
☪ ✙CAPÍTULO 20✙ ☪
Jimin observó el reflejo de su cuerpo en el espejo del baño, contemplando el hematoma que le había dejado aquel idiota cobrador en su piel con un horroroso color entre el verde, azul y violeta.
Alzando su mano, rozó con cuidado la yema de sus dedos sobre su lastimado costado, delineando suavemente la forma de sus costillas que se vislumbraba.
Bueno, al menos sus nalgas estaban de un saludable sonrojo, aunque estaba seguro de que pronto desaparecería para ser reemplazado nuevamente por un furioso rojo.
Bajando la vista, contempló el tapón anal que Yoongi le había obligado a usar todo el bendito día.
La cosa de cristal morado le observaba burlonamente desde la superficie plana del lavamanos.
Esa jodida cosa realmente había estado en el interior de su culo durante todo el día.
Tomándolo entre sus manos, alzó su vista en busca de lubricante cuando sus ojos se encontraron con la poderosa figura de Min Yoongi a través del espejo.
Vistiendo nada más que unos pantalones de vestir negros, el abogado le observaba silenciosamente desde el marco de la puerta, con los brazos cruzados sobre su pecho.
Minnie no pudo evitar apreciar el torso desnudo del hombre, y su lengua surcó entre sus labios, pasando sobre ellos, humedeciéndolos mientras sus ojos seguían vagando por el apetitoso cuerpo.
Tras ese aburrido traje de corbata y camisa, Min Yoongi escondía un marcado cuerpo con unos firmes pectorales digno de ser lamido y mordido.
—¿Disfrutando del espectáculo? —preguntó con una sonrisa coqueta cuando se percató de que no era el único mirando.
Dándose vuelta para enfrentarlo, recargó sus manos en el mueble del lavamanos y se separó sus piernas, mostrando sin modestia alguna todo su desnudo cuerpo.
Su piel pálida aún brillaba con algunas gotas de agua que recorrían lentamente su cuerpo, cayendo desde las puntas de su largo cabello negro húmedo.
Los ojos grises siguieron el recorrido, hasta que se detuvieron en cierto tatuaje en el costado derecho, en las costillas.
—¿Never Min? —leyó en voz alta.
Los rellenos belfos se estiraron en una sensual sonrisa de labios.
—Mi lema de la vida, nunca pienses —respondió.
—Eso explicar los otros —se burló contemplando los demás tatuajes en el cuerpo del pelinegro, totalmente expuestos para su placer.
Ninguno de ellos tenía sentido más que el de las costillas.
—Ven aquí —ordenó mirando el suelo frente a él.
Caminando lentamente, exudado sensualidad con cada paso, Minnie se detuvo delante de Min Yoongi y esperó en silencio.
Alzando su mano, Yoongi tocó el costado izquierdo del joven muchacho, donde estaba el feo color que arruinaba su piel junto a su extremada delgadez.
Min sabía que, si Minnie se alimentaba bien, dejaría de ser hermoso y pasaría a increíblemente bello, exótico y etéreo.
Algo por los que muchos pelearían por poseer al menos una vez, pero que actualmente le pertenecía.
—Tienes que comer más —ordenó delineando con sus dedos las visibles costillas de Jimin—. Odio que mis sumisos no estén saludables, te romperé mientras juego con tu cuerpo —expresó.
—En realidad, soy bastante resistente y flexible —sonrió con su dedo tocando el pecho de Min, bajando hasta el botón del pantalón.
—Date vuelta, manos contra el lavamanos —ordenó deteniendo su mano que intentaba ir más allá.
—Cuidado, un poco más y comenzaré a pensar que temes que te toque —se burló antes de darse vuelta, obedeciendo.
Chasqueando su lengua, Min Yoongi se internó del baño y sacó la pequeña botella de lubricante de su pantalón.
Echando un poco en sus dedos, comprobó el interior de Jimin, que rápidamente aceptó la invasión y entonces tomó el plug, echándole lubricante antes de ponerlo en su lugar nuevamente.
Tomando una toalla pequeña, se limpió la mano antes de tirarla dentro del canasto de ropa sucia que yacía en el interior del baño.
—Vamos —anunció dirigiéndose a la habitación sin mirar atrás, sabiendo que el pelinegro le seguiría.
Entrando en la habitación, Jimin se quedó quieto cuando contempló dos objetos descansando en su cama.
—Uhm, ¿qué es eso? —preguntó sin quitarle los ojos de encima.
—Juguetes —respondió con simpleza Yoongi, decidiendo cuál de los dos objetos usar primero.
¿Las esposas? ¿O los arneses de cuero?
—¿Tu palabra de seguridad?
—Hombre, si recuerdas que no soy totalmente tu sumiso, ¿cierto? —soltó una risita nerviosa.
Yoongi lo observó y se odio así mismo por no haber convencido al molestoso hombre por ser su sumiso completo como lo eran Ryujin y Jeonghan.
—Comenzaremos con diez nalgadas por vocabulario —anunció tomando el conjunto de cuerdas y cadenas que formaba el arnés—. Aquí, mascota —llamó señalando frente a él.
—Wouff, digo sí, maestro —se burló.
—Cinco más por burlarte —amenazó frunciendo el ceño.
—Realmente necesitas divertirte más en la vida —suspiró yendo finalmente a su lado, deteniéndose frente a él.
Yoongi no respondió, solo se concentró en colocarle el arnés en su pálido pecho.
Asegurándose de que el collar grueso que rodeaba su cuello no quedara muy apretado, comprobó la cuerda de cuero negro que salía de este hacia abajo hasta un aro, donde salían otras tres cuerdas destinadas a cruzar el cuerpo de Minnie rodeando su torso desde diferentes ángulos, enganchándose a otras tiras que pasaban por los hombros de Jimin para mantenerlas firmes.
Cuando Jimin se movió, las delgadas cadenas que estaban entre las cuerdas de cuero se movieron sobre su piel al estar un poco más sueltas, rozándose con sus pezones.
—¿Molesta? —preguntó Yoongi cuando apretó y ajustó las correas que rodeaba todo su torso.
—No, está bien —aseguró.
—Bien. Date vuelta y manos contra la espalda —ordenó tomando las esposas afelpadas de color negro.
Obedeciendo, un escalofrío recorrió todo el cuerpo de Jimin cuando escuchó el "Click" De las esposas al cerrarse, haciendo eco en la silenciosa habitación.
Solo para comprobar, Minnie intentó separar sus manos solamente para también descubrir que una parte de la cadena de las esposas habían quedado enganchadas en el arnés, limitando aún más sus movimientos.
—Date vuelta —demandó Min mientras se sentaba en la orilla de la cama.
Dándose vuelta, Jimin contempló la mirada satisfecha en los ojos de Yoongi al apreciar su desnudo cuerpo apresado.
Una sonrisa burlona y ladina surcó en los labios de Yoongi al apreciar como el miembro de Jimin ya estaba medio erecto, y lo único que había hecho había sido prepararlo.
—En mi regazo, recibirás tus nalgadas y tal vez... Podremos jugar a otra cosa.
Oh... Ambos iban a jugar al terminar las nalgadas, simplemente los dos lo sabían.
Con la ayuda de Yoongi, Jimin se acomodó en su regazo al igual que aquella primera vez en su departamento.
Soltó una lenta exhalación ansiosa mientras sentía una mano apoyarse en el centro de su espalda, por encima de sus manos esposadas a la vez que la otra acariciaba casi con ternura sus glúteos.
—Ya se estaba borrando —pronunció con un chasquido de lengua descontento.
Jimin no preguntó qué cosa, pues sabía que se refería a las marcas que había dejado con su propia mano en el mismo lugar.
Pronto, el sonido de un fuerte golpe de piel hizo eco en la habitación, y Minnie gritó con sorpresa, sin poder retenerlo.
—Cuenta o comenzaré desde el principio —le recordó acariciando la nalga que había azotado.
—Uno —gritó inmediatamente.
Era terco, no idiota después de todo.
—Buen chico —halagó acariciando el tapón anal, moviéndolo suavemente de adentro hacia afuera como si lo recompensara.
Pronto, dos nalgadas consecutivas siguieron y Jimin siguió contando cada una de ellas.
El calor doloroso comenzó a abordar su delgado cuerpo, sus nalgas sintiendo un cosquilleo ante la fuerza de las nalgadas que le daba aquella gran mano, poco a poco, convirtiéndolo en un desastre de nervios y anticipación.
El mundo de Jimin pronto se comenzó a centrarse solo en aquella mano golpeándolo, torturándolo hasta el punto en que el dolor pasó al placer. Con su aliento reteniéndose en su garganta, negándose a salir mientras ansiosamente esperaba el siguiente golpe, queriendo y necesitando sentir el hormigueo y el picor caliente en su piel.
Y fue justo entonces, cuando Yoongi decidió golpearlo entre sus nalgas, empujando más adentro el tapón anal con cada golpe, torturando aquel punto dulce en su interior.
