26} Color
Sostenía mi mochila mientras caminaba por los pasillos de la secundaria, yendo apresurada a mi próxima clase. Justin apareció a mi lado, avanzando incluso mas rápido que yo. Me giré sonriendo para saludarlo pero su ceño fruncido en señal de enojo me detuvo.
-Te vieron caminando sola anoche.
Su voz sonaba muy seria.
-Volvía de la casa de Ana, hemos estado terminando algunas tareas y platicando un poco.
Expliqué para tranquilizarlo.
-¿No pudiste pedir un taxi?
Cuestionó.
-Solo son pocas cuadras hasta mi casa...
-Y eso me importa una mierda, solamente tenías que parar un maldito taxi.
Me interrumpió.
Su determinación por regañarme me irritó.
-Cálmate. Nada pasó.
Espeté de mala gana.
Pasó su brazo por mis hombros y me guió con él a un aula vacía. Cerró la puerta detrás de nosotros y me miró, todavía ceñudo.
-Por suerte nada pasó. Pero podría haber pasado. Chelle, eres difícil de cuidar.
-¡Tu no quieres cuidarme! Quieres controlarme. Déjalo, no eres mi dueño.
Mi voz se elevó en contra de mi voluntad.
Después de eso, no puedo recordar mucho de lo que dijimos, porque los gritos de uno ahogaban los del otro. Pero en un momento guarde silencio para escucharlo expresar:
-¡Lo hago todo por ti! Y a ti te vale mierda, maldita tonta, solo trato de darte lo mejor.
Dejé caer mi mochila al suelo y lo empuje con todas mis fuerzas en su pecho.
Él se movió hacia atrás por el impacto pero me tomó de los brazos rápidamente.
-Eres un imbécil Justin Bieber.
-Cálmate y cierra la boca.
Me ordenó.
Por el fuerte apretón que me daba supe que se estaba conteniendo de sacudirme. Estábamos tan sumidos en nuestro caos que no nos habíamos dado cuenta que habían entrado varias personas hasta que un profesor nos separó.
Mas tarde, estaba sentada en la sala de espera de la dirección. Justin igual, pero en el extremo opuesto.Había dicho mi nombre muchas veces, como un llamando suplicante, y la culpa estrangulando su garganta, pero la secretaria del lugar lo mandaba a callar.
Mi padre salió del despacho del director y, como nunca, se veía furioso. Caminó decidido hasta Justin y se agachó frente a él para quedar a su altura.
-Me cansé de ti. Si te vuelvo a ver cerca de mi hija, un solo metro alrededor de ella, te juro que vas a arrepentirte toda tu vida.
Después de esa amenaza hacia su persona, Justin solo se quedó quieto, con su mirada perdida.
Mi padre me rodeó con su brazo y caminó conmigo afuera. Me giré antes de salir para ver a mi novio escondiendo su cara entre sus manos.
Una vez en el auto, mi papa suspiró, mirándome con decepción.
-No sé como ustedes dos pueden vivir así.
Este recuerdo me llega ahora porque esa ultima frase fue la misma que mi padre nos dijo hoy en la mañana a Dave y a mí, cuando nos dejó en la puerta de nuestro trabajo de medio tiempo en la biblioteca. Pero, al contrario, su tono no fue sombrío, si no mas bien divertido, ya que se refería a la provisión de dulces que mi mejor amigo y yo teníamos escondidos en la mochila y que habíamos sacado a hurtadillas del frasco de caramelos de mamá. Ella nos descubrió y nos dio un sermón sobre comer esas porquerías como desayuno, pero la escuché reír mientras nos íbamos.
Mis progenitores estaban felices con mi nuevo y alegre comportamiento, aunque no creo que estuvieran tan contentos si supieran el motivo de este. Si, hablo de Justin Bieber y de nuestra relación. Tan linda como clandestina.
Y, hablando de él, no sé dónde quedó el Justin de ese recuerdo, que ahora ronda mi mente como si fuera algo que en realidad no viví, si no que vi en una película. Enserio, no sé donde se encuentra ese chico, porque el que está ahora frente a mí, poniendo azúcar en su té mientras me habla de su día en el trabajo, no es nada parecido a él.
-¿Qué tal te fue a ti en la biblioteca?
Me preguntó, antes de sorber la infusión, al fin contento con su sabor.
-Muy bien. Hoy vino una mujer a preguntarme que tipo de libros le gustaría a su hija de quince años. Es genial aconsejar a la gente sobre libros, cuando ellos te apasionan tanto. Creo que es el mejor trabajo del mundo.
