.Capítulo 11.
|DARIEN|
Había algo en las personas que me conocían que iba más allá de la precaución. Estaba esa curiosidad por saber qué era de mí en Paris, y podía vislumbrar que todos se imaginaban mi vida como parte de un cuento de fantasía; viviendo de una casa donde la arquitectura era sublime, me regodeaba de numerosas personas multiculturales con las que iba a cafés, bares y fiestas electrónicas hasta el amanecer, visitando centros culturales todo el día y esperando que las mejores panaderías abrieran para poder desayunar como un rey.
Todo eso estaba lejos de la realidad, y a veces me sentía un poco culpable por romperles la ilusión. Porque claro, no había nada de genial cuando las personas se enteraban que vivía en un cuarto piso de un mediocre edificio que si bien era esbelto por fuera, por dentro dejaba mucho que desear. Compartía mi lugar con un francés malhumorado y tacaño que si bien no lo aguantaba, era uno de los pocos amigos que había logrado hacer. Me lo pasaba trabajando y estudiando para perfeccionarme, porque si bien ya tenía mi carrera como diseñador gráfico, deseaba más.
No había nada de cafés, bares y fiestas. Lo más cerca a eso, era la tienda bajo mi edificio donde vendían comida y bebida. Allí bajaba de vez en cuando para comer cuando no quería cocinar, y para alejarme de Alain un rato o cuando él andaba con visitas femeninas. Los centros culturales había logrado conocerlos con el tiempo, pero siempre quedaba algo por conocer. Pero el punto, era que nada era ideal. Podía ser que viviera allí, pero la mayor parte del tiempo extrañaba estar en mi ciudad con mi familia y mis amigos.
A veces, me preguntaba por qué rayos aún seguía en Paris siendo que me dolía la lejanía. La respuesta siempre tardaba en llegar, pero siempre era la misma. Temía estar preso de la cotidianidad. Allá, lejos en Paris, hacía lo que quería con mi tiempo y espacio. En cambio en Clemencia, debía atenerme a los horarios de los demás, teniendo que dar explicaciones y sintiendo que la atención de todos estaba en mí.
Todo eso solo me volvía histérico, y me hacía querer huir lejos.
— ¿Qué haces aquí escondido, Darien? —oí una voz fina y cantarina. Los ojos castaños de Claire sondearon mi alrededor, y volvió a mirarme con interrogación. No había nada raro en mí, solo que me encontraba sentado en la ducha del baño, ubicado en el quincho atrás de mi casa. O más bien, la casa de mis padres.
Absolutamente, nada raro.
— Solo... ya sabes —dije, acomodando sobre la pared, intentando verme lo más cotidiano posible—, escondiéndome —me encogí de hombros, sin saber que decir. Había cosas, en la que no podía mentirle a mi prima favorita.
Ella entornó sus ojos sobre mí, y se veía como su padre cuando intentaba hacer que lo tomaran en serio; volviendo su rostro como una perpetua mascara inexpresiva. Pero en ella, aquella expresión lucía adorable. Y es que Claire tenía pelo recogido en la cima en su cabeza, haciéndola ver más aniñada. Más aún con su estilo bohemio.
— ¿Por qué te escondes? La tía pensaba que estabas encerrado en tu habitación y envió a Izzie a molestarte, mientras yo buscaba algunas cosas de aquí —respondió.
¿Izzie en mi habitación? Maldita sea, ¿Por qué me lo perdí?
Ahogué un grito y cerré los ojos un momento para canalizar la frustración.
— A veces me gusta ser el centro de atención, porque en verdad a todos nos gusta un poco de alimento a nuestros egos. Pero a veces necesito escapar —le expliqué, sin estar seguro si me entendería. Llevaba unos días allí, y me sentía agobiado por la intensidad de todos hacia mí. Solo requería unos minutos de soledad y en silencio. Nada más.
Las comisuras de los labios de Claire se movieron de un lado a otro, hasta que suspiró y movió sus manos, esperando que le cediera un poco de lugar. Me moví un poco, y ella se sentó a mi lado, con sumo cuidado. Permanecimos en silencio unos minutos, mientras ella analizada algo en su mente y yo la contemplaba a la espera.
— Eres un tonto —dijo finalmente, y tuve que coincidir con su descripción—. Todos te quieren y se preocupan por ti. Tus padres te extrañan horrores cuando no estás, y hacen todo lo posible para que te sientas bien. Si lo que quieres es estar solo un rato, y no tener grandes reuniones familiares, díselos, creo que ellos te van a entender —expresó, y quedé en silencio.
Claire podía llegar a tener razón...
Bueno, ¿A quién miento? Claire siempre tiene razón.
— Estás tan acostumbrado a estar solo que no sabes qué hacer cuando estás rodeando de quienes amas, y lo peor de todo, es que todo esto solo son meras excusas que pones para que el día en que te vayas no te cueste tanto —agregó lapidariamente.
Gracias prima, mi espalda apuñalada realmente te aprecia.
— ¿Cuándo te volviste tan malvada? —le pregunté casi horrorizado. Ella solo se encogió de hombros, tan inocente como siempre.
— Es que es verdad. Eres tan bueno buscando excusas como Isobel. Ella siempre está intentando salvar al mundo por los demás, y solo son pretextos que se pone para anteponer la realidad de los demás a la suya —comentó. Intenté no verme irónico ante la comparación de Izzie y de mí; esa era una constante en Claire, queriendo recalcar cuanto nos parecíamos para que reconociéramos cuan horribles seres humanos éramos—. No es que no te entienda, solo que no comparto los modos —aclaró finalmente. Y evité mostrarme exasperado o sarcástico.
— Si te hace sentir mejor, voy a intentar no ser tan mierda de ahora en más —dije queriendo sonar convincente y creérmelo yo mismo. Ella me sonrió con simpatía y choqué mi hombro con el suyo suavemente.
— ¿Y qué hay de ti, querida prima y el chico llamado Christian? —pregunté, y es que a pesar de las advertencias de Izzie, no podía matar demasiado tiempo mis ganas de preguntar. Claire se puso roja inmediatamente, por la vergüenza, y ocultó su rostro entre sus manos.
— No sé qué ocurre —dijo tras una pausa, pasando sus manos por su pelo con nerviosismo—. Nos gustamos y somos grandes amigos, y estamos tomándolo sin grandes expectativas. O por lo menos, yo sí. Mis experiencias anteriores me han enseñado que tengo que ser cuidadosa, y aunque tengo miedo de arruinar todo es mejor jugármela —comentó, mirándome con ojos brillantes—. Ya sabes, es preferible arrepentirse de lo que se hizo que de lo que no —agregó.
Respiré hondo y mantuve el aire en los pulmones. Queriendo sofocar los sentimientos que me recorrían venenosamente. Esa sensación molesta que cosquilleaba me gritaba con énfasis que le hiciera caso a mi prima alguna vez en la vida, y dejara de seguir a mi cabeza. Pero es que no era solo yo. Si fuese así, quizás parte de mi vida sería más sencilla. Mi eterno dilema siempre me encontraba en casa esquina, tenía nombre y apellido, un cuerpo y mirada única.
— Así que van a seguir siendo lo que sea que son. Sin etiquetas ni obligaciones —dije, y ella asintió.
— Creo que es bueno para mí estar del otro lado, ya no quererla ideal pareja y que sueña con formar una familia algún día. Voy a jugar a ser Izzie por un tiempo, tener una relación sin ataduras —sonrió con cierta tristeza, que me indicaba que sufría más por su hermana que por ella misma—. Siempre me pregunto si acaso ella algún día dará su corazón a alguien —susurró, mirándome con preocupación. La sinceridad en su mirada me atravesaba como dagas que pinchaban mi conciencia y corazón—. Ella siempre se quiere ver tan fuerte e independiente, evitando comprometerse, pero su corazón es frágil —comentó, torciendo sus labios con una mueca de disgusto.
— Lo sé —susurré, porque estoy seguro que si hablaba más fuerte, mi voz delataría cuanto me estaba afectando realmente ésta conversación.
— ¿Estaban acá? —la voz de Izzie nos hizo sobresaltar. Tanto Claire como yo nos volteamos con cierto espanto en nuestros rostros, e inmediatamente intentamos vernos con cotidianidad. Ella nos miró confundida con nuestra reacción, y me aclaré la garganta antes de hablar.
— Clary me estaba convenciendo de ir allá —expliqué, poniéndome de pie para ayudar a mi prima a levantarse.
— Si, le decía que no intente poner excusas para después no extrañarnos —canturreó mi prima, acomodándose el pelo y la ropa. Izzie sonrió tenuemente, evitando mirarme y dejó espacio para que Claire se hiciera paso hacia afuera.
— Si, y te dije que voy a intentar portarme bien —le dediqué una encantadora sonrisa a mi prima y ella meneó la cabeza, alejándose de nosotros. Izzie estaba extrañamente silenciosa, y esperando que no se quejara, la atraje hacia mí en un medio abrazo para depositar un beso en la cima de su cabeza—. Además, creo que la única que me va a extrañar vas a ser tu Clary porque Izzie ya quiere que me vaya, ¿no? —pregunté juguetonamente. Isobel levantó sus ojos hacia mí hurañamente.
— Si, ya no veo la hora de que te vayas para poder seguir con nuestra vida normal —murmuró tajante. Sonreí sintiendo mi corazón apretujarse, sabiendo que había verdad y mentira fusionada en una misma oración. Y ambos teníamos noción de cual parte correspondía a cada una.
Claire iba a la vanguardia hacia la casa, mientras que yo me alejé de Izzie con cierta reticencia. Una vez pasamos el umbral de la puerta, pude oír el sonido de una voz desafinada cantando a toda voz acompañado de pasos que resonaban con fuerza. Claire, Izzie y yo intercambiamos miradas, aunque nuestra intuición nos gritaba que huyéramos mientras podíamos.
Lamentablemente no lo hicimos justo a tiempo.
— ¡Ey! Vengan y únanse —gritó mi respectivo padre, haciéndonos señas con la mano y bailando descoordinadamente. Él era una versión mayor mía; compartíamos los mismos rasgos, el color de cabello castaño claro y el color celeste grisáceo, aunque claro, él lo tiene en ambos ojos.
Otra cosa que tenemos en común es el sentido del humor, pero quiero creer que yo no genero tanta vergüenza como él. Mi padre Tim se puso a mover su cuerpo, queriendo bailar salsa con Claire, y ella buscaba una salida por algún lado. Pero mi padre le agarró la mano y la arrastró hacia la sala.
— Tu papá sigue igual de raro que siempre —comentó Izzie, tras estar en silencio un tiempo. No podía negociar nada, porque ella llevaba la razón.
— Hay cosas que nunca cambian —sentencié, deteniéndome a contemplar como mi familia bailaba en la sala. Mi padre giraba a mi prima, mientras mis tíos reían divertidos, y mi madre Grace invitaba a Izzie a unirse a ellos. Inclusive mi hermano estaba allí, de buen humor, disfrutando todo.
Tras un suspiro, sonreí. Divertido y melancólico, sintiéndome afortunado de tenerlos.
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