Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

.Capítulo 12.

|IZZIE|

Había vuelto a la rutina. Rutina. Que palabra tan odiosa, pero que al mismo tiempo traía aparejada cierta estabilidad de saber que esperar y cuando.

Había vuelto a la cursada diaria, estudiar para los finales, los trabajos en grupos, y a las prácticas semanales. Veía a Claire en nuestra casa cuando ambas nos encontrábamos allí, me cruzaba en el campus con Chris, y compartía gran parte de mi día con Mel que me contaba de sus aventuras. Me quejaba de mi vida, mientras no hacía nada por mejorarla al mismo tiempo que continuaba caminando por el sendero del estrés.

Se podría decir que todo era prácticamente lo mismo de siempre. Excepto claro, por Darien. Siempre Darien. Ya podía imaginar a Mel poniéndome los ojos en blanco con aire soberbio.

Él estaba en mi mente por más que no lo quisiera, y no ayudaba absolutamente en nada que nos escribiéramos prácticamente todo el día. Ni siquiera prestaba atención a mis clases por estar con el móvil, aunque debo admitir que él me ayudaba a no caer dormida en medio de otras tantas. No hablábamos de nada en particular, como siempre. Solíamos hablarnos por mensajes de texto, pero la cercanía física, parecía incrementar aún más el tiempo de conversación. Y los tópicos se volvían absurdos.

— ¿Crees que me vería bien con el pelo verde? —me preguntó de repente. Leí el mensaje un par de veces, intentando encontrar algún mensaje subliminal.

— ¿Estás hablando en serio? —le pregunté, porque era totalmente ilógico. Aunque lo ilógico combinada perfectamente con Darien.

— Sí, quiero un cambio. Algo loco y único —respondió, seguido de innumerables emojis. Oculté mi sonrisa bajo mi mano, y miré de soslayo a una Mel que estaba por caer dormida sobre su escritorio. Frente a nosotros, la profesora hablaba sin parar, señalando la proyección, muy lejos de nosotras.

— Creo que te quedaría mejor el azul, aunque si yo fuese tú, intentaría con algo un poco menos radical —respondí, asegurándome no ser atrapada enviando mensajes.

— ¿Cómo qué? —inquirió. Me encogí de hombros, como si acaso pudiese verme.

— No sé, tal vez un corte de pelo —dije, y él me respondió con una seguidilla de caras de furia y descontento—. Ok, quizás un tatuaje o un piercing. ¿Eso te va? —pregunté desafiante, bombardeándolo con caritas, como él a mí.

— Si, eso me va más. Lo voy a pensar —respondió enseguida.

No sabía que más ponerle así que no le escribí, y él tampoco lo hizo. El resto de la tarde estuvo tan silencioso que daba miedo. Darien era como un niño inquieto que necesitaba hacer algo siempre, ya sea para llamar o no la atención, y si acaso había un instante de paz a su lado, era porque una tormenta se venía.

— ¿Te teñiste el pelo? —le escribí mientras salía de la facultad, de camino a mi casa con Mel a mi lado. Ella miraba vidrieras mientras me hablaba acerca de la chica con la que tendría una cita el fin de semana. Al parecer, todos estaban con las hormonas alborotadas, excepto yo. Como siempre...

— Quizás... —respondió al tiempo. Sorprendida, me apuré a escribir pero desistí cuando envió otro texto—. Estoy por hacerme un tatuaje. ¿Quieres ir y ver cómo sufro? —preguntó. Dudé si aquello podía ser realidad, ya que Darien le temía a las agujas más que yo. Pero tener la satisfacción de verlo en estado débil, no tenía precio.

Así que acepté.

— Tengo una duda —murmuró Mel con mirada analítica, posando sus ojos en un Darien un tanto aterrado en sobre la silla, a la espera del tatuador—. ¿Siempre fue así de loco? —inquirió, volviéndose hacia mí.

No había podido evitar decirle a Mel, y no había nada que la entusiasmara más que personas sufriendo. Por lo tanto la llevé conmigo y nos encontramos con Darien en el local de tatuajes más conocido de la ciudad.

A pesar de lo aterrado que lucía se veía decidido a hacerlo. Eso me generaba más admiración.

— Sí, creo que es familiar —murmuré acercándome a ella. Mel sonrió con oscura diversión, y su atención de desvió hacia la pared repleta fotografías de tatuajes— ¿Aún estas seguro de esto? —le pregunté a Darien, caminando a su lado.

