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20.

~Lilith-june Anderson~
Presente...

Como todos los viernes del último año, este día tenía una cita con el doctor para mi quimioterapia.

Ansiaba terminar esto por fin.

No podía creer que el tráfico estuviera tan pesado si apenas eran las 11:40 am, al menos tenía la certeza de que mi amiga y enfermera me esperaría sin dudarlo.

Caminé lo más rápido que pude en cuanto terminé de estacionarme, quince minutos después de dar vueltas en el parqueo del hospital.

Iba a quejarme sobre eso en recepción.

Olvidé mi enojo por mi encontrar parqueo cuando entré al consultorio y divisé a mi antiguo vecino en la sala de espera, nos habíamos vuelto amigos muy fácilmente.

No quería entrar a mi cita sin antes saludarlo, pero Andrea ya estaba esperándome y tampoco quería perder mi cita, así que caminé directo a ella deprisa. Hoy se cumplía un mes de haber empezado mi tratamiento nuevamente y, aunque era algo pronto, podríamos hacer un examen para ver si el medicamento estaba funcionando mejor que las tres veces anteriores.

Como cualquier humano, aún tenía un poco de esperanza de que mi vida cambiara para bien finalmente.

Intentaba no hacerme muchas ilusiones por el resultado de la última vez aunque se formaban casi por voluntad propia.

Tuve que dejar mis pensamientos de lado cuando Andrea me pidió que respirara profundo para inyectarme con facilidad, así lo hice y esperamos a que el líquido recorriera mis venas para que hiciera su trabajo. Por lo que me quedaba nada más que esperar a que el examen diera el resultado que tanto anhelabamos.

Andrea tomó la muestra para el examen.

Suspiré esperando lo mejor, pero sabiendo también que podía ser una negativa más.

—Esta listo —se quitó los guantes y con seriedad examinó el papel que la computadora había impreso —. Una vez más me temo que el resultado no es el que esperábamos. Lo siento mucho.

—Sabia que esto no iba a funcionar, ¿por que sigo esperando que si? —le cuestioné —. Andrea, ¿te molesta llamar a mi esposo? Creo que debo hablar con él al respecto —ella fue por él, quien llegó de inmediato.

Parecía estar asustado.

—Ok, voy a dejarlos solos —dijo —. Cuidate, nos vemos pronto.

—¿Y bien? ¿Que pasó? —me preguntó.

—Resulta que el tratamiento no está funcionando, amor. Sé que habíamos acordado que seguiría con él, pero esta vez en serio quiero dejar de intentar —esperaba que no se molestara de nuevo.

Realmente estoy cansada de esto.

—Me parece que ha sido suficiente tiempo. Quiero pasar mis últimos días con mi familia y no en el hospital —le digo esperando que entienda —. Ahora sí puedes decir que estoy rindiendome. Ya no quiero luchar.

—Así será entonces.

Milán me abrazó y consoló mientras yo dejaba mis lágrimas rodar libres por mis mejillas. Después de eso terminamos de leer el resultado, el cual decía que la esperanza de vida que ellos me daban era de un par de meses si seguía ciertas indicaciones.

~Dallas Clutier~

Debía estar feliz, Ben había decidido tomar el tratamiento por cuenta propia y en estos últimos meses no había necesitado ninguna transfusión de sangre, todo pintaba muy bien para mi muchacho. Pero mi mujer había ido a ver a mi antiguo romance hacia unos días y me había contado sobre ella, la estaba pasando mal, eso me hacía sentir cargo de conciencia.

Entonces me decidí a tomar mi teléfono y hablar con ella.

¿Me parecía solo a mí o estaba molesta?

Tenía razón, Lilith-june había cometido un error, pero yo también lo había hecho al ocultarle eso.

La conversación con Lilith-june se volvió más fluida y todo pareció ser como en los viejos tiempos. Al cabo de unos minutos más nos despedimos y prometimos estar en contacto. Ahora toda mi vida se sentía bien.

~

Milan Martin~

Ahora solo era cuestión de tiempo.

Mi esposa estaba muriendo lentamente y no había nada que la ciencia médica pudiera hacer para detenerlo.

Odiaba eso, odiaba tener que quedarme de brazos cruzados viendo como la única solución que yo conocía no daba resultado.

Rece para que Dios se apiadara de mi amada, pero parece que no tenía intención de obrar un milagro en nuestras vidas.

—¿Un trago aliviaría tu pena?

—Intentemoslo.

¿Como podía el alcohol ayudarme a darle más días de vida a mi esposa?

—¿Recuerdas que sigues siendo un doctor, cierto Martin? No puedes darte por vencido solo porque un resultado no salió como querías —me dijo con una sonrisa que pretendía animarme, pero solo me molestó un poco.

—Tenemos el tiempo contado, ella está muriendo —le dije —. No sé qué hacer, Sebastian.

