
030.
Dejé sobre mi escritorio unos papeles, luego me levanté de mi asiento y me acerqué a la ventana para mirar hacia el exterior. Han pasado unos meses desde que Eren abandonó Paradis y desde que se tomó la decisión de seguir con el plan de Zeke Jaeger.
Suspiré frustrada, dejé de mirar por la ventana y volví a mi asiento. Fue en aquel momento en que la puerta de mi oficina fue ligeramente golpeada, por lo que no tardé en indicarle a la persona que se encontraba a fuera que pasara. Al ver ingresar a Hange no tardé en formar una sonrisa.
—¿Qué tal todo? —pregunté, mientras apoyaba mis codos sobre mi escritorio y la miraba fijamente con una expresión tranquilizadora—. ¿Han avanzado con el tren?
—Oh, sí. Eso va perfectamente —dijo tranquilamente, mientras comenzaba a acercarse—. Si seguimos así, pronto estará terminado.
—Eso suena genial.
—Sí. Lo es —dijo al momento en que se detenía frente a mi escritorio—. Aunque, hoy no he venido para anunciarte lo del tren.
—¿No? —pregunté, confusa—. ¿Qué sucede?
—Te lo diría, pero es preferible que lo veas por ti misma.
—¿Es algo grave?
—Lo sabrás si me sigues.
Al ver la expresión de seriedad de mi amiga me hizo preocupar, por lo que no tardé en levantarme de mi silla para así comenzar a seguirla. En el camino le iba a preguntando a Hange los detalles de la situación, pero ella se negaba a decírmelos y eso realmente me confundía.
Dejé que Hange me guiara, entonces, minutos más tarde, llegamos a una cabaña que parecía estar abandonada. Mi confusión se volvía cada vez más intensa porque no lograba entender por qué ella me había traído hasta aquí.
Estaba por preguntarle nuevamente a Hange lo que sucedía, pero en ese momento logré escuchar la voz de Levi llamándome con gran preocupación. Mi prometido se acercó con gran rapidez, se detuvo frente a mí y me miró fijamente para luego decir:
—¿Te encuentras bien?
—Lo estoy —respondí con un poco de confusión debido a que no lograba entender lo que sucedía—. ¿Qué ha sucedido?
Levi se mantuvo en silencio y me miró de arriba hacia abajo, como asegurándose de que no hubiera nada malo en mí, entonces, cuando se percató de que estaba perfectamente, giró todo su cuerpo para mirar a las otras dos personas que lo acompañaban.
—Ustedes, mocosos... ¿Se han atrevido a engañarme?
Sasha soltó un pequeño chillido y se ocultó detrás de Connie para luego decir:
—¡Lo siento mucho, capitán! ¡No teníamos más opción que mentirle!
—¡Hange – san nos pidió que lo trajéramos a toda costa! —exclamó Connie con un tono de voz asustadizo—. ¡Nosotros sabemos que su máxima prioridad es la comandante Smith, así que no tuvimos de otra que engañarlo!
—Así que todo esto es un plan tuyo, cuatro ojos.
—No me mires así, Levi —le dijo Hange alzando levemente sus manos en forma de paz—. Te aseguro que no es nada malo.
Hange nos miró por solo un momento, luego se acercó a la puerta de la pequeña cabaña y la abrió lentamente. Al momento de entrar pudimos observar que esta se encontraba un poco decorada y que en la parte central se encontraban Armin, Mikasa y Jean mirándonos fijamente con tranquilidad.
—¿Qué significa todo esto? —pregunté sin dejar de mirar a mi alrededor.
—Sabemos que ustedes están muy ocupados como para planear una boda —dijo Hange, mientras nos miraba con una pequeña sonrisa—. Así que hemos pensado organizarles esta pequeña ceremonia.
—La decoración la hemos hecho nosotros —explicó Jean mientras miraba a su alrededor—. La comida que trajimos es un regalo de Nicolo.
—Al principio él se negó a ayudarnos, pero luego de hablar con Sasha lo reconsideró —dijo Connie, quien se acercó a sus demás compañeros.
—Le dije a Nicolo que estaba ansiosa por probar su comida en esta boda —dijo Sasha con gran emoción—. Creo que hice que él también se emocionara por esto y por eso nos ayudó.
Solté una pequeña risa, ya que comprendí la razón por la cual Nicolo cambió rápidamente de opinión.
—¿Y bien? —preguntó Hange mirándonos fijamente—. ¿Qué piensan?
—Bueno... Tengo que decir que esto es una gran sorpresa —mencioné al momento en que dirigía mi mirada hacia mi prometido y le extendía mi mano derecha—. ¿Qué dices tú, Levi? ¿Comenzamos nuestra ceremonia de boda?
—Ya estamos aquí —dijo con un tono neutro al momento en que sostenía mi mano—. Solo hagámoslo.
Hange saltó de la emoción, luego se acercó a los demás y esperó a que nosotros nos acercáramos. Levi y yo comenzamos a caminar sin soltar nuestras manos y así, finalmente, quedar frente a ellos. En aquel momento, Hange comenzó a mencionar unas pequeñas palabras que me hicieron sentir distintas emociones; nostalgia, emoción, felicidad, etc.
—Levi Ackerman, ¿Aceptas por esposa a ____ Smith?
Levi presionó suavemente mi mano al oír la pregunta de Hange, luego me miró fijamente y formó una pequeña sonrisa para luego decir:
—Acepto.
—____ Smith, ¿Aceptas por esposo a Levi Ackerman?
—Acepto —respondí con total tranquilidad sin dejar de mirar a mi pareja.
Hange nos declaró marido y mujer. Posicioné mis manos en las mejillas de Levi, lo miré con dulzura y luego atraje su rostro hacia el mío y así, finalmente, besarlo para concretar aquel pacto de amor donde nos prometimos que estaríamos juntos en los buenos y en los malos momentos.
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