Los nervios y la tensión se esfumaron en el instante en que me miró, con ojos que disentían profundamente, y una sonrisa irreverente se dibujó en sus labios. La palidez incrementaba el filo de sus rasgos, y su cabello resaltaba como el ocre.

— Claro que sí, es cuestión de superar los miedos. Avanzar, desafiando los límites para sentir la adrenalina de la vida. ¿No te parece? —inquirió, ladeando su cabeza y dedicándome esa expresión de presunta inocencia que escondía palabras con más significado del que parecía.

— Sigue desafiando tus límites, solo intenta no convertirte en suicida —comenté, sin querer admitir nada. Su sonrisa se tornó más profunda a medida sus ojos me miraban radiantes.

— Te avisaré si acaso ese día llega para que me rescates —murmuró, recostándose cómodamente en la silla. Meneé la cabeza y me puse a contemplar el lugar, con tal de evitar su mirada intensa cargada de emociones que no podía manejar—. ¿Tú no quieres hacer nada loco y tatuarte? —preguntó con curiosidad. Sonreí sin atreverme a mirarlo de frente y negué—. ¿Por qué no? Sería genial, que ambos nos tatuáramos. Como un pacto de sangre o algo así —exclamó entusiasmado y me volteé a verlo casi horrorizada.

— Eres demente —susurré. Darien parpadeó y ladeó su cabeza.

— Culpable —admitió.

— Ella ya tiene un tatuaje —canturreó Mel, deambulando de un lado a otro de la sala. ¡Traidora! La miré venenosamente antes de voltearme hacia un Darien sorprendido.

— ¿Cuándo te lo hiciste? ¿Por qué nunca lo he visto? —inquirió con tono demandante. De soslayo, percibí que Mel sonreía y se movía danzarinamente.

— Hace como un año, y no está a la vista —le indiqué. Su sorpresa por mi atrevimiento me hizo poderosa, y todas las preguntas que él tenía se disolvieron porque en ese momento llegó el tatuador con el diseño listo para aplicárselo en la pierna; se trataba de un tribal, un ave fénix llamativa y dramática como Darien.

La conversación se desvió a temas muy lejos de mi persona, y eso me hizo sentir aliviada. Mel se encargó de crear un ambiente relajado con el tatuador, preguntándole sobre desmayos y momentos vergonzosos, mientras yo miraba atenta a Darien que evitaba observar la aguja clavándose en su piel. Pensé que al verlo sudar de los nervios sería gracioso, pero en vez de sonreír, estaba estudiándolo en cada momento para asegurarme que no fuese a quedar inconsciente o a vomitar.

Hubo un instante donde creí que lo perdería, porque miró directamente la pequeña aguja que pinchaba su piel. La sangre y la tinta se fusionaban, y Darien palideció un poco más. Chasqueé mis dedos para captar su atención. Él elevó su rostro hacia mí y reconocí en sus ojos nebulosos la inquietud.

— ¿Te duele? —le pregunté, y él negó.

— Solo la sangre... ya sabes, me incomoda —susurró. No era mi intención, pero no pude hacer otra cosa más que sonreír. Entornó sus ojos sobre mí, para dedicarme una suave mirada maligna; su enemistad por la sangre no le ayudaba a intentar verse amenazante.

— Para ser alguien que desafía a la vida constantemente, tienes bastantes miedos —me quejé.

— No le temo a la sangre, solo prefiero evitar sangrar si es posible —exclamó con un ligero encogimiento de hombros. Tanto el hombre lleno de tatuajes que le dibujaba la pierna, como Mel, lo miraron burlonamente, pero Darien solo se hizo el desentendido.

— Tienes suerte de ser hombre y no mujer —comentó Mel con expresión sagaz, cruzándose de brazos—, ya puedo imaginarte desmayándote todos los meses —agregó.

— Me agradabas más cuando te burlabas de los demás —le reprochó Darien, sonando como un niño caprichoso, y Mel le lanzó un beso.

La conversación cedió, y solo el sonido de la aguja era lo que se escuchaba. El tatuaje estaba por terminarse. Mel tarareaba alguna canción mientras miraba por millonésima vez las revistas con tatuajes. Y yo pispiaba las imágenes de los tatuajes, sintiendo la mirada de Darien clavada en mí. Estaba más que segura que se estaba preguntando donde rayos estaba mi tatuaje y de qué se trataba, pero una vez que tenía la oportunidad de sorprenderlo y dejarlo con ansias de más información, iba a usar eso a mi favor.

