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031.

Año 854, ____ Ackerman.

Acaricié suavemente la lápida que tenía escrito "Erwin Smith" en el centro de aquella roca, luego acomodé las flores que le había traído y así finalmente juntar mis manos para rezar tranquilamente. Cada cierto tiempo visitaba su tumba para dejarle algunas flores y comentarle las novedades que había desde que dejó este mundo.

Una vez terminé de hablarle a mi hermano, me despedí de él y le prometí visitarlo otro día. Comencé a alejarme de su tumba y cuando estaba por abandonar el lugar me encontré con Yelena.

—Ha pasado un tiempo, Señorita Smith —dijo ella con una sonrisa una vez me vio—. Oh, perdóneme. Olvidé que ahora es Ackerman.

—Puedes llamarme como más te acomode —dije tranquilamente—. ¿Qué te trae por aquí, Yelena?

—Hay algo importante que debo entregarle, así que me dijeron que usted se encontraría por aquí —respondió sin dejar de mirarme—. Creí que la encontraría sola, pero al parecer tiene a alguien vigilándola.

Yelena miró detrás de mí y saludó a la persona que se encontraba vigilándome. No he tenido que girarme para saber a quién se estaba refiriendo, ya que sabía perfectamente que se trataba de mi marido; Levi Ackerman.

—Como puedes ver, ahora mismo no me encuentro en condiciones para andar por allí sola.

—Así lo veo —dijo al momento en que su miraba se detenía en mi vientre—. ¿Cómo se llamará?

—Todavía no hemos decidido el nombre.

—Entiendo —asintió sin borrar aquella sonrisa de su rostro—. Espero que todo vaya muy bien.

—Gracias —agradecí—. Entonces, ¿Qué es eso importante que debes de entregarme?

—Aquí tiene.

Yelena me hizo entrega de una carta, la cual abrí y comencé a leer su contenido. La sorpresa no tardó en llegar a mi rostro al nuevamente tener noticias de Eren Jaeger. El chico me mencionaba el lugar en el cual se encontraba y lo que pensaba hacer allí. Él planeaba atacar Marley para obtener el poder de unos de los titanes que se presentaría en un festival.

Suspiré y arrugué la carta cuando leí que él pedía nuestra ayuda. Estaba segura de que él realizaría su plan con o sin nuestra ayuda, por lo que no me quedaba de otra que aceptar en ayudarlo para así asegurarnos de que no sería capturado por el enemigo.

—Hablaré con el cuerpo de exploración e idearemos un plan.

—Sabía que podíamos contar con usted.

—Sí, bueno, no tengo más opción —suspiré para luego mirarla fijamente—. Le escribiré una carta a Eren con los detalles de la operación.

—Entendido. Cuando esté listo la llevaré con él.

—¿Es eso seguro? ¿No sospecharán de ti?

—No se preocupe. Tenemos a alguien que nos ayuda, aunque esa persona no está enterada.

La miré confundida, pero preferí no indagar en ese tema. Entonces, me despedí de Yelena y me acerqué a mi esposo para así explicarle la situación.

Durante unos días estuvimos planeando la operación que se llevará a cabo en Marley para traer de regreso a Eren Jaeger. La mayoría se encontraba ansiosa o aterrada por lo que se avecinaba, ya que esta vez no nos enfrentaríamos solamente a titanes, sino que esta vez nos enfrentaríamos a seres humanos.

—Esta tarde partirán a Marley para dar comienzo con el plan —comencé a hablarle a la tropa de soldados que se encontraban formados en hileras frente a mí—. Se supone que, como comandante de la legión de reconocimiento, debo de estar allí guiándolos. Sin embargo, debido a mi estado actual no puedo utilizar el equipo de maniobras. Es por ello por lo que dejaré a cargo a Hange y Levi de esta operación. Sigan sus instrucciones, tengan cuidado y por sobre todo no se confíen, ¿entendieron?

—¡Sí, comandante!

Miré por unos minutos como la tropa de soldados comenzaba a dispersarse, luego comencé a acercarme a Hange y Levi, quienes repasaban brevemente los detalles de esta misión.

—¿Están preparados?

—Lo estamos —respondió Hange con una sonrisa—. Volveremos con Eren.

—Cuando lo vea lo golpearé por los problemas que nos está haciendo pasar.

Solté una pequeña risa al oírle, pero luego me mantuve en silencio y me abalancé hacia ellos para abrazarlos fuertemente para así decir:

—Tienen que regresar conmigo, ¿entendieron?

—Lo haremos.

—Regresaremos contigo —dijo Hange, quien levemente tocó mi vientre—. No quiero perderme su nacimiento.

—Más les vale que vuelvan o de lo contrario me enfadaré muchísimo.

Hange soltó una risa, se despidió de mí y comenzó a alejarse. En cambio, Levi se mantuvo en silencio mirándome con tranquilidad, pero cuando nuestra amiga se perdió de nuestra vista, se acercó, sostuvo brevemente mi rostro y plantó un pequeño beso en mis labios para luego acariciar mi vientre y mencionar que regresaría pronto.

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