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νιαʝє єѕ¢σℓαя
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El lunes había llegado tan rápido, que JungKook sintió que el acontecimiento, que había pasado ya dos días, ocurrió a penas hace unas horas. Y es que en lo que restaba del fin de semana, no dejaba de pensar en eso.
Sintió vergüenza de sí mismo al volver a casa ese día. Hasta le dijo a Lalisa que la próxima semana le iba a enseñar matemáticas, aunque ese tema no importaba en ese momento. Ahora sentía el doble de vergüenza y nerviosismo en que la vió en la mañana, sentada en su asiento habitualmente. Se armó de valor para ir hasta ella y sonreírle como le hacía todas las mañanas.
—Buenos días, Lice— saludó, ocultando su nerviosismo. Lalisa lo miró unos microsegundos y le devolvió el saludo.
—Buenos días, Kookie.— le sonrió, pero también se sonrojó.
JungKook se sorprendió por el bonito apodo que le había puesto. Hasta le dieron unas tremendas ganas de ir saltando por todo el salón a contárselo a TaeHyung, quien estaba hablando con una chica castaña. Y riéndose de ese pensamiento tonto de su cabeza, empezó a platicar con Lalisa sobre cualquier cosa.
El profesor de física no tardó mucho en llegar, una vez que entró saludó amablemente a sus alumnos, mientras se secaba el sudor de su frente con un trapito blanco. Dejó sus cosas en la mesa de su escritorio y se puso en medio del salón, llamando la atención de todos.
—Escuchen, jóvenes. Les tengo noticias— dijo aclarándose la garganta—. La dirección y el consejo estudiantil han decidido planear un viaje hasta donde quieran por una semana entera, por motivo de que son el grupo más tranquilo y calmado— habló paulatinamente—. Claro, debe ser un lugar no muy lejos ni muy costoso— aclaró—. Ahora, pueden decirme sus opciones.
Todos se sorprendieron y hubo un par de gritos de felicidad por parte de las castrosas del salón. El maestro sonrió por las emociones.
—¿Y bien? ¿Tienen pensado un lugar?— preguntó el maestro, dándole la palabra a una persona que levantó su mano.
—¿Podríamos ir a "Gyeongju"?— preguntó la chica—. Escuché que cuenta con varios templos y festivales culturales.
—Mhm, me gusta— sonrió—. ¿Algún otro lugar?— el maestro pasó su mirada por todos sus alumnos, hasta dar por dos personas que platicaban animadamente—. ¿Algún ejemplo, señorita Lisa?
Lalisa lo miró con terror. Todas las miradas entraban sobre ella y no le gustaba ser el centro de atención.
—Eh, yo...— pensó por unos segundos lo que iba a decir. Tragó saliva y miró al profesor—. Podríamos ir a "Jeonju" o a "Busan", ambos son lugares a los que he querido ir.
El adulto sonrió en grande por su respuesta.
—Me gustan tus ideas, ¿alguien está de acuerdo en ir a "Busan"?
JungKook levantó la mano, demostrando que estaba a favor y más compañeros también levantaron la mano, haciéndose la mayoría.
—Bueno, entonces iremos a Busan— dijo decidido—. Empiecen a avisar a sus padres y a empacar sus cosas porque nos vamos la semana que viene.
JungKook miró a Lalisa y le sonrió, ambos sonrojándose.
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Lalisa miró su celular fijamente mientras estaba sentada cruzada de piernas en su cama. Pensaba llamar a su mamá, aunque sabía que no le iba a contestar, sabiendo las dificultades y las estrictas reglas que su trabajo le exigía.
De todos modos, apretó el botón de "llamar" y lo puso en altavoz, esperando pacientemente.
Quería hablarle con la excusa de pedirle permiso para el viaje escolar, aunque daba igual si le diera permiso o no, de todas maneras iba a ir.
Para su sorpresa, su mamá contestó rápidamente, algo que nunca hacía. Ni porque fuera ella.
—¿Hola?— preguntó Lalisa con nerviosismo—. ¿Mamá?
No se escuchó nada más que una respiración por unos segundos, hasta que finalmente la madre de la pelinaranja habló.
—Hola, cariño— saludó con esa voz amable y dulce que tenía—. ¿Cómo estás?
Muy mal, porque no he sabido nada de ti por dos semanas.
—Bien— simuló una sonrisa, aunque sabía que no la podía ver—. Llamaba para preguntarte si... podía ir a un viaje escolar. El maestro de física nos dijo que nos lo merecemos por ser un buen grupo.
Silencio. Parecía que su madre no quería hablar con ella en ese momento y ni siquiera sabía el porqué le había contestado.
—¿A qué lugar van?— preguntó con desinterés. Ordenando unos papeles y poniéndolos a un lado.
—A Busan...
—Está bien, cariño. Solamente cuídate y quédate al lado del maestro siempre, ¿está bien?— Lalisa asintió, aunque su madre no la viera—. Te quiero, Lily. Hablamos luego.
Y ya, eso era todo. Ni siquiera cinco minutos habían pasado desde que le habló. Lalisa se mordió el labio triste y marcó el número del único amigo que tenía, el cual contestó rápido.
—Ven a mi casa, por favor— rogó y después colgó, sin darle tiempo a JungKook a contestar o siquiera hacer algo.
El azabache sintió que algo salió mal para que su amorcito le hablara de repente. Se vistió rápidamente con ropa adecuada para verla, diciéndole a su madre que iba a salir un rato. Salió de casa y corrió hasta la de la pelinaranja.
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Lalisa estaba impaciente. ¿Hace cuánto había llamado a JungKook? Tal vez hace cinco minutos, pero ella lo sentía como una eternidad.
El timbre sonó e hizo que Lisa se parara rápidamente del sofá en donde estaba sentada. Abrió la puerta y se encontró con un pelinegro cansado y agotado. Lalisa lo dejó pasar y le sirvió un vaso de agua, el cual JungKook bebió rápidamente.
—¿Te pasó algo, Lice?— preguntó recuperando energías. Mirándola preocupado y caminando hacia ella. Lalisa estaba callada, con la mirada en el suelo y mordiendo su labio—. Lisa— llamó y ella lo miró. JungKook puso sus manos sobre los hombros de ella—, si no me dices qué pasa, no puedo ayudarte.
Es cierto.
La pelinaranja seguía sin decir nada, solamente acercándose a JungKook y rodeando sus brazos alrededor de su delgado torso. Kook estaba más que confundido.
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