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01

TIME
"They say that time heals everything, when will it cure me?"

1 año después.

Dicen que la adolescencia y la transición a la adultez, son la mejor etapa. Pero realmente... Para Sara, es solo una vil cruel mentira. Habían pasado meses desde de aquel incendio y aún así, Sara seguía teniendo pesadillas.

Esa mañana no era la excepción, se había despertado con un dolor de cabeza inmenso y por si fuera poco la voz de su hermana seguía llamándola entre sueños, se había acostumbrado a despertar agitada y a altas horas de la madrugada con un terror en el pecho que tenía una explicación clara; la culpa.

Miro la hora como era costumbre; 4:45 am, una hora en la que ya se había despertado mucho antes. Se quedaba mirando al techo por minutos e incluso horas cuando era más difícil respirar. Pero al final, no llegaba a nada.

Su vida había cambiado por completo y tras haber dejado la Universidad, supo que la mejor decisión sería volver y seguir adelante como pudiera de la manera que mejor logrará. No tenía ganas de nada, ni de comer, ni de estudiar y mucho menos salir de su habitación, era todo lo que tenía.

Una habitación para ella sola, en un gran edificio. A pesar de que la casa de sus padres había sido restaurada, se había negado por completo a volver, no soportaba la idea de revivir aquella noche y de seguir escuchando en pesadillas los gritos de su hermana.

Miro el volante de su mesa de noche, perfectamente se leía el nombre de la Universidad y junto a él, un examen de reingreso donde retomaría los estudios como si fuera la chica nueva. Salió de la cama y aunque la ducha fue larga no quería salir del balo, le costaba cada vez encontrar ganas de salir.

Las clases iniciaban a las 8:00 am, por lo que caminaria desde su casa y daría las vueltas que pudiera antes de llegar al campus. Para cuando estuvo allí, aun faltaba algo de tiempo y todo estaba solo. Los recuerdos volvieron a su cabeza, era la más joven de su clase y tenía un rendimiento alto. Todos la adulaban y conocían. Pero ahora... Pasaba por los pasillos y no se reconocía ella misma.

El timbre hizo eco y el lugar empezó a llenarse, hubo miradas y susurros, pero nadie se acercó a saludar. Tampoco es como si tuviera ganas de hacer amigos o de volver a tener los mismos.

En clase, se sentaba lo más alejada que pudiera y al salir, miraba al suelo y a sus pasos rápidos como si quisiera huir de todo el mundo. Algunos chicos la miraban con rareza pero a la vez, escaseaban su cuerpo sin pudor. Admitían descaradamente que a pesar de portarse como bicho raro, era físicamente atractiva y sexy.

—¿Has visto a la chica nueva? —pregunto Logan. Uno de los chicos que más se había fijado en sus piernas. — que difícil es conseguir una chica con esas piernas. ¿Sabes lo que haría con ellas?

—Ahórrate tus guarradas. — lo reprochó Axel.

Axel, a diferencia de Logan. No había visto aun a Sara por lo que no tenía ni idea de lo que hablaba su amigo, aun así, siempre odiaba la forma en que se llegaba a referir muchas veces de las chicas.

—Que aguafiestas. —Logan cerro con fuerza su locker. —mejor dime que si irás con nosotros al bar.

—No quiero. Tengo que cuidar a la hermana menor de Yuli.

—¿Te sigues acostando con ella? —Logan se cruzó de brazos. — ¿no te cansas de ella? Es muy, irritante y Super tóxica.

—Su familia se irá en unos días de la ciudad. Así que supongo que hay que aprovechar, es lo mejor que pude encontrar en esta cárcel llamada Universidad. —Axel suspiro y tras guardar sus cosas miro a Logan.

—Eres un aburrido. —Dicho esto, Logan solo se fue.

Normalmente iba a un bar que era de lujo en la ciudad. Axel jamás lo había pisado, pero escuchaba siempre que allí había todo tipo de tragos con alcohol y drogas, además de que tenía a las prepagos más jóvenes y bellas de la ciudad. Logan solía confirmar esto diciendo que la única razón por la que trabaja con sus padres, es para gastar su dinero en la joven que más cuesta.

