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.Capítulo 28.

|ISOBEL|

Estaba quebrada emocionalmente, y no encontraba palabras para contarle que había perdido a mi hijo de un modo que no me doliera. Desde el instante en que eso había sucedido, una parte de mí se había ido con él o ella. Era el fantasma que me perseguía día y noche de aquella vida que no duró lo suficiente.

Tiempo luego de volver, me di cuenta azarosamente de que algo me sucedía y al conocer la verdad, ni siquiera tuve tiempo de digerirla porque aquella luz se extinguió. En aquel corto tiempo, me había entusiasmado la idea de tener un hijo de Darien y mío aunque nuestra relación no fuese la ideal. Era una vida que había sido concebida rodeada de amor y no podía hacer otra cosa más que amarla con mi vida.

El dolor llegó rápido. Recordaba la sangre, el horror y el pánico, las llamadas a Claire y Mel que nunca me abandonaron. De pronto fue oscuridad, y le siguió el llanto de la pérdida.

Ahora veía a Darien completamente pálido, espectral. Sus ojos se habían oscurecido y temía que colapsara ante la verdad. Lo llamaba, una y otra vez pero no me oía. La verdad de lo sucedido se escabullía entre el llanto, y solo necesitaba que Darien reaccionara.

— Darien, por favor, di algo —le rogué—. Si quieres enójate conmigo por ocultártelo, pero di algo, por favor —dije.

Aún pálido e inexpresivo, parpadeó haciéndome saber que estaba de nuevo junto a mí.

— ¿Cuándo fue? —preguntó, en un susurró escalofriante. Sequé algunas de mis lágrimas y respiré hondo.

— Hace unos meses —reconocí—. Cuando lo perdí estaba de nueve semanas —agregué, hundiendo mi cabeza entre mis manos. El dolor se expandía por toda mi cabeza, profundizándose tras mis ojos.

— ¿Por qué no me lo dijiste? Podría haberte ayudado, te habría acompañado, no hubieses estado sola —dijo. Su voz sonaba tan quebrada como la mía. Estaba dolido y molesto. Y aunque me sentía culpable, una parte de mí me decía que no debía estar así.

— Te iba a decir que estaba embarazada, aunque estuvieses del otro lado del mundo —respondí—. Pero luego vino el dolor y no quería que sufrieras por algo que no ocurrió. No quería arruinarte la vida que estabas queriendo conseguir. No quería ser la culpable de tu pesar —dije con las lágrimas volviendo a mí. Me encogí sobre mí misma, abrazándome con los recuerdos, hasta que sentí a Darien aferrándose a mí.

A medida lloraba y hablaba, sentía el peso del secreto liberarse poco a poco de mi interior.

—Tendrías que haberlo hecho, no debías luchar con esto tú sola —me susurró al oído, abrazándome tan fuerte que podía sentir que éramos uno, compartiendo el mismo dolor—. Lo siento Izzie, no merecías pasar por esto. No mereces querer a alguien tan estúpido como yo que hace que su egoísmo te afecte tanto. Mereces todo lo bueno del mundo y siento que yo no puedo dártelo —exclamó ahogada. Su voz era inestable, y percibí el instante en que se rompió completamente, llorando sobre mí como un niño—. Lo hubiese amado tanto como a ti —susurró.

Me sentí segura entre sus brazos. Compartiendo mi dolor con él, sentía que una parte de mí podía volver a sanar aunque fuese lentamente. La calma llegó antes en mí porque ya había pasado el tiempo suficiente llorando por la pérdida. Demasiadas noches con sueños y pesadillas.

Sentía cierta paz tras confesarle todo a Darien. Quizás eso era lo que necesitaba. A él. Y ahora era su turno de descargar todo lo que sentía y de liberarse. Y ahí estaba yo para ayudarlo a transitar con todo, y de sanarnos mutuamente.

*******

El sonido de una llamada entrante me obligó a abrir los ojos, y darme cuenta de que me había quedado dormida tras el llanto. Me encontraba en el sillón de la sala, rodeada por los brazos de Darien que también dormía. El sonido se hizo cada vez más dramático y Darien despertó bruscamente, buscando alrededor una señal de orientación. Buscó entre su ropa su teléfono móvil y lo atendió aun estando un tanto dormido.

— Hola ma, lo siento, me quedé dormido mientras miraba una película con Izzie —dijo con torpeza, y quedó en silencio escuchando del otro lado—. Sí, tú no te preocupes por mí. Abbie me presta su cama —explicó, y tras un instante cortó la llamada.

