
BECAUSE THE NIGHT - ONE SHOT
El reloj de la iglesia comenzó a sonar y una a una escuchaste las doce campanadas que anunciaban la media noche. Estabas consciente de lo que eso significaba, ya que de nuevo ese atractivo hombre con un brazo de metal abriría la puerta de tu alcoba y llegaría hasta ti para hacerte suya. Suspiraste mientras sacabas de tu cuerpo esa camiseta que comenzaba a pegarse a tu piel y el resto de tu ropa de dormir, ya que sólo el hecho de recordar las caricias de ese hombre aumentaba la temperatura de tu cuerpo y este comenzaba a transpirar.
Te recostaste sobre las almohadas y abriste un poco las piernas dejando al descubierto tu sexo, llevaste tus manos hasta tus senos para acariciarlos, masajeándolos y de vez en cuando pellizcando tus pezones, recordando las experiencias tan ardientes que noche con noche vivías junto a él. De pronto, la puerta se abrió y ahí estaba, mirándote con una enorme sonrisa en el rostro y un cuasi diabólico brillo de deseo en su mirada.
-¡James! - gemiste pero él no se movió, siguió recorriendo tu cuerpo con su mirada - ¡James! - volviste a gemir pero él no hizo ningún intento por acercarse a ti.
Sabias perfectamente lo que él deseaba, ese hombre quería que te tocaras, ¡ansiaba verte disfrutar dándote placer antes de tomarte por completo! Un gran suspiro salió de ti y cerraste los ojos echando la cabeza hacia atrás para continuar con el deleite de hacerte el amor a ti misma. James avanzó un par de pasos y cerró la puerta tras de sí para sentarse en el desvencijado sillón que estaba frente a tu cama.
-¡Continúa con lo tuyo, muñeca! - Exclamó con un susurro - ¡Tócate para mí! Quiero escuchar como gimes, como gritas. Quiero ver cómo te retuerces de placer pensando en mí.
Al escuchar esas palabras, tu cuerpo reaccionó de inmediato y una gran ola de calor te abrasó. Volviste a gemir, pero fue un gemido débil, sin embargo, su sonrisa se amplió y su cuerpo se inclinó hacia delante para observarte mejor. Tus manos trazaron círculos por tus senos, frotando tus endurecidos pezones. Tus piernas se abrieron más, revelándole totalmente tu sexo húmedo y palpitante. Acariciaste con más rapidez tus senos y jalaste con fuerza tus pezones. Jadeaste sonoramente mientras tus manos bajaban hasta tu abdomen, retomando el camino de regreso hasta tu cuello.
James lamió sus labios sin dejar de mirarte, ¡le encantaba esa visión! Volvió a saborearse y una media sonrisa se dibujó en su rostro al sentir cómo su cuerpo también reaccionaba, excitándose cada vez más. Sacó su camiseta dejando al descubierto su enorme pecho bien marcado y perlado de sudor para comenzar a tocarse a través de la tela de su pantalón.
Tú te mordiste los labios al verlo actuar, aunque él lo negara, era obvio que lo tenías comiendo de tu mano, por eso iba a buscarte cada noche. ¿Cómo era posible que pudiera burlar la seguridad de ese convento dónde estabas enclaustrada? ¡Eso que importaba! Lo que importaba para ti era tenerlo entre tus piernas, embistiéndote, llenándote, amándote una y otra vez hasta hacerte perder la razón, hasta que tu cuerpo cayera desfallecido entre sus brazos y que al abrir los ojos, a la mañana siguiente, sólo permaneciera su olor en tu cama, porque él ya había desaparecido. Y aunque quedara un desconsuelo en tu corazón, mantenías viva la esperanza de verlo esa noche y así, continuar con ese círculo vicioso que se había convertido en tu adicción.
Tus manos recorrieron la parte interna de tus muslos, rozando apenas tu sexo y él abrió los ojos y ahogó un gemido. Repetiste el movimiento, y llevaste un par de dedos hasta tu boca, chupándolos, llenándolos de tu saliva y llevándolos hasta la entrada de tu vagina para enterrarlos con ímpetu dentro de ti. Gemiste de gozo, imaginando que se trataba de James, que era él quién te poseía con vigor, quién te embestía tan certeramente como sólo él podía hacerlo, meneaste tus caderas y dirigiste tu mirada hasta dónde estaba Bucky. Él te observaba, con ese brillo de lujuria en su mirar, había dejado de tocarse, pero te diste cuenta que lo habías puesto al cien.