En ese bar, se hablaba mucho de la joven, nadie sabía su nombre real y muchos no la habían visto tampoco con claridad. Siempre llevaba un antifaz y se mantenía en silencio haciendo su trabajo, su seudónimo era: "Cisne blanco" según porque aparentaba tener menos de 25 años y su rostro a pesar de estar bajo la máscara era inocencia pura.

—Te veré luego aburridor. —Logan se río y le dio una palmada a Axel en su hombro.

—No gastes tus ahorros en ese bar.

—Son mis ahorros. Además, puede que por fin pueda pagar una noche con ese Cisne del que tanto hablan.

Ese era el objetivo de muchos clientes. El Cisne blanco.

Axel no le prestó atención y dejando de lado a su amigo, camino por el lado contrario hacia la otra salida de la Universidad, era más cerca llegar a la casa de Yuli por ahí. Saco su teléfono y espero respuesta.

Mientras caminaba saliendo del patio principal, un golpe seco hizo que el teléfono casi cayera en el suelo, por suerte no había sido así.

—¡Lo siento! —la voz era femenina y muy baja.

—No te preo... —antes de que Axel pudiera saber quién lo había estrellado.

La chica ya corría prácticamente lejos de él llegando al edificio que quedaba en un par de cuadras. Axel no logró reconocerla al instante pero algo le decía que ya la había visto, así que la curiosidad se quedó en su cabeza.

Por otro lado, Sara estaba apurada, tenía que llegar a su trabajo en poco tiempo y debía asegurarse de estar perfecta o de lo contrario, su jefe se molestaria con ella y cada vez que lo hacía era muy cruel. Tomó su otro bolso, donde tenía todo lo de su trabajo y sin que nadie la notará corrió hacia el club.

Aun no habían abierto la puerta trasera, lo que significaba que había llegado justo a tiempo para entrar. Hizo la fila con las demás chicas y espero su turno, antes de pasar con el jefe cada una de las chicas era completamente revisada por su mano derecha, madam Lavane. Era la que se encargaba de todo y casi no hablaba con nadie, solo cuando era necesario decía palabra alguna.

—Señoritas. —saludo y paso por el frente de cada una contándonos para asegurarse de que no faltará nadie. — completas.

Se paró ahora en la puerta de entrada y empezó a pasar lista, a medida que cada una pasaba; revisaba cada parte de ellas, su cabello, su rostro, su piel, sus brazos y piernas, las pesaba para asegurarse de que no pesaran más de lo que era estipulado y cuando notaba una inconformidad enviaba a la chica hacia la Sala negra, una donde estaría toda la noche.

Nadie sabía que pasaba en esa Sala. Solo sabían que luego, no volvían a ver a la chica nunca más, ni a saber de ella. Muchas decían que la enviaban a otro Estado y otras que acababan con ella. Sara por su parte prefería ignorarlo y además, concentrarse en lo que debía hacer para no dar problemas.

—Swan. —ese era el Código de Sara, allí nadie sabía con exactitud sus nombres y a pesar de que las demás chicas hablaban entre sí y se los decían, ella se mantenía en silencio.

Sara, dio un par de pasos y se paró en la balanza, no la miro, solo espero a que Madame Lavane hablará.

—45 kilos, uno menos que la semana pasada. —concluyo y suspiro con un aire de lo que pareció orgullo. —aprendan.

Al haber dicho aquello, la puerta se cerró, Sara siempre era la última y eso tenía una buena razón, ella debía ser la más perfecta. Era la más joven de las 8 chicas, así que su porte de inocencia, daba mucho más de lo que parecía.

Como era costumbre, había un uniforme para cada una, eran todos diferentes pero con un mismo propósito: verse de acuerdo a lo que los clientes quieran. Así era cada noche desde que Sara había iniciado a trabajar allí.

—Swan. —el Código volvió a escucharse de nuevo y Sara se acercó mirando al suelo hacia Madame Lavane.

