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34} Dreams

-Tengo miedo.

Estaba acostada boca abajo sobre la rampa del tobogán mas empinado del parque, con la cabeza apuntando al suelo, la posición contraria a la debida.

-Entonces no lo hagas, fue tu idea para empezar.

Traté de enfocar mi visión en el niño que había soltado esas palabras y que sonaba incluso mas nervioso que yo.

-Solo atrapame, Justin.

Pedí.

Vi, al revés, como frunció el ceño, pero antes de que pudiera protestar tomé impulsó y me deslicé con rapidez hacia abajo. Solté un pequeño y agudo grito de nervios mezclados con adrenalina y finalmente los brazos de mi mejor amigo me detuvieron.

-¡Otra vez!

Chillé, cuando tuve los dos pies en el suelo y el mareo empezaba a disminuir.

-No. Es mi turno ahora.

Me retó él.

Lo observé mientras escalaba hasta la cima del juego. Su cabello rubio se había desordenado por el viento que había chocado con nosotros el tiempo que estuvimos en los columpios. Su rostro tenía un ligero rubor por todo lo que habíamos corrido esa tarde. Sus ojos mieles estaban concentrados en cada peldaño, procurando no caer, pero una vez que estuvo arriba, se enfocaron en mi y sonrió.

-Mira esto.

Me dijo.

Uso una técnica similar a la mía, solo que se acostó boca arriba. Eso si era peligroso. A veces me molestaba que él mismo se aventurara a tanto pero casi se meaba en sus pantalones cuando yo hacía algo arriesgado; aunque nunca se lo decía porque, en el fondo, realmente lo disfrutaba y no quería que dejara de preocuparse por mi.

-Ahí voy, Chelle.

Avisó.

Se deslizó y disfruto todo el trayecto antes de que yo lo parara. Se puso de pie y rió cuando notó mi expresión de enfado.

-Presumido.

Murmuré, pero terminé uniéndome a sus carcajadas.

Mas tarde nos dirigimos al arenero. Usábamos agua de los bebederos para humedecer la arena y poder crear castillos, pero no teníamos mucho tiempo (según marcaba el reloj en una falsa torre del parque) antes de que dieran las cinco. Eso significaba que Justin debía alejarse.

-Me tengo que ir. Seguro que mi papá está llegando.

Anunció, observando las agujas que marcaban la hora.

Él no dejaba que me acercara cuando su padre venía a buscarlo. Por alguna razón no quería que me conociera y eso me dolía porque él ya había conocido a mi abuela, quien me llevaba allí.

-Bien.

Contesté, aunque no pude reprimir un bufido.

Cuando lo escuchó, agregó:

-Él no puede verte, pero eso no quiere decir que no seamos los mejores amigos.

Sonrió y, por inercia, yo también lo hice.

-Juntos en el norte y en el sur...

Empecé a hablar.

-...de día y de noche...

Él siguió.

-...hasta que el mundo explote.

Culminamos los dos al unisono.


Me desperté de repente. El color blanco predominaba en la habitación que me encontraba y eso lastimaba mis sensibles corneas. Fue suficiente un rápido vistazo alrededor para enterarme que estaba en algún centro medico. Divisé a mis padres sentados junto a mi cama. Ambos en silencio y con rostros demacrados por la tristeza. Esa escena solo me trajo ganas de volver a sumirme en la inconsciencia, entonces así lo hice.


-¡Michelle!

Frené el columpio cuando oí que me llamaban.

Entre los arboles había un señor haciendo señas en mi dirección para que me aproximara. Eché un vistazo a mi abuela, ella estaba concentrada en el gorro que tejía. Volví mi cabeza al hombre que seguía sonriendo hacia mi.

-Soy el padre de Justin.

Dijo.

Eso hizo que me acercara a él de inmediato. Justin no se había presentado en el parque ese día y me había preocupado. Tal vez estaba enfermo de algo grave y por eso su padre estaba haciendo todo lo posible por no llamar la atención.

-Soy Jeremy.

Se presentó, estirando una mano que yo tomé para estrechar, haciendo que su sonrisa se ensanchara.

Sé que mi amigo no quería que me relacionara con su Jeremy, pero estaba preocupada por él y, ademas, ese señor no parecía un mal hombre.

