Capítulo #4: "Lluvia"
—Creo que estarás bien con estas mantas, no hace tanto frío. —Jennie le dijo a Rosé cuando dejó que se acostara en su cama mientras ella dormiría con un colchón en el suelo. La pelirroja no se había sentido más agradecida con ella por darle comodidad, aunque aún no entendía porqué Jennie alrededor suyo no hablaba tanto. No se quejaba de ello, le hubiese gustado entenderlo pero no podía hacer nada. Además de que hacía muy poco se conocían y era muy pronto para juzgar su actitud con ella.
—Gracias, Jennie —fue lo único que dijo, haciendo referencia también al pijama que tenía puesto a quien pertenecía también.
—Duerme —le respondió haciendo el ademán de apagar la luz de noche. Cuando la habitación estuvo a oscuras lo único audible era el movimiento de mantas que ambas hicieron para acostarse a dormir y la lluvia ruidosa y escandalosa que estaba azotando Seúl.
Unos minutos transcurrieron, los que le dieron a Rosé la posibilidad de creer que Jennie se había dormido, pero aún así habló:
—¿Crees que alguna vez podamos ser amigas inseparables?
—¿Eh?
—Ya sabes —la pelirroja se apoyó en un codo y la miró, aunque a través de la oscuridad fuese imposible. —Como esas amigas de las películas que comparten todo. ¿Crees que alguna vez seamos así?
—¿Por qué pensarías eso a esta hora? Debemos dormir.
—Por favor, sólo dime. Es que cuando hago amigos suelen actuar... Suelen ser...
—¿Así de enérgicos como tú? —Ella inquirió con un tono de cuestionamiento, el cual ella captó enseguida.
—Mmm, algo así. No es que me moleste que seas así de callada, sino que... Tu familia, bueno. Es un poco... Es diferente a ti.
Un suspiro retumbó en todo el cuarto y al instante Rosé se arrepintió de haber dicho eso. Segundos de incómodo silencio barrieron la habitación, y ella volvió a hablar. —Lo siento, no quise decir eso...
—Duerme, por favor. Es tarde y mañana debo despertar temprano.
La pelirroja no cuestionó ni se opuso. Se dio la vuelta en las mantas y se acurrucó como una bolita. No podía creer que le había querido decir que ella no era tan «simpática» o «alegre» como su hermano y padres. ¡Se suponía que iba a convencerla de ser amigas y conocerla más! Cerró sus ojos e intentó dormir con una fea sensación en su estómago.
—No te confundas, Rosé —Jennie habló más tarde, cuando la pelirroja ya había caído en sueño y no oía ni su propia respiración. —Mi familia y yo somos iguales. Nos amamos y compartimos las mismas cosas, y soy igual a ellos. No puedo demostrarlo —dijo en un susurro—, pero me preocupo por ellos y sé cuál es mi rol. Para que sepas... Ellos son lo mejor que tengo. Y nunca cambiaré de opinión —finalizó con un bostezo y cayó dormida también mientras la lluvia y truenos retumbaban en las paredes.
{...}
La noche estaba avanzada, y Namjoon y Seokjin estaban durmiendo. Temían que el ruido de la lluvia despertara a Kookie por lo que trajeron su cunita más cerca de su cama para oír cualquier llamada de atención del bebé.
Namjoon abrió sus ojos levemente, y al ver en el reloj que eran casi las 2am se regañó internamente el porqué había despertado. El bebé no estaba llorando ni nada, así que optó por darse la vuelta e intentar conciliar el sueño. Se encontró con las tranquilas facciones de su esposo durmiendo, subiendo y bajando su pecho lentamente mientras sus labios estaban entreabiertos y sus ojos cerrados. Un contraste de una imagen parecida a la de un ángel y un demonio se encontraban frente suyo, la manera más cercana de describir a Seokjin. No creía lo mucho que le amaba y la persona afortunada en la que se había convertido. Cada día, desde la adolescencia, desde que se habían conocido, desde que había sido su primera cita, su primer beso, nunca jamás hubiese imaginado que esto terminaría así; con una familia tan sana, tan divertida, y tan leal. Namjoon nunca estaba seguro de agradecerle a SeokJin por enseñarle a ser un buen padre, un buen adulto, una buena persona.
Cuando Taehyung llegó, dándole una sorpresa a ambos, con miedo por no saber cómo lidiarían con aquello a tan temprana edad Seokjin fue quien le dio las fuerzas que necesitaba para salir adelante, para hacerse cargo de una familia, de aquella vida. Se casaron, formaron un vínculo, y tuvieron al pequeño más precioso. Así pasaron los años, y todo se fue acomodando. Los dos pudieron establecer sus profesiones, pudieron tener su propia casa, y llegó el otro bebé. Ahora, más listos y con más experiencia pudieron atravesar el embarazo de Jennie con más calma y con más expectativas.
Su familia tenía algo que no podía ver a veces en otro lugar, y era el sentimiento recíproco de protección y amor. Eso realmente no se veía a la vuelta de casa, y por eso estaba feliz de todos sus esfuerzos aplicados a la crianza de sus hijos y también a como se daba el trato con otras personas, con el exterior.
Obviamente cuando sospechaba del embarazo de Jungkook entró en pánico, o bueno, tuvo sus cinco minutos de “otra-vez-ser-padre-y-lidiar-con-el-mismo-proceso”. Pero vio en el estrés en el que su vida se encontraba, y cuando decidieron hacer el test y dio positivo pensó que nada le daría más alegría que el nacimiento de otro pequeño. Pero sobre todo en la felicidad de Jin para su nuevo hijo, aunque pareciera no estar muy de acuerdo, sabía que era cuestión de tiempo para que comenzara a emocionarse. Y eso le enamoraba cada día más de él, lo valiente que era para enfrentar cada cosa que le sucediera.
Seokjin en la vida de Namjoon era la pieza más fuerte, y la que más valor tenía para no derrumbarse.
Claro, después estaban sus hijos.
—Te amo como no tienes idea, amor. Te amo —susurró besando los labios de Jin suavemente y cerrando sus ojos para conciliar por fin el sueño, luego de haber divagado tanto en sus pensamientos.
{...}
Yoongi no solía entender muy bien las palabras de su madre cuando le decía que «amar era para toda la vida», luego de haber pasado de probar desde chicas hasta chicos le había sido difícil creer que eso era posible. Pero cuando conoció a Jiwoo aquella perspectiva había cambiado. Ella logró enamorarlo, e incluso que aceptara la propuesta de matrimonio.
Y así pasaron siete años de aquella farsa que habría creído como amar para toda la vida. Su "amar para toda la vida" era una mujer que se acostaba con los compañeros de trabajo, y quien le pagaba con falsas cenas de bienvenida luego de los viajes de negocios, o suaves besos de labios sucios.
Se removió del sillón molesto, la lluvia retumbaba en sus oídos como un conocimiento de los pensamientos que golpeaban en su mente. Odiaba estar solo para estar a cuentas con su estado mental, porque era cuando no se jactaba de nada y dejaba salir cada pensamiento, incluso hasta el más mínimo, aquel pensamiento más recóndito que siquiera ponía atención era el que más fuerza tomaba y le hacía dubitar.
Su fuerza de voluntad era la que menos participación tenía, evitando patear simplemente el pensamiento en vez de indagar en él.
¿Quién era realmente su "amar para toda la vida"? Porque Jiwoo claramente no lo era, y ya había tenido suficiente de ella como para esperar. Estaba a sus casi treinta, y no había tiempo para conocer a alguien en Tinder o echar un polvo. Sólo había lugar para el trabajo, y conseguir más de ello.
—No seas ridículo, Yoongi. Nunca tendrás una familia como la de Namjoon. Ellos son... Diferentes a ti. No tienes que poner planes en otra cosa, sino en lograr el divorcio, y ya. El trabajo es duro, y es en lo que tu atención debe colocarse.