Tus dedos entraron y salieron de ti, cada vez más rápido, tu mano libre se dirigió hasta tus senos y los masajeó, presionando con fuerza tus pezones; al tiempo que tu garganta dejaba escapar sonoros gemidos que se mezclaron con las maldiciones lanzadas por la boca de James.
-¡Joder, sí! - Exclamó el Soldado del Invierno - ¡Esto era lo que yo deseaba contemplar desde hace tiempo! ¡Vamos nena, dame más de ti!
Tu espalda se arqueó y tus dedos salieron de adentro de ti empapados de tus fluidos, James se levantó y se acercó velozmente hasta dónde te encontrabas para tomar tu mano y lamerla, paladeando tu sabor y grabarlo en su memoria. Le sonreíste maliciosamente y tomaste su cuello para acercar su boca hasta la tuya y besarlo eróticamente jugueteando con su lengua. Su mano metálica recorrió tu espalda, era tan fría y tan caliente a la vez que provocó un estremecimiento en ti, esta se paseó por tus nalgas y las estrujó a placer, mientras tus dientes mordían su hombro derecho. Los dedos de metal se abrieron paso entre tus muslos deslizándose con suavidad por tu feminidad. Ese contacto te hizo lanzar un grito de placer y Bucky rió sonoramente al escucharte. Te tomó con más fuerza y fue ahí dónde pudiste sentir la dureza de su sexo. Él volvió a acariciarte en intimidad, tus caderas se menearon, deseando sentirlo dentro de ti.
-¡Tómame ahora! - Suplicaste - ¡Hazme tuya, James! Soy para ti, de nadie más.
Bucky te besó lenta y pausadamente, sin prisas mientras tú sentías cómo ese beso te dejaba fuera de combate y sin voluntad alguna. Poco a poco, su mano derecha se posó en tus nalgas y después se dejó caer con fuerza sobre ellas, logrando que gritaras presa del dolor y de un placer sin nombre.
-¿Sabes que te has portado muy mal esta noche? - Susurró en tu oído, lamiendo tu lóbulo
No respondiste y de nuevo, su mano cayó sobre tus nalgas: - ¿No vas a responderme?
-¡Sí, sí! - Gritaste al tiempo que un par de lágrimas resbalaban por tus mejillas al sentir el escozor en tu piel - ¡Oh, sí, James! He sido muy mala... ¡Castígame!
El soldado volvió a reír, tomó tu cara con su mano, y su lengua se deslizo por tu mejilla para después susurrar con la voz enronquecida y cargada de erotismo: - ¡Entonces voy a castigarte, princesa! - Exclamó y te lanzó hacia la cama dedicándote una perversa sonrisa.
James se dio la vuelta y caminó hacia dónde se encontraba tu ropa, hurgó en los cajones y se encontró con un par de vendas, las contempló por unos segundos para regresar hasta dónde estabas y te miró complacido al verte en el mismo sitio y casi en la posición exacta en la que te había dejado. Le sonreíste traviesa al verlo de pie frente a ti, guiñándole un ojo y lanzando un beso tronado.
-¡Estoy lista para recibir mi castigo, sargento! - Susurraste mientras mojabas tus labios con la punta de tu lengua - ¡No tengas piedad!
James sólo asintió y con uno de esos lienzos sujetó tus manos y las ató por encima de tu cabeza en la cabecera de la cama. Jadeaste ante ese gesto e intentaste soltarte, pero aunque delicado, no pudiste hacerlo pues estabas fuertemente sujeta. El sonrió coqueto y se inclinó para besarte en los labios, mordiéndolos, al tiempo que cubría tus ojos con la otra venda.
-Con esto será suficiente, lindura - Dijo Bucky deslizando su dedo metálico por tu cuello - Es hora de que recibas tu castigo.
Gemiste al escucharlo hablar, para ti, su voz era como música celestial. ¿Qué era lo que te esperaba? Porque cada noche era algo distinto, como si él se transformara y se convirtiera en otro. Pero siempre tan delicado, tan atento y tierno contigo, sin importar que ambos eran unos completos desconocidos y sólo sabían sus nombres. Tú ignorabas todo de él, ¡pero no te importaba! Aún así lo amabas, aunque nunca se lo habías dicho.
-¿Estás lista? - Preguntó apretando con suavidad uno de tus pechos.
-¡Tómame ahora! Así tal como estoy - Respondiste entrecortadamente - Estoy respirando fuego y deseo, ¡tómame que soy tu banquete!
