Lance se removió al sentir vacío al lado de su cama.
Uy, que no, que no era su cama.
Se despertó desubicado.
La casa de Keith.
Con rapidez separó la sabana de su piel y observó como estaba totalmente desnudo.
Bostezó y se rascó los ojos. Se tumbó de nuevo y estiró su brazo. Escondió su nariz en la almohada y esnifó el olor. Olía a sobaco, bueno, a sudor. Pero bueno, olía al sudor de ambos.
Observó como se le empalmaba un poco. Sabía que señal era esa.
Se levantó y notó como el cuarto empezaba a girar alrededor suya.
Vaya mareo, y vaya resaquita.
Tras coger aire se levantó, buscó sus boxers y recordó dónde estaba el baño.
Con una mano en su frente fue al baño. Y escuchó la ducha. Y notó la oleada de vapor en la cara.
Creyó que vomitaría al notar tanto calor.
El grifo se cerró y Keith sacó su cabeza, con el pelo húmedo peinado hacia atrás.
-Buenos días bella durmiente.
-Anda, cállate... me va a explotar la cabeza. -murmuró con la voz gastada el cubano. Carraspeó y tosió.
-Uy que humor... -murmuró el coreano. Se envolvió una toalla en la cintura.
Lance se bajó los boxers que se había puesto y dejó que el chorro saliese sólo.
Asqueroso pero real, que le vamos a hacer. -Ayer llevabas una fiesta que ya me gustaría a mi.
-No me recuerdes nada... -Lance abrió sus ojos de golpe. Por inercia posó su mano en su culo. Pensó que sentiría dolor, pero no.
-No te he tocado nada de ahí. ¿No te fías de mi o qué? -murmuró el coreano. Lance se sintió mal al oír esas palabras.
-No, me fío... me fío de ti. -murmuró. Tras mear se subió los boxer. Miró al coreano, quien estaba con el pelo envuelto en una toalla. Keith estaba cogiendo un cepillo de dientes para lavárselos.
-¿Puedo ducharme?
-No tienes sangre. -murmuró el azabache. Lance frunció suavemente su ceño. - Es broma. -no le miró en ningún momento. Puso pasta en su cepillo y miró al cubano. -Venga, dúchate. Ahora te traigo ropa y toallas. -Keith empezó a lavarse los dientes.
Lance entró en la ducha. Se dió cuenta de lo que Keith amaba cuidarse.
Tenía jabones, jabones de todos los olores y todos los tipos.
Bueno, tenía 3 botes, para Lance era mucho.
Y shampoo más de lo mismo, de todos tipos. 4 botes mínimo vió.
Cogió uno lila: olor a mora suave.
Genial, ahora pasaba de oler a cenicero a oler a frutas restregadas por un cenicero.
Se duchó tras estar pensando un rato en silencio. Escuchaba a Keith tararear y escupir a la pila.
Sacó una mano.
-Toalla.
-Puedes salir eh. Te la he visto varias veces... -murmuró el coreano. Le tendió la toalla. -Anoche, por ejemplo. -Lance abrió sus ojos.
-Sobre eso... ¿que ocurrió?
-¿Anoche? Que querías follar. Bueno, que te follase. -se enjuagó la boca. Lance miró el suelo. No recordaba nada. Con el ceño aún fruncido, escuchó de nuevo al azabache. -No dejé que ocurriese. Estabas fumado y pedo, y sabía que no era buena idea. -murmuró el coreano. -Así que tu culo sigue intacto y virgen. Bueno, más o menos... -agachó su cabeza y le empezó a revolver el pelo con su toalla. -Simplemente te hice una paja y te mandé a dormir. -levantó su cabeza con el pelo húmedo y desastrado.
Muy, muy potente, pensó Lance.
Ahora le vio bien su cuerpo: su abdomen, el piercing de su ombligo, el tatuaje de su costado, sus brazos tatuados...
Muy caliente.
-Gracias. -dijo desviando su mirada de él.
-Puedes mirar Lance. Y tocar. Que no pasa nada. Puedes hacerlo.
-No tengo que hacerlo. -musitó.
-¿Que?
- Que no tengo que hacerlo. -dijo mirando sus ojos. -No quiero pasar lo de la otra vez.
-¿Otra vez? -murmuró Keith. Se acercó a él. -Lance, escucha bien y que se te grabe bien en esa cabecita quemada: quiero pasarlo bien. Y que tú te lo pases bien. Y si ahora quieres tocarme el pecho... -le cogió la mano y se la colocó en su propia piel. -Me lo tocas. Y no pasa nada. -Lance suspiró y miró el pecho de Keith. Resbaló sus dedos por dicha piel.
Lance alejó su mano de él.
Frunció su ceño y apretó sus puños.
-Lance.
-Cállate. - su voz sonó rota. No levantó su cabeza.
A Lance le invadió una tremenda sensación de culpabilidad.
Por una tontería como el sexo se había separado de quien más le alegraba los días.
Se había dado cuenta esos días que había perdido. Se había dado cuenta de cuanto le necesitaba.
-Cállate... -susurró en voz baja. Lance rascó su ojo.
Sorbió por la nariz.
-Ven aquí llorica. -murmuró el coreano.
El azabache abrió sus brazos y dejó al moreno esconderse contra su piel húmeda y fría.
Lance sintió que la Toalla de Keith se resbalaba.
-Déjala. -murmuró al sentir como se separaba de él lentamente.
Lance cerró sus ojos y escondió su cabeza en su cuello.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro