
033.
Un soldado de la policía militar dejó sobre mi mesa un plato de comida, un vaso con agua y unos cubiertos para que así me alimentara. Me mantuve en silencio mientras miraba con desdén a otro miembro de la policía militar que se encontraba sentado frente a mí a la espera de que admitiera mis "errores".
—Señora Ackerman, no nos haga las cosas más difíciles —dijo sin quitarme la mirada de encima—. Solo díganos lo que planean Yelena y los hermanos Jaeger.
—Ya he dicho que no sé nada.
Aquel hombre soltó un suspiro ante mi respuesta, pero luego adaptó una expresión de arrogancia mientras apoyaba sus codos sobre la mesa y me miraba fijamente.
—Dígame, el bienestar de su hijo es primordial, ¿no? —preguntó—. Le aseguro que si coopera con nosotros no tendrá que ir a juicio y podrá tener una vida tranquila.
Me mantuve en silencio, cerré brevemente mis puños con frustración y lo miré con gran desprecio. Sabía que nada de lo que dijera haría que esta persona me creyera, ya que la policía militar era una facción que me detestaba por completo por tomar decisiones que según ellos eran "erróneas" para la isla.
—Señora Ackerman, se lo repetiré —volvió a hablar mientras me miraba fijamente a los ojos—. ¿Qué planean Yelena y los hermanos Jaeger?
No respondí, pero no porque no quisiera, sino por el hecho de que en ese momento se escucharon unos disparos fuera de la pequeña cabaña donde me encontraba custodiada. El soldado frente a mí tomó su arma, se levantó de su asiento y comenzó a acercarse a la entrada, por lo que aprovechando esa distracción tomé el cuchillo que se encontraba sobre mi mesa. En aquel momento alguien abrió abruptamente la puerta, le disparó en la cabeza al miembro de la policía militar e ingresó a la cabaña mientras me mostraba una sonrisa.
—Lamento el desastre, Señora Ackerman. La verdad tenía planeado hacer menos daño.
—¿Qué te trae por aquí, Floch? —pregunté al momento en que ocultaba el cuchillo entre mi ropa—. No creo que hayas venido hasta aquí y matado a estas personas para solo hablar, ¿no?
—Oh, por supuesto que no —respondió mirándome con una sonrisa—. He venido hasta aquí porque necesito que me guie hasta donde se encuentra Zeke.
—Sabes que puede guiarte otra persona, ¿no?
—Tal vez, pero el capitán Levi nunca me entregaría a Zeke por su propia voluntad —respondió, tranquilamente—. Es por ello por lo que la llevaré conmigo... Quiero decir, él reconsideraría el entregarnos a Zeke si le llevamos a su mujer e hijo, ¿no?
Solté una pequeña risa al momento en que me levantaba de mi asiento y comenzaba a acercarme a él.
—¿Y si me niego? —pregunté mirándolo fijamente—. ¿Sabes? Estaré embarazada, pero todavía soy capaz de quitarte esa arma y matarte.
—No lo dudo, pero si intenta algo uno de mis compañeros podría dañarla o matarla.
—Eso no sucederá —dije firmemente al momento en que formaba una sonrisa arrogante—. Me necesitan con vida e intacta, ya que si Levi se entera de que me han hecho daño nunca les entregará a Zeke y los asesinaría sin pestañear.
—En eso tiene mucha razón. El capitán se vuelve loco cuando se trata de usted —soltó una pequeña risa al momento en que dirigía su mirada hacia la salida—. Imaginé que usted no me acompañaría por su propia voluntad y es debido a ello que le he traído un incentivo.
Lo miré confundida, pero luego me sorprendí al ver a Hange siendo apuntada con un arma en su cabeza por un compañero de Floch.
—Ahora... ¿Sería tan amable de acompañarme, comandante? —preguntó sin dejar de sonreírme de manera siniestra.
No volví a decir nada. Simplemente, dejé que las personas que lo acompañaban comenzaran a guiarme hacia un caballo para que así nos dirigiéramos hasta el lugar donde se encontraba mi esposo custodiando al titán Bestia.
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