-Justin se sentía un poco mal hoy.

Explicó, confirmando mis temores.

-¿Qué le ocurre?

Pregunté preocupada.

-Nada serio, pero necesita descansar. Se sintió muy mal por no poder venir a jugar contigo.

Asentí. Al menos no era nada alarmante.

-¿Quisieras visitarlo?

Me ofreció.

-Tengo que preguntarle a mi abuela.

Dije.

Cuando estuve por girar para pedir permiso a mi responsable, sentí que Jeremy tiraba de mi mano hacia el lado contrario. No me había percatado de que aun la sostenía.

-Jeremy, mi abu está en el parque.

Avisé cuando nos alejamos del mismo.

-No vamos a ir muy lejos.

Su tono me dio tranquilidad, aun cuando no aflojaba el agarre de mi muñeca.

Tenía razón. No caminamos mucho antes de llegar a su casa. Me hizo pasar a mi primero, cerrando la entrada con llave detrás de él.

-Justin está por aquí.

Me guió por otra puerta que encerraba unas escaleras.

Mientras las bajaba, supe que se trataba del sótano. Odiaba los sótanos y no entendía porqué Justin estaba allí si se encontraba enfermo, pero ese estaba inusualmente iluminado y bien cuidado. Bajé el ultimo peldaño y me quedé sorprendida al divisar un escenario rodeado de cámaras.

-¡Justin!

Jeremy llamó, y la emoción de verlo se apoderó de mi pecho.

Extrañamente mi amigo llegó desde el piso de arriba. Bajó las escaleras con lentitud.

-¿Qué?

Preguntó una vez que llegó.

Él no se veía para nada en mal estado, pero cuando se percató de mi presencia, eso cambió: la sorpresa agrandó sus ojos que también se anegaron en lagrimas.

-¡No! ¡Lo prometiste!

Gritó, corriendo hacia su padre y golpeando el estomago de este con sus puños reiteradas veces.

Me sorprendí de su reacción, no quería verlo así y atiné a ayudarlo pero antes de que dijera algo, su padre habló:

-¡Cálmate, mocoso! Pensé que te gustaría quedarte para mirar esta...

-¡No! ¡Chelle!

Mi amigo trató de dirigirse a mi pero su padre lo detuvo.

-Pero está bien si no quieres.

Terminó Jeremy y su rostro ya no me inspiraba la confianza anterior.

Grité cuando levantó a su hijo del suelo y lo arrastró hacia un armario, donde lo encerró. Escuché que mi mejor amigo gritaba y le pegaba a la puerta mientras su padre se giraba y me sonreía.

No me gustó esa sonrisa.


Tuve un momento de lucidez en el cual abrí los ojos y grité. Un par de enfermeras se acercaron a mi e inyectaron algo en el suero conectado a mi brazo. Ese liquido me sumió de nuevo en un sueño.


Yo seguía llorando en el piso. No me había gustado la película fea que Jeremy había hecho sobre mi, ni mucho menos la recompensa que me dio por ella.

Debido al miedo, mis sollozos eran silenciosos, así que pude escuchar algo de la conversación telefónica que ese hombre estaba teniendo:

-Me arriesgué con esta. Conoce a mi hijo, podría reconocerme. Necesito que te la lleves.

Espetó.

No entendía de lo que hablaba, solo reconocía que el sol se había escondido y quería irme a casa.

Me sobresalté cuando alguien llegó a mi lado, pero me alegró no haber emitido sonido porque al final se trataba de Justin. Sus ojos estaban rojos e hinchados, supuse que había llorado como yo. Llevó un dedo a sus labios, indicándome que haga silencio. Asentí temblorosa, mirando a Jeremy quien estaba de espaldas a nosotros. Me ofreció su mano y yo dudé. No quería tocarlo. No quería que me tocara. Nadie. Nunca más.

Pero él era mi mejor amigo y yo todavía confiaba en él.

Finalmente la tomé y me guió hacia la entrada.

-Te llevaré a casa.

Me prometió, con la voz quebrada.

Desbloqueó de forma experta la puerta que su padre había cerrado. Apenas estuvimos en el patio, empezamos a correr.


Bieber is Back - Tatiana Romina

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