Capitulo 9 - My Boo
Punto de vista de María.
Sus labios estaban unidos a los míos, ese beso me decía a gritos te amo, y mi mente me repetía una y otra vez que no quería que se fuera, que no quería que Erick me soltase, que le quería aquí conmigo, sin nadie, para siempre. Le quería cogiendo mi mano los días bajos, le quería llenando de felicidad mi vida, le quería a secas, sin más; porque ni el tiempo ni nada ha podido evitar que yo siga enamorada de él.
Nos separamos por falta de aire, un aire que ahora en este momento odiaba por haberme hecho separarme de él. Quería que me cogiera en sus brazos y me llevara a la habitación para tener una noche de las nuestras, pero dentro de mi no estaba preparada aún, ni siquiera con él, y yo sabía que lo comprendía.
— Duerme conmigo por favor. — le digo con mi cara apoyada en su pecho a la par que él me abraza, levanté la mirada hacia la de él que me miraba con los ojos brillantes, acerca sus labios a mi frente y deja un beso en ella. — Sólo la última noche, no quiero dormir sola.
— Está bien. — me ofrece una sonrisa, Preciosa por cierto porque su sonrisa es preciosa. Le doy la espalda para poder abrir la puerta y encender La Luz, él entra tras mi mirando alrededor como si cuando lo hiciese se le viniesen diez mil recuerdos. — ¿Por qué no quieres que me vaya? — su pregunta me pilla por sorpresa y me giro a él. — No comprendo María, no me quieres aquí contigo ayudándote pero tampoco me quieres en Los Ángeles. ¿Que es lo que quieres?
— A ti. — le digo sin más. — Te quiero a ti, a la persona que quise antes de que se fuera a Los Ángeles y a la persona que quiero ahora, te quiero a ti Erick, y no puedo volver a perderte no quiero volver a ver como mi mundo se derrumba al ver como vuelves a cruzar la puerta de embarque. — le dije mientras esperaba expectante a qué me respondiera, pero nada fue lo que esperaba.
— Deberías dormir. — me dice sentándose en el sofá y veo como tiene la intención de dormir ahí.
— Duerme arriba conmigo. — me mira y sus ojos se llenan de luz.
— ¿Estás segura? — me pregunta acercándose a mi y yo le tomo la mano para subir a mi habitación. Cuando entramos cierro la puerta tras nosotros y me espera de pie a que me sienta cómoda, voy al baño para ponerme el pijama y cuando regreso a la habitación Erick está sentado sobre el sillón sin remera.
— Erick, duerme en la cama. — él me mira no muy seguro de ello pero le asiento con la cabeza para que lo haga. Él se acuesta en su lado, el que siempre ocupó cuando dormíamos juntos. Llevamos seis años sin dormir juntos y lo extrañaba.
Aparté las sábanas blancas y luego me cubrí con ellas para taparme, quería decirle mil cosas, pero solo mirándonos nos entendimos y nos fuimos uniendo poco a poco en otro beso, otro profundo y pasional beso. Cuando nos separamos me dormí en su pecho, sintiendo sus caricias sobre mi cabeza y el latido de su corazón. Con esto estaba segura que él no se marcharía a Los Ángeles.
(...)
Los primeros rayos de sol aparecieron por la ventana dándome en la cara, haciendo que me despertara y me diera cuenta que Erick no estaba, el reloj marcaba las 7:40 a.m aún su avión no salía, seguro que preparaba el desayuno abajo. Me levanté de la cama y bajé hacia la sala para verle de nuevo intentando hacer tortitas que acabarían quemadas y dejarían un fabuloso olor a chamusquina en toda la casa; pero al llegar a la sala ahí no estaba, no había nadie.
—¿Erick? — dije para ver si alguien respondía, y nada. Mi mirada se fue a encima de la mesa donde vi un sobre blanco con mi nombre puesto. Me senté en el sofá y abrí el sobre.
Hola mi amor.
Te escribo esto mientras te veo dormir, mientras observo lo linda que te ves cuando todas las facciones de tu cara están relajadas, cuando te liberas de todo lo malo que te rodea y cuando te sientes libre. Esta es mi carta de despedida, o tal vez no.
Te pedí por favor que no que no vinieras al aeropuerto porque sabiendo que tú estuvieras ahí no podría marcharme y no quiero complicarte más la vida.
Pero a pesar de todo me arriesgo una vez más mi vida, quiero seguir intentándolo y si no funciona intentarlo de nuevo porque yo sé que no me voy a cansar de esto que siento por ti mi amor. Por eso te dejo esa cajita que ves encima de la mesa, y ven al aeropuerto solo si estás segura.
Con amor, Erick Brian.
Miré la cajita que se encontraba roja de cuero que se encontraba sobre la mesa y al abrirla no podía creer lo que mis ojos veían.
Era un anillo de plata con un brillante diamante y la caja traía una carta que decía:
Yo solo estoy seguro de que quiero pasar el resto de mi vida junto a ti y nuestro hijo, es tu turno de responder, te espero antes de que salga mi avión.
Solté la caja y el sobre y salí corriendo hacia mi habitación para coger la primera ropa que vi, unos jeans azules y una blusa negra, toqué mi pelo un par de veces y salí corriendo hacia el aeropuerto en el coche.
Pues claro que quería casarme con él, no tengo duda que es el hombre de mi vida y que quiero pasar el resto de ella con él, que quiero que me haga feliz, que quiero hacerlo feliz, quiero estar con él y con nuestro hijo, quiero que seamos felices.
Llego al aeropuerto y por una suerte milagrosa encuentro estacionamiento rápido, corriendo y casi sin aire voy buscando su puerta de embarque.
— Los Ángeles, California puerta 7. — digo antes de salir corriendo hacia el encuentro de mi chico de ojos verdes, de lejos puedo ver a mi hijo y a mis amigos que acompañaban en la segunda despedida de Erick. Corrí lo más deprisa que pude — ¡Erick espera! — grité antes de que cruzara la puerta de embarque y corrí hacia él, se giró hacia a mí y expectante esperó mi respuesta.
—¿Y Bien? — me sonríe y me acerco a él para besarle, porque sobraban las palabras.
— Claro que quiero casarme contigo, quiero pasar el resto de mi vida contigo, que me ayudes a superar mis miedos y quiero que estemos junto a nuestro pequeño juntos. — miro a Nuestro hijo que nos mira sonriendo al igual que Cris y todos los presentes. — Porque Erick Brian Colón si hay algo de lo que estoy segura en la vida es que te amo y que merecemos la pena. — su sonrisa se apoderó de mí a la vez que me abrazaba y me besaba, ya no se marchaba y lo mejor de todo era que estábamos a punto de ser nosotros.
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