4- Resacosix en la casa
Inuyasha despertó a las ocho y media de la mañana, al momento de ver como la luz de un día nublado entraba por la ventana de su cuarto sintió su cabeza querer estallar, en el baño su hermano gemelo Shiro, madrugador como él solo, vomitaba hasta la última tripa.
—No vuelvo a beber en mi puta vida ¿qué putas tenía ese tequila? — exclamó Inuyasha tomando su cabeza con ambas manos —¡Mierda...! me pasé con el trago — se levantó de la cama y con un gruñido de dolor se sentó en el colchón sintiendo el aroma de Ayame, le gustaba ese peculiar olor a perfume de café.
Al ser sábado, Towa no debía ir a clase pero sí que iría temprano a entrenamiento de patinaje y estaba esperando a su tío para que la llevara; aquel entrenamiento empezaba a las diez de la mañana e Inuyasha tenía ganas de que le arrancaran la cabeza. Envidiaba a María Antonieta al no tener que lidiar con esa resaca, se levantó de la cama y entre el desorden que dejó la fiesta del día anterior vio a su gemelo sentado, más que eso, echado como perro callejero en el sofá.
—Perro — Shiro lo miró a la cara —prepáreme un caldito de costilla, todo bien.
—Ya deja de hablar así, Shiro — masculló el albino.
Para su buena fortuna, Ayame, quien parecía estar en mejor condición apareció en la cocina con un caldo. Aquellos que levantan hasta un muerto y te traían de vuelta al mundo de los vivos, Inuyasha a diferencia de Shiro, tenía paladar de hierro, comía de todo y, dónde fueron sus prácticas era una selva y no había mucha oferta.
Aunque a regañadientes se lo comió, Shiro no quiso decir nada por respeto a Ayame. Inuyasha fue y tomó una toalla mientras la chica pelirroja lavaba todos los platos que se ensuciaron en ese desayuno levanta muertos, ella se giró para ver qué ocurría —aparte de Towa jugando en su celular— y lo que vio la sonrojó y mucho. Inuyasha estaba sin camiseta y apenas envuelto en una toalla, con el cabello mojado.
—Llevaré a Towa a una competencia y en la tarde daré clases y luego voy con Sesshomaru a un pueblo a pasear — mencionó Inuyasha entrando a su habitación —oye Ayame. En cuanto me desocupe te daré algo, es sobre el asunto de tu local comercial.
Seguro que Shiro ya estaba oliendo algo entre esos dos, de soslayo a Towa y con solamente un asentimiento corroboró su teoría. El celular del gemelo de Inuyasha vibró y al encender la pantalla vio el mensaje de Towa que no eran más que dos emojis: un lobo y un perro.
Shiro se rio en voz baja al ver ese mensaje.
Rato después Inuyasha, algo enredado con su cabello pues era malo para peinarse y realmente se hacía una coleta de vez en cuando o simplemente se dejaba el pelo suelto y dejaba que el sol lo secara. Salió con una camiseta roja, unas bermudas blancas y unos tenis negros.
—Towa — él miró su reloj la hora, marcaban las 9:25 —¿a qué hora es tu entrenamiento?
—Tío... es a las diez y treinta — Towa le mostro la app de mensajería el mensaje del grupo de patinaje —pero tengo que estar allá a las diez en punto.
—Bien, en el camino tomaremos algo para que desayunes... — el albino miró a su sobrina mientras abría la puerta.
—¿Cómo así? — Ayame los detuvo con una voz firme, parecía una mamá de esas regañonas —no señor, usted se va a llevar esto — ella le entregó una bolsa de papel donde iba una botella de plástico reutilizada con un líquido marrón —eso es de donde vengo, agua de panela, para que te dé energías en esa bebida — luego una manzana y una banana madura —y algo sano para el desayuno de Towa.
—Gracias Ayame — Towa la abrazó y se despidieron en la puerta.
Inuyasha se subió a su automóvil mientras revisaba la hora, podría ser distraído en ocasiones pero jamás incumplido o impuntual, Towa metió en los asientos traseros los patines de ruedas en línea, su uniforme, casco, coderas, rodilleras, el morral con las cosas que Ayame le empacó y también una bufanda blanca que más bien se parecía a una cola esponjosa de un perro.
—Vamos que se nos hace tarde, Towa — mencionó Inuyasha —me pasé con la bebida... todavía me duele la cabeza.
—Setsu me escribió en la madrugada — dijo la menor y se sonrojó —me dijo que papá y mamá estaban peleando o algo así... pero mamá le decía a papá que no parase.
Todo el rojo del mundo se le subió a la cara de Inuyasha puesto que ya entendía a qué se refería su sobrina, se abrocharon el cinturón y el varón arrancó el vehículo, a esa hora de la mañana no había demasiado tránsito de vehículos aunque sí de motocicletas aunque para el lugar a donde se dirigían ya encontraron unas calles más despejadas y amplias, el complejo deportivo era gigantesco y desde afuera se veía inmenso, al momento de Inuyasha estacionar la sonrisa que siempre llevaba con su sobrina en cada viaje, bromeando y haciendo dinámicas, se borró inmediatamente.
Una mujer de belleza como Afrodita cruzaba la acera con una niña pequeña que iba a prácticas.
Era ella. Quien desgració su vida una vez... Higurashi... la luciérnaga del infierno.
—Dios mío, ¿en qué fallé para que me castigues así? — Inuyasha se llevó las manos a la cabeza.
—Tío — Towa estaba fuera del auto —¿no vienes?
—Eh... sí, sí, ya voy — el mayor respondió tratando de sonar calmado.
Cuando Inuyasha descendió de su carro para bajar los equipos deportivos de su sobrina, vio a dos personas más llegar y resopló con desdén, ellos eran Sango y Miroku quienes llevaban a su hijo de siete años a prácticas, el albino de ojos dorados se cargó el morral de su sobrina en los hombros, se puso sus audífonos inalámbricos en sus oídos para solo prestar atención a su sobrina y a la competencia de ella.
Por más que quisiera concentrarse en la pista del patinódromo la silueta de Higurashi le llegaba a la mente, sin embargo volvió su mirada al circuito; Towa le llevaba una buena ventaja a sus competidoras, casi de dos o tres segundos, y en la tercera curva, previa a la recta de meta Towa aceleró el paso y cruzó primera pasando a las finales.
La ronda final se llevó a cabo a las once y media de la mañana, Towa arrasó con todas sus competidoras a tal grado que les sacó una vuelta completa de ventaja a ellas y cruzó sin ningún tipo de inconveniente la línea de meta ganando la medalla de oro.
—Buenos días, Taisho — esa voz, dulce para algunos pero que le traía amargos recuerdos a Inuyasha le hizo voltear a ver —hace tiempo no te veo.
—¿Qué quieres? — preguntó Inuyasha cruzándose de brazos —el complejo es demasiado grande para que tú estés por aquí, Kagome.
Él caminó para alejarse de las vallas y entrar en la pista peatonal que usaban varias personas para correr o montar en bicicleta.
—¿Ya no me llamas "Aome"? — cuestionó ella.
—Escúchame bien — él la señaló con el índice —¡déjame en paz! ¡Lárgate con tu adonis!
—Esto no se ve bien en ti, Inuyasha ¿vas a hacer una escenita? — Kagome lo miró con una sonrisa burlesca.
Inuyasha había aprendido a mantener la calma imitando a la perfección a su hermano, su rostro se hizo de hielo y no demostró una emoción más allá de un completo desagrado de tenerla tan de cerca, era cierto que el complejo era enorme, con sólo unos pasos se chocó con alguien que venía caminando con un perro Golden Retriever al levantar su mirada se dio cuenta que era Naraku Fischer.
—Inuyasha — Naraku lo observó y su mascota ladró con vehemencia —calmado... ¿qué te pasó amigo?
—Kagome... me la volví a encontrar — el albino estaba con una molestia tremenda —Towa le harán la premiación y tengo que estar allí, Naraku...
—Yo me hago cargo — el pelinegro miró a Kagome —. Ve por tu sobrina, chaparro.
Inuyasha sonrió con felicidad al ver a su mejor amigo, y eminencia musical, allí para salvar el día, Naraku fanático de cierta franquicia de un superhéroe arácnido le mostró una camiseta alegórica a esas películas; fue en ese momento que Towa salió del podio y abrazó a su tío. Y allí la mirada de Kagome se transformó por completo... apretó el puño con fuerza y se alejó de allí, Naraku la vio alejarse y no pudo evitar sentir que el odio emanaba de esa mujer era más venenoso que una picadura de mamba negra.
—¿Qué querrá esta tipa? — cuestionó Naraku tomando su celular y marcó un número —Muso, hermanito, soy yo. Te veo en la 93... tengo un asunto que atender. Sí, nos vemos en Hermosillo Club... lleva a Yura también, ¿Cómo que mi hermana Kagura también? obviamente. Bien, te dejo que oigo que estás ocupado — colgó y miró a su mejor amigo Inuyasha.
El verla tan tranquila junto a una mujer de cabellera castaña le hervía la sangre, podría ser Kagome un ángel por fuera pero un demonio por dentro, estaba podrida y no tenía alma.
"Tienes rabo de paja, Kagome Higurashi" pensó él.
Cuando se dió la vuelta y caminó hacia su auto observó a dos mujeres, una de cabellera platinada y otra pelinegra montando en bici. Se sonrojó cuando la de cabellera platinada se le quedó viendo.
Él era el amigo que nunca tuvo ninguna pareja y tampoco entraba en sus planes a futuro, sólo disfrutaba la música y producirla en su estudio de grabación.
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