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Capítulo 43

Mullido, caliente, cómodo y acogedor... Jungkook abrió sus ojos para encontrarse con el cuerpo del lobo blanco rodeándolo en aquella cama. Su respirar era calmo, como si en las últimas semanas no hubiesen atravesado un Apocalipsis en sus vidas. Era agradable verlo así, finalmente dormido después de pasarse horas lamiendo su cuerpo que no tenía más heridas externas y se encontraba limpiando toda aquella droga de su sistema.

Exhaló, sonrió e hizo ademán de moverse cuando las orejas del lobo se movieron, sus ojos se abrieron y elevó la cabeza rápidamente para olisquearlo, asegurándose de que estuviera bien. La sonrisa de Jungkook solamente se amplió más, estirando su mano para acariciarlo, jugar con sus orejas y permitirle volver a lamerlo.

— Estoy bien, solamente quería ir al baño. Me gustaría poder darte un beso, si fueras tan amable de regresar a tu forma humana, yo te lo agradecería muchísimo. — Se levantó para ir al baño, escuchando detrás de él las patas del animar golpear el suelo, y pronto las suaves pisadas de Taehyung descalzo reemplazarlas. — Bueno, tampoco dije que necesitaba que me acompañaras al baño.

— Quiero hacerlo, después de un siglo puedo tenerte así, cerquita de mí. — Rebatió aferrándose a su cuerpo por detrás. — ¿Cómo te sientes?

— ¿Bien? Estoy hambriento, me duele un poco la cabeza y todavía me siento cansado pero estoy bien. — Asintiendo sobre su hombro, el castaño le dio un beso en su cuello, caminó hacia la habitación, regresó con unas pastillas y un vaso de agua que le entregó sin tener que explicarle que se las tomara.

— Odio los medicamentos.

— También yo pero son necesarios. — Tomó el vaso vacío, dejándolo sobre el lavamanos en vez de sacarlo.

Aprovechando que ya estaba desnudo, abrió la ducha y entró en ella haciéndole una tácita invitación para que se le uniera, una que fue cordialmente aceptada. No hicieron mucho, ni siquiera hablaron más de escuetas palabras. Tenían que hacerlo en algún momento, tenían mucho sobre lo que discutir, pero lo harían cuando avanzara el día. Dilatar las cosas no era una buena opción, no lo iban a hacer, solo deseaban un par de horas tranquilos.

Se bañaron mutuamente intentando limpiar cualquier rastro de impureza que personas ajenas a su relación hubiesen dejado. Hubo tímidas sonrisas, sencillos besos y extrema comodidad pese al leve nerviosismo oculto en rostros apacibles. Jungkook se vistió con algunas ropas del menor y juntos bajaron al comedor para desayunar, encontrándose con era costumbre con un Jimin que madrugaba para ultimar cualquier detalle.

— Peinamos la zona, no quedaban siquiera los cuerpos de los que matamos, alguien se encargó de limpiar todo. — Informó el pelirrojo mirándolos con cautela.

— ¿Fueron a la fábrica de las coordenadas que les di? — El omega volvió a asentir mostrándole un video. — Mandé a que sacaran absolutamente todo y le dieran candela a ese lugar.

— Ahí tampoco quedaba absolutamente nada, excepto apenas en las paredes y algunas camas viejas. Ni siquiera gotas de sangre se detectaron.

— Se movieron bien rápido en cuanto me escapé, supusieron seguramente que yo iba a ir a ese lugar para buscar información y limpiaron todo. Lezle al parecer sabe cómo hacerlo.— Imágenes de él siendo cabalgado por un cuerpo sin rostro y gemidos guturales bastante obscenos legaron a un Jungkook que cerró sus ojos agitando la cabeza para alejar esos recuerdos ahora mismo. Quería ver la cara de Lezle, recordarla, pero nada era nítido. — Supongo que las cámaras tampoco arrojaron resultados. — Dijo para sí mismo pensativo... — Dile a Namjoon que me envíe el informe de Taeyong, con una actualización fotográfica de todas las personas con las que ha hablado o ha sido visto, así sea un pordiosero.

— Dile mejor que se lo traiga personalmente en la tarde. — Intervino Taehyung viendo las miradas que le daban ambos. — Él ahora va a comer correctamente y después me acompañará a un lugar. Será mejor que analice toda la información cuando esté descansando más tarde.

— Mul, yo no puedo descansar en estos momentos, no podemos. Además... — Suspiró cerrando sus ojos. — No quiero descansar, cada minuto que pasa es una ventaja para Lezle.

— Es un maldito licántropo como todos nosotros, no puede ser que una única persona nos tenga a todos en jaque y moviéndonos como trompos alrededor de la zona que quiere. — Espetó Taehyung molesto. — Solo hay que matarlo, cortamos de raíz todo mal.

— El problema es que puede ser un único licántropo, pero no se mueve solo. Por años ha estado siempre respaldado, desde su primer ataque a su propia familia donde murieron sus padres. Para resurgir y llegar a donde está no lo ha hecho solo. Esos negocios ilícitos que maneja, el tráfico, la producción de drogas y demás, todo eso le da socios, aliados.

El theta rodó los ojos fastidiados apartándole la mirada, encontrándose por momentos con la de Jimin mientras luchaba con la molestia e impotencia en su interior.

— Contactos, dinero e información como la que él maneja es igual a poder, uno desmesurado que no se puede enfrentar a la ligera. Para ello tenemos que prepararnos, quizás hemos tardado un poco más, mas cuando finalmente lo atrapemos, será para ir directamente a su yugular. Prefiero ir seguro porque no voy a permitir que nos siga dañando y quebrando de ese modo.

Olvidando la presencia del pelirrojo en la cocina que comenzaba a moverse para prepararles algo de comer, Jungkook estiró su mano para atraerlo por la cintura y cuello hasta unir sus frentes. El castaño relamió y mordió su labio inferior luchando contra las horribles ganas de llorar persistentes en su pecho. Le parecía tan injusto que una única persona causara tanto estrago por tantos años y vagara impune.

Que la Diosa Luna lo perdonara por sus pensamientos, pero creía que después de todo lo que hizo perder su hijo fue poco castigo para él. Todo lo malo que pasó en su vida le parecía poco, un castigo adelantado por lo que haría en el futuro.

— Lo atacaremos, yo te prometo amor que acabaremos con él, pero no podemos ser impulsivos porque eso nos hace negligentes y la negligencia causa caos irreparable, errores que cuestan pagarlos. Si alguno de ustedes les sucede algo, si a ti... — Su voz se quebró cerrando una vez más sus ojos, empuñando con fuerza su mano. — Si a ti te llega a ocurrir algo, no sé cómo podré superarlo o en lo que me convertiré para lograrlo.

— No me ocurrirá nada. — Afirmó aferrándose a los antebrazos contrarios.

— Vayamos con menor velocidad, precisos y sin cometer errores, desmantelándolo paso por paso. ¿De acuerdo? — El menor guardó silencio. — Taehyung, por favor.

— De acuerdo, lentos, pero aplastantes.

— Exactamente, ese es mi Theta. — Murmuró sonriendo, plantando un beso en los contrarios labios cubiertos de lágrimas. — Comamos algo.

El pelirrojo que había desaparecido para darles privacidad regresó junto a la otra pareja que había despertado, terminando de poner la mesa con ayuda de Hoseok para sentarse todos juntos a comer. Procuraron hablar de los temas más triviales durante todo el desayuno, una tarea difícil y esto causó que prácticamente se mantuvieran callados, utilizando sus bocas solo para comer.

Aunque era lo que más deseaba, volar por la carretera junto a Jungkook, para el destino escogido Taehyung no podía trasladarse en un auto de tres millones de dólares que a cada metro recorrido decía vistas a mí como aquel Bugatti Chiron que recibió de regalo. Sería un gran foco y en ese momento no era lo quería. Tomando un vehículo bastante discreto, ambos salieron de la mansión Mul.

La vista del alfa se perdía en la carretera, como si por momentos solo su cuerpo estuviese ahí, solo el olor de la angustia de su pareja lo hizo reaccionar, llevando su mano a la mano contraria que descansaba sobre el muslo de Taehyung. Fue agradable notar el cambio de su aroma. Entrelazando sus dedos para ofrecerle calma, junto a una leve sonrisa, Jungkook volvió a perder su mirada en el camino, hablando esta vez sobre los paisajes y demás temas banales que los hicieron sentir cómodos.

— Creo que es la primera vez en mi vida que hago este tipo de viajes. Ni siquiera con mis hijos he podido hacer un abierto viaje de familia. — Musitó repentinamente rompiendo el silencio. — No sé a dónde me llevas, pero se siente ver ir a algún lado sin que tenga que ser alguna obligación o trabajo. Creo que mi más relajado viaje ha sido los poco que he hecho de mi casa a la tuya. — Se carcajeó negando. — Ni siquiera cuando era niño, tenía que estar entrenándome, solo el domingo era mi día libre y ni siquiera el omega que me dio a luz tenía la autorización de mi padre para llevarme a algún paseo como cualquier niño. A veces me preguntó de qué sirvió todo eso.

— Ni un superhéroe podría estar toda una vida sin ser derrotado, tú mismo me lo dijiste, debemos estar siempre preparados para caer y fallar en algún momento porque no somos invencibles. — Con su cabeza apoyada en el asiento volteó a verlo. — No sé si yo hubiera podido hacer lo que hiciste pese a todo. Escapaste vivo de allí hasta mitad del camino, el otro me tocó recorrerlo a mí porque como también me dijiste, para eso estamos los dos. No tenemos que hacer todo solos, vamos parejo, yo cubro una mitad...

— Y yo cubro la otra. — Terminó la frase sonriendo y así encontré. — Dos para hacer uno. — El castaño sonríe junto a él, aprovechando la luz roja para inclinarse rápidamente a darle un beso en la mejilla.— La vista al frente, concéntrate.

— No empieces a regañarme. Quédate un poco más en ese estado tranquilo para poder consentirte mucho, te ves tierno así.

— Deja de aprovecharte de mí, Kim. Todavía estoy esperando que me devuelvas mi auto.

— ¿Auto? ¿Cuál auto? Lo siento, no lo recuerdo. — Negó inclinándose para poner música a todo volumen logrando que el pelinegro se carcajeara.

Todo el trayecto duró aproximadamente una hora, tal vez un poco más dado que Taehyung se desvió varias veces para alargar el paseo al notar que el pelinegro estaba una vez más disfrutando de su compañía y ese momento. Le parecía aún un sueño volver a estar juntos a pesar de los últimos sucesos en donde temió que jamás volverían a ser pareja.

Todavía procesaba todo aquello que lo abatió cuando se encontró con su destinado, como su mente se oscureció y la batalla que tuvo que librar consigo mismo cuando Jungkook apareció. La forma en que su corazón se desgarró al verlo, el absurdo sentimiento de protección que lo embargó hacia el alfa que hasta ese entonces era desconocido.

Comprendía que era algo normal hasta cierto punto, el propio Bul se interpuso en su camino aquella vez que se apareció en su casa cuando ni siquiera tenían algo o el día en que finalmente vio a su omega. La gran diferencia radicaba en que, pese a interponerse para que no dañara a Seokjin, este en ningún momento lo atacó a él, algo que no podía decirse de sí mismo que se abalanzó para herirlo en ese momento.

Seguía sintiéndose culpable por eso y esperaba que en un futuro ese horrible sentimiento desapareciera sin llenarlo de culpa, aprender a vivir con esos errores que, aunque Jungkook se los perdonaba, él mismo no lograba perdonarse.

Estacionando en un lugar escondido entre árboles en una zona abandonada, el castaño suspiró zafando el cinturón de seguridad. Cuando se dispuso a descender, una mano agarró su brazo y otra lo atrajo a un beso que disipó todos sus pensamientos con solo un roce.

— Comprendo cómo te sientes, he estado ahí con equivocaciones diferentes, pero con el mismo dolor de haber lastimado a la persona que amo. Ese sentimiento de culpa, quiero que lo conviertas en aceptación y una enseñanza. — Musitó el pelinegro sobre sus labios, mirándolo a sus ojos pese a la corta distancia. — Si nos quedamos pensando en quién tiene la culpa y cuál es mayor, al final saldrá siempre una culpa nueva que se comerá a la otra hasta llegar al punto en donde todo se derrumbe por ese peso de culpa perenne.

— ¿Qué hago con este sentimiento de culpa entonces?

— Compártelo conmigo. Ese sentimiento de culpa que con cierto masoquismo hace que te consideres como único responsable de lo acontecido, compártelo conmigo para que disminuya y juntos hacer que desaparezca o se transforme en una buena enseñanza. Ambos hemos entrado en un terreno de arena movediza que amenaza con tragarnos constantemente, nos toca a nosotros aprender de esto y alejarnos de esas zonas peligrosas. Ya la aceptaste, sabes qué fue lo que no debió ocurrir, ahora utiliza eso para crecerte y seguir convirtiéndote en una mejor versión tuya.

— Esa lengua tuya no solo es buena para llenarme de caricias besos y orgasmos, siempre tienes las palabras exactas para mí. — Respondió con una sonrisa que contagió al mayor.

— Bueno, no voy a negar que es una lengua multifacética que se adapta a todo lo que se necesite. — Rio uniendo una vez más sus labios.