Ahora sí que estaba asustado, el amor de mi vida estaba a punto de irse para siempre.

—Me parece que no hay nada más que hacer —me dio una sonrisa lastimera y eso me ponía más molesto cada vez, aunque sabía que esa no era su intención —. Intenta superarlo.


—Oh, claro, no sé por qué no se me había ocurrido antes —dije molesto y con una sonrisa falsa lo golpee con más fuerza de la que esperaba —.
Lo siento, Seb, necesito estar solo.

—Como si fuera a dejarte solo. Vamos amigo, sabes que no soy el mejor dando consejos, pero aquí estoy para lo que necesites —explicó —. Ahora deja de lamentarte y piensa en como harás para pasar estos meses con ella.

—No quiero hacerlo porque estaría aceptando que Lilith-june se irá y no quiero hacer eso. Debe haber una manera de salvarla, debe haber algún tratamiento o medicamento al que no hayamos recurrido antes. ¡Es que no puede ser que esto le esté pasando a ella! ¡Hay peores personas en el mundo y de todas ellas el universo, Dios o lo que sea que hay a cargo de nuestras vidas la eligió a ella!

—Incluso si hubiera una solución ella ya tomó su decisión —puso una mano en mi hombro a modo de consuelo.

—No me ayudas, Seb —dije molestó porque él parecía no entender la gravedad de la situación. ¿Tan difícil era entender que la madre de mis hijas y amor de mi vida estaba a nada de dejar este mundo y no quería permitirlo? Porque desde donde yo lo veía no era tan complicado como hacer una operación quirúrgica y ambos las realizábamos con una fiabilidad impresionante.

—Amigo mío... Deja de ser tan terco y haz de este tiempo con tu familia uno inolvidable —me sonrió mientras me palmeaba el hombro, como un padre sabio que aconseja a su hijo.

—Pues, esa no es una mala idea, Sebastián. Parece ser que finalmente puedes formar una oración coherente a mi situación —bromee —. Pero, ¿que puedo hacer para que ella se sienta feliz? Además no puedo dejar mi trabajo, Seb.

Contemplé mis opciones, después de pensarlo bien ya tenía un plan.

—Bueno, siempre quiso viajar a Alemania. Si utilizo todas las vacaciones y permisos que aún me deben puedo solicitar irme por un mes, gastaría los ahorros que teníamos para la universidad de Isa, pero estoy segura de que ella lo entendería. Seb, si me ayudas a cubrir un par de turnos en lo que les digo a las chicas, podríamos viajar el próximo fin de semana.

—¿Y yo que gano con eso? —me cuestionó —. Es broma. Sabes que haría lo que fuera por ustedes.

—Iré a decirles justo ahora —dije con una gran sonrisa que mi amigo compartió.

—Bien. Saluda a las chicas por mi, especialmente a Evora —nos despedimos con un choque de palmas y con una gran sonrisa conduzco a casa.

—¡Regresé, familia! —dije.

—Oye, ¿por que tan feliz? —me cuestionó la mayor de mis hijas —. ¿Tienes buenas noticias?

—Las tengo, pero para decirlas necesito a todas aquí, Isana —digo y ella va por su mamá y hermana —. Gracias, eso fue rápido.

—Lo que tengas que decir, hazlo rápido papi. La película se va a acabar —la más pequeña de mis niñas hizo un puchero y yo reí ante eso —. Es en serio —se volvió a quejar y entonces me acerqué a ellas, mi esposa me veía expectante.

—¿Recuerdan que su madre siempre ha querido viajar a Alemania? Pues hoy estuve haciendo algunos cálculos y con un poco de ayuda podríamos viajar por todo un mes. Por supuesto que tendríamos que pedir permiso al colegio para que ustedes falten tango tiempo, pero eso es lo de menos. ¿Que les parece?

—¡Tienes que estar bromeando! Eso es asombroso. ¡Me muero por ir!
—dijo Isana bastante emocionada—. No puedo creer que vayamos a ir a Alemania, ¡que buenos gustos tienes mamá! —solo que ella no parecía tan feliz.

—¿Nos dejan un rato a solas, chicas? Quiero hablar con su padre —pidió.

—Eso era todo. Pueden volver a lo que hacían —dije y no tuve que repetirlo porque habían desaparecido entre risas y suspiros. Luego me encuentro con la mirada molesta de mi esposa que me sorprende.

—¿Estas loco? —me pregunta algo confundida y con el ceño fruncido en enojo —. Las niñas necesitan prepararse para la noticia de mi enfermedad. Y ahora las ilusionas con planes de viaje. Isa va a odiarte si algo sale mal estando allá.

—Ahí está el detalle. Nada va a salir mal.

Pasé la siguiente media hora hablando con Lilith-june sobre lo asombroso que sería el viaje y al final cedió. Ahora sí estaba listo para darle unos días inolvidables, por si eran los últimos.

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