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CAPÍTULO OCHO
[EL REY CAERÁ]



















Kaz y Katherina se encontraban en silencio en aquella oficina. Los dos ajenos al momento que se estaba por vivir. Roosvelt permanecía en silencio queriendo callar los fantasmas en su cabeza que le pedían hacer lo correcto.

Katherina estaba ansiosa, la venganza que tanto esperó estaba a tan solo unos momentos, no dejaría que sus fantasmas la estuvieran atormentando. Quería venganza por aquella niña a la que engañaron, aquella que solo quería una familia y le fue negada.

— ¿Kaz?

La voz de Inej trajo a la realidad a Katherina.

— Wylan trajo el compuesto. Jesper lo ayudará.

— En unas horas, cuando pase todo, me dará consuelo saber que estas conmigo.

Katherina río al escuchar a Kaz. Brekker e Inej la miraron. Al estar entre las sombras era fácil fingir que no estaba allí.

— No me lo perdería.

Inej se marchó. Dejando a Kaz y Katherina nuevamente a solas, ella se acomodó en la sombra que estaba, podría fingir que no escuchó nada, pero Brekker no.

— Dilo — ordenó Kaz.

— ¿En serio crees que este plan va a funcionar? — Katherina se alejó de aquel mueble.

Brekker la miró, claro que debían tener algo de negatividad entre tanta esperanza.

— ¿Sabes algo que yo no sepa?

Katherina se mordió la lengua. Claro que sabía cosas, pero decir sus secretos siempre tendría un precio alto.

— No — negó. — Nada. Pero creo que estamos por hacer caer al Rey de un imperio y más de uno va a querer nuestras cabezas.

— Tu quieres algo a cambio y lo tendrás, Katherina — Kaz se acercó a ella. — Ese fue el trato, la libertad de tus niños y un orfanato.

Katherina no pudo evitar sentir nostalgia, un orfanato donde sus niños no tuvieran que estar asustados por si comían o donde tendrían que dormir el día de mañana. Un lugar al que llamar hogar, así como el que le fue arrebatado.

— Si algo llega a  fallar...

— Será mejor que nos maten — concluyó Katherina. — Prefiero la muerte a una tortura de Pekka.

Ambos salieron del lugar bajando las escaleras, los tacones de Katherina les dio la señal a los demás de que se aproximaban.

Kaz se acercó a la mesa donde Wylan había dejado la caja, mientras que Roosvelt se acercó a Wylan.

— Si algo sale mal, quiero que te escondas — le pidió Katherina.

Wylan la miró confundido. — ¿Cómo que algo mal? — preguntó. — Todo saldrá bien, Kat.

Katherina sonrió al escucharlo.

— ¿Se parecerá en todo, verdad? — preguntó Kaz mirando a Wylan.

— Si.

— Bien — Kaz cerró la caja.

— Dirás que no puedes hacerlo sin mi ¿no? — habló Jesper miró a Kaz — Y que odias cuando nos enojamos, pero a veces los hermanos pelean. Y que cuando todo esto termine, me abrirás una cuenta en el club que yo elija por qué sin Pekka, tú te quedarás con todo.  Es lo que ibas a decir. — Kaz no respondía. — ¿Si?

El silencio era el peor amigo de todos.

— Abra un límite en la cuenta, pero por lo demás, eso es todo — respondió Kaz.

— Entonces derrocaremos al rey — habló Jesper.

Katherina miró de reojo a Nina, la cual estaba ajena a todo lo que decían.

— Este es el plan — hablo Kaz. — Jesper y Wylan repartirán disfraces de Komdie Brute y frascos de compuestos a todos los Despojos. La Banda de Per Haskell, ahora es nuestra. Al atardecer estará lleno de devotos de Sankt Emerens ellos nos cubrirán. Atacaremos todos los negocios de Pekka, los clubes, los burdeles. Destruiremos su reputación. Inej va a cubrir el puerto, y cuando empiece el caos, le dará una nota al conductor de Pekka. Nina, Katherina y yo nos encargaremos del Palacio Esmeralda. Los veo allá.

— Sin llantos — habló Jesper.

— Sin funerales — concluyeron Inej y Kaz.

A Katherina le pareció curioso su forma de decirse, buena suerte. Era peculiar, pero al menos no te daba esperanza.

— ¿Por que dicen eso? — preguntó Wylan. — ¿Por qué no "buena suerte" o "cuídense"?

— Nos gusta tener las expectativas bajas — respondió Inej.

Inej, Jesper y Wylan se fueron, dejando al resto.

— Estuviste muy callada — hablo Kaz hacía Nina.

Kaz volteó, Nina le propinó un golpe  causando que se golpeara con la mesa. Miró a Katherina para golpearla, pero la chica tenía una navaja en sus manos.

— Tranquila fierecilla — la detuvo Katherina. — No creerás que fuiste la única que hizo un trato con Pekka.

Se agachó hasta la altura de Kaz, quien permanecía se mi inconsciente.

— Lo siento, Brekker.

Nina miró confundida a Katherina, hasta donde tenía entendido, este era un plan extra que formó con Kaz y él no mencionó en ningún momento a Katherina.

La joven Rossvelt se levantó del suelo sacudiendo el polvo de sus pantalones y acomodándose el abrigo, guardó la navaja en su manga.

— Andando — miró a Nina. — Debemos llevar a la presa con el león.

Katherina sabía que cuando Brekker despertara creería que lo había traicionado, pero omitir una parte de un plan secundario a otra persona no le hacía daño.


















Katherina empujó la puerta del club de Pekka causando que varios de sus hombres la miraran.

Nina mantenía a Kaz en el suelo quien ya había despertado hace unos segundos.

— Dile a tu jefe que se lo traje — hablo Nina.

Los tacones de Katherina hicieron que Kaz la mirara. 

Lo había traicionado.

— Ya escuchaste a la chica — hablo Katherina. — Llama a Pekka y dile que su bastardo del barril está aquí.

Katherina miró a Kaz, quien la vio con aquella máscara que siempre usaba, una falsa. Solo era una traidora.

— Katherina, Katherina —  habló Pekka acercándose a ella. — Tu nunca decepcionas.

Las miradas de Katherina y Kaz se encontraron. Uno estaba enojado por la traición y otra, ella fingía.

Katherina fingía encontrarse del lado de aquel que una vez le prometió una familia y la sacó a la calle, ella daría un espectáculo, ese siempre fue su plan.

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