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Capítulo 11; ¿Me tienes miedo fea?

La inconfundible figura de Alex Myers apareció por el fondo del taller, caminando cabizbajo, con paso calmado, sin prisas. Emma quedó impactada no solo por volver a verlo, sino porque de nuevo había vuelto a despertarse en ella aquella extraña sensación en el centro del estómago. Un nerviosismo incómodo e inoportuno que se extendía por las células de su cuerpo como un parásito indeseado.

Trató de apartar la mirada de él. Su cerebro le gritaba que lo hiciera, pero fue incapaz. Era como si sus neuronas hubiesen cortocircuitado al verlo y las señales del cerebro no pudiesen llegaran a su destino.

¿Eran cosas suyas o aquel chico era más atractivo cada día que pasaba?

Sin ser consciente de lo que hacía, Emma contempló fascinada sus movimientos. Cómo subía lentamente la cremallera de su mono de trabajo, cómo la manga de la prenda se deslizaba hacia arriba mientras lo hacía, mostrando los tatuajes que decoraban aquella piel bronceada. Siguió el movimiento ascendente de sus dedos hasta llegar al cuello deshilachado de su mono de trabajo y sus ojos trazaron la curvatura de su piel. Una incipiente barba oscurecía levemente su mentón. Advirtió la nueva herida que decoraba el anguloso rostro del muchacho, pero no fue eso lo que llamó su atención. Parecía extenuado, pero incluso así, demacrado, Emma no pudo obviar lo seductor que aquel chico le resultaba. Jamás lo admitiría en voz alta, porque Alex no encajaba para nada en su estereotipo de pareja. ¿Pero para qué negárselo a sí misma? Su lado oscuro la atraía de una forma magnética, y aquello la asustaba.

Los brillantes ojos color miel de Alex se pasearon tranquilamente por el local en busca de Jasson. Tenía que explicarle que se había visto obligado a cambiarle la válvula EGR debido a la acumulación de carbonilla. Tenía tal obstrucción que no había conseguido limpiarla, y ya de paso le había hecho un cambio de aceite. Pero todo eso desapareció de su mente cuando su mirada reparó en ella.

Su rostro se convirtió en la definición gráfica de la estupefacción. Dejó de caminar. Inmóvil. Pestañeo varias veces incrédulo hasta que sus ojos se entrecerraron bajo las espesas pestañas que los enmarcaban y la contempló en silencio. Dela misma forma en que contemplaría a un extraterrestre, sin saber si lo que veía era cierto. Pero no había duda, era la pelirroja que se había empeñado en meterse en su cabeza y se negaba a salir. Y no solo eso, lo observaba con... ¿deseo?

Una sonrisa pausada se abrió paso en los labios del chico ante aquella idea, sonrisa que causó estragos inmediatamente en el pulso de Emma. Le hubiese encantado que aquella excitación fuese producida por la inesperada sorpresa de habérselo encontrado. Pero ella sabía que no era así.

Emma apartó sus ojos azules de él, azorada porque el chico la hubiese descubierto comiéndoselo con la mirada. Pensó que si dejaba de observarlo su alocado corazón podría ralentizarse. Pero nada más lejos de la realidad. Sentía la intensa mirada del chico recorrer su cuerpo incluso en la distancia. Como una cálida brisa de verano que a pesar de no verla la sientes en cada poro.

Los ojos color miel de Myers se deslizaron por el cuerpo de Emma. Llevaba una camiseta negra que se ajustaba a su silueta, él deseó no haberse dado cuenta de lo bien que le sentaba. El pelo suelto le enmarcaba su pequeño rostro de duende. Observó como ella se acomodaba el cabello detrás de la oreja, y cómo sus dientes mordisqueaban sus labios de forma errática, como si estuviese nerviosa.

¿Él la ponía nerviosa?

Ese pensamiento le agradó más de lo que podía haber llegado a imaginar. Tampoco le pasó desapercibido el hecho de que la pelirroja rehuyese su mirada. Era la primera vez que sucedía. Y no solo eso, la había descubierto comiéndoselo con los ojos. Y no eran invenciones suyas, no era la primera chica que lo miraba de aquella forma. Sabía diferenciarlo.

Quizás lo que sucedió entre ellos la noche anterior también la había alterado de alguna forma, pensó él.

Lentamente los labios de Alex esbozaron una leve sonrisa ante aquella idea.

— No me lo puedo creer. — Murmuró Alice, quien se llevó una mano a la frente.

— ¿Qué sucede? — Preguntó Jasson sin comprender a qué venían tantas miradas extrañas.

— ¿Este es el famoso mecánico del que llevas hablándome meses? — Susurró Alice mientras contemplaba a su amigo con expresión agria.

