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9} Breathe

No había lagrimas. No es que eso me consolara pero mis ataques de pánico solían dejar mi rostro empapado y ahora mis ojos no soltaban ni una gota por más que estuviera haciendo la lucha de mi vida por conseguir un poco de aire.

-¡¿Dónde mierda están?!

No estoy segura si Justin gritó aquello, pero a mis oídos esas palabras llegaron solo como un murmullo.

Ni tampoco estaba segura de lo que hablaba, porque yo simplemente veía su silueta borrosa moverse por la habitación. Al final se detuvo frente a mi, se agachó y empezó a golpear el suelo donde yo había caído sentada.

El golpeteo era fuerte y constante y me permitió concentrarme en él, haciendo que el ataque disminuyera hasta convertirse solo en una hiper-ventilación. No me gustó eso porque mi vista perdió su nebulosidad y ahora la figura de Justin era clara frente a mi.

Sin querer encontrar sus ojos y volver a recaer miré su mano. Ya no tamborileaba el piso, si no que sujetaba con fuerza el frasco de calmantes. Se lo quité de las manos con cuidado de no rozarlo y saqué dos, los metí en mi boca y, a pesar de que estuviera seca, los tragué sin necesidad de agua. No me sentí satisfecha así que me dispuse a tomar otro pero antes de que pudiera llevármelo a la boca, Justin sujetó mi muñeca.

Su tacto envió a través de mi brazo una corriente eléctrica que me estremeció.

Levanté la vista.

El contacto visual me dejó mas aturdida que los calmantes. Sus ojos mieles me miraban con fascinación. Apuesto a que el espectáculo que dí debió haber sido entretenido.

-Chelle...

Susurró.

Como si no hubiese tenido ya suficientes emociones, su voz hizo que me recostara en el suelo antes de que pudiera perder el sentido.

Suspiré.

No había otra explicación, esto tenía que ser una pesadilla. O un sueño. 

No, una pesadilla.

Él se levantó y volvió a dar vueltas por el lugar. Lo miré examinar todo. La última vez que lo había visto llevaba solo cuatro tatuajes en su brazo derecho, pero ahora ambos estaban repletos de tinta y no se podía distinguir ni un poco de su piel. Su musculosa piel. Había cortado su melena, pero el cabello corto lo hacía lucir incluso mas dorado. Sus facciones ya no eran las de un adolescente y su cara se volvió mas hermosa.

¡¿Hermosa?!

Me había perdido admirándolo y no me di cuenta hasta que abrió uno de los cajones de mi armario.

-¡¿Que haces?!

Grité, incorporándome de repente, lo que fue una mala idea porque los calmantes ya habían hecho efecto y estaba mareada.

Él me miró.

-¿Estás bien?

Dejó lo que estaba haciendo y se dirigió a mi.

El trató de ayudarme a ponerme de pie pero lo rechacé y lo hice sola. 

-¿Qué haces aquí?

Pregunté.

Mi voz salió angustiada, probablemente lo que sentiría si mi cerebro no estuviera inhibido por la droga.

-Necesitaba verte.

Su contestación también salió estrangulada.

Dí unos cuantos pasos atrás y me senté en la cama.

-¿Para qué?

Puse mis dos manos sobre mi cara en un intento de no mirarlo.

-Quería saber si estabas bien.

Explicó.

-!¿Bien?!

Bramé.

Esta vez no me importó echarle un vistazo con la suficiente furia brillando en mis ojos.

Justin Bieber me había enamorado, había desquiciado todo a mi alrededor, y me había abandonado para volver dos años después y decirme: "Quería saber si estabas bien".  

Esto debe ser una de esas bromas televisivas que lo humillan a uno al punto de estallar.

Solo que en sus ojos brillaban tantas emociones juntas que no pude mantener mi postura furiosa.

Vete. Eso fue lo que quise decir, pero él habló antes:

-Así que... West Spring ¿eh? Fue tu plan A de estudios universitarios desde siempre.

Hubo un toque de orgullo en su voz al que decidí no prestarle atención.

-Vete.

Esta vez si fui capaz de hablar.

Inclinó su cuerpo hasta que sus ojos estuvieron a la altura de los míos. Gracias a Dios respetó mi espacio personal y se mantuvo alejado, pero aun así eso fue intimo.

-Voy a irme ahora, Chelle.

Anunció, sin siquiera parpadear.

Me di cuenta que estaba conteniendo la respiración, así que inhalé.

-Pero volveré.

Volví a soltar el aire y mis pulmones quedaron vacíos.

-Estaré aquí el sábado al mediodía.

Avisó suavemente.

Estiró su mano y tocó mi mejilla. Me estremecí por la electricidad. Al ver mi reacción, el cerró con fuerza sus parpados y suspiró profundamente.

Me aparté de su tacto y él volvió a abrir sus ojos.

-Volveré.

Repitió.

Luego se dio la vuelta, caminó hasta la salida y sin voltearse señaló la mesada.

Seguí el camino que indicaba su dedo y descubrí la computadora de Dave allí. 

Escuché la puerta cerrarse. Él se había ido.

Me quedé congelada unos segundos y después reaccioné.

Ahora si había lagrimas en mi rostro.


Bieber is Back - Tatteana Pedernera.


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