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CAPÍTULO 37: UNA NUEVA VIDA IMPLICA SACRIFICIOS

Dos meses pasaron, a pesar de las insistentes visitas de Edward yo me mantuve firme, luego poco a poco él dejó de insistir. Necesitábamos espacio entre nosotros. Ahora mis miedos estaban puestos por entero en mi fiesta de 18 años que se celebraría en un club exclusivo en el centro de Chicago. Alice estaba radiante de felicidad preparando mi vestido. Mi abuela le había dado carta libre para gastar lo que quisiera. Decidí no oponerme. Sólo se cumple 18 una vez en la vida, además aparecería en la página de sociales, casi toda mi facultad estaría allí. Luego de las manifestaciones feministas y de los movimientos estudiantiles de protestas empezaron a respetarme. Seguí escribiendo mis críticas al gobierno, esta vez de forma más constructiva, utilizando algunos planteamientos que me parecían buenos.

Jasper Hale venía más seguido a la casa, cada domingo aparecía vestido en su uniforme militar, a solicitar ver a su novia. Alice estaba en las nubes y no cabía en sí de alegría. Y yo, envidiaba su felicidad.

—Vamos a ir a comer al Bella Italia— me dijo Alice una mañana de domingo.

—Me parece bien, diviértanse— sonreí.

—Va a ir Edward— se me borró la sonrisa del rostro.

—Bueno, él y Jasper son amigos desde hace años ¿no?

—Va a ir con Rosalie— murmuró. Me la quedé mirando. ¿Rosalie Hale?

—¿Y Emmett?— pregunté.

—Tuvo un problema con una mujer el mes pasado. Parece ser que fue una aventura y Rosalie lo dejó— se encogió de hombros.

—¿Y ahora se refugió en Edward?— pregunté intentando comprender lo que sentía por dentro.

—No. Salen como amigos. No se toleran mucho, lo hacen por nosotros— me confesó.

—Son libres de hacer lo que quieran— dije volviendo a mi libro de historia latinoamericana. –Que se consuelen mutuamente— dije sin inmutarme aunque algo dentro de mí no estaba conforme.

—Te has vuelto una mujer dura— me advirtió mi mejor amiga.

—No soy dura. Soy realista— la miré seria.

—Te pusiste una coraza más dura que una piedra, finges ser fuerte porque crees que así lograrás caerle bien a la gente de tu universidad. Ya no escribes historias, ni tienes sueños...

—Claro que escribo y tengo sueños ¿Sabes? Quiero hacerme un nombre, luchar por cosas que valgan la pena.

—¿Edward no vale la pena? Recuerdo cuando te conocí Bella, tus ojos se iluminaban al mencionarlo.

—Era una niña— sonreí.

—Fue hace dos años. Lo estás perdiendo y cuando te des cuenta será demasiado tarde— me dijo ante de dejarme sola mirando a la nada. No necesito romance en mi vida, esas emociones debo sepultarlas, terminar de ahogar a esa niña muerta de miedo que llegó a la gran ciudad. Aunque me sintiera tan sola.

Decidí salir a pasear, le llamé a Leah pero estaba ocupada, además siempre me contesta con sarcasmo. "Bella lo siento, yo soy una muchacha proletaria ¿Cómo voy a ir a una cafetería con los ricos?" me cuestionó. No tengo la culpa que mi abuela tenga dinero, crecí pobre, no soy de clase alta. Me catalogan por mi familia, por mis amistades, no por mí misma. Pero algún día lograré que me valoren por lo que soy y por lo que logre con mi propio esfuerzo.

Días tras día ponía mucho empeño en que mis escritos queden impecables, logré las mejores calificaciones en varios cursos que eran "fuertes". Eso me animaba a seguir adentrándome en algunas fraternidades de filósofos y pensadores que en un inicio no me dieron importancia pero debido a que mis maestros formaban parte de sus filas, finalmente me dejaron asistir con libertad.

Sabía que el mundo estaba cambiando, lo podía ver en las calles, se respiraba en el ambiente. Estábamos dejando una etapa de miedos y represiones para llegar a una época de esplendor, con nuevas ideas, cambios y mucha tecnología. Pronto vendría una feria internacional de ciencias y mis amigos estaban emocionados. También pasarían por Chicago, esperábamos ansioso a esos pensadores de muchas partes del mundo. Yo quería formar parte de aquello, estaba decidida a ser una mujer idealista que lucha por sus sueños, que es partícipe de su historia, por eso me era necesario dejar atrás a esa niña de pueblo que una vez fui. Eso incluía a mi mejor amigo y novio de la infancia, quien me sigue viendo como una frágil criatura que debe ser protegida. Yo no soy una princesa que necesita ser rescatada, soy mucho más que eso, soy una mujer real que por encima de todo, valora su libertad.

—Te guste o no señorita rebelde, debes ir a probarte el vestido para tu fiesta. Sería incómodo que lo trajeran hasta aquí, no seas perezosa y aparece por una vez a la cita con la modista— me reclamó Alice.

—Tengo cosas más importantes que hacer— le dije terminando mis tostadas a punto de salir hacia la universidad.

—¿Cómo salvar al mundo con una pluma?— me dijo con sarcasmo.

—Al menos dejo mi grano de arena por...

—Ya párale con tu verborrea porque me vuelves loca, Bella. Sólo ve con la modista hoy porque tu fiesta es en dos semanas, no me he esforzado tanto como para que no te quede el vestido. Has engordado— me dijo mirando mi estómago. Me encogí de inmediato.

—¿Qué? ¡Claro que no!— grité alarmada. Miré mi cintura, mi talle, alrededor de mi ropa. Todo estaba igual.

—Para ser una revolucionaria, te preocupas demasiado por tu aspecto— soltó a reír mi prima y mejor amiga mientras tomaba su bolso y salía rumbo a su academia.

Aproveché que un maestro estaba enfermo para escapar de mi facultad hacia la ciudad y medirme el vestido. No tardé mucho en llegar, ya había aprendido a tomar correctamente los taxis e ir dando indicaciones para acortar el camino. No quería emocionarme demasiado con aquel trozo de tela pero al ver aquel vestido mi corazón dio un vuelco. Sin embargo me obligué a mantenerme como si me fuera indiferente. Una mujer madura, controla perfectamente sus emociones.

En verdad no sabía cómo contener a Alice, sé que mi abuela gastaría una fortuna en esta fiesta, papá tampoco se quedaría atrás. No lo vale, no se puede tirar tanto dinero cuando hay necesidades más importantes en el país. Pero de nada servían mis argumentos, todos estaban esperando la fiesta.

—Bella, ya es momento de que olvides ese resentimiento con Edward— me dijo mi abuela una mañana.

—No estoy resentida con él, abuela. Sólo... me hace sentir una niña...

—Y tú quieres crecer tan rápido— suspiró. –Los Masen están invitados a tu fiesta y es necesario que bailes el primer vals con una pareja— me advirtió.

—¿No puedo bailar solo con papá?— pregunté derrumbándome en el sofá.

—Sólo los primeros cinco minutos, luego alguien va a tener que tomar su lugar y quiero que sea tu novio.

—Pero no somos... en realidad no lo tengo claro, nos hemos distanciado y lo estoy evitando. Tampoco es que él haga mucho esfuerzo en verme— suspiré.

—Fuiste dura con él, no te disculpaste. Quizás estabas acostumbrada a que fuera Edward el que te busque cuando pelaban de niños pero ya crecieron y... Pues él tenía algo de razón— se encogió de hombros.

—¿Le darás la razón a él?— le pregunté ofendida.

—En parte sí. Se preocupa por ti, por tu bienestar. ¿Crees que no me cuesta dejarte ir con esos pensadores y feministas con los que has hecho amistad?

—Abuela es que... tenemos tantos proyectos.

—Cada generación quiere cambiar el mundo Bella, yo también tuve tu edad, también fui rebelde pero...— suspiró.

—¿Qué pasó? ¿Por qué renunciaste a tus sueños?— pregunté.

—Cuando llega la guerra todo queda de lado. Solo quieres que tu familia, los seres que amas estén bien, que el mundo a tu alrededor no se desmorone. Es difícil de explicar— me dice sentándose a mi lado

—He leído sobre la gran guerra, abuela pero ahora todo es distinto, estamos en otra época, nuevas ideas, cambios...

—Nada es seguro hija, quizás aquí todo esté bien pero al otro lado del mundo, están pasando cosas.

—¿No creerás lo que dicen los diarios verdad?

—Cuando el río suena... Lo mismo pasó hace tiempo, tu mamá era una niña cuando empezamos a leer sobre conflictos en Europa, en esa época aún tenía familia allá. Y de pronto, las cosas cambiaron poco a poco, todo empezó a ponerse cada vez peor. Luego de años de esa terrible guerra, llegó le peste. Huimos de Chicago, mis primos y tíos murieron. Bella, no sabes la suerte que tienes de vivir en tiempos de paz.

—Serán tiempos de paz por mucho más abuela, te lo aseguro— sonríe Bella, sin saber que corren los últimos meses de 1938 y cruzando atlántico un hombre planea apoderarse del mundo.

***************

Capítulo de transición. Nuestra querida Bellicienta intenta ser más fuerte dejando de lado lo que tanto ama y no se da cuenta. Pero el tiempo a veces no da oportunidades para enmendar los errores. ¿Podrá darse cuenta a tiempo?

Gracias por leer

PATITO

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