con una sonrisa en su rostro. Se sentía un poco extraño, pero también se sentía feliz de poder compartir este momento con Max.

Después de un momento de silencio, Max abrió los ojos y miró a Checo. —Gracias —dijo, sonriendo.

—De nada —respondió Checo—. ¿Te sientes mejor?

Max asintió con la cabeza. —Sí, me siento un poco más claro.

Checo sonrió. —Eso es bueno. La fe puede hacer maravillas.

Max se rió. —Sí, supongo que sí.

Los dos se quedaron en silencio por un momento, disfrutando del momento y de la compañía del otro.

Luego, Checo se levantó y se estiró. —Bueno, creo que es hora de que nos vayamos.

Max asintió con la cabeza y se levantó también. —Sí, tienes razón.

Los dos se dirigieron hacia la salida,
ahora estaban disfrutando de un delicioso elote con chile, cuando de repente el teléfono de Max sonó, interrumpiendo el momento.

Max miró la pantalla y vio que era un mensaje de texto de Carlos. "Ya vienen para la fiesta" decía el mensaje, acompañado de una ubicación.

—Dice Carlos si ya vamos —dijo Max, mostrando el mensaje a Checo.

—Sí, dile que ya vamos —respondió Checo, sonriendo.

Max respondió al mensaje y luego se guardó el teléfono en el bolsillo. —Bueno, parece que es hora de irnos —dijo, sonriendo.

Checo asintió con la cabeza y se levantó, tirando la basura del elote en un contenedor cercano. —Sí, vámonos. No queremos llegar tarde a la fiesta.

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