— ¿Quién te dijo que Abbie prestaba su cama? —pregunté con voz dormida. Él me miró de reojo, y sonrió a pesar de su rostro con marcas del llanto y sufrimiento.

— Dormiré en el piso si es necesario, pero esta noche no te dejo sola —me respondió.

Darien se estiró con un movimiento lento, e intenté no prestar atención en la tensión de su compacto cuerpo, ni en las reacciones que despertaba en mí.

— Iré a preparar algo para comer —murmuré, levantándome con torpeza y dirigiéndome a la cocina.

No tenía idea qué cocinar, simplemente agarraba ingredientes y los mezclaba a la espera de algo bueno. Necesitaba distraerme de todo el drama por lo menos un instante y batir unos huevos nunca había sido tan interesante para quitarme la frustración.

Transcurrieron apenas unos minutos hasta que oí el sonido de sus pasos. Lentamente se acercó a mí e intenté estar concentrada en lo que hacía, pero me resultaba imposible no estar pendiente de su presencia cerca de mí. Seguía temiendo conocer sus pensamientos acerca de la verdad, y mucho más sobre sus sentimientos ahora que habían transcurridos algunas horas.

Lo vi posarse a mi lado, observando con mirada de águila todo lo que estaba haciendo. Con una postura relajada, apoyó su rostro sobre su mano.

— ¿Cómo has podido estar con este dolor tanto tiempo sin reventar? —preguntó meditabundo. Meneé mi cabeza, contemplándolo de soslayo.

— He reventado muchas veces —respondí con una triste sonrisa, recordando cada instante en que mi alma no había podido aguantar más—. Afortunadamente, Mel, Claire e incluso Chris han estado ahí para contenerme. Durante los primeros días no quería ir a trabajar ni comer, solo estaba tirada en mi cama durmiendo. Pero Mel y Claire venían todos los días obligándome a seguir con mi vida. Realmente no puedo hacer otra cosa más que estar agradecida a ellos —le expliqué.

Él no respondió enseguida. Se mantuvo mirándome como si intentara codificar mis palabras, mi expresión y mis movimientos.

— Has sido muy valiente —susurró.

Respiré hondo, alejando el nudo que volvía a formarse en mi garganta e intente dispensar las lágrimas que se acumulaban nuevamente en mis ojos. Ya estaba casada de llorar. Me volteé hacia él y le sonreí con todo el humor que podría tener en ese momento.

— Gracias —respondí, y me di cuenta como el dolor y la tristeza se arremolinaban en su rostro, opacando sus ojos. Haciendo del Darien brillante y jovial, solo un fantasma del pasado.

Dejé de lado la comida y fui hacia él. Reconocía aquella expresión porque era la misma que yo tenía al inicio de todo. Era el dolor contenido que no encontraba salida. Era el tormento de pensar todos los escenarios de lo que podría haber pasado si la muerte no venía. Era vivir de lo que no fue, deseando que todo hubiese sido distinto.

— Probablemente no sea fácil vivir con esto, no al comienzo pero tenemos que aprender a convivir con esto —le dije, sosteniendo su rostro entre mis manos.

Sus rasgos se desvirtuaron con las emociones conflictivas. Además del dolor, la culpa y el remordimiento calaban hondo en su conciencia. Lo acariciaba suavemente para que pudiese relajarse para que aflojara las defensas y sacara todo de su interior. Retener todo era malo, solo generaba más oscuridad, más rencor hacia la vida.

— Tienes que hablar. Decirme lo que piensas y sientes, aunque sea doloroso. Tenemos que avanzar pero no lo vamos a lograr si nos guardamos todo. Estoy aquí y tú también. Ahora más que nunca debemos ser un equipo —murmuré. Él asintió y aunque intentaba hacerse el duro, silenciosas lágrimas caían por su mejillas.

Lo abracé con fuerza y él hundió su cara en mi cuello. Tocaba su pelo con suavidad para calmarlo. Sentía su respiración agitada volverse menos brusca y la tensión de sus brazos disminuir sobre mi cintura.

— Vamos a lograrlo —oí que dijo.

Sonreí y besé su mejilla. Había una fuerza en mi interior que se removía candente. Era una promesa de un nuevo comienzo, un futuro más esperanzador con mejores cosas por venir. Porque a pesar de que la vida podía ser mala, también era buena y no debíamos olvidarnos de eso.

Por un segundo, la antigua Izzie desafiante y fuerte volvió. Y lloré, pero ésta vez no de tristeza.

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