Violett, por favor.
Capitulo 21.
Y aquí me encontraba otra vez, merodiando por los pasillos del coliseo como la primera vez que había llegado. Odiaba este sentimiento de opresión, como si estuviera contra la espada y la pared de mis propios sentimientos; no sabia si ir primero con Joe y escuchar sus disculpas o ir con Colby y escuchar un sermón con más de mil palabras al respecto, acompañado de preguntas y condimentado con ira. Esta bastante claro ¿no es cierto?
Emprendí camino hacia el camerino de Joe, era la primera opción para poder encontrarlo pero si no se hallaba ahí entonces tendría que inspeccionar el coliseo completo y no es nada fácil para ser sincera.
Llegué allí, con temor miré por la puerta tratando de ser lo más cautelosa posible pero no se encontraba dentro, volví a cerrar la puerta y al mirar por si acaso el pasillo Joe venía distraído.
—Hola —susurré ocultando mis manos en los bolsillos.
—Violett —respondió al levantar el rostro y pararse al frente de mi—. ¿Cómo estás? ¿te sientes mejor? —acarició mi mejilla, pero corrí mi rostro despacio. Esto ya no estaba siendo divertido... desde hace bastante tiempo.
—Sólo necesitaba hablar contigo.
—igual yo, ¿quieres pasar? —hizo un ademán con las manos en dirección a su camerino, sólo me limité a asentir en silencio. Joe abrió la puerta y como el caballero que siempre fue me dejó pasar primero, no necesitaba sentarme así que simplemente lo miré con los brazos cruzados.
—De verdad no tengo mucho que hablar así que será corto —levanté mi rostro para mirarlo, esos ojos grisáceos no dejaban de provocar nerviosismo en mi interior. Aún sin sentir nada por él me cohibía y de que manera.
—Lo siento pero yo necesitaba hablar contigo así que toma asiento e intenta ver la situación de mi punto de vista, ¿de acuerdo? —se sentó y esperó a que yo lo hiciera. Solté un bufido y le hice caso, que otra opción me quedaba si verlo enojado me demoraba más tiempo—. Gracias.
—Bueno, te escucho.
—Primero que nada, lo siento —comenzó a jugar con sus dedos—. No creí que llegaría aquí y haría tal escándalo, Galina no es así.
—Los celos hacen cambiar a las personas y en cierto modo logran ganarse el odio de la gente.
—Y eso lo tengo claro, pero es que de verdad que me sorprende su reacción cuando el día anterior habíamos arreglado las cosas.
—De esta manera se sentiría segura, arruinar a su enemiga mortal es una gran manera para hacerlo —lo miré a los ojos—. Para eso esta la frase "la venganza es la mejor medicina" y que mejor que venir aquí y hacer estallar mi reputación ¿eh?
—No creí que te importara tu reputación... —susurró—. Bueno, a Violett Hardy jamás le ha importado.
—Pero eso es lo que trato de demostrar Joe, se nota que todo este tiempo no lograste conocerme realmente.
—¿Pero que importa lo que piense la gente? Ellos no tienen porque influir en tu vida personal, lo importante es que tú sepas quien eres y nada más.
—Pero yo no soy así —suspiré pesado—. Ya no soy nada fuerte, soy demasiado frágil y eso era algo que no demostraba porque no me importaba que lo supieran.
—Tú lo has dicho Violett, porque eso no te importaba. ¿por qué no intentas que lo sucedido hace un rato no te importe? —sonrió de lado, pero con muy pocas ganas—. A mi no me importa y aún así seguiré diciendo que fue mi culpa —se encogió de hombros—. ¿Qué importa lo que diga la gente? ¿qué importa el escándalo que se forme? Si tú y yo sabemos que "nada es cierto".
—Tú y yo sabemos que todo es cierto.
—Y no saldrás al mundo y se lo dirás.
—Claro que no.
—¿Entonces por qué te achacas? —río y tomó mis manos—. Vamos, amargadita —habló de una forma graciosa—. Una sonrisita, solo una —tocó mi mejilla—. No dejes al infiel Joe esperando.
—¿Infiel Joe? no puede ser —reí.
—Hay que sacarle algo divertido a todo lo que dijo mi mujer hace un rato —se encogió de hombros—. Que por cierto me dejará durmiendo afuera con el perro esta noche.
—Sé que no lo hará, eres un hombre bastante convincente y muy bueno al debatir con las personas —lo miré—. Me hiciste quedar en vergüenza más de una vez, tengo que admitir.
—Si, la pasabamos bien —me abrazó—. Aún recuerdo cada momento.
—Igual yo, Romie —sonreí al recordar como le decía en un tiempo pasado—. Eramos tan jóvenes...
—Oye, no fue mucho —me dio un suave empujón—. ¿Qué es casi un año? Puff, nada.
—Tienes razón —reí al recordar—. Eras todo un galán y amante de las mujeres bonitas, aunque aún lo eres.
—Pero sólo el hombre que necesita mi mujer y mi hija.
—Cierto —le sonreí—. Cuando puedas, mándale saludos a Joelle —me levanté y caminé a la puerta—. Dile que en algún momento me escaparé e iré por ella para divertirnos un rato.
—Eres tan descarada —respondió y se rió pasando una de sus manos por su mandíbula, acariciando su barba.
—¿Qué? No mezclo mi relación con ella —dije y me encogí de hombros riéndome.
—Esa niña cuando crezca se enterará lo que hiciste con su padre y no le gustará —negó con la cabeza y chasqueó la lengua.
Me devolví y me paré frente a él.
Él bajó la cabeza quedando a mi altura como si supiera que eso estaba pensando y ocultó sus manos detrás de su espalda.
—¿No? Yo creo que, lo más probable es que cuando crezca y tenga la mayoría de edad le guste lo que yo le hice a su padre —le dije cerca de los labios—. Ella tiene mi sangre, no literal, pero la tiene. Recuerda mis palabras.
—¿Será infiel?
—No, será libre y no cometerá mi error, no se comprometerá.
—Eres una mala influencia.
—Malísima.
Acorté la distancia y rocé sus labios.
Joe apretó los ojos y humedeció sus labios cuando estuve lejos.
—Ya se te pasó la pena, eh.
Me encogí de hombros y caminé de nuevo a la puerta. Joe me siguió. Salimos de ahí.
—Entonces, ¿todo arreglado?
—Si Joe, todo está bien —hundí mis manos en los bolsillos—. Gracias por arriesgar tu reputación por salvar una que ya estaba arruinada.
—Hey, lo haría mil veces si pudiera —tiró suavemente de mi nariz—. Sólo no te dejes influenciar por los comentarios de personas sin cerebro que se encuentran afuera.
—No lo haré —sonreí mirando el suelo, pero él levantó mi rostro.
—¿Segura?
—Ajam —asentí con sinceridad—. Dile a Galina que la disculpo, aunque eso sólo te importara a ti.
—No te preocupes.
—Gracias —me levanté de puntitas y besé su mejilla—. Nos vemos luego —añadí—. Si no puedes entrar a casa, sabes donde serás bien recibido —le guiñé un ojo y seguí mi camino.
Un problemas menos, lo taché de mi lista mental y esta vez fui por mi amado hombre quien estaba molesto hasta la última célula de su hermoso y espectácular cuerpo, podía imaginar su rostro; como su ceño se fruncía, sus ojos perdían ese brillo característico y sus labios se convertían en una fina línea recta lista para devorarme con sus palabras. No sabía por que estaba tan feliz.
—Hey, ¿no has visto a Seth Rollins? —le pregunté a un camarógrafo pero este no dejaba de mirar mi estomago—. No —me respondí yo misma al acercarme a él y mover su cabeza de un lado al otro en negación, cuando en eso lo vi pasar en dirección a otro pasillo sin verme—. Seth —hablé con un tonó fuerte y seguro, él giró su rostro y se acercó a mi sin decir palabra alguna.
—¿Hablaste con Roman?
—Sip.
—Bien —sonrió de lado y tomó mi mano entrelazando nuestros dedos—. Es nuestro turno, ¿de acuerdo?
—Claro, por eso te buscaba —mordí mi mejilla por dentro. Si no estaba enojado ahora, lo estará cuando le cuente los pequeños detalles que él desconocía—. ¿Dónde quieres charlar? —traté de sacarle más palabras para estar segura si estaba molesto.
—Me encantaría que fuese en casa y eso lo sabes, pero de alguna manera no se puede y el simple hecho de saber que tiene que ser frente a todos estos idiotas, me enfurece.
—Co-Colby... m-mi mano —me quejé al sentir como la apretaba con fuerza—. Sabes que ambos somos dos malditas granadas así que si te pones de esta manera, yo estallaré mucho antes de que lo esperes —me solté con fuerza, los dedos aún me dolían—. Si quieres nos vamos a casa y punto, ¡que mierda lo que piensen los demás! ¡más hablarán cuando empieces a gritarme! —me paré al frente de él, pero como era de esperarse, esquivó mi mirada. En realidad ya no podía con esto, siempre era lo mismo y terminaba disculpándome por cosas que ni al caso iban, era desesperante que por costumbre pasé la palma de mi mano por mis ojos, esto no era bueno para mi de ningún modo—. ¿Me harás caso?
—¿Sabes qué? Déjalo, hablamos cuando llegue a casa —me respondió al fin, pero simplemente era otra de sus huidas.
—¿Es en serio? —lo detuve—. ¿Huirás cuando eras tú quien quería hablar conmigo? ¿por qué eres así? ¿por qué Lopez?
—¡Porque quiero estar solo! ¡por eso! —me miró por primera vez.
—Entonces no te molestes en llegar a casa esta noche, disfruta tu soledad —me giré. Fui yo quien abandonó el lugar esta vez y como era de esperarse... no fue tras de mi.
Salí del coliseo ignorando a toda persona que se me cruzaba al frente, estaba demasiado molesta aunque solo era otro momento de la bipolaridad de Colby, cada vez lograba sorprenderme más, cada vez era más insensible y desconciderado.
—Ahora no —susurré limpiando mis mejillas, odiaba cuando Colby me hacía llorar sin darse cuenta. Era una de las peores emociones que acostumbraba sentir, se sentía igual que ocultar la tristeza detrás de una sonrisa... ambos casos te hacían desear un abrazo sin tener que añadirle preguntas.
Ocultando mis emociones —como era costumbre— llamé un taxi en la parada de buses y sin esperar mucho tiempo, uno se acercó a mi y con paciencia esperó a que subiera. Le dije la dirección de mi casa y rápidamente le pagué, no quería tener una conversación con aquel hombre pero al parecer la vida quería divertirse un poco conmigo.
—Felicidades —habló al mirar mi estómago.
—Gracias —le sonreí sin ganas.
—¿Cuántos meses lleva?
—Sé acaba de cumplir uno hace unos días.
—¿Y ya se conoce su sexo?
—Lo sabré en la próxima cita que tenga con la matrona —acaricié mi vientre, por alguna razón comenzó a dolerme pero muy suave.
—Que bueno.
—¿Usted tiene hijos? —pregunté por educación.
—Dos gemelas —sonrió—. Son mis dos bellos ángeles.
—Que bueno —le dí fin a la charla, pero no funcionó.
—Y el padre ¿dónde se encuentra?
—Trabajando... tal parece que le importa más eso que tener una familia —susurré lo último.
—Ha de ser un hombre responsable —frenó al encontrarnos frente de casa.
—Usted dígamelo, es Seth Rollins —me bajé luego de acabar esas palabras, había quedado anonadado.
Se marchó después de unos segundos y yo comencé a debatirme si ir a casa o ir a mi antigua casa, Matt siempre era quien me escuchaba y me hacía sentir mejor, desde que estaba encerrada en ese pútrido cuarto en la casa de Andy. Simplemente ha sido un pilar fundamental en lo que es Violett Hardy como persona y Matt también lo tiene claro.
—¿Vi? ¿qué sucedió? —hizo puchero al abrir la puerta, pero sólo hizo que volviera a llorar—. No, por favor —me abrazó y me adentro a casa.
—Lo siento.
—No, no te disculpes, estás en todo tu derecho —acarició mi cabello al sentarnos en el sofá.
—Sé que siempre vengo acá cuando discuto con Colby y lo siento por eso.
—Estás equivocada, yo agradezco que vengas aquí. —besó mi frente—. Es un halago que me prefieras sobre otras personas —río como sólo él podía hacerlo sin sonar burlón ni maníaco—. Pero cuentame lo sucedido, no quiero que te sientas así Vi. No me digas que te volvió a gritar.
—Algo así... —limpié mi nariz anejándome unos centímetros de él—. Siempre prefiere zafarse de una discusión diciendo que lo olvide cuando la situación es seria y yo solo quiero aclarar las cosas en el mismo instante.
—Pero...
—Comprendo su bipolaridad y todas sus fases, pero siempre termina haciéndome sentir mal o haciéndome llorar sin darse cuenta.
—¿Qué dijo para herirte? —me entregó un pañuelo para limpiar mis lágrimas.
—Que quería estar solo —susurré.
—¿Sólo eso? Vi, pero si todos decimos eso en algún momento.
—No fue lo que dijo sino como lo dijo y en su mirada demostraba un "¡no te quiero cerca nunca más!" —miré los errores del sofá—. Ni siquiera se inmutó o pensó en... seguirme —estaba segura que había sonado patética, pero Matt sólo chasqueó la lengua y volvió a abrazarme, sabía que no tenía palabras para tranquilizarme.
—No le hagas caso, luego estará buscándote para arreglar las cosas.
—Si acaso le hubiera importado ya hubiera tenido noticias de él.
—Dale tiempo, ¿de acuerdo? Mientras tanto vamos por una taza de té —se levantó—. Necesitas estar más relajada, no puedes experimentar muchas emociones en estos momentos.
—Ya basta, todos le ven ese lado al asunto cuando simplemente necesito una respuesta, que debo hacer —me desesperé.
—Tranquila, le harás daño al bebé.
—¿Y qué si tal vez ya no lo quiera? —suspiré.
—Violett por favor escúchate.
—No, ya basta —me levanté—. Ya casi pasa un maldito año del tener que comprender a Lopez, de comprender su maldita bipolaridad ¿pero que hay de mi? ¡quien mierda me comprende a mi! ¿eh? ¡quien mierda lo hace! —lo empujé, pero como era de esperarse... ni siquiera me comprendió.
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