Escuchaste cuando se alejó de ti, pero se detuvo al pie de la cama, pues sus manos se deslizaron desde tus tobillos hasta tus muslos. Sentiste cómo el colchón se hundía bajo su peso y su mano tomó uno de tus pies, él lo llenó de besos para luego mordisquear y chupar tus dedos. Hizo lo mismo con el otro, pero después, dejó un camino de besos mojados desde tu pantorrilla hasta tu ingle.
Tú te retorcías, convulsionándote ante esas caricias, él sabía cómo enloquecerte, arrebatándote tu cordura, tu voluntad y logrando que te convirtieras en su esclava, en su juguete, en algo que tomaba y dejaba cuando se le venía en gana. ¿Pero eso qué? Te preguntabas, él también hacía tu voluntad, volvía a ti una y otra y otra vez.
Su boca besó con suavidad tu monte de Venus, tú jadeabas y gritabas de gozo y de dicha, ¡era tan maravilloso! Con lentitud, sus manos se colocaron debajo de tus nalgas y levantó tu cadera. Abriste las piernas para revelarle tu intimidad, para que él pudiera tomarla, saborearla y morderla. ¡Y así lo hizo! Así comenzó con esa deliciosa tortura, la que estabas ansiosa de recibir cada noche, sin importar que eso te estuviera arrebatando la vida lentamente. Su lengua recorrió tu sexo húmedo y palpitante, y se enterró en ti, tus caderas se movieron en un vaivén y esta comenzó a entrar y salir de tu interior.
Te retorciste frenéticamente, ¡deseabas poder tocarlo! Acariciar su cabello castaño y tirar de él. Pero estabas atada, James te había sujetado de la cabecera de la cama. Pero eso era parte del juego. Jadeaste, gemiste y gritaste, pero él parecía no darse cuenta o ignoraba esas súplicas. Bucky continuó lamiendo tu sexo, de cuando en cuando sus dientes también te infringían dolor y placer. Todo era tan delicioso y a la vez tan perverso, su boca caliente succionaba tu feminidad, haciendo ruidos extraños que te volvían loca de placer. No pudiste contenerlo más y aunque intentaste controlarte, tu cuerpo ya no pudo más y explotó, dejándose ir, cayendo en el vórtice de la locura y sucumbiendo ante el orgasmo.
-¡Oh James! - Dijiste jadeando - Esto fue como una tormenta que traspasó mi cuerpo. ¡Pero, por favor! Desátame ya, que ansió tocarte. ¡No he podido acariciar tu piel! Sentir tu calor y llenarme de él. Tampoco he podido sentir tu hombría dentro de mí, porque sé que te gusta hacerme sufrir. ¡Gozas con mi sufrimiento! Eres un ser perverso y demoníaco, un ente abominable... Pero a la vez, eres como un ángel lleno de ternura, de luz y de amor que me envuelve y me lleva hasta el edén. Puedes ser todo y a la vez nada.
Bucky no dijo nada, sólo te escucho, contempló tu cuerpo, te sintió vibrar, estremecerte ante sus caricias y su placer. Escuchaste el ruido del zíper de su pantalón, lo escuchaste terminar de desnudarse y sentiste cuando se inclinó ante ti para robarte un beso arrebatador, ardiente y voraz que acalló tu voz. Su hombría rozó tu vientre al colocarse sobre ti, tus piernas se enredaron en sus caderas desnudas mientras tu pelvis se friccionaba contra la suya. Ese movimiento se repitió una y otra vez. Él jadeaba y gruñía, conteniéndose ante lo imposible. Por un momento pensaste que esa anhelada unió sucedería, pero esta aún no llegaba.
-¡Aún no, nena! - Te dijo - Aún no terminamos el castigo, ¡vamos a seguir los dos con este tormento! Porque ¿sabes? Eso es también para mí, ¿acaso crees que no deseo tomarte? Para mí sería muy fácil poseerte, pero no se trata de eso. Se trata de que tu también goces, que disfrutes de estas pocas horas que pasamos juntos. Porque cada amanecer, yo me desvanezco como si fuera una aparición. Pero tengo motivos muy grandes para no quedarme a tu lado.
-¿Y porqué simplemente no te quedas? Por favor, quiero que esta noche, ¡sólo esta noche te quedes junto a mí! Quiero despertar entre tus brazos - Exclamaste intentando extender tus brazos que permanecían atados - Al menos, déjame ver tu rostro.
-Te lo he dicho una y otra vez, dulzura. - respondió James - Aunque es lo que yo más deseo, ¡no puedo quedarme a tu lado! Tú eres mujer prohibida, ¡eres una mujer de Dios! Estar a mi lado representa un peligro para ti, tú eres lo más preciado que tengo y no voy a arriesgar tu vida. ¡No quiero perderte! - susurró uniéndose a ti en un beso salvaje y brutal - Quizá en un tiempo no muy lejano podamos huir de aquí y perdernos juntos, para siempre - Exclamó volviéndote a besar.
Cuando se separaron, sentiste que el aire te faltaba, jadeaste un par de veces. En ese beso, sentiste que James te había dicho tantas cosas, ¿acaso había amor en ese beso? No podía descifrarlo, lo único que deseabas era que te quitara esas malditas ataduras, para tocarlo y recrearte con su silueta.
-¿Hasta cuando me vas a mantener así, James? - preguntaste en forma de súplica - ¿Acaso no quieres que te toque? - suplicaste - He soñado tantas veces con irme de aquí, dejar este maldito convento y vivir a tu lado. ¡Yo no quería ser una monja! Pero era el convento o mi vida.
-¡No pienses en esas cosas! - Dijo casi a gritos - ¡No te tortures con esos pensamientos! Seguiremos así por unos momentos más, cumple mi fantasía. Quiero seguir jugando contigo antes de que amanezca - Respondió James poniéndose de rodillas sobre el colchón.
Suspiraste y le dedicaste una sonrisa placentera. Sinceramente lo estabas disfrutando, incluso más que las otras veces, imaginabas sus expresiones faciales, a veces tan perversas y otras tan dulces y tiernas. Sentiste cómo se acercaba, pudiste percibir su calor y de pronto, la punta de su miembro duro y ardiente rozó tus labios. Esbozaste una sonrisa pícara, ¡ya sabías por dónde iba! Abriste la boca y lo lamiste lentamente para paladearlo, ¡oh su sabor! No existía una forma de cómo describirlo, para ti era lo mejor. ¡Todo en él era perfecto! Quizá era así como sabría el maná del cielo.
Tu lengua lo recorrió en toda su longitud y después él lo introdujo en tu boca y colocó su mano de metal en tu cabeza, para guiar tus movimientos e indicarte la manera en la cual le darías ese tan deseado placer. Él embestía tu boca una y otra vez con más fuerza, tú sentías que tal vez te ahogarías ante la brutalidad de sus movimientos, pero lo estabas disfrutando. Te encantaba que ese pedazo de carne estuviera dentro de tu boca, ¡era tan increíble! Seguiste disfrutando de ese tormento, de cómo entraba y salía cada vez con mayor rapidez. La mano de James se mantenía firme a tu cabeza y de vez en cuando tiraba de tus cabellos, pero ese dolor no importaba, el placer lo era todo en ese momento. Lo escuchabas gemir cada vez más fuerte, diciendo tantas cosas que no alcanzabas a comprender, pues parecía un lenguaje extraño para ti. Esos sonidos que emanaban de su boca, te erizaban la piel y seguían aumentando cada vez más la temperatura de tu cuerpo. ¡Por Dios! Te dijiste, ¿hasta cuándo seguirá con el martirio?
El cuerpo del soldado se tensó, te diste cuenta que estaba a punto de colapsar, y de pronto fue sorprendido por un maravilloso orgasmo estallando dentro de tu boca. Disfrutaste de ese elixir y lo tragaste, para después lamer tus labios buscando algún resto de esa maravillosa ambrosía. Escuchabas la respiración agitada de James muy cerca de tu oído y sentiste cuando se dejó caer junto a ti, acariciando tu cuerpo con su mano de metal.
-Ha llegado el momento de liberarte de tus ataduras, mi adorada dulcinea. - exclamó James soltando los nudos de tus manos.
Bajaste tus brazos con lentitud, pues te dolían los músculos por haber permanecido varios minutos así. Ahora solo faltaba que quitara la venda que cubría tus ojos, ¡deseabas mirar su rostro! Así lo hizo y pudiste ver de nuevo esa luz de sus ojos, James te miraba con pasión, con ternura y admiración.
-¡Oh diablos! -gimió él- ¿Por qué eres tan hermosa? Amo la manera en que me miras, con esos ojos llenos de inocencia. ¡Pero eres una chiquilla traviesa! - dijo mientras te abrazaba con fuerza pegando tu rostro a su pecho.
