4} Dating
Daniel levantó la vista del menú y me miró con una gran sonrisa.
-¿Cómo crees que se pronuncie esto?
Preguntó con notable diversión, señalando un plato de la carta.
Me reí.
-Creo que está en francés.
Dije, tratando de leer la palabra.
-¿Comida francesa? Eso suena bien.
-¿Nunca viniste a este restaurante antes?
Pregunté.
-No, pero si de verdad existe la Ensalada de Naranja me arrepiento de no haberlo hecho.
Volvió a señalar la lista de comidas.
-¿Por qué elegiste este lugar entonces?
Inquirí, sonriendo ante su expresión impresionada.
Él me devolvió la sonrisa con dulzura.
-Quería con todas mis fuerzas tener una cita con la hermosa chica que se sentaba en las gradas todos los sábados a la mañana, no podía simplemente llevarla a McDonalds.
Explicó.
Me sonrojé notablemente.
-Entonces no voy a ordenar la hamburguesa con queso.
Bromeé.
-¡Vamos por la comida francesa!
Al final resultó ser comida turca y era deliciosa.
Me contó que cursaba una carrera profesional porque no quería vivir del fútbol realmente. Estudiaba en el Departamento de Economía y se especializaba en Contabilidad.
Cuando llegó el postre, frutillas con chocolate fundido, lo miré con fingida seriedad.
-Apuesta: el primero que se mancha la ropa tiene que confesar un secreto.
Lo reté.
Él enarcó una ceja hacia mi. Tomó una frutilla, la mojó en el chocolate y se arrimó a la mesa para llevársela a la boca. Tragó y me miró satisfecho.
Rodé los ojos.
-¡No así! Mira...
Hundí la fruta en la fuente y cuando la saqué estaba chorreando chocolate.
Tuve que comerla rápidamente pero logré mi objetivo, mi ropa estaba limpia, aunque había caído un poco en la mesa.
-Trato hecho.
Terminando aceptando él, imitándome.
Pasados unos minutos, como no podía ser de otra manera, terminé siendo la que se manchó primero. Pobre musculosa blanca.
-Secreto.
Exigió Daniel, entre risas.
No se me ocurrió algo que contar instantáneamente. No tenía muchos secretos en realidad. Pero entonces recordé uno y lo compartí:
-Una vez estaba jugando en el patio, esperando a que mi madre estuviera lista para ir al cine. Me caí de un árbol justo sobre mi brazo, pero fingí que no me dolía en absoluto porque no quería perderme esa salida. Estiré mi actuación hasta el otro día pero ya no lo soporté mas y cuando fuimos al medico me anunciaron que me había fracturado. Nadie podía creer que no lo sintiera. Pero lo sentí, créeme.
El chico se quedó boquiabierto un segundo antes de estallar en carcajadas.
-¡Chelle! ¿Cómo pudiste hacer eso?
Me tensé.
-No me llames así, por favor.
Pedí.
Solamente una persona me llamaba Chelle, y no era la persona que quería en mi mente a mitad de una agradable cita.
-¿Cuál es tu apodo?
Dijo, todavía divertido por la anécdota.
-Todo el mundo me llama Michi.
Cuando Dave y yo eramos unos niños y fuimos presentados, su primer comentario fue:
-¿Michelle? Suena como a gato. Michi.
Y ese apodo se quedó para siempre.
No exagero si digo que la mitad de mis conocidos en Driven creen que ese es mi verdadero nombre.
David lo utiliza hacia mi con cariño, pero los días en los que se despierta con ganas de molestarme (que por desgracia suelen ser justo los lunes por la mañana) me llama "Michi-Miau".
Definitivamente no quiero que Daniel Kraus me llame Michi-Miau.
-Solo Michi.
Proseguí.
-Michi, estoy encantado contigo.
Pronunció lentamente.
Las semanas siguientes fueron las mejores que tuve desde que llegué a West Spring. Compartí con Daniel almuerzos, ratos libres al atardecer y noches los fines de semana. Incluso hicimos una salida grupal con sus amigos y los míos.
Me pidió que no dejara de ir a sus entrenamientos y fui muy obediente al respecto. Uno de esos sábados marcó un gol bastante espectacular, la verdad no sé de fútbol, y él siempre marca goles, pero fue espectacular porque corrió hacia mi y me besó por primera vez antes de volver al campo.
-¡Grace! ¿Cómo hiciste para estropear mi computadora?
Se quejó Dave, tratando de prender su portátil por vigésima vez.
-Ella tiene un talento especial para eso. Una vez me envió una canción a mi celular y me lo bloqueó por completo porque tenía un virus.
Comenté, mientras me sentaba en la mesa del Café transportando nuestras infusiones.
-Te lo arreglé al final.
Se defendió mi amiga.
-Y vas a arreglar esto también.
Demandó mi otro amigo.
-Si. Voy a llevarla a alguna casa de computación mañana. Deja de llorar.
Tomó su Capuccino y se concentró en el.
-¿Cómo van las cosas en el paraíso?
Dave se dirigió a mi, cambiando su ceño por una sonrisa.
-Gloriosas.
Respondí, devolviendole la sonrisa.
-¿Que tan gloriosas?
Quiso saber Grace con ojos pícaros.
-No como lo piensas.
Ella rió.
-Bien. Pero yo si tengo planeado algo glorioso esta noche y necesito la habitación para mi sola.
Pestañeó hacia mi, lo que me hizo carcajear.
-¿Puedo dormir en tu habitación?
Miré a Dave.
Él asintió en respuesta mientras le ponía mas azúcar a su té de frutas.
Esa noche nos acostamos decididos a dormirnos temprano. Por supuesto, no compartíamos la misma cama. EW, eso sería asqueroso para ambos. Él tenía un colchón extra que ponía en el piso. Me estaba enviando mensajes de texto con Daniel cuando David murmuró:
-"¡Arañas! Hay muchas arañas... y quieren que baile. No quiero bailar."
-"Solo diles, Ron."
Reí y dos segundos después empecé a oír sus ronquidos.
Bieber is Back - Tatteana Pedernera
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro