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Chuuya balanceaba sus pies ante la inminente caída que estaba a solo unos centímetros de él, se las había arreglado para salir de su "celda" al punto de quedar en la azotea, se sentía intranquilo dando cara a la muerte, acompañado del viento susurrándole, además de ligeros impulsos sobre saltar, pero algo en él le hacía rechazar la idea, solo manteniéndose comtemplando la vista con un recuerdo familiar, como si lo hubiera vivido en una forma mas fuerte; algo vívido en sus carnes.

Logró salir con ayuda de su mejor amigo, en medio de una emboscada de preguntas que él mismo le había tendido, ahora esta demasiado dubitativo sobre su realidad, que no puede evitar recordar con fuerza las palabras de su mejor amigo en su cabeza.

"No es tu culpa, Chuuya".

Nunca se sintió tan vacío en comparación a este momento, donde la culpa no tenía fondo ¿a que se refería? La mitad de sus recuerdos son borrosos, menos los que tenía antes de que cumpliera 18, esos se sentían aferrados a él.

Aún así, no puede evitar sentirse resentido con su mejor amigo quién solo dijo esas palabras rehusandose a decir más, incluso cuando salió de la celda no lo observo a los ojos, lo dejo salir sin mucho esfuerzo.

Bajo su mirada al pequeño anillo que conservaba en su dedo anular, sentía que estaba loco hablándole a una joya que le dio su prometido sin saber sus propiedades, se preguntaba si realmente estaba hablando con él, o solo era una mala pasada de su cabeza. Sin embargo, sabía de plano que Dazai es una persona calculativa, sabía de sus platicas con Ango en temas de dispositivos avanzados.

Y aunque es difícil de creer, lo único que deseaba su prometido es la seguridad de ambos, el chantaje, las peleas que obtuvo con gente de altos rangos fue por lo mismo. No importa que tanto sobrepiense en aquello, siempre sintió que no se lo podía devolver de alguna forma.

Aunque lo haya abandonado por dos años, volvió a su vida de una forma bastante poco creíble, se siente capaz de recordar el toque de la puerta, escuchar sonidos inteligibles, pero es su voz, no puede diferir las palabras, solo lo sabe. La imagen es confusa, sin embargo le tomo al menos dos meses para convencerlo de seguir el plan.

Un plan para sacarlo de la mafia.

El pelirrojo abrió los ojos de golpe, de repente realizando lo que había pensado, el inicio de todo recaía ahí. Solo tenía que pensarlo un poco más, volver a hablar con su mejor amigo, antes de que llegue la hora indicada para hablar con Ranpo.

El pensamiento fugaz lo había hecho volver a pensar en lo que estaba haciendo, pero al darse vuelta encontró a Tachihara abriendo la puerta por su cuenta a la azotea, él chico llevaba las manos en los bolsillos, junto al cierre de la chamarra hasta arriba.

Su semblante era confuso, su expresión era de inseguridad. Algo no se sentía bien, y al momento de que cruzaran miradas, el pelirrojo sintió la pena que inundaba los ojos del contrario.

—Chuuya —llamó su mejor amigo como si le hubiera costado decirlo en voz alta—, sé que todo esto es difícil de procesar, pero no te veré mas. Lo siento, no puedo encontrar mejores palabras para decirlo.

—Tienes que estar bromeando —dijo el pelirrojo de ojos azules, de forma sarcástica, acompañado de una risa del mismo tono—. No broomes con eso, Tachihara, casi me la creí.

El contrario se quedo mudo, quieto en su lugar, sus manos habían salido de los bolsillos para quedar a los lados, ahora se formaban unos puños apretando su mano, sin embargo bajo ese semblante sus palabras salieron arrastradas.

Lo siento. —no agrego nada a la sentencia, dejando un silencio en la conversación, desviando la mirada al horizonte.

Chuuya sintió un nudo en la garganta, de repente el aire era pesado para él, sentía que estaba en una realidad alterna, el cuál se había metido por error. La única persona que tenía al lado no podía irse, eso no era una opción. Todo esto no era real, bajo del balcón con rapidez sin decir ninguna palabra hasta abrazar al contrario, dejando un agarre firme en sus brazos, haciendo daño en el camino, intentando estar consciente de que era real.

Esto estaba pasando y su mente no lo ayudaba a procesar la información correctamente, su mirada era baja, sabía que observar hacía arriba sería su fin, encontrarse con los ojos de su mejor amigo lo haría derrumbarse, dejando caer las lágrimas porfiadas que se rehusaron a quedar quedas.

Paso un buen rato en silencio hasta que Chuuya lo soltó. Simplemente aflojando su agarre, ahora tomando espacio, hasta enfrentarlo frente a frente.

El nudo en la garganta se había ido, ahora le quemaba, su boca mal hablada pedía salir, sus puños ya no eran temblorosos, si no que eran mas estrechos que nunca. Su semblante cambio de forma total y ambos sabían lo que iba a pasar.

El quería respuestas, y no iba a irse sin ellas. Para suerte de Chuuya, Tachihara tenía en sus planes aclarar las dudas del contrario sin que él se lo pidiera, solo quería primero decirle las noticias el mismo, no que fuera por otra parte, como paso con el castaño. Sus motivos nunca fueron hacerle daño.

Sin perder mas tiempo, Tachihara saco el logo que llevaba escondido en su cinturón, dándoselo de frente a Chuuya, ahora esperando ver la reacción del contrario.

—Eres un traidor —dijo casi en un susurro el pelirrojo, solo para repetirlo con mas furia, agarrando la camisa del contrario—. Eres un traidor, y aún así te atreviste a venir hasta aquí.

—Yo no pensé que la mafia te importara tanto.

—No es solo la mafia —dijo apretando su agarre, ahora acompañado de puños temblorosos—. Tú nunca confiaste en mi, nada de lo que me dijiste fue real, me mentiste desde el inicio ¿Cómo quieres que reaccione? ¿Qué te felicite? No te reconozco. No sé ni siquiera si fuiste mi amigo o solo fue una maldita fachada.

—Yo no te mentí —dijo con una voz débil debido a la fuerza del agarre—. Nunca pensé en traicionarte, te quería contar cuando lograras lo que querías, pero nunca se concretó.

—¿Qué es lo que yo quería? —Chuuya preguntó con genuina curiosidad, pero manteniéndose firme en su posición.

Tachihara empezó a cerrar los ojos, el aire no pasaba correctamente, sus pensamientos se nublaban, el contrario a notar la consciencia de su amigo desvanecerse tomó acción en ello.

El pelirrojo soltó el agarre, solo para observar sus expresiones, esperando que el otro prosiguiera con el pequeño monólogo sin mayores dificultades, ya vería como manejaría lo que sea que le iba a revelar.

—Tú querías salir de la mafia, Chuuya —hizo una pausa para ahora darle una pequeña nota en sus manos—. Yo fui tu vigía, los horarios de vigilancia junto a los esquemas.

El mas bajo se dispuso a abrir la pequeña hoja, intentando no dejar escapar la ansiedad que sentía por lo que había dicho su mejor amigo, empezaba a recordar la conversación que habían tenido en la zona de aparcamiento de la mafia, el pedido que le había hecho, las rotundas negativas que recibió, hasta que lo convenció.

Teniendo el papel en sus manos, pudo darse cuenta de su propia letra escrita en aquellos versos, indicaciones de lo que necesitaba, las ubicaciones que eran importantes, mas pequeñas anotaciones que necesitaba saber. Las preguntas que dejo al final de la hoja, junto a una pequeña firma dejando a entender que estaba involucrado. Detrás de la nota solo habían números borrosos debido a un líquido.

Chuuya quiso preguntar más al respecto, saber si lo volvería a ver, si de verdad siempre fue su amigo y no una herramienta que vio para completar su trabajo. Sus palabras se quedaron mudas al ver a los guardias de seguridad entrando a la azotea, donde uno le había disparado a Tachihara en el abdomen.

El pelirrojo corrió en su auxilio, intentando presionar en la herida e ignorando a los guardias, quería cubrirlo, sentía que los guardias seguirían disparando, pero solo recibió forcejeo por encima de él, intentando apartarlo de su mejor amigo. Peleó como pudo con sus piernas, sin abandonar la presión en la herida para no dejar sangre fluir.

Al dirigir su mirada a Tachihara mientras forcejeaba, pudo ver una mirada suave, sin miedo o lamento, la mano del mas alto toco la caballera del mas bajo para darle suaves caricias regalándole una sonrisa.

"Todo estará bien, estaré bien."

Y así como lo dijo, sus fuerzas se fueron, los guardias lo taclearon, sus última mirada descansaba en el cuerpo de su querido amigo hasta que su consciencia sucumbiera, dejándolo inconsciente.

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Gente, perdón por la tardanza, sé que este capítulo esta bien triste, pero todo tiene motivos ¿okey? Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo lo hice al escribirlo, una vez más: Gracias por apoyarme, pronto actualizare más.

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