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Capítulo 41: Delirio

Sinopsis: Si algo puede decirse del miedo, es su capacidad para hundir al ser humano en una espiral sin fin.

[...]

El miedo canta con tal fuerza que lo siente pulsar en la punta de sus dedos. Un miedo primitivo y feroz. Un miedo aplastante. El miedo forma parte de él, una capa protectora, un instinto de supervivencia tan arraigado que le ha permitido sobrevivir hasta ese momento.

El instinto le grita correr y esconderse, pero sus piernas no le responden.

El alfa es inmenso, tan grande como una montaña y con un aroma tan imponente que paraliza. Sigue viéndolo frente a él, de un tamaño colosal, alzándose hasta alcanzar el cielo. Y sus manos gigantescas se cierran sobre su garganta impidiéndole respirar.

La voracidad en sus ojos y su expresión de animal inmisericorde avivan su miedo como hojarasca al alcance del fuego. El alfa abre la boca y lo devora, su boca es un abismo insondable por el que cae sin dejar de gritar.

¿Cómo es que llegó ahí?

¿Está muerto?

El dolor recorre su cuerpo mientras él flota en un mar oscuro.

En la inconsciencia, la mente de Izuku entra en pánico.

[...]

Está girándose para seguir bajando por las escaleras cuando las sombras que hay en la escalera se mueven y antes de que pueda reaccionar tiene a la sombra sobre él, sujetando su cuello. La sombra es sólida y aterradora, presiona contra su cuello, ahogándolo.

—Ahora te pondré a dormir —dice la sombra sin que su voz titubee.

Y el miedo de Izuku estalla hasta dejar sus piernas débiles. La presión crece, el aire se acaba y el mundo es una negrura vasta.

[...]

El alfa es aterrador e imponente, con un aroma denso y asfixiante. Lo tiene frente a él, elevándose hacia el cielo mientras esboza una sonrisa maníaca. Izuku corre, se aleja por los pasillos laberinticos, pero en lugar de perseguirlo el alfa se alza sobre las paredes de su prisión sin dejar de reírse.

—¡Mi día de suerte—dice—otro omega para jugar!

Una mano monstruosa lo sujeta como si fuera un caramelo en la mano de un niño, Izuku trata de aferrarse a los dedos gigantescos, pero termina cayendo hacia la boca que se abre bajo él. Su grito es ahogado por la estruendosa risa que resuena en la oscuridad.

En la inconsciencia, Izuku recuerda.

[...]

—La respuesta a por qué estoy aquí y por qué vine hasta aquí están íntimamente relacionadas, aunque son independientes entre sí.

Se sienta frente Yagi con la espalda recta y las piernas cruzadas, el hombre lo mira con la misma expresión calmada de siempre. Parece compuesto y completo pese a su aspecto frágil.

—Bueno —pregunta Izuku— ¿por qué viniste aquí?

—Todo empezó cuando los cazadores volvieron con la noticia de que habían encontrado un nido sukabenja vacío.

—¿Qué es un sukabenja?

—Es el nombre que le damos a las bestias del desierto que tienen seis patas, cazan en manadas y suelen crear colonias inmensas. Nuestra gente suele cuidarse de ellos cuando descienden al desierto.

—Si son tan peligrosas, ¿por qué bajan?

—Usualmente preferimos cazar en la Pradera donde los peligros son menores, pero en el invierno la vida en las montañas suele ser difícil y para mantener el calor en nuestros hogares solemos usar a los wamu.

—¿Wamu?

—Gusanos de arena, viven bajo tierra y sirven de alimento para el resto de las criaturas que pululan en el desierto. Su carne es suave y nutritiva, y la grasa de su cuerpo arde durante mucho tiempo lo cual es excelente para mantener fuego dentro de las casas.

—Entonces, ¿los cazadores encontraron el nido vacío mientras cazaban a estos gusanos?

—Así es. Debes entender que los sukabenja son territoriales, abandonar un nido sin dejar rastro no es algo que hayan hecho nunca por eso la noticia resultó sorprendente y alarmante. Más aún cuando semanas después encontraron un segundo nido.

—¿Eso alarmó a la gente?

—Por supuesto, nuestras tribus son supersticiosas. Los cambios inexplicables siempre son motivo de murmullos junto al fuego, y casi siempre se considera como una señal catastrófica, así que envíe a mis cazadores a inspeccionar la zona mientras otros quemaron ofrendas para apaciguar a los dioses.

—¿Funcionó?

—Podría decirse que sí, no hubo más nidos vacíos, pero eso no ofreció respuesta alguna a por qué los otros habían desaparecido.

—¿Qué hiciste?

—Nada durante un tiempo hasta que la noticia de otro nido vacío se dio a conocer. Habían pasado años desde el último, la gente volvió a quemar ofrendas hasta que la gente decidió olvidarlo.

—¿Cuántos nidos fueron en total?

—Cuatro o cinco espaciados a lo largo de ocho años, pero es posible que hubiera más. No lo sé. Los míos no suelen adentrarse demasiado en el desierto, no a menos que sea necesario.

—Pero tú querías averiguar qué había pasado, ¿no es así?

—Por supuesto.

—¿Y lo hiciste?

—No podía dedicar recursos y hombres a una simple corazonada, tenía que hacerlo por mi cuenta aunque no podía irme y abandonar a mi tribu. Me pase cinco años entrenando al que sería mi reemplazo, lo hice en secreto porque en las montañas no existe el sistema de sucesión. El joven Mirio demostró ser un alumno excelente y un líder capaz, solo a él le confíe mi plan de adentrarme en el desierto a investigar la causa de los nidos vacíos. Le dije que trataría de volver, pero ambos sabíamos que era una posibilidad remota.

—¿Descubriste algo?

—Solo arena y sol, pero seguí adelante y eventualmente llegué a la pared de piedra.

—Y entonces te capturaron.

—No de inmediato, tuve tiempo para conocer la situación en Hosu y supe ahí que el General tenía el control sobre las bestias noumu, de alguna forma había trasladado los nidos hasta los túneles de su Ciudadela. Subí a las montañas a investigar y habría muerto ahí si el General no hubiera encontrado.

—¿Por qué te dejo vivir?

—Ya te dije. Una vez le perdone la vida.

[...]

Su corazón late, el miedo se expande, y todo lo que su cerebro consigue hacer es recordar una y otra vez la amenaza del alfa, su poder y altura. Es inmenso y aterrador y durante una fracción de segundo, mientras Izuku se debate en su agarre, la idea de que moriría por su mano fue una certeza clara.

—¡Otro omega para jugar!

Lo dice con sus ojos feroces, exhibiendo una sonrisa bestial, y aferrando su cuello con manos inmisericordes. Izuku quiere huir y por alguna razón siempre termina volviendo a él, su cerebro da vueltas en el mismo bucle, atrapado en el miedo y la incertidumbre. Y cada vez es devorado y aplastado por manos bestiales.

En la inconciencia, Izuku llora.

[...]

Las palabras, escritas en letra elegante, están grabadas a fuego en su mente. El dolor crece conforme las lee, cada una es una roca en su pecho.

"Ha tomado años, tal vez demasiados, pero estamos a días de comenzar con la segunda fase de mi plan. No hay equivocación posible, todo encaja a la perfección. Mi lógica es absoluta: Los emparejamientos maximizan la posibilidad de embarazos que llegan a término y proveen de un cuidador para cada omega. La sangre de los cachorros vivos se procesa para la fabricación del suero alfa y una vez que dejan de servir sus restos se utilizan en la creación del suero que controla a los noumu. Y la alta concentración de feromonas omega atrae a estas bestias creando una barrera protectora contra ataques externos. Es un ciclo completo".