Lo cubriste de besos, acariciando su espalda desnuda y su trasero. Dibujaste con tus dedos cada uno de sus músculos en tensión. Estabas en la espera de más, pero parecía que él no llevaba prisa y había cerrado sus ojos para disfrutar de tus caricias. Así que seguiste tocando su cuerpo con las yemas de tus dedos, su piel se erizaba bajo tu tacto y en rostro se había dibujado una pequeña sonrisa de satisfacción. La boca de James estaba entreabierta, dejando escapar gemidos que inundaban tus oídos como si se tratara de una maravillosa pieza musical.
Te colocaste a horcajadas sobre él para continuar tocando su pecho. Al sentirte así, James abrió los ojos de golpe y te sujetó por la cintura, para invertir la posición, quedando él encima de ti. Reíste a carcajadas y él te imitó, sus cabellos cubrieron tu rostro al tiempo que él se inclinaba y devoraba tu boca en un beso. Él abandonó tu boca y paulatinamente sus labios fueron en descenso hasta tu cuello, tus pechos y tu vientre. Se detuvo ahí y acarició tus muslos, deslizando ambas manos por tus piernas hasta tus pantorrillas, las cuales sujetó con firmeza, para abrirlas de un golpe.
Jadeaste y gemiste sonoramente ante ese movimiento, por unos instantes él contempló tu sexo mojado, y con un suspiro, te embistió de golpe. Gritaste y él gruñó ante la íntima unión. Sus ojos hicieron contacto con los tuyos, en ese momento tan mágico no había necesidad de palabras, con su mirada se decían todo. Comenzaste a menear las caderas, urgiéndolo a moverse, él comprendió el mensaje y te imitó, penetrándote despacio y disfrutando de su conexión. Conforme pasaba el tiempo, la agresividad de sus embestidas aumentó; tus senos se bamboleaban recreando la vista del soldado, quién no podía dejar de mirarte, deleitándose con las reacciones de tu cuerpo. La cabecera de tu cama golpeaba con frenesí la pared de tu habitación y con el movimiento, el crucifijo que colgaba de esta se giró quedando de cabeza.
Tú tampoco podías dejar de mirarlo. Te encantaba ver las muecas de su rostro, sus expresiones faciales, a veces rudas, a veces tan tiernas, pero siempre disfrutando, gozando y queriendo cada vez más. Un "TE AMO" se escapó de tu garganta en forma de un grito, en ese momento no te importaba nada y no existía absolutamente nada a excepción de él y sus cuerpos en conexión. James te sonrió al escucharte, pero no dijo una sola palabra, siguió unido a ti, moviéndose al ritmo que tu cuerpo le estaba dictando.
De pronto, todo fue oscuridad para ti, para después dar paso a miles de luces de colores que brotaban alrededor de los dos, James gruñó con fuerza y de nuevo, esas palabras incomprensibles brotaron de su boca. Quizá también te decía que te amaba, jamás lo sabrías, sólo sentiste cuando se corrió dentro de ti y volviste a gritar para llegar hasta el espacio exterior junto con él y descender despacio hasta la tierra.
Él se dejó caer sobre ti, respirando con dificultad y hundiendo su rostro en tu cuello, lo acunaste entre tus brazos, acariciando sus cabellos mojados de sudor y besando su frente. Ambos se encontraban extenuados, pero felices y satisfechos. Siempre era así, desde la primera vez que él apareció en tu alcoba y te arrebató tu virginidad. Desde ese momento te habías convertido en su mujer y él en tu hombre. Y cada noche se repetiría la misma historia, hasta que murieras en sus brazos.
Cerraste los ojos y te quedaste dormida entre sus brazos, ¡ya sabías lo que sucedería al despertar! James se iría llevándose consigo un pedazo de tu alma y tu corazón, y de nuevo llorarías, escondiendo tu rostro en la almohada que él había ocupado, aspirando su aroma y contando las horas y los minutos que debían pasar hasta que volvieras a reencontrarte con él.
╔ F I N ╗
-----------------------
Así termina esta historia, fue un One Shot erótico que se me ocurrió mientras escuchaba el tema de "Because the Night", el cual precisamente lleva más o menos esa temática. En esta historia, ustedes son las protagonistas junto a James Buchanan Barnes, mejor conocido con el Soldado del Invierno. Yo espero les haya gustado, por favor, déjenme sus comentarios, impresiones y opiniones respecto a esta historia. Les agradezco de corazón el apoyo, sus palabras y lecturas. ¡Las quiero!
#MaryCruz
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro