
038.
Luego de derrotar a los Jaegeristas y de que el barco zarpara sin problemas, Yelena nos ha dado la ubicación del lugar donde se iba a dirigir Eren Jaeger.
—¿Estás segura de confiar en ella? —preguntó Levi, quien miró brevemente como la mujer le sonreía cariñosamente al pequeño bebé.
—Lo estoy —respondí tranquilamente, mientras miraba a Yelena y a mi hijo—. En nuestra ausencia, ella lo protegerá.
—Está bien. Confiaré en tus palabras —dijo mirándome fijamente—. Después de todo siempre has sabido ver a través de las personas.
—¿Están listos? —preguntó Hange, quien llegó a nuestro lado segundos más tarde. Ella nos miró por un momento para luego dirigir su mirada hacia el pequeño bebé—. Saben que pueden quedarse con él, ¿no?
—Diría lo mismo de ti —dije mirándola con una pequeña sonrisa—. Sin embargo, ambas sabemos que ninguno de nosotros se quedaría quieto en una situación como esta.
—Realmente estamos mal de la cabeza, ¿no?
—Algunos más que otros —dijo Levi mientras la miraba fijamente—. ¿Ya te rechazó el titán carguero, cuatro ojos?
—Uh... No quiso que me montara en su espalda.
Hange agachó brevemente su mirada demostrándonos su decepción, pero inmediatamente la alzó cuando escuchamos que el hidroavión se encontraba listo. Los tres nos hemos mirado brevemente al pequeño bebé que descansaba sobre una cuna improvisada que hicieron los Azumabito, luego nos hemos acercado y despedido de él para así comenzar a dirigirnos hasta el hidroavión que nos llevaría directo a la acción. No obstante, al momento de bajar del barco se nos informa que hubo un gran percance que retrasaría nuestra salida.
—¿Qué fue lo que sucedió? —pregunté confusa al momento en que veía como el Barco empezaba a alejarse—. Hace solo unos minutos nos habían dicho que estaba todo bien.
—Se trata de Floch, comandante —respondió Armin con inquietud—. Él apareció de la nada y le disparó al hidroavión.
—Mikasa se encargó de él antes de que le hiciera más daño —dijo Jean con el mismo tono de voz—. Los Azumabito se encuentran arreglando el problema, pero dijeron que tardarían por lo menos una hora.
Estaba por mencionar algo, pero el repentino movimiento de la tierra captó por completo mi atención.
—No es posible —musité con sorpresa mientras miraba como los titanes colosales comenzaban a aparecer en el gigantesco bosque que se encontraba no muy lejos de nosotros—. El retumbar está aquí.
—¿Qué es lo que haremos? —preguntó Mikasa, quien se encontraba a un lado de Armin mirando a los titanes avanzar.
—De alguna forma deberemos ganar tiempo —dijo Armin con un tono de voz afligido—. Me quedaré y ganaré tiempo...
—¡No! ¡No puedes ir porque eres la única oportunidad que tenemos para detener a Eren! —exclamó Reiner—. ¡Seré yo quien me quede!
—No podemos hacer eso. Necesitamos del poder de vuestros titanes —dije sin despegar mi mirada de los titanes—. Supongo que no hay otra opción. Yo...
—Yo lo haré —dijo Hange con seguridad, ocasionando de esa forma que la mirara con sorpresa—. Ellos todavía te necesitan.
—Hange...
—Ah... Al parecer si estoy más loca que ustedes dos —dijo mientras nos miraba a Levi y a mí con una sonrisa—. Quiero lucir lo más genial posible ahora mismo. Permítanme ir, ¿sí?
He presionado mis puños y mordido mi labio con mucha frustración para luego colocar mi mano sobre el corazón de mi amiga y decir:
—Entrega tu corazón...
—Siempre supe que serías tú la última persona en decirme eso —dijo soltando una pequeña risa para luego mirarnos fijamente con tranquilidad—. Hay un niño esperándolos. Así que sobrevivan y díganle que la tía Hange lamenta no haberle podido enseñarle sobre los titanes.
—Seguramente pensará que eras alguien loca —dijo Levi—, pero a la vez asombrosa.
—El enano acaba de darme un cumplido. Creo que hoy lloverá —dijo con gracia al momento en que comenzaba a alejarse—. Cuídense mucho y asegúrense de no venir conmigo o les aseguro que seré yo quien me enfade, ¿entendieron?
—Hange enfadada con nosotros. Eso sería algo nuevo de ver —dije mirándola con melancolía, pero a la vez con una sonrisa—. Gracias por todo, Hange.
Mi corazón se apretujó cuando he visto a Hange alejarse mientras nos sonreía por última vez.
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