"Cuando los omega terminen de ser funcionales y perezcan, el vínculo asegura que el alfa entrará en estado feral, especialmente si lo incentivamos. Y es aquí donde mi trabajo demuestra una vez más su congruencia. La sangre de un alfa feral es la última pieza del rompecabezas, con ella el suero beta se vuelve mortífero. Es la naturaleza, todo beta debe someterse y es lógico que sea ante el poder y la violencia del género alfa. Cada uno asume el papel que le corresponde".

"Me ha tomado años llegar a este momento, largas noches de fracasos y tropiezos, pero estamos cerca. Una vez que conquistemos Yuuei y repliquemos el proceso, ni las islas ni los bárbaros tendrán la fuerza para contraatacar, y cuando comprendan mi visión, moldearemos este mundo como corresponde".

"La emoción del momento es indescriptible y es una lástima que no pueda regocijarme en ella, aún hay trabajo que hacer, aún hay peligros que amenazan mi plan. La Bestia es uno de ellos, ¿cómo es que su grupo ha logrado resistir el suero alfa?"

"Está pregunta me atormenta. No puede ser inmunidad, no, eso atenta contra la propia naturaleza, así que antes de partir hacia Yuuei debo averiguar cómo lo hace. Y si mis sospechas resultan ser ciertas tendré que empezar a investigar la creación de un suero omega."

"El grupo omega sigue siendo mi punto débil"

[...]

El alfa es inmenso y sus manos se cierran sobre su garganta.

—¡Mi día de suerte! ¡otro omega para jugar!

Y el miedo lanza a su mente en una espiral sin control.

En la inconsciencia, Izuku añora.

[...]

—No te voy a dar una caracola, Deku —dice Katsuki con firmeza e Izuku experimenta por segunda vez en su vida el dolor de la decepción.

No, por supuesto que no, piensa, no tengo flores para ti. No tengo algo que compartir contigo.

—Tampoco voy a cortar una flor para ti, esas cosas se mueren.

No, por supuesto que no, se dice tratando de contener el llanto.

Quiere decirle que lo entiende, que es lógico. Quiere explicarle que es perfectamente comprensible. Pero las palabras no brotan porque en el fondo de su corazón había guardado una esperanza, porque aún sin promesas había creído posible lo que evidentemente no lo era. Si pudiera hablar trataría de fingir que la declaración no acaba de destrozarlo, pero tiene la boca seca y no consigue explicarse. Entonces Katsuki lo está arrastrando hasta el claro para después obligarlo a agacharse junto a él.

—Aquí plantaremos un campo —dice Katsuki con la misma determinación que usa para luchar y aprender.

Todo él siempre ha sido decisión y voluntad.

—Me iré —dice Katsuki señalando los brotes de flores recién plantados— así que no voy a darte una flor que va a morirse en una semana. Plantaremos un campo. Podrás venir todos los días. Se expandirán a lo largo de toda esta zona. Y siempre que las veas te acordarás... cuando las veas pensarás...

Izuku lo mira y su corazón crece junto con su sonrisa.

—Me acordaría de ti aunque no tuviera ni una sola flor azul, Katsuki.

Me acordaría de ti aunque no te tuviera conmigo.

Y es asombroso como la felicidad de ese momento -la dulzura de ese recuerdo- se ve interrumpida por el hombre que embiste hacia ellos.

[...]

Izuku despierta en un suelo que huele a podredumbre y romero, su consciencia trae consigo el dolor que destella en su mente con el mismo filo que una espada. Está ciego y roto y quiere gritar.

Pero no lo hace, aprieta los dientes y se traga el grito que comprime su pecho.

Pese a la neblina que cubre su mente, Izuku se obliga a abrir los ojos. Parpadea y el mundo adquiere una claridad brillante. El mundo es amarillo y negro, las sombras se apartan ante las ondulaciones de la luz que proviene de los candiles y todo a su alrededor parece infinitamente muerto.

