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004.


Miraba fijamente como la chica Smith estaba felicitando alegremente los manejos de Isabel con el equipo tridimensional y los caballos.

—Creo que Isabel se ha olvidado por completo a que venimos —dijo Furlan, sin dejar como Isabel hablaba emocionada con la otra chica.

—Tch... Ella debería... —Callé mis palabras en el instante en que vi como un caballo con un recluta encima se dirigía peligrosamente hacia Isabel—. ¡ISABEL!

He corrido hacia mi compañera, pero antes de poder hacer algo se me han adelantado. La chica Smith había apartado a Isabel a tiempo y entonces ambas han terminado en el suelo. El caballo pasó de largo mientras el recluta sobre el caballo mencionaba constantemente que lo sentía.

—Eso ha sido muy peligroso —oí mencionar a Smith—. ¿Te encuentras bien, Isabel?

—Eh... Sí —respondió Isabel, quien todavía estaba pasmada por lo que acababa de suceder—. ¡Ah! ¡Hermano Levi! ¡Furlan!

—Idiota. Tienes que fijarte mejor a tu alrededor —dije, sacando un pañuelo y agachándome para limpiar su rostro que se había ensuciado—. Te ensuciaste...

—Veo que no te gusta la suciedad —dijo Smith, a lo cual la miré de reojo y noté que su mano estaba sangrando, pero rápidamente la ha ocultado—. Los dejaré para que sigan su entrenamiento. Pero tengan mucho cuidado.

—¡Sí! —exclamó Furlan, realizando un saludo.

—Todavía debes mejorar tu saludo —mencionó, palmeando el hombro de este—. Sigue practicando.

Ella se fue mientras miraba su mano derecha que había resultado herida; la cual ninguno de mis compañeros había notado.

—Ella reaccionó muy rápido —dijo Isabel, mientras la miraba alejarse—. Yo no pude saber nada hasta que el caballo estaba por golpearme.

—Por eso debes de mejorar tu percepción —suspiré.

—Al menos no permitas que te golpeen en la cabeza —dijo Furlan—, o perderías más neuronas.

—¡Ah! ¡No te burles de mí! —exclamó—. Puedo pensar muy bien.

—¿Cuánto es 24 + 16?

—Esto...

Isabel comenzó a contar con sus dedos uno a uno para saber la respuesta, mientras que Furlan la miraba con gracia y ante ello he soltado un suspiro. Ellos en verdad no cambiaban.

Aunque el cielo estuviera completamente nublado para mí era algo emocionante, ya que esto era algo que no se podía ver en la ciudad subterránea.

En este lugar teníamos tranquilidad, comida sin falta y unas camas donde dormir... Sin duda alguna este lugar era mejor que allí abajo y por ello haría lo que fuera para que mis compañeros no tuvieran que volver.

—Ese trabajo lo haré yo...

—¿Qué trabajo? —preguntaron detrás de mí, ocasionando que me tensara al oír la voz de la chica Smith.

—Eso no te incumbe —dije, seriamente mientras la miraba frunciendo el entrecejo.

Ella suspiró, mientras se acercaba y se colocaba a mi lado para mirar momentáneamente el cielo nublado.

—No deberías emplear ese tono conmigo —dijo, tranquilamente—. Pero tienes razón. No me incumbe.

Un silencio se formó en nosotros. Ella siguió mirando el cielo y en eso la brisa del viento nos llegó, por lo que su cabello se movió ligeramente.

—Tu mano... —mencioné, cuando la vi quitarse el cabello de la cara. Su mano derecha estaba realmente mal vendada—. ¿Realmente puedes llamar a eso vendaje?

Smith suspiró. Luego extendió su mano derecha hacia mí, por lo que la miré fijamente a los ojos algo confundido.

—Si eres tan experto —mencionaba, sin quitarme la mirada de encima mientras con su otra mano extendía un nuevo vendaje—. Realiza tú el vendaje.

Como siempre me hubiera negado y respondido de manera arrogante, pero como ella se había herido por proteger a Isabel no me quedó de otra que hacer lo que me pedía.