— ¿No me dirás que no está buenísimo? — Cuchicheó mientras lo evaluaba con mirada apreciativa. Él solía llevar su vehículo a aquel taller no solo porque el tipo era un genio de la mecánica, sino por el placer de contemplar a aquel mecánico tan imponente. Aunque jamás lo había visto comportarse así. Estaba como hipnotizado. — ¿Por qué la mira tan fijamente? — Le preguntó a su amiga cuando vio que Myers prácticamente devoraba a Emma con la mirada. — ¿Esto es lo que describen los libros sobre el amor a primera vista?

Emma lo escuchó, y a pesar de su reticencia, sus ojos volvieron a volar por el recinto, como una brújula que busca el norte incesantemente y solo se detiene al conseguirlo. Él seguía contemplándola, o quizás sería más acertado decir que la taladraba con la mirada. Una mirada que era capaz de meterse bajo su piel.

— No digas tonterías Jasson. — Respondió Alice. — El amor a primera vista no existe. Existe la atracción a primera vista.

— Pues estos dos están imantados. — Susurró Jasson.

Emma quiso decirle a Jasson que se equivocaba, pero fue incapaz. No podía. Tenía la boca seca.

Myers ladeo la cabeza sin apartar la mirada de Emma, una leve sonrisa ladeada se mostró en sus labios. Y que sonrisa...

— No paras de perseguirme fea. — Dijo él finalmente devolviendo a Emma a la realidad de porqué sentirse atraída por Alex era un error. Era un idiota integral.

Alex se acercó a ellos con paso decidido.

— ¿Sabes que esto puede comenzar a considerarse acoso? — Inquirió cuando llegó a su altura.

— ¿Os conocéis? — Preguntó Jasson estupefacto mientras alternaba la mirada de uno a otro como quien contempla un partido de tenis.

— Por desgracia. — Respondió la chica forzando a que sus cuerdas vocales recuperaran la movilidad.

Aunque según pudo observar Jasson, la expresión corporal de la chica no parecía estar en consonancia con sus palabras. De soslayo le pareció percibir un destello colérico en los peculiares ojos de Alex, pero debió ser fruto de su imaginación porque cuando lo miró de nuevo él mostraba una sonrisa burlona.

— Podrías fingir que te alegras de verme, después de lo que sucedió anoche...— Contestó Alex con un brillo malicioso en su mirada mientras se encogía de hombros con aire aburrido.

— Nunca se me ha dado bien fingir. — Respondió ella con mordacidad.

Algo centelleó tras las pupilas de Myers.

¿Aquello era cierto? ¿Cuándo lo sujetó de la camiseta y lo atrajo a su cuerpo jadeando no había sido fingido?

Emma no fue lo suficientemente rápida como para apartarse antes de que él se acercara peligrosamente.

— ¿Y lo de anoche qué fue entonces?

Emma se tensó de pies a cabeza.

— ¡¿Qué sucedió anoche?! — Inquirió Alice estupefacta.

Emma, apresuradamente, alzó la voz con un deje de nerviosismo.

— ¡Nada! — Exclamó sintiéndose como una farsante.

Notó el calor sofocante en el rostro propio de cuando la sangre se le agolpaba violentamente en las mejillas. Era un acto involuntario, y siempre le ocurría cuando se sentía alterada o mentía. Y aunque no estaba mintiendo, tampoco estaba siendo sincera del todo. No había ocurrido nada, pero en cierto modo lo había cambiado todo.

— Tiene algo de ropa mía en su dormitorio. — Respondió Alex con altanería mientras le guiñaba un ojo a la chica de forma seductora.

Jasson miró alternativamente a Emma y a Alex con renovado interés.

— Eso es porque te marchaste antes de que pudiese devolvértela. — Respondió ella con brusquedad. — Y antes de que alguien lo pregunte, jamás ha estado en mi dormitorio. — Se apresuró a aclarar con frialdad cuando vio que Jasson había comenzado a abrir la boca. El chico la cerró de inmediato y trató de aguantar una sonrisa.

Alex se encogió de hombros fingiendo indiferencia.

— Tenía algo de prisa, pero si quieres nos vemos luego y me la devuelves.

Ella negó con la cabeza.

— Imposible. Tengo clases.

Alex la contempló alzando una ceja.

— Puedo recogerte a la salida. Me daría tiempo de regresar para el siguiente turno.

La voz de Emma sonó brusca debido a la tensión. Quería marcharse de allí. La forma en que Alex la miraba la intimidaba más de lo que estaba dispuesta a admitir, por no decir lo muchísimo que le costaba organizar sus ideas cuando lo tenía delante. Sabía que era algo físico. Algo hormonal. Pero no por ello era menos frustrante.

— Lo siento, pero no puedo. Tengo cosas que hacer.

Él le sostuvo la mirada con firmeza antes de suspirar. Aquella pelirroja era insufrible. ¿Por qué demonios tenía que gustarle tanto? ¿Y por qué mandaba tantas señales contradictorias?