Relaté.
Él me miró con una sonrisa complacida.
-Cuando te veo tan feliz, no puedo evitar serlo yo también.
Comentó.
-O quizás solo estés feliz porque preparé Scones.
Repuse divertida.
Él fingió un suspiro, tomó un Scon del plato y me dijo:
-Chelle, tu me conoces.
Nos reímos antes de que le diera un bocado a la galleta. Cuando tragó, continuó hablando:
-¿Y convenciste a Dave de que al fin pusiera esos libros que odiaba en los estantes?
Preguntó.
Parpadeé varias veces por la confusión.
-Lo llamaste Dave. Nunca lo llamaste así. Siempre fue el tono despectivo para decir "tu amigo" o el tono enojado para llamarlo "David".
Observé con sorpresa.
-Bueno, él prácticamente se llama Dave. Nadie le dice David. Es como tú. Eres Michi para todo el mundo.
Explicó con indiferencia, aunque vi la sonrisa de satisfacción en su cara antes de que bebiera mas té.
-Excepto para ti. Para ti soy Chelle.
Bromeé.
-Para mí eres el sol que brilla en mi mundo.
Soltó, ahora sí como si nada.
Algunos chicos se esforzaban tanto por encontrar algo lindo que decir y el tono correcto en el cual emplearlo. Justin simplemente lo largaba, como si no se tratara de algo que me hacía temblar de ternura. Eso solamente me daba la pauta de que era totalmente sincero.
Me quedé en su casa una hora mas antes de partir hacia la mía. Había quedado en cenar con Dave en algún restaurante de Driven. Llevábamos una semana allí y habíamos explotado nuestro tiempo al máximo. Hasta donde van, estas son las mejores vacaciones de verano que he tenido.
Cuando el sol se estaba escondiendo, mi mejor amigo y yo llegamos al lugar de comidas y elegimos una mesa con sillones. Nos sentamos uno frente al otro, disfrutando de nuestros largos y cómodos asientos.
-¿Querrás alguna de estas bebidas?
Le señalé la sección de alcohol en la carta y él hizo una mueca de asco antes de apartar mi mano.
-No juegues conmigo. Todavía estoy avergonzado.
-Yo también lo estaría en tu lugar.
Lo molesté.
-Solo cállate y pide algo que no sea chatarra.
Ordenamos carne asada y ensalada de vegetales. Mientras esperábamos nuestra comida, él empezó una interesante charla:
-Así que ¿Dónde te vas cuando desapareces?
Inquirió.
-¿Ah?
Fue mi respuesta.
-Sueles desaparecer algunas tardes. Me gustaría saber a donde vas. Sabes que no intento meterme, pero me da curiosidad tu actitud.
Me sonrió.
Miré detenidamente a mi acompañante. Él no se veía preocupado, o receloso, si no que en realidad me lo preguntaba como algo trivial. Confiando en mi.
Después de esta observación, decidí ser sincera:
-Estoy viendo a un chico.
Confesé.
La exagerada expresión de sorpresa en su cara me hizo reír.
-Michi ¡Cielos! Estas hecha una rompe corazones.
Rió.
-¿Quién es? ¿Lo conozco?
Interrogó.
Me encogí de hombros.
-Voy a decirte todo pronto, pero por ahora, tienes que saber que soy feliz.
Respondí.
Él me sonrió, como lo había hecho Justin horas mas tarde, con complacencia.
-No hay nada mejor que verte feliz.Pero no creas que dejaré pasar mas tiempo sin que me des detalles.
Dijo.
-Entonces ¿Qué hay de Isabella y tu plan de conquistarla de nuevo?
Pregunté interesada.
Isabella fue su novia durante la mayor parte de la secundaria, y, este verano, cuando volvimos a ver a nuestros viejos amigos y ellos se reencontraron, sus sentimientos por ella nacieron otra vez.
-Marcha todo de maravilla.
Canturreó.
-¡Dime mas!
Pedí, sonriendo.
-No, hasta que no me digas mas tú sobre el chico misterioso que le está dando tanto color a tu vida.
Me peleó.
Rodeé los ojos, mascullando un "como sea" y volví a sonreír para extender mis brazos y exclamar:
-¡Esto merece una ronda de tequila!
Él miró ceñudo y me señaló con acusación.
-Déjalo ya.
Bieber is Back - Tatteana Pedernera
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