Mis manos sostuvieron la suya, delicadamente. Entonces comencé a quitar el vendaje, la cual estaba teñida de un color rojo intenso y aquello me hizo suspirar. En verdad esta chica pensaba realizar cualquier clase de cosas con esa mano herida, la cual iba a terminar manchando todo.

—Olvidé mencionar algo cuando ayudaste a Isabel —dije, vendando cuidadosamente su mano—. Gracias... Smith...

—Puedes llamarme por mi nombre. Así no se confundirán cuando se refieran a Erwin o a mí —dijo, sonriente y esperó a que mencionara su nombre, pero yo me mantuve callado—. Quiero saber que tu silencio es porque te niegas a mencionar mi nombre y no porque te lo has olvidado —Realicé una mueca cuando oí sus últimas palabras—. ¡Ah! ¡Te has olvidado de mi nombre! 

—Tch... No necesito recordarlo...

—Debes de recordar los nombres de tus compañeros por respeto a ellos —dijo, sin quitarme la mirada de encima—. Me llamo ____ Smith, así que no te olvides de ello.

—Está bien...

—¿Está bien, qué?

—Está bien, ____...

—Nada mal, enano —sonrió.

Escuchar la palabra "enano" me hizo presionar su mano herida, por lo que se quejó unos segundos para luego alejar su mano.

Ella me había hecho llamarla por su nombre por respeto, pero no dudaba en darme un apodo.

—Terminé —dije, apartándome de su lado para volver a fijar mi vista en el cielo nublado.

—Es un buen vendaje —mencionó—. En la ciudad subterránea debías de realizar este tipo de cosas, ¿no?

—Sí —respondí, neutro.

—Realmente eres distinto a la persona que vi en la ciudad subterránea —suspiró, y aquello captó mi atención—. Pero sin dudar alguna no me arrepiento de recomendarte a Erwin.

—¿Qué quieres decir?

—Bueno... Yo había estado siguiendo cada paso que hacían en la ciudad subterránea —comenzó a hablar, calmadamente—. Pude ver la gran habilidad que tenían con el equipo de maniobras e incluso pude ver el aprecio que le tienes a tus compañeros. Por eso no dudabas en matar a cualquiera que los molestaba, ¿no?

—¿Por qué espiarnos?

—Oh. Eso fue pura casualidad —respondió—. Yo estaba investigando unas cosas y entonces logré verte con tus compañeros. Sin duda alguna lo que ustedes hacían con el equipo de maniobras era impresionante, pero antes de recomendarlos decidí espiarlos y ver que más hacían. ¡Me llevé una gran sorpresa cuando tú has matado una persona!

—Cualquiera nos hubiera llevado con la policía militar...

—Así es. Cualquiera lo hubiera hecho —La miré unos segundos pudiendo notar que se encontraba sonriendo—. Pero yo pensé que con esas habilidades podrían ser de mucha ayuda allí en el exterior.

Sus palabras me sorprendieron, ya que ninguna otra persona había visto más allá de nosotros y siempre nos tachaban como lo peor.

—Estás loca.

—Vamos. Te dije que no me hablaras de esa forma —suspiró—. Te lo dejaré pasar, pero yo te recomiendo no hablar así con los superiores porque ellos no son tan blandos como yo.

En ese instante recordé como ella me había mirado seriamente, mientras me decía que no volviera a hablarte de manera arrogante.

La fuerza que empleó aquel día fue realmente impresionante.

—Tch... ¿A eso llamas ser blanda? —susurré.

—¡Ah! Mira ya se pude ver mejor la luna —mencionaba, mientras señalaba hacia el cielo. La brisa del viento volvió a desordenar su cabello, pero eso no impidió que ella siguiera sonriendo.

Esta pequeña charla me hizo comprender algunas cosas. Como que ella era diferente a esas demás personas que nos trataban horrible solo por venir de la ciudad subterránea.

Sin embargo, a pesar de que había logrado cambiar un poco mi manera de mirarla... No iba a dejar atrás la razón principal por la cual había venido a este lugar; yo debía acabar con ella.

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