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Dejé la hoja de periódico a un lado. Primero tenía que prepararme para salir del orfanato y coger algún arma, para defenderme de lo que sea que esté allá fuera.

Subí a la planta superior, donde estaban todas las habitaciones, buscaría algo de ropa que ponerme ya que la que llevaba estaba llena de sangre del director, aparte no creo que se pueda considerar ropa esto que llevo puesto.

Abrí la primera puerta del pasillo, y me dirigí al armario más cercano, habían dos o tres, ya que los niños compartían habitaciones, y no había espacio para todos tener la suficiente privacidad.

Al abrir la puerta vi muchos conjuntos de ropa me puse una camiseta gris, y un pantalón corto ancho. También me puse unos zapatos deportivos, me podrían servir en caso de que tuviera que caminar mucho.

Fui a la oficina del director de nuevo y cogí cualquier cosa que sirviera como arma.

Entre ellas cogí la vara con la que siempre me golpeaba y me causaba quemaduras en todo mi torso. Fui a la zona de la cocina y cogí un cuchillo, el que más afilado parecía.

Salí a la zona del patio, y vi que las gallinas tampoco se habían librado de morir.

Me dirigí al cobertizo donde normalmente habían herramientas y ese tipo de cosas.

Busqué por todo lados en busca de cinta adhesiva de la americana, de la que es muy resistente.

Cuando la encontré hice una especie de funda para el cuchillo tratando de que quedara lo mejor posible. Para luego hacer un cinturón alrededor de mi cintura y pegarlo todo.

Ya tenía todo bien pegado sobre mi camiseta, y guardaría el cuchillo allí para tenerlo a mano. Luego me pondré una pequeña gabardina negra para cubrirlo, una que había visto antes en el armario. La vara la llevaré siempre que pueda en la mano derecha, por si no me da tiempo a sacar el cuchillo.

Volví a la habitación de antes y me puse la gabardina, me quedaba un poco grande, pero no importaba.

Bajé a la planta principal, donde se encontraban todas las salidas. Salí por la puerta de atrás, no quería arriesgarme saliendo por la de adelante.

Cuando salí, miré a mi alrededor, todo estaba en ruinas.

Las calles estaban destrozadas, y había mucha sangre.

Los cubos de basura estaban tirados sobre la carretera y parte de la acera. Habían varias personas con unas especies de armas corriendo hacia todas las direcciones.

Decidí avanzar con cuidado por el borde, caminando pegado a las casas y edificios. Algunas personas llevaban máscaras extrañas y algo terroríficas. También habían algunas con disfraces. Pero casi no se les podía ver ya que huían de algo que desconozco.

Seguí caminando agarrando fuertemente la vara de metal.

Vi una especie de tienda de convivencia, la cual estaba destrozada por dentro y con todos los cristales de afuera rotos. Pude haber estado viviendo en una celda toda mi vida, pero los libros decían muchas palabras las cuales interpretaba a su manera.

Cuando entré decidí coger un poco más de comida, apenas me quedaba la mitad de las chocolatinas, y no iba a poder sobrevivir a base de chocolate.

Cogí una de las botellas de agua de unos 750 mililitros, unos sándwiches de jamón con queso empaquetados. Y lo puse todo en los bolsillos de la gabardina.

Salí de nuevo, y cuando miré a la derecha, vi una especie de humanos raros, parecían personas normales pero si te fijabas bien podías ver que tenían los ojos completamente blancos.

Los vi atrapar a lo q parecía ser un hombre de mediana edad, lo siguiente fue que literalmente se lo estaban comiendo vivo ¿Qué eran esas cosas?

Parecía que era de eso de lo que estaban huyendo antes las demás personas.

Yo también salí de allí corriendo, rezando de que no me hayan visto. Mierda, que cansancio, mi estado físico no es el mejor y eso lo sé. Cuando ya hube corrido unos 300 metros, me escondí en un callejón. Mirando hacia donde la dirección de la que había venido.

Hasta que escuché un ruido, como quejas, miré callejón adentro.

Un señor mayor, de los que daban asco, estaba tocando a una chica que parecía de mi edad.

Me dio repulsión, no podía seguir mirando como la chica, con lágrimas en los ojos, estaba intentando de que el no llegará más lejos.

Parecía que no se habían dado cuenta de que yo había llegado.

Cogí la vara con fuerza, y con un golpe seco golpeé la cabeza del viejo. Saque el cuchillo y lo apuñalé repetidas veces. Hasta que me cansé. Me había cambiado de ropa para nada, me la había vuelto a manchar. Pero no me arrepentiría de eso nunca, es más estaba agradecido de haberlo hecho.

Miré hacia la chica, tenía los ojos verdes y su cabello rojizo destacaba entre todo. Me fijé también en el peluche que tenía, el cual agarraba con muchísima fuerza, ya que se podia notar como la tela se arrugaba y como su brazos estaban tensos.

Me intenté acercar, pero vi como retrocedió ¿Me tenía miedo? Incliné mi cabeza hacia un lado con una expresión de duda.

Seguí avanzando y ella seguía retrocediendo. Hasta que se topó con una pared, su expresión cambió a una más horrorizada. Ella cerró los ojos fuertemente rindiendose ante todo.

Cuando finalmente quedé cara cara acaricié su rostro con una mano y su pelo con la otra. Y noté como se sorprendía.

—¿No me vas a hacer nada? — Preguntó con asombro.

—¿Qué? No — Hablé por primera vez en mucho tiempo — ¿Por qué te haría algo? — Pregunté. Y eso solo la dejó más confundida.

—¿Cómo qué por qué? — Hizo una pequeña pausa — Porque hoy es la purga, el día en el que puedes hacer cualquier tipo de delito y será legal — Explicó — Se hace cada cierto tiempo, lo que este año ha sido un poco diferente y han aumentado las muertes, gracias a que el gobierno quiere que la población disminuya — Mientras dijo todo eso, parecía dudar de sus propias palabras — O al menos eso es lo que escuché.

—Creo que llegué a leer sobre eso en un libro pero no recuerdo ahora mismo nada sobre ello — Le dije — ¿Y como es eso de que lo escuchaste? ¿No estás completamente segura? — Pregunte algo desesperado, no se porque.

—Pues no, no estoy completamente segura, esa es toda la información que tengo, llevo toda mi vida encerrada en una habitación ¿Qué más quieres? — Se cruzó de brazos enfadada — ¿Y tú? ¿Por qué no sabes nada? ¿Eh? — Se quejó.

—Pues porque llevo toda mi vida viviendo en una celda en un sótano — Me rasqué la nuca con pena. Y ella pareció impresionada ante mi respuesta.

Prácticamente habíamos olvidado todo lo que había pasado anteriormente.

—Por cierto — Fui a la entrada del callejón y mire hacia los lados, y me di cuenta de que esas cosas ya estaban cerca — Mierda, hay que salir de aquí, ellos ya vienen — Agarré a la chica por el brazo y tiré de ella saliendo de allí, corrimos hasta la zona más segura que encontré, lo que parecía un teatro abandonado.

Entramos con cuidado y fuimos a un camerino. Y nos sentamos en una esquina de la habitación, le ofrecí un poco de agua y una chocolatina.

—Gracias, me llamo Lucy Maud Montgomery, puedes llamarme solamente Lucy — Se presentó por primera vez.

—Un gusto Lucy, yo soy Atsushi, Atsushi Nakajima — Le sonreí. 

Aquí el primer capítulo, espero que les haya gustado.

20/01/2023

1243 palabras.

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