—Si señora.

—El director quiere verte. Corre y no le hagas esperar.

No tuvo que escuchar mucho más, camino con rapidez hasta la Oficina y aún sin levantar la mirada entró a esta. Ahí estaba el hombre, perfectamente le doblaba la edad si no es que tenía muchos más años.

—Es viernes. —inició hablando el hombre. —espero que estés lista.

Sara no respondió. Sabía que los viernes tenía clientes especiales que le daban mucho dinero al Director y que tenía que hacer lo posible por ganar cuanto dinero pudieran pedir por ella.

—Hazme ganar dinero y todo estará bien. No quiero errores. Ni excusas. —el hombre se acercó a Sara, que tenía los ojos en un punto fijo del suelo.

Hizo que levantara su mentón y la miro a los ojos, esos ojos vacíos y sin expresar ningún sentimiento a la ligera. Esos que se le hacían tan inocentes y tan tiernos. Perfectos para llenar ese vacío de morbo que siempre tenía.

—Anda. La noche acaba de empezar. —y dejando un beso en sus labios le pide salir de la Oficina.

Esto ya era costumbre. Sara no parecía darle importancia, pero la verdad era que con el tiempo, había perdido por completo su sentido de validez y respeto hacia si misma. Cuando pasas un montón de acontecimientos que te deja la vida sin rumbo, te desconoces y poco a poco, lo que conocías de ti. No es igual.

Esa noche, fue larga, todas eran largas pero esa en especial había sido más agotadora. Se había hecho una discusión fuerte entre un chico y el bartman, resultó ser que el chico que tenía lios era Logan, el amigo de Axel. Estaba ebrio y había pagado una suma de dinero por poder ver a aquella chica de la que todo el mundo hablaba.

Por supuesto, no llegó al precio establecido así que no avanzo mucho. Tras intentar luego escabullirse entre los vestidores, el bartman lo descubrió y se ganó un puñetazo que nadie esperaba.

El escándalo hizo que la noche fuera aun peor, ninguna de las chicas logró trabajar bien por lo que tuvieron que quedarse para reponer la pérdida de tiempo y eso significaba estar cansada al día siguiente en la Universidad.

—Que no les sorprenda. Estas situaciones pasarán más con el tiempo. —aclaró Madame Lavane antes de volver a ordenar a las chicas que fueran a su respectivo puesto.

La noche se hizo larga tanto para Sara como para Axel, que tuvo que ir a recoger a Logan porque no iba a poder conducir con el estado de ebriedad que tenía. Por supuesto era muy de madrugada y el que tuviera que levantarse de su sueño, no era nada reconfortante.

—No puedo creer que armaras un escándalo por una de esas chicas. —Axel miraba al frente sin ser capaz de ver a su amigo, estaba enojado.

—No son sólo chicas. Son Ángeles. —exagero Logan. — ¿puedes creer todo el dinero que acabo de gastar en ellas?

—Que ridículo.

—¿Y sabes lo peor? —Logan encendió un cigarrillo torpemente. —Que ni siquiera pude acostarme con alguna de ellas.

—Que decepción. —la ironía en la voz de Axel era más que obvia.

Eran casi las 4:00 am cuando finalmente llegaron a casa de Axel. Sus padres no estaban, así que por esa noche al menos, sería una buena coartada para Logan.

—Pero te juro, que si encuentro algún día a esa chica. —Logan hablaba de forma enredada, arrastrando las palabras. —no la dejaré ir, hasta que me complazca.

—No tienes ni pista de quien es. —Axel se río dejando a su amigo sobre el sofá. —así que no digas más estupideces y duermete.

Logan solo negó con la cabeza y dejó caer el cigarrillo al suelo el cual se apagó rápidamente.

—Es un hecho... —bostezo y cerró los ojos. —Axel, si la encuentro será mia. ¿Oiste?

Axel se río, cubrió a su amigo con una manta y subió a su habitación para dormir un poco. Esperaba que Logan al día siguiente estuviera más en sus cabales o al menos, no estuviera tan ebrio para ir a clases.

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