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Hueningkai se removió incómodo del lado de su cama, medio dormido abrazó a su pareja depositando su mano en el plano abdomen de este, apegándolo a su cuerpo.

Soobin abrió los ojos extrañado, su lobo se sentía triste y confundido. Por más que Hueningkai le demostrara su amor, la conexión entre sus lobos no era la mejor, sus feromonas no lograban apaciguar el dolor que tenía el menor por el cachorrito que no podría disfrutar.

Su celo no tardaría en llegar, tal vez un par de semanas y podría ofrecerle la oportunidad de poder ser una familia y poder sanar su corazón.

Sonrió enternecido por la imagen tierna en su cabeza de Huening cargando a su cachorro, su lobo movía la cola y no podía esperar a que el celo llegara.

Se giró tratando de no despertar a Kai y miró sus facciones tranquilas al dormir, pero su ceño se mantenía fruncido, como si tuviera una pesadilla.

—Te haré feliz, amor mío —susurró acariciando la pálida mejilla y depositó un tierno beso en sus labios para después acurrucarse en los brazos ajenos hasta la mañana siguiente.





Yeonjun entró preocupado a la habitación de su hermano, escuchó a un lobo aullar dolido y se quedó de piedra al ver a Beomgyu en su forma animal, arrinconado en una esquina mostrando sus colmillos.

—Beomgyu, estando así le hará mal al cachorro... —dio un paso y el lobo blanco bramó fuerte mostrando sus colmillos. El olor de otro alfa lo ponía furioso— Beomgyu-ah, soy tu hermano, no una amenaza.

El lobo de Beomgyu se acercó peligrosamente a Yeonjun, no quería el olor a madera y vino que llenaba la casa. Necesitaba el de pino y cardamomo de su antiguo alfa.

Yeonjun se convirtió en su forma animal y pasó su lengua por el osico ajeno, dejando en claro que no le haría daño.

Pero, no esperó que Beomgyu comenzara a rasguñar con sus patas su vientre. Jadeando de dolor por el cachorrito en desarrollo.

"Va a matar al cachorro si continúa sintiendo mi olor" -Reflexionó Yeonjun al ver la actitud de su hermano.

Con su pata dio un golpe en la cabeza de Beomgyu para que se detuviera, provocando un gruñido.

Volvió a su forma humana y miró molesto al menor.

—No me vuelvas a gruñir —amenazó para posterior salir de la habitación y tomar su teléfono— Es la única opción.

Buscó entre sus contactos el número de Huening y le marcó. Tres tonos y respondió.

—¿Yeonjun?

—Ajá, el mismo. No te llamo de cortesía, pero necesito que vengas a mi casa en este instante.

—¿Por qué debería ir?

—Beomgyu quiere matar al cachorro. Tu olor lo tranquilizará, después de todo eres el responsable de que esté así.

—Maldita sea, iré para allá. Estoy cerca.

Y colgó.

Yeonjun subió a la habitación de nuevo y aquel lobo blanco caminaba de lado a lado furioso, bramando cuando sentía una patada del cachorro.

Cuando Beomgyu sintió el olor de su hermano corrió hacia su dirección y mostró sus dientes.

Suficiente, omega tonto —ocupó su voz de mando y el lobo agachó sus orejas pero seguía molesto.

No pasaron más de 10 minutos de tortura para el menor cuando Hueningkai cruzó la puerta despavorido. El corazón le latía a mil por hora al imaginar la locura que podía hacer Beomgyu.

Yeonjun se alejó de las escaleras y dejó subir a Huening, quién rápidamente pasó a su forma animal dejando ver a un gran lobo pardo.

El omega al sentir ese exquisito olor dejó que sus instintos florecieran y se lanzó encima del contrario, dando muchos languetazos en el hocico.

Ignoró el olor a omega nuevo, necesitaba la fragancia del alfa para poder vivir en paz pero sabía que eso no sería posible.

Hueningkai escondió su cabeza en el cuello contrario y pasó su lengua por el cuello anteriormente marcado.

Volvió a su forma humana y Beomgyu lo siguió segundos después. Se miraban de una manera culpable, pero no se separaron.

—Beomgyu-ah, ¿qué tenías en la cabeza que quisiste matar a nuestro cachorro? —acarició su vientre con lentitud, el mayor se mantenía cabizbajo dejándose llevar por las caricias.

—Podría recriminarte muchas cosas, pero por ahora quiero estar así  —musitó débil, cambiar en más de la mitad del embarazo fue muy agotador.

—Te dije que el cachorro me necesita —suspiró—. Tú me necesitas.

—¿Afirmarlo subirá tu ego?

—No, jamás. Será un hincapié para volver a estar cerca de ustedes.

—Tienes a Soobin —recordó dolido.

—Siempre estarás en la cima de mi vida, aún cuando ya no me perteneces.

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