— Mira fea, tienes mi chaqueta y la necesito.

Emma exhaló exasperada.

— Lo sé. Pero hoy es imposible. — Lo miró con atención. — Ahora sé dónde trabajas. Otro día te la traigo. — Dirigió una furtiva mirada a sus amigos que contemplaban la escena con perplejidad. — Os espero fuera.

Alex soltó aire irritado cuando la vio alejarse de él. Odiaba que hiciese aquello. Nunca había conocido a una chica que le rehuyera de aquella forma. Desde que la conoció siempre hacía lo mismo, y eso le encrespaba los nervios porque no sabía qué hacer para que dejara de hacerlo. Quería que dejara de huir. Quería...quería...quería que le devolviera su cazadora maldita sea.

— ¡Espera! — Exclamó Myers tras unos segundos de vacilación, y siguió a Emma al exterior del taller, sujetándola por la muñeca para impedir que siguiera alejándose de él.

Emma se apartó rápidamente de él como si su roce fuese corrosivo. En cierto modo era así, aquel tacto le quemaba de una forma alarmantemente agradable.

La desesperación que la chica mostró en su mirada sorprendió a Alex. Parecía horrorizada de tenerlo tan cerca. Él lo sintió como una patada directa al centro de su estómago, pero fingió que ese rechazo tan sutil no le había dañado.

— El jueves me han organizado una nueva pelea. Ven a verme. Así podrás devolverme lo que es mío. — Se apresuró a aclarar con voz atropellada.

Emma miró nerviosa alrededor. Algunos trabajadores les dedicaban miradas soslayadas y Jasson fingía hablar con Alice, pero ella sabía que los dos estaban pendientes de aquella conversación.

Emma se mordió el labio inferior, ajena por completo a lo seductor que aquel gesto le resultaba a Alex. El chico se obligó a apartar la mirada de aquella boca que tanto lo perturbaba.

— No creo que sea una buena idea. — Dijo la chica finalmente.

Un destello salvaje apareció fugazmente en la mirada dorada del chico. Myers expulsó entre los dientes el aire que estaba conteniendo. Tendría que utilizar otra táctica diferente si quería conseguir algo de aquella pelirroja testadura.

— ¿Ni siquiera vas a plantearte mi propuesta antes de rechazarla? — Preguntó utilizando un tono de voz cautivador. Un tono de voz que jamás había utilizado con ella hasta aquel momento.

Emma parpadeo.

— No tengo nada que pensar al respecto Alex. Ese mundo no es para mí.

Él ignoró el insólito acelerón que dio su corazón cuando la escuchó decir su nombre. Era la primera vez que lo hacía, y le sonó extraordinariamente desconcertante. Se agachó un poco hasta que sus ojos quedaron a la misma altura que los de ella, e inclinó su rostro levemente hacia ella.

Emma podía distinguir cómo el color ámbar de sus ojos era interrumpido por pequeñas motas de un color algo más tostado. Divisó una diminuta cicatriz junto a su ceja izquierda y un pequeñísimo lunar bajo el ojo derecho. La distancia que los separaba era tan escasa que ella pudo sentir su aliento chocando contra su piel cuando habló.

— ¿Y cómo lo sabes si nunca lo has probado? — Preguntó él en un susurro, con una sonrisa enigmática, cautivadora. — ¿Quién sabe? Puede que incluso te guste. — Una extraña agitación se apoderó de la espina dorsal de Emma al escuchar aquellas palabras. Alex alzó una ceja en respuesta y un extraño brillo centelleó en sus pupilas. — De modo que es eso...temes que te guste. ¿Me tienes miedo fea?

— Yo no he dicho eso. — Respondió Emma atropelladamente.

La encendida mirada de Alex se paseó descarada de arriba abajo por el cuerpo de Emma. Por fin comenzaba a descifrarla.

— Sí que lo has hecho...fea. — Susurró él.

Un carraspeo los sacó de aquella extraña burbuja que habían creado a su alrededor, haciendo que Emma volviese a la realidad repentinamente.

— Será mejor que nos vayamos o llegaremos tarde al instituto. — Dijo Alice con tono cortante.

Pero Emma no contestó, se sentía como hipnotizada por Alex, quien no parecía ver a nadie más que a ella.

— Tú piénsalo ¿vale? Solo te pido eso.

Emma tragó saliva y asintió de forma nerviosa, ganándose una amplia sonrisa en respuesta. Una sonrisa que hizo que sus piernas comenzaran a temblar.

Alice, por su parte, contemplaba la escena perpleja.

Alex se alejó en dirección al taller exultante. Por fin entendía a aquella pelirroja. Él no era el único que se sentía atraído por el otro, pero aquella pelirroja testaruda no quería admitirlo. Solo necesitaba llevarla al límite. Conseguir que lo deseara tanto que no pudiera negarlo por más tiempo, y estaba más que dispuesto a hacerlo si con eso conseguía lograr lo que anhelaba.

Emma fue incapaz de apartar la mirada de la silueta de Alex mientras se adentraba de nuevo en el taller. ¿Qué acababa de ocurrir? ¿Por qué su cerebro cortocircuitaba cuando lo tenía delante?

Molesta consigo misma, iba a girarse cuando la profunda voz de Alex volvió a llamar su atención.

— Si te decides pregúntale a Jeremy. Él sabe dónde será. O mejor... — Él deshizo lo andado, caminando hacia ella con una seguridad irritante. Emma sintió cómo la férrea y cálida mano del chico sujetaba su muñeca con fuerza y a continuación sintió un extraño cosquilleo en la palma de la mano. Cuando hubo terminado Alex le guiñó el ojo, mostrando su sonrisa pirata. Se giró y de un par de zancadas desapareció en el interior del taller junto a Jasson.

Emma bajó la vista y vio varios números garabateados sobre su piel. Alex le había dado su número de teléfono.

— ¿Qué es lo que tienes que pensar? — Preguntó Alice con voz molesta sacando a Emma de su estupor.

La chica desvió su perpleja mirada de su piel a su amiga, quien mantenía el ceño fruncido mientras se introducían en su Lexus color blanco.

— Me ha propuesto que vaya a verlo pelear. — Respondió ella mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.

— Qué romántico. — Ironizó la chica. — ¿Y qué es lo que se supone que sabe Jeremy?

Había algo en la forma en que Alice le hablaba que no le gustó en absoluto a Emma, pero aun así respondió.

— Jeremy sabe dónde se celebrará la competición.

Alice puso el vehículo en marcha, apoyó el brazo sobre el reposacabezas de Emma y comenzó a dar marcha atrás.

— Jeremy ha dejado eso atrás. Me juró que no volvería a meterse en ese tipo de asuntos.

— Quizás siempre se organizan en el mismo sitio y él no está involucrado. — Apeló Emma tratando de calmar a su amiga. Pero de poco sirvió.

Alice sabía que aquello no era cierto. Las peleas clandestinas de ese tipo se celebraban siempre en sitios abandonados y nunca dos veces en el mismo lugar.

Apretó el volante con fuerza mientras se alejaban de aquella zona en dirección al instituto, tanto que sus nudillos se pusieron casi blancos. La mulata permaneció en silencio varios minutos. Un silencio que a Emma le resultó de lo más incómodo.

— ¿Y qué piensas hacer? — Preguntó finalmente su amiga sin apartar la mirada azulada de la carretera.

Una arruga apareció entre las cejas de Emma mientras mantenía la mirada perdida en el salpicadero del vehículo.

— No lo sé. — Reconoció encogiéndose de hombros. Su mirada traicionera se posó de nuevo en los números que tenía garabateados sobre la piel.

— ¿Eso es su teléfono? — Inquirió Alice con un movimiento de mentón en dirección a la mano de Emma. La chica se limitó a asentir. — Pues lo decido yo por ti. Iremos a verlo pelear.

— ¿Cómo has dicho? — Preguntó Emma algo conmocionada.

Alice soltó una gran bocanada de aire.

— Necesito saber si Jeremy está siendo sincero conmigo. Como me haya mentido lo mando a la mierda sin pasaporte. Que es lo que deberías hacer tú con ese macarra. — Soltó Alice de repente. Emma abrió la boca para protestar, pero no tuvo oportunidad de hacerlo porque Alice continuó con su perorata. — Y no te molestes en negar que algo sucede entre vosotros porque he visto cómo te mira y cómo lo miras tú a él.

Emma tragó saliva con fuerza.

— Yo no lo miro de ninguna forma. — Susurró ella no muy convencida del todo.

— Ya lo creo que sí. — Alice inspiró con fuerza. — A ver Emma, no me malinterpretes. El tío es un monumento para la vista pero ya has visto en qué círculos se mueve. Es peligroso. Mira lo que le ocurrió a Jeremy por su culpa. Sé inteligente y aléjate de él ahora que aún estas a tiempo.

— No está en mi mente enrollarme con ese macarra de mierda Alice. Así que puedes estar tranquila. — Respondió Emma amargamente.

Alice la miró con una expresión que rozaba la lástima.

— Noticia de última hora cariño. El deseo no siempre sigue la lógica de la mente.


Sé que he tardado demasiado en subir capítulo, pero todo esto del covid-19 me tenía paralizada y no era capaz de escribir.

Espero haber sido capaz de sacaros por unos minutos de la realidad que estamos viviendo y haberos hecho disfrutar con este Alex que cada día me gusta más.

¿Os apetece ir a una pelea clandestina?

En el próximo capítulo ;)

#yomequedoencasa


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