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.Capítulo 37. Final

|DARIEN|

¿Día complicado? —le pregunté en un susurro, tan cerca que sentía su perfume seduciéndome para tocarla. Ella estaba sentada en la cafetería del club donde asistía con sus amigas. Por alguna razón estaba sola y yo había huido de la presencia de mis amigos de aquella época.

¿Qué haces aquí? —preguntó tras sobresaltarse; sus grandes ojos ambarinos se posaron en mí con incredulidad.

Disculpa, ¿Nos conocemos? —bromeé, moviendo una silla y sentándome a su lado. Intentó verse desafectada pero era obvio que no comprendía que hacía allí; tras conocernos en Bahía Azul, ella creía que no me vería más, pero no pensaba dejar que eso ocurriese—. Soy Darien Amell ¿Y tú?

Habíamos hecho las paces para empezar de nuevo, y eso intentaría.

Ella se tardó un instante en reaccionar, aceptando la mano que le tendía. Me recorrió con su mirada astuta y luché para que mi sonrisa no fuese tan evidente.

Isobel Novak, pero puedes llamarme Izzie —me respondió ella, apretando su mano con firmeza con nuestras miradas sacando chispas; ella irradiaba desconfianza y análisis mientras que yo me veía burlón y tranquilo.

Lindo nombre —comenté relajándome un poco, sin quitar mis ojos de ella. EL vestido floreado y su pelo recogido le daban un aire desenfadado y juvenil que era irresistible para mí—. Conocí a una chica en el verano con un nombre similar, ella quería hacerme creer que no le agradaba pero en el fondo estaba cautivada —comenté.

Quizás simplemente no le agradabas, pareces alguien un tanto... intenso —dijo controlando la sonrisa que se le quería formar.

Si por intenso, te refieres a alguien que ama las aventuras, vivir la vida y tener nuevos objetivos para desafiar sus límites, entonces soy culpable. Condéneme señora jueza —exclamé con dramatismo sin importarme si mi volumen de voz llamaba la atención de las personas o me dejaban en ridículo.

Ella intentó callarme y solo lo logró cuando me consiguió una bebida.

¿Acaso no tienes vergüenza o miedo a nada? —preguntó indignada.

Claro que sí, le tengo miedo a la sangre, a los bebés que lloran y a enamorarme de ti —respondí con una sonrisa. Ella puso los ojos en blanco desestimando mis palabras creyéndolas puras burlas, sin saber lo reales que eran.

¿Y qué hace alguien como tú aquí? —preguntó ella, cambiando de tema y yo la miré ofendido.

¿Qué quieres decir con alguien como yo? ¿Eso es una ofensa? Creí que íbamos a arrancar con el pie derecho, Novak —me quejé y ella me dio una de sus miradas que me indicaban que debía callarme. Luego reconocería que me miraba así cuando estaba cansada de escucharme hablar tonterías y ser dramático sin razón alguna.

Te creí en un lugar mejor para alguien que vive en París, como tú —respondió, y ante mi inusual silencio, agregó— te aseguro que no es una ofensa, al contrario. Diría que perteneces a un sitio mejor que esto.

Hubo un breve silencio que fue el tiempo en que tardé en tomar parte de mi licuado. Ella me miraba tan intensamente que si mi cerebro actuara como es debido frente a chicas lindas, estaría sonrojándome o sintiéndome intimidado.

Vine con unos amigos pero me sentía extraño con ellos tras tanto tiempo —respondí volviéndome serio— y tengo que soportar personas interesadas en mi vida cuando nunca me escribieron ni saben la fecha de mi cumpleaños. Al parecer soy el mejor amigo de todo el mundo últimamente —agregué con una amarga sonrisa, queriendo controlar mi impotencia.

Me concentré en mi bebida, sintiendo la analítica mirada de Izzie sobre mí. El silencio se instaló un instante, y la miré para comprobar si acaso me miraba con sarcasmo o seriedad. No entendía por qué, pero algo en ella me inspiraba a querer tener su atención y aceptación.

A veces a las personas les gusta vivir a través de otros. Saber cuan buenas son sus vidas, aunque no todo sea real, para sentirse un poco parte de eso y pueden llegar a volverse hipócritas o envidiosos —me respondió—. No los culpes, algún día van a encontrar una vida con experiencias propias —sonrió suavemente con entendimiento.

Al ver su sonrisa hacia mí estuve a un paso de ahogarme con la bebida, y ahí me di cuenta que su belleza no provenía solo de su aspecto sino también de su inteligencia y la capacidad de comprender al otro.

Ella inspiraba confianza y seguridad.

¿Entonces, dices que debo aprovechar mi minuto de fama? —pregunté con cierta diversión aunque manteniéndome serio.

Yo diría que sí —respondió; su sonrisa se afianzó y vi como la tensión fue disminuyendo, dejando de estar a la defensiva junto a mí.

¿Y tú qué haces aquí? —pregunté con curiosidad. Ella suspiró profundamente tras beber de su licuado.

Se supone que soy adolescente así que debo venir aquí, y nuestras amigas nos invitaron a Claire y a mí —respondió torciendo sus labios con disgusto. A pesar de estar rodeada de naturaleza y de sus amigas, no se notaba muy a gusto de volver allí. Ante mi mirada inquisitiva, ella se mostró un tanto frustrada—. Me cansé de estar con mis amigas. A veces, cuando estoy mucho tiempo con Claire, me desacostumbro a la presencia de otras personas, y hay momentos en que no las soporto —agregó viéndose hasta aliviada de la confesión.

Sonreí sin poder evitarlo; ambos éramos más similares de lo que parecíamos y de lo que ella quería admitir.

¿Es solo eso o pasa algo más? —pregunté aprovechando el momento de paz que había y queriendo probar hasta qué punto podía abrirse conmigo. Ella arrugó su expresión con desagrado y jugó con su bebida.

Una de mis supuestas amigas está saliendo con el chico que me gustaba. Había pensado en darle una oportunidad a él, sin embargo, él prefirió avanzar a otra —respondió suavemente, casi avergonzada. La impotencia me recorrió como el veneno, más rápido de lo que era capaz de identificar esa sensación, y degusté los celos.

¿Qué podía tener ese tipo que llamara su atención? Realmente nunca lo comprendí.

Él no te merece, eres demasiado buena para él —reconocí, y ella si ella esperaba bromas y diversión, no la encontraría. Le hablaba en serio y con seguridad, y años más tarde me enteré que ese día, había sido el único que consiguió levantarle el ánimo.

Gracias, lo mismo dije —ella sonrió, volviendo a tener la seguridad de siempre, y yo me reí recobrando el sentido del humor.

Luego de eso, estuvimos durante horas hablando y riendo sin pelearnos. Era un record ya establecido el que llevábamos, y hubiésemos seguido hablando de no ser porque se había hecho tarde y debíamos volver. Ella se había negado pero tanto le insistí que la acompañé hasta donde estaban las demás, y pude conocer al resto de sus amigas y al sujeto que no valía la pena.

Claire, aquí hay un sujeto con tendencias acechadoras que quiso venir a saludarte —comentó Izzie incorporándose a ella como si nunca se hubiesen ido.

Conocí a las dos amigas de Izzie, de las cuales nunca me aprendí el nombre; eran chicas lindas y las del tipo que siempre llaman la atención. Pero mis ojos no estaban en ellas, sino en el sujeto que las acompañaba. Él me recordaba a Mike de Bahía Azul con ese aire de chico malo melancólico.

Por lo visto ella tenía un tipo, y no se asemejaba en nada a mí. Creo...

No creí verte en unos cuantos días —dijo Claire, abalanzándose en mí.

Ya sabes que no puedo resistir estar lejos de Isobel, ella realmente es mi alma gemela —canturreé mirándola provocativamente.

Vete al infierno —me susurró ella detrás de Claire, y yo reí. Me encantaba provocarla y sacar su lado aguerrido, quería sacar su mejor versión para que todos pudiesen verla y para que el sujeto que la rechazó se diera cuenta lo tonto que fue.

Entonces, nos veremos allí ma cherie —le guiñé un ojo, y ella no pudo resistirse a mí, sonriéndome divertida.

Mis días eran más divertidos e interesantes con ella en mi vida, y no pensaba alejarla. Quería ser su amigo y confidente. Quería ser la razón por la que el humor le cambiara y sacarle sonrisas. Deseaba conocer sus temores y fortalezas. Y descubrir sus sueños para hacerlos realidad. La quería para mí, pour l'éternité.

Y me agrada poder afirmar que iba por el buen camino.

— Ma cherie —la llamé, y ella se giró hacia mí mientras acostábamos a los gemelos—, ¿Te casarías conmigo? —pregunté, porque le dije que le preguntaría siempre aunque ya fuese mi esposa.

— Claro que sí —respondió con una sonrisa y se acercó a mí para besarme.