Jimin gritó, sus manos se movieron atrapadas en su espalda y los dedos de sus pies se retorcieron. Lágrimas divididas entre el placer y el dolor recorrieron sus mejillas, una maldición escapó a través de sus labios cuando casi perdió la cuenta y Min agregó dos palmadas más como castigo.
Cuando el trasero del pelinegro joven estaba palpitando de un rojo brillante, Yoongi se detuvo y respiro profundamente, intentando controlar su propio deseo.
El tembloroso cuerpo sobre su regazo era exquisito, respondía a su toque como en un sueño y despertaba el deseo en él como ningún otro sumido lo había hecho.
Y eso no era bueno, para nada, pero joder si no podía dejarlo.
—Jódeme —sollozó Jimin intentando restregar su duro miembro en su muslo, dejando humedad tras el pre-semen que expulsaba furiosamente.
—Aún no es momento —anuncio moviéndolo con facilidad, sentándolo en su regazo a horcajadas, con un brazo rodeando con firmeza la estrecha cintura delgada.
—¿Por qué? —se quejó en un gimoteo, apoyando su frente en el desnudo hombro casi sin fuerza—. Quiero venirme.
—Y lo harás —prometió desabrochando rápidamente su propio pantalón, revelando su dura erección—. Conmigo —anunció.
Cuando aquella mano que lo había estado golpeando apresó ambos miembros, Jimin arqueó su espalda comenzando a mover sus caderas casi con una desesperación que nunca admitiría.
Bajando la vista entre sus cuerpos, Minnie gimió una maldición. El maldito de Yoongi estaba dotado hasta ahí abajo, no era solo en su cerebro inteligente, el imbécil tenía una gloriosa polla digna de admirar y lamer en el proceso.
Como si se quisiera burlar de él, la mano que rodeaba su cintura retrocedió en una caricia hacia su espalda y bajó entre sus nalgas, tomando el tapón anal, comenzó a penetrarlo con ello mientras le masturbaba.
No era lo que esperaba, pero bendecido diablo si no era condenadamente bueno.
Cerrando sus ojos, Minnie gimió sintiendo la piel desnuda de Yoongi restregarse con su cuerpo ante sus movimientos, avivando el calor entre ellos mientras esas dos manos seguían trabajando en su cuerpo, una abordando su frente y la otra por detrás.
—No te vengas aún —ordenó Yoongi cuando los movimientos del joven muchacho se volvieron desordenados al igual que sus gritos y gemidos.
—Pero yo, casi... —balbuceó Jimin observándolo con ojos suplicantes que nuevamente, nunca admitiría.
—No lo harás —demandó disfrutando del gemidito disconforme, tanto como el roce de las cuerdas de cuero restregándose sobre su desnudo pecho.
Min Yoongi estuvo sorprendido cuando Jimin siguió su orden y mantuvo a raya su orgasmo, con profundos jadeos mientras volvía a mover sus caderas de forma constante y tranquilas, lentas.
Como premio, Yoongi deslizó su mano hacia arriba por sus pollas y restregó su pulgar en la cabeza del miembro de Jimin, hundiendo ligeramente su uña en la hendidura.
—Ya... No puedo más —avisó con tal desesperación en su voz, que le sacó una sonrisa genuina al rubio abogado.
Eso era lo que quería escuchar.
Tomándolo entre sus manos, se levantó y lo dejó contra el colchón de la cama, acomodando su cuerpo sudoroso hasta que estuvo en el centro.
—Bendecida puta de Satanás, ¡no te atrevas a dejarme así! —enloqueció observándole desesperado con sus manos aún esposadas bajo su espalda.
—Esa boca —le advirtió no molesto... Más bien divertido mientras se sacaba su pantalón para quedar completamente desnudo.
Eso... Realmente no debía de haberlo hecho, nunca lo había hecho con otros sumisos, no existía el roce directo de pieles, pero observando a Jimin...
Subiendo a la cama sobre sus rodillas, se acercó hasta estar frente al cuerpo delgado y pálido, entonces le tomó sus muslos y los separó antes de acercarse más, hasta que su pelvis chocó contra Jimin.
—La próxima vez usaremos algunos arneses para tus piernas... —decidió distraído mientras bajaba lentamente, acomodándose antes de volver a juntar las piernas para colocarlas sobre su hombro derecho—. Ahora, sé un buen niño y aprieta tus muslos juntos —ordenó.
Desesperado en alcanzar su orgasmo, Jimin tragó y no preguntó ni se burló, solo obedeció y respiro entrecortado mientras sentía a Yoongi empujar su pene entre sus muslos.
Afirmando con sus dos brazos las piernas, rodeándolas por completo, Yoongi comenzó a golpear con fuerza sus caderas, provocando que el morboso sonido de pieles chocando llenara la habitación.
Un grito quedó atrapado en la garganta de Minnie al sentir que con las poderosas embestidas de Yoongi, empujaba en su interior el tapón anal que seguía en su culo, casi dando la ilusión de que en realidad lo estaba follando.
La exquisita sensación de su pene deslizándose entre sus piernas, rozando sus bolas y propio miembro tenía su mente en blanco. Sus manos luchaban bajo su cuerpo, intentando agarrarse a algo mientras su cuerpo se sacudía y su espalda se arqueaba.
Pero no importaba lo que gimiera, o cómo se moviera, su cuerpo no podía genuinamente expresar lo bien que se sentía en ese momento, el calor que lo abordaba, el cosquilleo placentero recorriendo desde los dedos de sus pies hasta la punta de sus cabellos.
Si ese era el infierno o el cielo, no parecía que importara la diferencia mientras ambos pudieran seguir sintiéndose así de... Bien.
—Vente —ordenó Yoongi en un gruñido excitado, sus dedos hundiéndose en los muslos pálidos mientras contemplaba a Jimin con fascinación.
Era como una obra de arte, o un precioso diamante del cual no podía quitar sus ojos.
La forma en la que su negro cabello estaba revuelto sobre el colchón, el sudor brillante recorriendo su frente, los calientes e infernales sonidos pecaminosos que escapaban por aquellos sensuales labios y el fuerte sonrojo en sus mejillas mientras le observaba con apasionada lujuria que lo alimentaba.
Y mientras el arnés hacia un perfecto conjunto apresando la sensible piel pálida, Min deseó haber usado sus cuerdas para después poder apreciar las marcas de esta por todo el cuerpo de Jimin.
Yoongi gruñó ante la imagen del pelinegro envuelto en sus cuerdas, su cuerpo marcado resentido por ellas, atrapado por ellas sin poder moverse.
Con un grito agudo, Jimin llegó a su anhelado orgasmo sin un solo toque a su sensible y lloroso pene, disparando chorros de semen que cayeron contra su pecho, marcando las cuerdas de cuero.
Y contemplando al pecaminoso ángel sucio, Yoongi le siguió manchando y marcándolo entre sus muslos con su semilla.
Ambos jadeantes, se observaron un tanto desconcertados por la innegable explosión que sintieron junto aquella... Conexión.
Sacudiendo su cabeza, Yoongi dejó de observar aquellos hermosos ojos azul-violeta y soltó las piernas de Jimin dejándolas descansar sobre el colchón a su costado para luego retroceder y levantarse de la cama.
Cuando Min desapareció de la habitación, Jimin no se preocupó por ello.
Había tenido el mejor jodido orgasmo de su puta vida rastrera y todavía lo disfrutaría, ni siquiera haría el intento de averiguar aquella emoción que pasó a través de aquellos grises ojos antes de que se volvieran fríos nuevamente, ni el cosquilleo en su interior.
Cerrando sus ojos, suspiró y ni siquiera los abrió cuando sintió a Yoongi en la habitación.
Pronto, sintió un paño húmedo limpiando su cuerpo, lo que despertó su curiosidad lo suficiente como para volver a abrir sus ojos.
—¿Hum? No recuerdo haber incluido limpieza en el paquete —pronunció abriendo sus piernas, dándole una excelente vista además de espacio para que le limpiara bien.
—Fuiste un buen niño —contestó simplemente, terminando de limpiarlo para sacarle el arnés, el plug y las esposas.
Tan cansado y satisfecho como estaba, Minnie ni se quejó por ser tratado y movido como una muñeca para ello.
—¿No te quedas conmigo para jugar a otra ronda después de descansar un poco? —propuso mientras se acomodaba bajo las mantas.
La aceptación estuvo a punto de salir de los labios de Yoongi, y eso le molestó. Observándolo con un rostro firme y sin expresión, negó con su cabeza.
—Tengo que cuidar de mis otros sumisos —mintió.
Apoyando su cabeza contra la almohada, Jimin movió su mano desdeñosamente—. Como quieras. Apaga la luz al salir, por favor —pidió cerrando sus ojos, como si le estuviera hablando a un simple sirviente.
Observando el delgado cuerpo sobre la cama, Yoongi cerró sus manos en puños ante la despreocupada y desinteresada respuesta, y salió de la habitación luego de colocarse su pantalón, yendo directamente con Jeonghan para desquitarse de una inexplicable...
Furia.
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