— Mejor salgamos de aquí.

Jungkook en un principio no entendió el motivo de los cuidados excesivos del contrario para caminar, cosa que quedó olvidada en cuanto divisó el mar. Se quitaron sus zapatos simultáneamente y tomando la mano que el theta le ofreció, adentraron sus pies en la arena fría, pero que cuidadosamente acariciaba sus pieles.

Avanzaron calmos, algunas risas salieron cuando el pelinegro envolvió en sus brazos al contrario y lo cargó desde atrás, lanzándole en el aire para voltearlo y agarrarlo, asustando a un Taehyung que después del corto grito le gruñó y pegó tanto que ambos cayeron sobre la arena sofocando las carcajadas con otros golpes y besos.

— Eres un poco imbécil a veces. — Protestó Taehyung sacudiéndose la arena.

— Vaya, que rápido te retractas de tus palabras. Hace un rato dijiste que querías consentirme y ahora me ofendes. Creo que me siento timado, ofendido... — Sus mejillas fueron apresadas con fuerza por las manos del theta que le plantó un beso para callarte.

— Puedo mimarte y consentirte, aunque eso no borre el hecho de que puedes llegar a ser un gran imbécil. — Jungkook sonrió queriendo alejarse de su agarre, pero el menor solo lo apretaba más abultando sus labios, jugando con ellos. — Esa boquita que necesito tan bella y tierna, me gusta.

— Suéltame antes de que te arranque tus dedos de una mordida. — Se quejó rodando sus ojos frente al castaño que se negaba a dejar de jugar con sus mejillas. — ¿No piensas respetarme?

— Claro que te respeto, pero me gusta molestarte. — Depositó un último beso en sus labios abultados y lo soltó. En ese preciso instante en que se alejaba, Jungkook tiró de una de sus manos para regresarlo al mismo sitio, pasando a aguantar ambas muñecas con una mano mientras con la otra lo abrazaba e inclinaba para besarlo, lánguida y dulcemente.

De sus labios pasó a su mandíbula, de ahí a su cuello hasta llegar justo donde tenía su marca, esa que permanecía enviándole por todo su cuerpo el veneno que los lobos liberaban para impregnar a sus parejas. Así podían mezclar sus genéticas a través de esa saliva especial que su sistema no atacaba. Era la única zona del cuello que no rechazaba esas células ajenas y permitía el continuo flujo hacia los ganglios linfáticos que, cuando era removida rompía ese lazo que a tantas parejas unía.

Todo el cuerpo de Taehyung se erizó y tembló cuando su lengua repasó su marca, cuando sus dientes lo arañaron con suavidad. Por instinto y deseo propio, inclinó más su cabeza, entregándole su cuello, ese que fue besado y lamido durante casi un minuto.

— ¿Qué es este lugar? — Preguntó Jungkook cuando tomó asiento debajo de un árbol sin hojas en donde el contrario se sentó. — Es hermoso, la vista es maravillosa, tranquilas, casi mágico.

— Lo es, este es mi lugar secreto y mágico. — Dejándose caer en la arena, apoyó su cabeza en el regazo del pelinegro que comenzaba a acariciar sus cabellos. Este sitio nos pertenece a mi madre y a mí, guarda las mejores memorias, mi lugar de sanación. Eres la primera persona que traigo aquí, Jimin lo conoce porque de niño mi mamá nos trajo varias veces, en ocasiones me sigue cuando vengo para escapar de todo, mas nunca he querido a nadie en este lugar.

Taehyung parecía necesitar hablar, por eso no lo interrumpió y dejó que continuara mientras él se limitaba a escucharlo, acariciar su cabeza y por momentos estudiar todo su alrededor.

— Jamás quise ser el líder de mi manada, fue un cargo que me tocó aceptar. Tampoco esperé que mi vida fuera tan publicara y existieran tantas cosas ligadas a mí desde hace tantos años. Quería una vida tranquila, no sabía que solo por ser hijo de quien soy eso jamás fuera una opción. En mi primera rutina, me escogieron a Jimin, me molestó tanto que otros decidieran por nosotros sin preguntarnos lo que queríamos. No me molestaba Jimin, sino el resto, desde niño me gustaron los alfas, mi theta interior siempre se manifestó.

Rio elevando la mirada, viendo la tranquila sonrisa de Jungkook. Esa mirada, ese licántropo era su lugar seguro, Taehyung tenía ese sitio y él tenía a Taehyung. Él nunca tuvo un lugar especial, lo más parecido a un escape que tuvo fue aquel lugar a donde lo llevó para su primera rutina y que poco tiempo después fue demolido por su padre. No tenía lazos con ningún lugar, ni siquiera con su casa, su paz de cierta forma iba ligada al theta aunque este también fuera la causa por la que su vida tanto se agitaba muchas veces.

— Entonces ahí fue que te conocí, cuando huía de mi vida y destino. Cada vez que tomo una decisión, tú estás del otro extremo aunque no se planee. De alguna forma el destino sí ha jugado a nuestro favor muchas veces. Cuando nos reencontramos en el bosque, la vez que me atacaste por invadir tu territorio, yo venía de aquí. Le pedí a mi madre por mi futuro, para que me guiara el camino y ella me llevó a ti ese mismo día.

Los ojos de Taehyung se cristalizaron, pero no lloró, solo permaneció en aquel regazo mirando los ojos del hombre que amaba. Sin necesidad de vigilar su acción, llevó su mano al cerrado bolsillo de su pantalón y de este una pequeña envoltura roja con el símbolo de la manada Bul salió para ser depositada en la mano de un confundido Jungkook.

El castaño se incorporó y con la mirada lo instó para que lo abriera. Sonriendo nervioso, el alfa abrió aquella llamarada para encontrarse con un anillo de oro blanco y tres piedras de aguamarina. Una en su estado original resaltada en el medio y dos de menor tamaño ya tratadas de un azul más oscuro. En el interior estaban grabados los símbolos de sus manadas e iniciales.

— ¿Q-Qué...? — La pregunta llena de confusión y emoción de Jungkook se vio tronchada cuando el menor tomó una mano y guio la que sostenía el anillo a esta, haciendo que el propio Jungkook terminara de ponerse la joya que seguía mirando embobado.

Taehyung sonrió al ver que le quedaba perfecto, tomando su mano para besarla, besar el anillo y luego llevar esa mano a su propia mejilla para apoyarse en ella. El pelinegro solo relamía sus labios mirándolo, contemplando a ambas joyas, la que tenía la piedra y la de ojos azules con la que hacía contacto visual.

— La primera vez que lo dije no fue en el mejor momento, parecía un impulso alocado. Esta vez quiero hacerlo correctamente, no tienes que responderme ahora. Solo... Solo piénsalo, ¿de acuerdo? — El alfa asintió sintiendo el nudo en su pecho agrandarse. — Quiero que compartamos una vida juntos como compañeros, cómplices, amantes y esposos. Cásate conmigo, Alfa. Permíteme ser tu esposo aunque no lo merezca o sea el ideal. No quiero esperar el momento oportuno para estar juntos, no me volveré a arriesgar a un mañana, quiero el hoy contigo hasta que dejemos de cumplir años.

Jungkook rara vez le gustaba pensar en su padre omega, siempre se sentía triste y un poco culpable por no poder haber hecho más por él, pero en ese instante no podía apartarlo de su mente. Cuando le decía que no todas las parejas eran como las que él veía en su manada, que existía todo un mundo fuera que podía amar y hacerse feliz con solo mirar a esa persona, siendo ese el mayor lazo y vínculo de todos.

A veces creía que era una fantasía, otras una mentira, pero ahora confirmaba que era verdad. Él cambió muchas cosas cuando obtuvo el mando e incluso después de casarse con Seokjin. No obstante, esos cambios fueron para otros, sus grandes cambios vinieron con ese castaño que le estaba proponiendo matrimonio como él quiso hacerlo semanas atrás. Desde el primer encuentro hasta ese momento, no tuvo que convertir a Taehyung en su mundo, lo agregó al suyo, encontrando un balance perfecto. Algo tan compartido como sus sentimientos.

Su silencio estaba despertando incertidumbre en el contrario, temor y pudo olerlo, mas todo lo que hizo fue dejar de contener sus lágrimas. Maldito Theta con la habilidad de ponerlo de cabeza cada vez, de siempre sorprenderlo, incluso cuando no se lo propone.

Secó sus mejillas para atrapar las contrarias y besarlo, asintiendo relamiendo sus labios, cerrando esos ojos que se empeñaban en derramarse.

— Acepto, acepto que unamos nuestras vidas también en matrimonio, amor. — El castaño ensanchó sus ojos y se lanzó para abrazarlo. — Arena, arena en mi boca Tae. — El menor se separó disculpándose y él solo pudo reírse. — Ven a compartir esta arena conmigo, futuro esposo.

Espero que les haya gustado este capítulo. Un saludito para todos😘

(El anillo que Taehyung le entregó a Kook)

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