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Mi segunda semana en West Spring.
La rutina que vivo se parece mucho a la de antes, pero no se siente en absoluto como solía hacerlo. Me despierto, asisto a clases, como, duermo, respiro... pero lo único que parece real es el dolor.
Este año comparto el dormitorio con Dave. Seguramente mi mamá rogó por eso en administración, y aunque siempre me molestó que se entrometiera, se lo agradezco, porque sin Dave a mi lado por las noches me hubiese derrumbado muy rápido.
En realidad ella rogó que me quedara en Driven, pero yo no quería hacerlo. Pensé que quedarme iba a ser mas doloroso, pero ahora veo que no importa a donde vayas si de lo que estás huyendo está en tu interior.
El sábado nos encontró a mi mejor amigo y a mi en silencio, resolviendo una guía de actividades en la cocina. Decidí descansar después de la décima pregunta. Las respuestas tenían que ser muy elaboradas y yo tenía la orden psiquiátrica de ingerir un calmante cada mañana que me embotaba el cerebro lo suficiente para interferir con mi vida académica.
Me dirigí a la habitación para descansar un poco antes de continuar con mis deberes. Cerré la puerta detrás de mi y apagué la luz, dando dos pasos hacia la cama, con la intención de recostarme sobre ella, pero por alguna razón mi presión bajó repentinamente y mi visión empezó a nublarse. Me tapé mis ojos con mis manos y me quedé quieta esperando a recuperarme. No lo hice. Mi estado empeoró, así que solté un gemido justo en el momento en que mi pierna derecha se doblaba, haciendo que la otra la imitara.
Así caí de rodillas al suelo.
En medio de los síntomas de la hipotensión, mi cerebro fue consciente de mi posición y me retrajo a los días en los que solía orar a Dios cada mañana y cada noche. Me escondía en mi oración, como si fuera el refugio perfecto para las tormentas, y me sentía libre... sin carga.
-Dios...
Mi susurro fue apenas audible, así que me obligué a repetirlo:
-Dios, escúchame, por favor.
Mi voz salió al fin, y quise usarla bien, por lo que no recriminé todo lo que ha pasado, ni me quejé por todo lo que me ha tocado, porque supe en el instante que invoqué su nombre y sentí su presencia que El nunca me había abandonado, que fui yo la que decidió ignorarlo.
Por eso, hice todo lo que tenía que hacer:
-Perdóname. Perdóname, Dios, te he fallado...
Me desperté soltando un gruñido. Estaba siendo golpeada y no entendía porqué y por quién. Miré hacia arriba para encontrarme a Dave impactando contra mi con una almohada.
-¡Despierta, Michi-Miau! Tenemos visitas.
Gritó.
-¡Detente ahora!
Ordené.
El detuvo su ataque, pero mantuvo el arma en alto por si volvía a cerrar mis ojos.
-Luces horrible.
Observó.
Tomé mi propia almohada y se la lancé. El la esquivó y frunció el ceño.
-Solo soy un amigo sincero.
Se defendió.
-¿Qué hora es, amigo sincero?
Pregunté, incorporándome en la cama.
Mi mejor amigo miro su reloj.
-Son las cinco y veintidós PM.
Respondió.
Me desperecé. Había dormido cuatro horas después de mi quebrantamiento y jamas había descansado mejor.
-Fue una buena siesta.
Confesé, dejando escapar un bostezo.
-Lo veo. El hecho de que ahora mismo te parezcas mas a un hipopótamo que a un ser humano lo delata.
Se burló el y, antes de que pudiera tirarle otra cosa, añadió:
-¡Tenemos visitas!
-¿Visitas?
Inquirí con cautela.
Él me sonrió.
-Arréglate.
Dijo, antes de salir por la puerta.
Le hice caso y me alisté. Estaba adentrándome en la cocina, pero me quedé congelada sin cruzar el umbral cuando vi al chico que se encontraba hablando con mi compañero allí.
Él me devolvió la mirada, a diferencia de la mía la suya no mostraba sorpresa, sino más bien su habitual calidez azul. Me sonrió.
-¿Daniel?
-Juego terminado, preciosa. Ven aquí.
Habló, extendiendo sus brazos hacia los costados.
No dudé un segundo en aceptar su invitación, y me acerqué a él para abrazarlo.
-¡¿Cómo estás?!
Soné emocionada.
Nos separamos y nos miramos a los ojos.
-Estupendo. ¿Qué tal todo por aquí?
-¡Bien!
Respondí sin pensar.
-Saldré un momento. Michi, llámame si necesitas algo, no estaré lejos. Volveré pronto.
Avisó Dave, y nos despedimos de él mientras se iba.
-¿Quieres algo de beber?
Ofrecí, cuando mi ex novio y yo nos quedamos solos.
-Traje mis propias provisiones.
Contestó, sonriente.
El recuerdo de nuestra primera cita llegó a mi cuando descubrí que había traído una bolsa de frutillas y chocolate para fundir. Pusimos este último en el microondas mientras charlábamos con gran ánimo. Cuando todo estuvo listo, nos sentamos a la mesada. Llevamos a cabo nuestro característico juego de "quien se mancha primero cuenta una anécdota", por supuesto yo fui la única que se manchó, pero le saqué a el muchas historias de su increíble vida en Inglaterra.
Se había adaptado muy bien ya que no fue la única incorporación nueva en el equipo ni el único extranjero, aunque no logró pasar desapercibido ya que después de unos partidos ganados, tenía clubes de España detrás de sus piernas. Disfrutaba su trabajo, pero era exhaustivo y estaba muy agradecido por el receso de campeonato que estaba teniendo y que aprovechó para visitar a sus seres queridos. Me hizo sonreír que me incluyera entre ellos.
Dave llegó cuando el sol se estaba escondiendo, y me tomó desprevenida que trajera a Grace y a Crystal con él. Después del desastre entre ellas dos, verlas juntas era impresionante. Y ver a Grace tan renovada después de su terrible año, era algo que agradecer.
No las había visto mucho desde que llegué ya que sabía que estaban al tanto de algunos detalles sobre mi situación, y no quería que me miraran con lastima. Pero no lo hicieron. Ninguno de los cuatro presentes lo hizo mientras cenábamos juntos y nos reíamos como si no tuviéramos ninguna carga.
Como si fuéramos libres.
Últimos capítulos...
Bieber is Back - Tatiana Romina
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