39} Unbreakable
Último capítulo del primer libro.
"Y ahora, así habla el Señor (...): No temas, porque yo te he redimido, te he llamado por tu nombre, tú me perteneces. Si cruzas por las aguas, yo estaré contigo, y los ríos no te anegarán; si caminas por el fuego, no te quemarás , y las llamas no te abrasarán. Porque yo soy el Señor, tu Dios, el Santo de Israel, tu salvador (...) Porque tú eres de gran precio a mis ojos, porque eres valioso, y yo te amo, entrego hombres a cambio de ti y pueblos a cambio de tu vida. No temas, porque yo estoy contigo: traeré a tu descendencia desde Oriente y te reuniré desde Occidente. Yo diré al Norte: "¡Dámelo!", y al Sur: "¡No lo retengas, trae a mis hijos desde lejos y a mis hijas desde el extremo de la tierra: a todos los que son llamados con mi Nombre, a los que he creado para mi gloria, a los que yo mismo hice y formé!" Isaías 43 1-7
-Esa fue una prédica hermosa.
Comentó mi madre, en cuanto el Pastor se acercó a nosotras para despedirse.
Acababa de finalizar el culto matutino, al cual yo asistía cada domingo, incluso aunque tenía que viajar desde West Spring hasta Driven.
-Toda palabra de parte de Dios es hermosa, incluso cuando nos exhorta. El que ama, corrige.
Aseguró él, sonriendo.
Miré alrededor. Todos los presentes en la iglesia hablaban entre ellos con ánimos. Mi padre estaba ayudando a los músicos a desenchufar los instrumentos eléctricos. Pude distinguir que tenía problemas con la tabla de sonido, hasta que Justin se acercó a él y le enseñó a bloquearla. Mi padre puso una mano en su hombro y le sonrió.
—Gracias hijo— escuché que le decía.
Luego se acercaron a nosotras.
—¡Justin! ¿cuándo vas a ir a casa a cenar? Hace mucho no te apareces por allá —recriminó mi madre.
—Estuve ocupada con los exámenes, mamá, pero ahora que ya los he dado vamos a poder... —empecé a decir, pero mi progenitora me interrumpió:
—Lo estoy invitando a Justin, no a ti —se burló.
Rodeé los ojos y me reí.
—Podemos ir el próximo fin de semana —habló Justin, sonriendo.
—¡Eso está bien! Ahora vayan y diviértanse —nos alentó mi padre.
Nos despedimos de ellos y nos dirigimos a la entrada.
Estábamos esperando a nuestros amigos para pasar el día en el parque central, donde siempre abundaban ferias, juegos y alegría. El frío aire del invierno, el cielo grisáceo y la extraña humedad hicieron que un escalofrió me recorriera. Justin empezó a frotar su mano por mi espalda.
—¿Tienes frío? —preguntó.
—No, es que... el cielo está raro —confesé mi inquietud.
—Puede que los marcianos estén llegando a la tierra —predijo él, mirándome con fingida seriedad.
—No. Deben ser las palomas detrás de las nubes, listas para conquistar al mundo —repuse.
Él rió justo cuando la camioneta de Crystal frenó frente a nosotros. Subimos al espacioso asiento trasero.
—¡Hola a todos! —saludamos en general a nuestros amigos y arrancamos hacia nuestro destino.
Apoyé mi espalda contra la puerta y puse mis piernas en el regazo de Justin. Grace estaba sentada entre él y Alex, teniendo una acalorada charla con este último. Desde que se enteró que él solo la había usado, no se lo perdonó, y estallaban discusiones diarias entre ellos. Pero no eran graves y en su mayoría divertían al grupo.
Crystal iba en el asiento de acompañante, mirando embelesada a Dave, quien la había convencido, no solo de conducir hasta allí, sino también de ser su novia. Ambos llevaban una relación tan dulce que algunas veces me causaban ternura, pero otras me empalagaban.
Por supuesto, mi mejor amigo y yo tuvimos que darnos mas espacio para que él pudiera tener sus momentos con Crystal, pero ese cambio no fue un impacto porque Justin se había vuelto un muy buen amigo también y teníamos una relación cercana.
Apenas llegamos al parque nos acercamos a un puesto de dulces para conseguir provisiones (por un explícito pedido mio). En la fila Justin tenía un brazo alrededor de mis hombros y yo recostaba mi cabeza en su pecho mientras pensaba qué comer. Eramos más cariñosos entre nosotros de lo que deberían ser los amigos normales, pero todavía estaban esos sentimientos dentro de cada uno que se atraían entre sí y nos pegaban. Y, pensando con claridad, veo que nunca se van a ir.
Son indestructibles... como nosotros.
Estamos enamorados, pero somos solo amigos y, por ahora, marchamos bien así.
Una exclamación de Dave hizo que todos quitáramos nuestra atención del puesto y la dirigiéramos al cielo, que es lo que él señalaba mientras chillaba:
—¡Miren!
Unas gotas caían con lentitud. Daba la sensación de que aparecían de la nada antes de hacer un perezoso viaje hasta el suelo. Me tomó unos segundos entender...
Estaba nevando.
Era increíble. En nuestra región era, incluso, imposible que nevara. Había pasado mas de un siglo desde la última vez que se dio ese fenómeno. Pero ahí estaban esos copos fríos, cayendo con tenue velocidad y no tardaron en cubrir el parque de blanco.
No había diferencia entre los niños que jugaban alrededor y nosotros. Los seis estábamos corriendo, jugando, gritando, siendo felices. Las bolas de nieve volaban de aquí para allá en una guerra feroz, así que en cuanto una de ellas impactó en mi hombro, decidí contraatacar. Me di vuelta para devolver el golpe pero fue tarde, Justin se abalanzó hacia mi y nos tiró al piso. Caí sobre la nieve y él cayó sobre mi. El frió traspasaba mis capas de ropa y humedecía mi pelo, pero no me importaba.
Justin y yo nos miramos fijamente. Pegó su frente a la mía y los dos nos sonreímos.
Tengo que decirlo: el amor vale la pena.
FIN
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