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Sus ojos se encontraban hinchados y rojos de tanto llorar, su bebé no se ha movido en los últimos días y siente que todo se fue en picada. El maldito nido que hizo con la camisa de su marido lo estaba haciendo pedazos de a poco, no sabía si aquel martirio terminaría de una vez por todas.

La puerta fue abierta por el dueño del hogar, entró cuidadosamente hasta llegar al pequeño omega y dejar la bandeja con comida en el buro.

—Beomgyu-ssi, es hora de que comas.

—No puedo, Yeonjun hyung —logró decir con un nudo en la garganta.

—Claro que sí, debes alimentarte por tu cachorrito,  ¿debería darte de comer como a un niño? —acarició su cabellera.

Beomgyu solo se limitó a mirarlo unos breves segundos y volver la mirada a su vientre, reflejando melancolía.

—¿Me habrá buscado?

—¿Uh, Huening? —el menor asintió con lentitud. —Beom, no debes seguir torturándote. Sé que es el padre de tu hijo y antiguo alfa, pero ya tomaron caminos separados —hizo una pausa—. Él decidió irse, no fue tu culpa, jamás pienses que todo esto es por ti. Haces un gran esfuerzo llevando a ese pequeño en tu vientre, eres muy valiente.

—Pero me reemplazó —respondió sombrío—, buscó a otro omega para ser feliz; alguien para amar y formar... una familia —soltó un sollozo.

—Él es un hijo de puta por no saber apreciar quién tiene al lado. Eres una persona muy buena, Beomgyu-ssi, demasiado para lo que es Hueningkai —acarició su hombro.

—Desearía no verlo más pero tenemos qué hacer la anulación de nuestro matrimonio —limpió su nariz y jadeó por una patada de su bebé—. Sé que también te duele, pequeño. Pero no hay otra salida.

Yeonjun hizo una mueca y miró la comida que ordenó. Iba a hablar pero el menor interrumpió.

—Hay algo que debo hacer antes de acudir a la justicia —miró a su hermano y se sentó en el colchón—. Comeré cuando vuelva, lo prometo —se acercó y dio un fuerte abrazo.   

                                    




Cuando Beomgyu entró a su antiguo hogar, no esperó ver a su ex alfa acompañado de un sofisticado omega de piel blanca como la nieve misma, ordenando unas cajas.

Hueningkai se quedó de piedra al observar al omega cubrir su vientre mientras sus ojos se cristalizaban. Dejó lo que estaba haciendo y se acercó un poco al mayor.

—Así que tú eres la razón por la que mi matrimonio se fue al carajo —espetó Beomgyu mirando a Soobin—. No es un gusto conocerte, supongo qué sabes quién soy.

Soobin corrió la mirada y carraspeó.

—Será mejor que me vaya —respondió y caminó hasta el menor—. Te espero en el auto.

Cuando pasó por el lado de Beomgyu, sintió su marca arder. Su omega sentía la impotencia de su alfa pero no podía hacer nada, sabía que ellos debían hablar para que por fin Hueningkai sea completamente suyo.

Una vez solos, el menor suspiró molesto mirando a Beomgyu.

—No tienes que ser tan grosero con Soobin.

—¿Me quieres joder? —levantó una ceja y se apoyó en su pierna derecha. —¿Acaso tu amante tiene más libertinaje que el mismo dueño de hogar? —sentía a su omega rugir en su interior, quería tomar el control. —¡Siempre tienes que arruinar lo que quiero hacer, alfa inútil!

—Beomgyu, basta...

—¡No te bastó romper el lazo, sino traer a ese cualquiera a mi hogar! —su rostro comenzó a enrojecerse.

—Es suficiente, Choi —sentenció.

—¡No es justo que me hagas pasar toda esta mierda cuando te estoy dando un cachorro!

Y Huening jadeó, la palabra cachorro hacía a su alfa mover la cola entusiasmado. Su primera camada. Miró al mayor que comenzó a sollozar y se odió por no poder abrazarlo.

—No debes exaltarte, le hará daño a nuestro cachorro —respondió, acercándose al mayor.

—¿Ahora te importa? —limpió sus lágrimas y lo miró— No te preocupes por nosotros, estaremos bien.

—Beomgyu, el cachorro me necesita. Y lo sabes.

—¿Crees que MI cachorro sabrá de tu existencia? —miró su vientre— Él no merece saber quién fue el desgraciado que lo abandonó —levantó la mirada—. Yo velaré por su bienestar, quédate con tu omega.

—No puedes hacer eso —tomó su rostro entre sus manos—. No puedes negarme a conocer a nuestro hijo, por favor.

Con el corazón latiendo a mil por hora, Beomgyu alejó rápidamente a Kai. Sentía el nuevo olor a omega y le desagradaba, su bebé pateaba constantemente y su lobo lloraba.

Se sentía tan destrozado, sin fuerzas. El único motivo por el que seguía adelante era por su cachorrito, ese pequeño ser que amaba incondicionalmente.

—No pudiste respetarme, rompiste en lo más profundo de mi ser y eso jamás te lo voy a perdonar —cubrió su vientre dando leves caricias—. No fui suficiente para tu alfa y por eso marcaste a ese idiota. Gracias por hacerlo, de otra manera no hubiera abierto los ojos.

—No, Beom yo...

—Dormía con el enemigo y no lo sabía —sollozó y limpió su rostro haciendo una breve pausa—. Sólo venía a buscar el resto de mis cosas pero ya que tuve el desagrado de verte, me ahorro una visita más —aclaró su garganta—. Quiero el divorcio lo más antes posible.

Hueningkai guardó silencio y apartó la mirada a sus cajas.

—Puedes quedarte con la casa, yo me iré —anunció y mordió su labio al escuchar un jadeo del más bajito.

—¿Y seguir en el mismo lugar que me recuerda a ti? —preguntó indignado— No caeré tan bajo, Huening —avanzó hacia las escaleras—. No sabes cuánto tiempo esperé para darte la noticia que serías padre, pero te encargaste de arruinarlo —sollozó y cubrió su rostro—. No te quiero ver nunca más...

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