Se estaban haciendo los últimos retoques, cuando la puerta se abrió. Pero no eran clientes, sino Claire y Chris. Lucían adorables juntos, y a pesar de que era un secreto a voces su relación, los demás hacíamos de cuenta que nada sucedía, porque no había nada peor en un relación que los demás se metieran a estorbar y opinar.

— ¿Va a ser necesario que llamemos a la ambulancia? —inquirió en tono juguetón Chris, mirando con diversión a Darien. Él puso los ojos en blanco con dramatismo ante las constantes burlas, pero terminó sonriendo.

En el poco tiempo que Darien y Chris habían compartido, había nacido una inesperada fraternidad entre ambos. No sabía bien que era lo que los unía, pero se llevaban mejor de lo que creí y esperé en un primer momento.

— ¡Pobrecito, no lo agredan! —exclamó Claire, sonando como mi mamá defendiendo a Jesse. Ella abrazó a su primo y él nos sacó la lengua a todos.

Maravilloso, estábamos de vuelta en el jardín de infantes...

— Nunca vi tantas personas aquí reunidas para burlarse de alguien desde la última vez que vino un chico que le hacían la despedida de soltero —murmuró el tatuador, mirándonos a todos con reproche, terminando su trabajo y tapando el dibujo. Darien, Mel y Chris intercambiaron miradas como su acaso les hubiese dado una brillante idea.

— Oh... ¡por favor! No les implante malas ideas, se toman las cosas muy en serio —se quejó Claire, y reí divertida, porque no fui yo la que parecía la madre del resto.

******

Ese día había sido bastante largo y tedioso. Aun así, nadie dio su negativa para reunirse. Terminamos todos en el patio de la casa de Darien, algunos sentados en el césped y otros en sillas, bebiendo cerveza junto al sonido de la música. Seth se había unido, y el grupo se había agrandado. Las charlas y las risas se escurrían en el viento, a medida que el atardecer tenía el cielo con tonalidades rosadas.

Me encontraba en medio de Claire y Mel, llorando de la risa, sintiendo que nada podía empañar ese momento. La felicidad de escurría a través de mí, cosquilleante, transformándome en un ser pleno. A diferencia de Darien, quien necesitaba retar a la vida para sentirla, yo solo necesitaba pasar un buen momento y estar con personas queridas para tener todo en la vida.

Él me miró desde su lugar, junto a Seth, y no pude disimular que no le prestaba atención. Era tan hermoso cuando sonreía que mi corazón fallaba en su intento de tranquilizarse. Y su aura de misteriosa pedantería y seguridad, solo enfatizaba su hechizo sobre mí. Las emociones que despertaba me generaban contradicción, y eran tan habituales que luchaba por aprender a vivir con ellas.

— ¿Les parece un brindis? —preguntó Claire, sonando de buen humor. Parpadeé lejos de su embrujo y me concentré en localizar mi vaso—. Por la felicidad —exclamó mi hermana, con una sonrisa radiante.

— Por la salud y el buen humor —dijo Chris, levantando su vaso.

— Por la vida —asintió Seth, con un encogimiento de hombros.

— Por amor y el sexo... sobre todo por el sexo —rió Mel, un tanto alegre y con la idea fija en su mente. Tocaba mi turno, y realmente no se me ocurría ninguna idea.

— Por los sueños que esperamos alguna vez se hagan realidad —dije, respirando hondo y así no entorpecerme al sentir las miradas de todos sobre mí. Las sonrisas me hicieron sentir segura, y ahora era el turno de Darien.

Él simuló meditar, moviendo las comisuras de sus labios con actitud inocente, hasta que finalmente agarró su vaso y lo elevó en lo alto.

— Brindo por desafíos que hay y que vendrán, y porque todos tenemos cuentas pendientes que en algún momento tenemos que saldar —dijo. Y pese a que no me miró, la voz de mi conciencia me gritaba que cada una de las palabras iba dirigida a mí. Apacigüé el calor que emergió bebiendo, y no lo miré a Darien por un buen tiempo hasta que pudiera tener la seguridad que no rompería mis fortalezas con solo una mirada.

Tenía cientos de miedos y desafíos, pero él era el más personal y complicado. Quizás ambos éramos nuestros desafíos y cuentas pendientes del otro. Y por más que me gustaría enfrentarlo para que fuese lo que ambos queríamos, no podía y no quería. Ya había perdido mi corazón con él, no quería perderlo a él también, arruinando la dismórfica amistad que poseíamos.

Alguno de los dos, debía ser el que pensara en las consecuencias.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro