
036.
Después de horas logramos reunir a algunas personas de Marley y de Paradis para que nos ayudaran a detener el genocidio que Eren Jaeger estaba planeando.
—¿Alguno desea ayudarme? —preguntó Hange, quien se encontraba cocinando para todos nosotros—. A menos que quieran seguir mirándose mal por el resto de la noche.
—Compartir la comida con aquellos con los que te matabas. Qué interesante —dijo Magath, quien bebía una botella de vino—. ¿Por qué cambiaron de idea? Saben que conseguirán el mundo que quieren si dejan tranquilo a Eren Jaeger... Sería el cielo para ustedes, demonios de la isla.
—Creí habérselo explicado, general —dije tranquilamente, mientras me encontraba sentada a un lado de mi esposo—. Ninguno de nosotros quiere un genocidio. Si no, no estaríamos ahora mismo escondidos en este bosque comiendo un estofado.
—¿Ahora quieren pelear por la justicia?
—¿Justicia? ¿Usted habla de justicia? —preguntó Jean con gran enfado—. ¿Somos los malos por enfrentarnos a los titanes que nos enviaban? ¡Escucha bien! ¡La razón por la cual luchamos tanto, es porque no queríamos ser devorados por los titanes! ¡¿Eso nos convierte en demonios?!
—Sí. A mis ojos ustedes son demonios —respondió Magath sin dejar de beber—. Todas nuestras preocupaciones sobre Paradis se hicieron reales, y ahora están intentando destruir el mundo. Este es el resultado de todas sus duras batallas, ¿no es así?
—Si no hubieran devorado a su madre ante sus ojos cuando cayó la muralla... ¡Eren no haría algo así! —exclamó Jean, enfurecido mientras daba un paso hacia el frente—. ¡Ustedes lo empujaron a usar el retumbar!
Las cosas comenzaban a volverse más intensas con el tiempo, especialmente cuando Yelena comenzó a recordarles a los demás los crímenes que habían cometido.
—Vi como el titán se comía a Marco y me pregunté por qué el titán se lo estaba comiendo —dijo repentinamente Reiner, quien tenía una expresión afligida—. Me enfurecí después de eso y maté al titán... Maldiciéndolo por lo que le hizo a Marco.
—Es suficiente —le dijo Jean, intentando no mirarlo—. Estás diciendo que la culpa te volvió loco, ¿verdad?
—No me perdones. No me lo merezco.
—Dije que es suficiente.
—Lo lamento.
De manera repentina, Jean se abalanzó contra Reiner y comenzó a golpearlo sin tener una pizca de piedad, por lo que Armin y Connie han tenido que detenerlo. El chico no estaba dispuesto a apartarse e iba a continuar golpeando a Reiner, no obstante, en ese momento Gabi se interpuso entre ambos y terminó recibiendo una patada de Jean.
—Lo siento mucho... Nuestro deseo siempre había sido asesinar a todos los habitantes de esta isla —dijo Gabi con gran dolor mientras tocaba la parte donde fue golpeada—. Queríamos ser aceptados y perdonados por el mundo. Esa era nuestra esperanza... Y ahora, mamá, papa y todos en Liberio van a morir... Lo lamento mucho... Sé que es descarado de mi parte pedirlo, pero necesitamos de vuestra ayuda. ¡Por favor ayúdennos!
—¡Por favor! ¡Detengamos el retumbar juntos! —exclamó Falco, quien se encontraba al lado de Gabi—. ¡Por favor!
—Jean —le llamé seriamente—. ¿Dejarás que esos niños te sigan suplicando?
—Uh...
Solté un suspiro cuando he visto a Jean alejarse de nosotros. Me levanté de mi sitio y me acerqué a Gabi para así entregarle un vendaje.
—Debes de tener más cuidado de ahora en adelante —dije tranquilamente mientras le dedicaba una sonrisa—. Tu cuerpo es más frágil que el de los demás.
—Lo tendré —dijo al momento en que sostenía el vendaje—. Muchas gracias.
Volví a dedicarle una pequeña sonrisa a Gabi para luego alejarme con las intenciones de ayudar a Hange con la comida. No obstante, en ese minuto sentí un dolor en vientre y en como algo caía por mis piernas.
—¡¿Qué sucede, comandante?! —exclamó Connie, preocupado.
—No grites —le exigí mientras intentaba mantener la calma—. No estaba en mis planes esto, pero al parecer este niño ya quiere salir a ver el exterior.
Todos se han quedado sorprendidos e inmóviles sin saber exactamente qué hacer en una situación como esta.
—¿Realmente ninguno tiene idea de que hacer? —preguntó Yelena mirando a los demás, pero al no obtener respuesta soltó un suspiro y me miró fijamente—. ¿Quiere que la ayude, señorita Smith? He estado en situaciones como esta, por lo que sé exactamente lo que hay que hacer.
—Espera. ¿Cómo podemos asegurarnos de que no le harás nada? —preguntó Hange, quien rápidamente se había acercado a mí cuando todo sucedió.
—Has dicho que no te importaba morir —habló Connie mientras la miraba con seriedad—. Así que no tienes nada que perder.
—¿Están seguros de dudar en este momento? Ninguno sabe qué hacer y si no se deciden pronto podrían hasta perderlos a ambos.
—Hazlo —dijo Levi seriamente desde la carreta donde se encontraba descansando—. No pierdan el tiempo. Solo hazlo.
Yelena sonrió brevemente para luego acercarse hasta donde me encontraba y así ayudarme a tener al bebé que ya estaba ansioso por nacer.
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