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Dave y yo estábamos frente a la computadora, en la página de West Spring, para estar al tanto de las ultimas novedades de la inscripción.
-¿Te lo regaló tu chico misterioso?
Curioseó Dave, cuando llevé mi mano al teclado y vio mi anillo.
-Si.
Me limité a responder, para cambiar rápido de tema:
-¿Qué tal las cosas con Isabella?
Él siseó, como lo hacía siempre que buscaba en su mente palabras con las que explicar algo complicado.
-Ni ella ni yo somos los mismos.
Contestó al fin.
-¿Ya no es la chica que tanto te gustaba?
Inquirí.
-Y yo ya no soy el chico de sus sueños.
Confesó.
-Entonces ¿las cosas van a estar tensas en la fiesta?
Aventuré.
Mi mejor amigo pareció animarse ante la mención del encuentro.
-Para nada. Bruce, Chad y Ana también estarán allí. Espero que no nos separen por armar lio esta vez.
Comentó divertido.
-Esos días quedaron atrás.
Reí.
Imprimimos la planilla de información y luego él se fue a su casa para estar con su madre mientras yo me preparaba para irme a la casa de mi novio.
Una hora después, saludé a mis padres, con quienes he tenido una mejor relación las ultimas semanas que en toda mi vida, y salí a la calle. Caminé tres cuadras para encontrarme con Justin montado en su motocicleta, usando su celular. Me vio, sonrió instantáneamente y guardo el aparato en su bolsillo sin siquiera bloquearlo.
-Hola amor.
Saludó cuando llegué a su lado.
Puso su brazo derecho alrededor de mi cintura para atraerme a él y besar mis labios con exquisita lentitud. Cuando nos separamos, ambos estábamos sonriendo.
Me subí detrás de él al vehículo y arrancó. Llegamos a su casa quince minutos después y me dispuse a preparar la merienda mientras se bañaba. Tanto los panqueques como el café estuvieron listos cinco minutos después de que él saliera de la ducha con su pelo mojado y desordenado.
Me senté a la mesada frente a mi novio, pero se movió de inmediato y se sentó a mi lado. Me rodeó con un brazo y besó mi cabeza antes de empezar a comer.
Compartimos la merienda charlando con ánimo.
-Te hice un juego de llaves para que puedas venir cuando quieras.
Avisó Justin, apilando los platos de los panqueques cuando terminamos.
-Oh ¡Gracias!
Soné confundida, pero me alegraba el hecho de que él quisiera compartir algo tan importante conmigo.
Levantamos lo que ensuciamos y lo lavé mientras él secaba.
-Mañana Dave y yo iremos a una fiesta.
Comenté.
-¿En donde?
Su tono casual sonó forzado así que aclaré:
-Es una reunión de viejos compañeros de clase de Driven en realidad.
-Voy a adjudicar el hecho de que no me invitaron solo porque no llegué a graduarme con ustedes.
Dijo con diversión.
Me sorprendí. Esos días estaba tan lejos, incluso olvidé que él había ido con nosotros al curso.
-O quizás es porque nadie sabe que has vuelto.
Repuse.
-Eso es cierto.
Estuvo de acuerdo, mientras pasaba el trapo sobre el ultimo vaso limpio.
Me acerqué a limpiar un poco la mesada y, esta vez sí, Justin se posicionó frente a mi.
-De todas formas ¿eso no es algo que haces a los cuarenta años?
Bromeó, haciéndome reír.
-Es lo mismo que yo pensé. Pero al parecer todos están melancólicos. Aunque yo también estoy emocionada por encontrarme con mis antiguos amigos.
Mi novio hizo rodar sus ojos, pero sus labios se encontraban sonrientes.
-Mejores amigos por siempre.
Se burló.
-"Juntos en el Norte y en el Sur, de día y de noche, hasta que el mundo explote"
Solté.
El cuerpo de Justin se tensó por completo. Sus dedos se clavaron en la mesa y pude notar que contuvo la respiración porque se quedó totalmente quieto. Con lentitud levanto la cabeza hacia mi y me miró directamente, sus ojos estaban llenos de algo parecido a la desesperación.
-¿Qué?
Su pregunta fue una exhalación.
-¿Qué sucede?
Pregunté preocupada.
Su rostro se oscureció.
-¿De donde mierda sacaste esa maldita frase?
Su tono fue tan duro que, por primera vez en mucho tiempo, recordé nuestras situaciones pasadas.
Busqué en mi mente con rapidez la fuente de esa oración para excusarme y evitar una escena, pero nada vino a mi. Simplemente escapó de mi boca.
-De la televisión creo.
Su mirada se volvió fría.
-No me mientas.
Advirtió.
-Es que no lo sé...
Golpeó la mesada con su puño haciendo que me sobresaltara. De inmediato me alejé dos pasos.
-¿Qué está mal contigo?
Espeté.
-Cierra la puta boca, ahora.
Gritó muy fuerte, apuntándome con su dedo.
-¿Qué carajo, Justin?
Le devolví el grito.
Se apresuró al baño y golpeó la pared en su camino antes de pegar portazo detrás de él.
La situación cargaba con mas tensión de la que podía soportar. Tomé mis cosas y corrí hacía afuera, actuando con la poca consciencia que la confusión me dejaba. Seguí corriendo un par de cuadras hasta llegar a la calle mas transitada y paré un taxi. Me subí, indicándole mi dirección mientras trataba de calmar mi respiración. Podía sentir como un ataque empezaba a encerrar mi pecho.
Minutos después todo se volvió negro.
Bieber is Back - Tatiana Romina
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