Al ver a mis hijos dormir me daba cuenta del paso del tiempo. Ellos habían llegado de imprevisto, como muchas cosas en mi vida, y fueron una de las mejores cosas que me pasó en la vida. Ellos me completaban más que todos los objetivos que me puse en la vida, y me daban más felicidad que cualquier cosas material que pudiese tener.

Y estaba haciendo un buen trabajo en su crianza, pero como mi madre decía... si mi padre pudo, yo también podría.

Ya no pretendía vivir para ser feliz y sentirme vivo, quería vivir por ellos y para ellos. Urian y Zoey eran la prueba de que tras lo malo siempre venían cosas buenas, y de que las cosas menos planeadas eran las mejores.

Aún no comprendía cómo, pero lo habíamos logrado. Logramos cumplir nuestros sueños y estar juntos; no tuvimos que elegir entre una cosa y la otra. Había momentos en que uno reconocía que las cosas por algo pasaban, y la vida ponía las cosas en su lugar. Y todo el tiempo que pasamos separados nos había hecho fuertes y capaces de enfrentar lo que fuese, pero juntos éramos un equipo imbatible.

La tomé de la mano para guiarla hasta nuestra habitación.

Era tan placentera la sensación de sentirse en casa. Había encontrado mi lugar en el mundo, junto a Izzie. Vivía el día y luchaba por lo que quería. Aprendí que no había que darse por vencido y aunque las cosas se pusieran difíciles, la clave era seguir. No siempre era necesario ir a grandes zancadas. A veces era mejor ir a pequeños y seguros pasos. Correr no llevaba a nada, y había que disfrutar el paso por el mundo.

— No recuerdo cuando fue la última vez que deseé tanto acostarme en mi cama —dijo Izzie tras tirarse a la cama; su cuerpo rebotó sobre ella y me miró con una sonrisa llena de picardía. Le devolví la sonrisa mientras me deshacía de mi saco y me acosté a su lado.

Mi cuerpo hormigueaba por el cansancio y ni siquiera podía pensar. Había andado a las corridas en Paris para poder llegar a tiempo a mi casa, y luego de un vuelo que parecía eterno, pude disfrutar del cumpleaños de mis hijos. Los años se hacían sentir en momentos como ese. A los 17 años podía estar sin dormir e ir de un lado a otro sin cansarme. Ahora con 39 años estaba como si me hubiesen pasado encima diez camiones de carga, y necesitaba dormir mínimo 10 horas.

— Después de esto creo que necesitamos unas vacaciones —susurró, acomodándome a su lado. Ella se volteó hacia mí, apoyando su cabeza sobre mi brazo y abrazándome.

— Apoyo esa moción —respondió con una suave sonrisa—. Tendríamos que ver la lista, faltan tachar muchos sitios —agregó emocionada. Sus ojos se volvían líquidos y embriagadores, y me sentía cayendo en sus embrujos. Ella podía pedir cualquier cosa y yo intentaría cumplírselo.

— ¿Mar o montaña? —pregunté y ella movió sus labios con meditación.

— Montaña y lagos, pero un sitio donde Urian y Zoey puedan entretenerse —respondió.

— Bien, creo que tener el lugar indicado —murmuré besándola. Ella se emocionó y fue profundizando los besos, hasta que estuve sobre ella—. Y sobre tu otra lista, ¿piensas tachar algo? —pregunté dejando un camino de besos desde su mejilla hasta su cuello. Rocé con mis dientes su piel y la sentí estremecerse.

— Tendría que hacerlo pero prefiero dejarlo como un recordatorio de vida —luchando por sonar desafectada.

— Me gusta esa idea —respondió, volviendo a concentrarme en sus ojos. Suspiré rendido y sonreí, incrédulo de lo afortunado que era—. Entonces, esta semana me encargo de dejar a Alain a cargo de la agencia acá y huimos de esta sociedad dominadora. Él no tiene apuro por volver —sonreí sintiéndome optimista al respecto.

Ella se rió divertida, jugando con mi pelo y mi fina barba.

— ¿Te he dicho cuanto te amo? —preguntó, y yo dudé.

— No lo suficiente el día de hoy —respondí.

Quedamos en silencio mirándonos, sumidos en una especie de trance melancólico y ensoñador. Quizás a ella también se le venían imágenes de pasado; un pasado que nos convirtió en lo que éramos. Pero teníamos un futuro que nos esperaba con mejores cosas, y que enfrentaríamos juntos. Pour l'éternité.

— Te amo —susurró.

— Yo también te amo —le respondí, y la besé sintiéndome el más afortunado del mundo.

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