Pero... ¿era eso cierto? Es decir, lograr que el fracaso de no encontrar a tu "amar para toda la vida" se redujera a un matrimonio fallido y al trabajo excesivo.
Yoongi sabía que quizás no era del todo correcto, quizás habría al menos una última oportunidad. ¿Y si no la estaba viendo? De cualquier manera tendría que darle tiempo al tiempo. No es una cosa fácil, pero nada imposible.
El último trueno que oyó le hizo suspirar y caer con ojos adormilados en la almohada. Se estaba dando una última oportunidad, una última oportunidad para encontrar a su amar para toda la vida.
{...}
—¡Pueden bajar a desayunar! —Namjoon gritó desde la entrada de las escaleras, sosteniendo a Jungkookie en sus brazos. Cuando volvió a la entrada en la cocina Min estaba con su impecable traje, aún más reluciente que la noche anterior. Sonrió al instante.
—Buenos días, Namjoon.
—Buenos días, Yoongi. ¿Cómo estuvo la noche? —ambos se dirigieron a la cocina, sus trajes perfectos hacían juego con la larga mesa llena de comida para el desayuno. Namjoon dejó al bebé en su sillita para recién nacidos mientras acomodaba algunas cosas para que comieran.
—Bastante cómoda, a pesar de la lluvia y el ruido. Espero que para ti haya sido igual —sonrió, tomando un sorbo de café que Namjoon acababa de servirle.
—Me alegro.
—Amor, buenos días —Jin apareció por la entrada con ropa informal y cara adormilada, dándole un suave beso en los labios. —Me quedé dormido, ¡no podía creerlo!
—No pasa nada, cariño. Ya le di la mamadera a Kookie e hice el desayuno. Sientate, y comamos juntos —le devolvió el beso, y Yoongi los observó con una sonrisa. El claro ejemplo de un "amar para toda la vida".
—Buenos días, señor Min —Jin saludó en una reverencia. —Espero que haya dormido bien.
—Lo hice, Seokjin. Gracias por la amabilidad.
Este respondió con una sonrisa.
—¡Tío! —Rosé fue hasta ellos y dio un beso en la mejilla de Yoongi para sentarse a su lado, Taehyung venía detrás suyo y por último Jennie quien no había cambiado una facción de su rostro luego de haberle prestado ropa a la pelirroja para que hoy usara.
—Buenos días, señor Min —ambos hermanos Kim saludaron en coro.
—Buenos días.
—Buenos días, papi.
—Buenos días.
—Buenos días, mami.
—Buenos días.
Todos terminaron por sentarse en la mesa y comenzar a comer en silencio, quizás al principio el hecho de que no cruzaran ninguna palabra fue incómodo, pero cuando Jungkookie emitió un pequeño eructo por la leche que había tomado, todos comenzaron a reír y a charlar haciendo alusión de la ternura que eso les causaba.
El timbre sonó y dejaron de comer en ese instante. Yoongi vio como Seokjin bufo internamente por tener que levantarse, pero él fue más rápido y le llamó la atención.
—Yo voy, Seokjin. Tú termina de comer. Ya terminé mi café —le sonrió y se levantó.
Fue directo al living y allí a la entrada, donde estaba la puerta que daba al departamento. Yoongi vio a través del gran ventanal como el día iba cobrando vida y la gran lluvia era secada por el sol de la mañana, como si no quisiese dejar rastro de ella. Él bostezó, y cuando hubo puesto la mano en la perilla y la giró el bostezo quedó a la mitad. Su mandíbula había caído al suelo.
Ojos marrones lo observaron con curiosidad cuando se quedó inmóvil. Las facciones del castaño se volvieron agridulces.
—¿Tú quién eres? —dijo con una sonrisa a medias, formulando la frase con un tono que arañaba ser simpático. Yoongi esperó un segundo y soltó la perilla.
—Soy un amigo de la familia, ¿quién eres tú?
—Soy parte de la familia.
—¿Ah?
—Me llamo Park Jimin, ¿debería saber yo quién eres tú? —inquirió con una ceja levantada.
......
Amo el yoonmin;(
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