5
Había pasado tiempo desde que sintió sus uñas clavar su piel de forma tan intensa, trazando marcas en ella, reemplazando las anteriores y abriendo heridas que habían sanado, concentraba su respiración en un vaivén lento, tratando de no perderse en un punto fijo de la pared.
No tenía fuerzas para hacer mas anotaciones en su libreta, la comodidad que le otorgaba las mantas alrededor suyo era irremplazable, y las lágrimas no paraban de fluir sin importar en lo que pensara, el sentimiento no se iba, parecía que se iba a quedar seco en cualquier momento, dónde dejaría paso a las ganas de re dirigir su dolor entre sus mechones.
No soportaba la idea del olor a sangre, sus manos estaban aún con ese olor a metal que no abandonaba la sala, irónicamente ha visto sus manos estar llenas de aquél líquido rojo mas veces que esta, pero de personas que nunca había conocido, nunca alguien que el hubiera conocido directamente.
Sentado sobre su cama abrazando sus piernas intentaba darse tranquilidad cubriendo su cuerpo con esas mantas, permitirse recuperar de a poco su razocinio que lo había abandonado al intentar romper aquella celda, terminando mas lastimado de lo que estaba antes. Sus tobillos quemaban, pero de forma impresionante no sentía que ayudara a sentirse mejor.
Como un halo de un mal chiste, al cerrar sus ojos posando sus cabeza en su hombro, escuchó una melodía conocida para él. Un tarareo que lo acompañaba cuando se sentía estresado en el trabajo, pero al llegar a su departamento la cantaban solo para él. Sintió sus músculos relajarse ante la voz conocida, largando un largo suspiro, antes de cortar la melodía de tres notas que su prometido estaba haciendo.
Ahora recordaba una cosa mas de él, pero no era algo clave en la investigación, solo algo que su corazón agradecía de tener en sus memorias.
—¿Estás bien? Petit —tarareo Dazai en uno tono flojo, como si estuvieran en una situación tranquila—, me dijeron por ahí que un chico pelirrojo estaba luchando por romper las puertas de su habitación, tanto que la gente se estaba asustando en los barrios cercanos. Dicen que pareciera que un maniático esta encerrado ahí.
Chuuya levanto la cabeza de entre sus piernas, escaneando a su alrededor. Todo parecía un desastre, las paredes estaban llenas de rasguños, con algunas abolladuras en ellas, manchas de sangre de sus nudillos acompañaban la fachada, mientras que la puerta estaba doblegada, como si un animal rabioso se haya estampado contra ella.
—Tachihara falleció —murmuró en voz baja con la voz rota, posando sus brazos sobre los mechones propios—. Él no regresará nunca, Dazai. Y nunca pude decirle lo mucho que lo apreciaba.
Dazai no dijo nada por algunos minutos, dejando el comunicador en silencio, como si las palabras de su prometido le hubieran afectado de alguna forma, si bien el castaño nunca fue fan del chico por como Chuuya regresaba feliz después de ir a beber con él, sabía lo que significaba para el pelirrojo, más cuando sus amistades son fugaces muchas veces, como si estuvieran destinadas a quedarse un período corto en su vida. Dónde el siempre los veía morir con sus propios ojos.
—No soy el mejor levanta ánimos —hizo una pausa leve—, pero seguro el sabía que lo querías, Chuuya. A veces las palabras son una manera de re afirmar las cosas, sin embargo, las acciones valen más. Siempre estuviste para él, sin importar qué, y esas cosas son escasas en las personas. Alguien que te entienda es mas que suficiente.
Asintió el pelirrojo en silencio, sabiendo que el otro no tendría ni idea de sus expresiones. Tomando una bocanada de aire, intentando calmar de a poco las emociones que estaban corriendo sobre él.
—Lo sé —dijo con rastros de su voz quebrada, Chuuya se levanto de golpe de la cama, estirándose en el camino—. Solo es difícil de realizar en el momento ¿Sabes? Sentir que no puedes hacer nada. Es horrible.
Chuuya se secó las lágrimas, hizo una risa nerviosa, que lo acompañaba cuando no tenía palabras para lo que sentía. Sin embargo haría justicia por sus propias manos. Alguien tenía que ver con la muerte de su mejor amigo y lo encontraría.
Y no le importaba si al responsable le parecía correcto o no. Los guardias no se veían normales, algo salió mal, y aunque sospechaba de la Port Mafia, no haría conjeturas prematuras.
—Ranpo llegó —anunció Dazai, después de un largo silencio escuchando los pensamientos de Chuuya—. Te esta esperando, lo harás bien, solo ten paciencia. Pareciera que vas a saltar sobre alguien. Ambos estamos juntos en esto ¿Okay? Si necesitas mi ayuda, solo dilo.
—Lo sé, te veré pronto —el pelirrojo regalo un beso al anillo.
Chuuya apresuró sus pasos a la entrada, sintiendo un calor en su pecho, olvidando las heridas en su piel, tenía un motivo.
—¿No olvidas algo? —dijo Dazai con un tono cantarín-, Chuuya es tan olvidadizo.
Chuuya dio un largo suspiro, recordándose que amaba a su prometido, hasta que formo una sonrisa ante el pensamiento.
—Te amo, Osamu.
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El ambiente era tenso, las dos personas dentro de la sala se observaban desconfiando una de la otra. La mujer pelinegra estaba sentada derecha con los brazos cruzados, mientras que el pelirrojo estaba en la misma posición. Cualquier persona que entrara sentiría el filo de la presencia que hacían con solo el hecho de estar allí.
Chuuya no era categorizado como una persona que fuera prepotente ante las cosas, el podía ser razonable, más cuando estaba lejos de su prometido. Sin embargo, esta situación le traía inquieto, por lo que le habían prometido: respuestas.
No tenía problemas en reconocer que el detective que le había prometido lo que buscaba era el mejor, por lo qué al darse cuenta que no vino en persona le hizo hervir la sangre, pensando que si se tomaba como un juego el asunto en vez de aclararle las cosas el mismo.
Sin embargo no iba a dejar que su mal humor hiciera que irrespetara a la mujer que tenía en frente, así que espero hasta sentir que tenía control de sus palabras. El podía hacer esto, necesitaba hacerlo por el mismo y su mejor amigo. Llegar al fondo era la única solución.
Si el detective le había mandado a la chica era por algo, y el iba a enterarse del porqué.
—Verás, no tengo idea por el motivo que habrás venido, pero quiero saberlo —hizo una pausa, para posicionar sus brazos sobre la mesa—, si te soy sincero, cualquier cosa que sepas me sirve; no soy un monstruo, sé que la mayoría piensa que lo asesine, pero no es así.
—Ranpo dijo lo mismo.
La mujer dejo su mirada seria, para hacer una débil sonrisa. Había quitado sus brazos de la mesa para sacar una carpeta que tenía varios papeles por encima, donde uno lo saco para entregárselo al pelirrojo, el cuál tenía el nombre de la chica que estaba al frente suyo, ahora tenía su silueta completa. Yosano.
—¿Ves que no era tan difícil admitir lo que quieres, pelirrojo? —solto una risa ladina—. Y Ranpo decía que no tu ego era mas grande que tu cerebro. No tengo todas las respuestas a tus preguntas, pero yo fui la persona que te dio la propiedad ¿Listo para escuchar mi versión?
Sin más abrió la carpeta para abrirla, dejando caer todos los papeles sobre la mesa. Miles de pequeñas notas con su firma estaban ahí, cartas, fechas, fotos de él con la agencia, entre algunas otras mas curiosas como un contrato de vida.
¿Exactamente que sabía esta mujer? Se preguntaba Chuuya, quien ahora estaba demasiado confundido entre aquel cuarto de visitas que tenían los prisioneros, no le importaba ser observado, el no tenía nada que ocultar, pero ¿Sería lo que esperaba?
Esa era la verdadera pregunta.
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