Incluso Hitoshi.

El pensamiento lo hace moverse. Izuku se endereza apretando los dientes y después gime de dolor cuando se sienta. Sigue vestido con el uniforme negro pero no necesita ver su rodilla para saber que está hinchada, la siente inmensa del tamaño de un melón, caliente y punzante.

Pese al dolor y a la agonía que supone mover el cuerpo, Izuku se arrastra la distancia que lo separa de Hitoshi y le tienta las manos -frías-, las muñecas -quietas-, hasta que se inclina para oír su corazón.

Late.

El alivio lo inunda y la única razón por la cual no llora es por la presencia que permanece al otro lado de la reja, aquella que se ha mantenido quieta y que Izuku ha procurado ignorar desde que despertara. Ahora que está sentado, que sabe que Hitoshi sigue vivo, Izuku toma aire, espesa su aroma hasta convertirlo en una coraza protectora, y alza los ojos para enfrentarse al General.

—Sálvalo —dice Izuku sin perder tiempo, consciente del peligro en el que se encuentra y listo para jugar con todas las cartas de su mano.

—Es un esclavo —responde el General con una voz calmada y fría— de esos tengo muchos.

—Como este ninguno, no tienes a ninguno cuyo omega escapara pese al vínculo.

—No importa.

—Yo creo que sí, un alfa no puede marcharse sin su omega, el vínculo no se lo permite, y todos creen que sucede lo mismo con un omega, ¿es así?, ¿o este par es diferente del resto? ¿y si lo es por qué?

—¿Por qué me señalas una falla que podrías aprovechar en tu beneficio?

—Tienes un suero que controla al grupo alfa, un suero que destruye al grupo beta, pero no tienes control ni poder sobre el grupo omega. Nada más que el vínculo que los une a su alfa y los cachorros que les arrebatas, pero si ellos deciden huir ¿podrás impedirlo?, la duda te carcome. Lo escribiste en tu diario. Yo no necesito guardar un secreto que ya sabes, necesito que lo salves a él.

—¿Por qué te importa?

—Es mi amigo y es mi culpa que este aquí.

—Eres osado, muchacho. Me sorprende. De los tuyos ninguno consigue soportar mi presencia.

E Izuku se echa a temblar cuando la poderosa esencia alfa se intensifica, crece en una advertencia muda. Un desafío claro.

"No seas un debilucho"

Su respuesta es encogerse, mantenerse quieto con una mano sobre Hitoshi para conservar la calma. El sueño de encontrar a Kastuki le da valor y el recuerdo de Yagi le proporciona calma.

"Ten cuidado, Izuku" dijo Yagi "el General podría descubrirte apenas te acerques"

Pero es demasiado tarde para ocultarse e Izuku tiene claro que su prioridad es mantener a Hitoshi vivo.

—Si no supiera quién eres —dice Izuku con el miedo amargando su aroma— el miedo me habría comido vivo, pero sé que eres Akio Otsuka, sé de donde vienes y sé de dónde obtienes todos los sueros.

El aroma a romero se sacude, la ira se lee en la pesadez del mismo.

—Has hablado con Yagi, ¿no es así? Eres el beta desaparecido, solo que no eres beta, y tampoco eres el alfa perdido. Te huelo, muchacho, y jamás en mi vida habría creído que tendría el placer de encontrar un omega interesante. Creo que voy a conservarte.

—¿Salvaras a Hitoshi?

—Supongo que podemos arreglarlo.

Y el general sonríe, su gesto es abierto y confiando pero su aroma lo desmiente.

Aunque tiembla, Izuku mantiene sus ojos fijos en el General.

Vive, Hitoshi, vive otro día para luchar de nuevo.

[...]

Nota: Una de las cosas más difíciles que tuve que hacer fue abstenerme de contestar todos los comentarios concernientes a Hitoshi porque no quería dar spoilers, pero bueno, esperemos que esto no termine mal. 

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