35} Run
Solía tener la teoría de que la gente con depresión en realidad no querían dejar ir ese estado e, inconscientemente, estaban de acuerdo con vivir siendo así. Creí que se aferraban a la tristeza como fiel compañera y que no querían cambiar por elección propia.
Ahora sé que eso no es cierto.
Es que por más que intento con todas mis fuerzas salir de mi habitación, el dolor está siempre conmigo dondequiera que vaya, entonces se me hace inútil. La tarea mas sencilla requiere para mi un esfuerzo enorme.
Respirar es difícil cuando ya no quieres hacerlo.
Abracé mi acolchado, esperando que el suave tacto de su textura me diera tranquilidad pero aun así y con la madrugada tan avanzada, no logré conciliar el sueño.
Los pocos días que estuve en el hospital no son mas que imágenes borrosas entrando y saliendo de mi mente debido a que toda mi estadía allí la pasé sedada. Mis padres tuvieron una discusión con los médicos gracias a eso y decidieron sacarme hace una semana.
No sé si se arrepienten de eso, pero sé que no saben como lidiar conmigo aquí. Lo único que hago es estar en la cama, me rehúso a comer y los baños que tomo son producto de los ruegos desesperados de mi madre.
La situación me está matando, si es que no estoy muerta ya. Quizás es posible morir en vida porque esto se parece mucho al infierno.
Me levanté de la cama, haciendo el menor ruido posible. Dave dormía en un colchón al lado de mi cama desde que volví del hospital. Nuestras charlas nocturnas siempre fueron mi dulce escape pero la sobre-protección que él mantuvo conmigo los últimos días me irritaba, ademas de que estaba muy lejos de él. Muy lejos de todo el mundo.
Rebusqué en mi armario y saqué dos prendas, aun cuando la oscuridad no me dejaba distinguirlas. Salí en silencio de la habitación y me cambié con rapidez en el pasillo, despojando el pijama de mi cuerpo y reemplazándolo por una camiseta y unos pantalones.
El alba amenazaba la negrura de la noche. El verano estaba cediendo su paso al otoño. Lo pude dilucidar por las gotas que caían, pequeñas pero constantes, y a los pocos segundos en que puse un pie fuera de la casa, ya estaba mojada. Pero aun así no me percaté de que estuviera lloviendo cuando empecé a correr por el medio de la calle.
Corría, solo corría.
Unas cuadras y empecé a respirar por mi boca, ya que mis pulmones me reclamaban aire, pero no paré de correr. Las lagrimas del cielo se mezclaban con las mías y mi cara estaba totalmente empapada. Jadeaba, sollozaba, mis piernas temblaban, pero no paré.
Cuando decidí hacerlo, la mañana ya estaba alumbrando la vida en Driven. No podía dar un paso más, estaba demasiado agotada. Me recargué en un teléfono publico para respirar y conseguir tragar un poco de saliva por mi seca garganta. Entonces, por puro impulso, agarré el tubo del teléfono y presioné el numero de Justin en una llamada por cobrar. No era muy consciente de lo que estaba haciendo, solamente sabía que el cansancio me estaba consumiendo, y no solamente el cansancio físico.
Sé que la policía lo liberó y fue al hospital exigiendo verme pero no lo dejaron acercarse a mi. Me refiero a mis seres cercanos, ellos fueron los que le prohibieron el paso. También supongo que habrá tratado de comunicarse conmigo, pero mi celular no está a mi disposición por el bien de mi salud mental.
-¿Hola?
Su voz ronca habló con desesperación.
-¿Chelle?
Agregó.
Por supuesto, él solo estaba esperando mi llamada.
Apoyé mi frente en el vidrio. Escucharlo relajó cada uno de mis nervios y mis músculos se aflojaron.
-Hola.
Exhalé.
Él soltó un sollozo.
-Amor ¿dónde estás?
Supuse que a mi alrededor había ruidos que delataban la huida de mi hogar, pero en todo caso lo que tuvo mi atención fue su voz totalmente quebrada seguida de otro sollozo.
Justin Bieber estaba llorando.
Me senté en un banco. Después de explicarle donde me encontraba, Justin me rogó que lo esperase justo ahí. No estoy segura de cuanto tiempo pasó, y creo que me lo pasé dormitando, pero al final el ruido de una moto me despabiló. Vi a Justin descender de esta y apresurarse hacia mi.
-Chelle...
Pareció estar a punto de abrazarme, pero se contuvo y se arrodilló frente a mi.
Pude notar que él lucía realmente devastado y, por primera vez en días, no me importó como yo me sentía. Solo quería que él estuviera bien, así que olvidé lo demás. Me tiré para acercarme a su pecho mientras él, al fin, me rodeaba con sus brazos.
Y lloramos juntos.
Estuvimos bastante tiempo abrazados, derramando las lagrimas que tenían derecho de salir. Cuando nos pudimos calmar, nos separamos y nos sentamos sobre el banco con dificultad.
-Vas a contarme todo ahora.
Exigió mi voz inusualmente aguda.
Justin limpió con sus manos los restos del llanto que antes asaltaba su cara.
-Nunca volví a mi casa después de ese día.
Empezó a relatar, y por el tono contenido, supe a que día se refería.
-Fui directo a la policía para denunciar lo que sucedía. El comisario Dunkan fue el encargado del caso y reunió suficientes pruebas para encarcelar a todos los culpables. Mis tíos pidieron mi custodia, pero por más que lo intentaron nunca pudieron conectar conmigo. Yo ya estaba roto. Después de un episodio que colmó sus paciencias, me sacaron del colegio privado y me enviaron a la secundaria de Driven.
Parecía como si las palabras tuvieran que hacer un gran esfuerzo por salir de su boca. Supuse que era la primera vez que hablaba de eso con alguien.
Suspiró antes de continuar:
-Te reconocí desde la primera vez que te vi allí. Llevabas una vida tan normal, eras tan feliz ¿cómo podía decírtelo, Chelle? Cuando todo tu esquema ya estaba armado ¿cómo podía yo simplemente destruirlo? Ni siquiera quería acercarme para no arruinarlo, pero algo me atraía a ti con demasiada fuerza y no pude resistirme. Terminamos involucrándonos y me di cuenta que lo habías olvidado, así que fingí tenerlo olvidado yo también. Pero ninguno de los dos lo olvidó nunca ¿no? y era difícil estar juntos, todo era muy retorcido. Te amaba, pero me recordabas el pasado por lo que explotaba con facilidad todo el tiempo. Tú me amabas, pero inconscientemente no podías parar de culparme por todo.
Se apresuró al decir la ultima frase y se quedó en silencio. Al parecer su explicación había terminado.
Su revelación había clavado en mi corazón diferentes tipos de emociones que era incapaz de discernir. Ninguna era positiva.
-No te culpó de nada.
Hablé, porque no sabía que otra cosa decir.
Él dirigió su mirada cargada de tristeza a mis ojos.
-Si, lo haces. Pero está bien, porque tienes razón. Todo es mi culpa. Voy a contarte la historia entera con detalles, pero otro día.
Avisó.
Negué con la cabeza. Esa versión acortada de la historia era suficiente y ya no lo soportaba. Más lagrimas empezaban a resbalar por mis mejillas, pero al menos la lluvia había cesado.
-No va a haber otro día.
Sollocé, y continué:
-Te amo, pero va a ser imposible para mi tener una nueva vida si todavía me aferro a algo del pasado.
Él apretó sus parpados con fuerza cuando el dolor de mis palabras lo golpearon. No quería verlo así, pero estaba quebrada:
-Justin, nunca debiste volver.
Bieber is Back - Tatiana Romina
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro