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Capitulo 8- Cómo Así

Punto de vista de María.

No lograba conciliar el sueño, había algo dentro de mi que no me dejaba cerrar los ojos y dormir en paz y sabía perfectamente lo que era, la marcha de Erick. Bajo ningún concepto quería que se fuese, no entiendo por qué se iba, debía de quedarse, tenía que luchar por mí. Los primeros rayos de sol comenzaron a aparecer por mi ventana y no había dormido nada, una voz en mi cabeza me decía una y otra vez que no dejara que se fuera, cierro los ojos y los abro rápidamente para levantarme de la cama y marchar hacia la habitación de Erick el que duerme plácidamente entre sus sábanas azules cielo.

— Venga amor, vamos a la escuela. — mi hijo se levanta a desgana y en sus ojos veo la tristeza de la marcha de su padre. Salgo de su habitación para dejarle vestirse y yo bajo a la cocina para preparar el desayuno, tengo cuatro mensajes de Cris.

Esta noche cena en casa de Conchi, despedida de Erick.

Ya somos grandes para fiestas pero tenemos que despedirlo.

Y tú obvio debes venir, eres la madre de su hijo.

A las 9.00 pm, escoge el vestido negro. Nunca falla.

Bloqueó el teléfono mientras mi Niño baja por las escaleras con su mochila para su día en la escuela y su cara de tristeza aún no se ha marchado. Yo me acerco a él y le abrazo.

— Amor, sé que estás triste porque tú papá se va. — él asiente. — pero va a venir a verte y vais a hablar mucho, vais a seguir juntos.

— Pero yo le quiero aquí con nosotros. — me hace un puchero. — mami si le quieres, ¿por que no estás con el? — yo no sabía que responder, simplemente lo abracé.

Cuando me vestí con unos jeans negros, una blusa blanca holgada y una chaqueta negra, salimos de casa y yo lleve a mi hijo a la escuela para que pudiera desconectar de la marcha de su padre y poder sonreír un rato. Me aseguré que entró perfecto y me marché hacia el trabajo.

Tenía que terminar de editar El que se enamora pierde, pero no tenía la cabeza para nada. Estaba sentada en mi despacho con el ordenador encendido frente a mi y la cabeza que no me daba para más, no dejaba de repetirme que Erick mañana se iba y que podía volver a perderlo y que esta vez la vida no me iba a dar una segunda oportunidad. Me llevé las manos a la cabeza y me dejé caer abatida.

— María, ¿estás bien? — preguntó Ester entrando en mi despacho, quise secarme las lágrimas pero ya las había visto así que para qué iba a disimular. — Vaya que pregunta tonta. — se acerca hacia mi y me extiende sus brazos y yo le correspondo al abrazo que resultó muy reconfortado. — Puedes contarme lo que sea, y creo que necesitas desahogarte. — Ester en estos seis meses me había demostrado que no solo era mi jefa sino también mi amiga, habría cobrado una figura materna que hace diecinueve años perdí, se quedó en la entrada de Sevilla. Le conté todo, de principio a fin y no me olvidé ningún detalle.

— Y ahora se vuelve a Los Ángeles y no sé qué me pasa, superé que se fuera una vez o no, no sé ya no sé qué siento. — digo limpiándome las lágrimas con un pañuelo que al quitarlo estaba negro debido a mi maquillaje corrido.

— Yo creo que estás tan enamorada como lo dice en tu libro, y que no soportas la idea de que la persona que tanto amas se vaya al otro lado del país.

— No quiero que se vaya. — le digo mientras no dejan de salir lágrimas.

— Pues no dejes que se vaya, todo lo que acelere tu corazón y te haga sentir viva merece la pena. — al mediodía regresé a Casa y Erick debía de estar con nuestro hijo como acordamos. Durante la tarde mi mente tuvo como pequeños flash Back de mi vida con Erick y en todos me veía feliz con él, siempre supo cómo hacerme reír, tiene el don de hacerme feliz y estos últimos seis mese no le dejé hacerlo.

Acercada la hora de la cena escogí el famoso vestido negro, el que nuca falla. Me miré al espejo para ponerme un poco de sombra de ojos brillante, labial rojo y eye-liner. Salí insegura de casa hacia la de Conchi, con temor a perderlo, con temor a tener un déjà vu de hace seis años en el aeropuerto, con temor a que en L.A deje de amarme. Entré en aquella casa de paredes grises y puertas blancas con las escaleras en medio que al llegar a la mitad formaban dos caminos, mi amiga estaba en la entrada con su hijo, lo primero que hizo fue mirarme de arriba a abajo y hacerme entrar en su hogar.

— Amor, ve a ayudar a papá con la cena corre. — le dice a su hijo y cuando él obedece me mira. — María te quiero más que a nada, eres como una hermana y te conozco desde hace muchísimos años. — me dice seria y Conchi nunca es seria. — pero vienes aquí con ese vestido, sabiendo que en cuanto Erick te vea se le va a venir el mundo encima lleno de recuerdo y que a ti llevarlo puesto te traslada a seis años atrás. — cierro los ojos acordándome de nuestra primera cita. — Está a punto de irse, y todavía tiene Mil dudas en la cabeza, y todas ellas llevan tu nombre. Estamos a punto de perderlo otra vez. — sentí un vuelco al corazón. — sé que le amas, no hay más que verte a los ojos para ver cómo la idea de que se vaya te arde por dentro. Así que amiga solo te lo diré una vez, supera tus miedos y déjale ayudarte, déjale amarte. — tras decir eso se marchó siguiendo los pasos de su hijo.

Los sonidos de unos zapatos chocar contra el suelo a gran velocidad me devolvieron a la realidad y vi a mi hijo acompañado de su tía y su padre. Me agaché para abrazarle y él me devolvió el abrazo, después se fue corriendo a jugar con sus primos.

— Yo voy a por algo de tomar. — dijo Cris marchándose a la cocina con Joel y Conchi. Yo miré a Erick quien llevaba una camiseta blanca con unos jeans azules rasgados y su chaqueta de cuero.

— Bueno. — digo yo nerviosa. — último día en Miami. — se trata de hacerle ver que lo quieres, pero solo has conseguido que parezca que lo quieres perder de vista.

— Sí. — me dice sin más. — Bonito vestido. — me sonríe y yo le devuelvo la sonrisa sin Saber que decir y lo único que quería hacer era correr a sus brazos. Sin saber muy bien que hago me acerco a él y se sorprende.

— Erick yo... — le miro a los labios y puedo sentir como él mira los míos también. — yo...

— ¡Dímelo papi! — escuchamos a Zabdiel detrás, lo que causó que nos separáramos y lo viéramos con Andrea. Que oportuno es.

— Eres un escandaloso. — le dice Sheila que venía detrás de él con Christopher.

— ¡Hola Sheila! — le dice Richard detrás asustándola.

— Pero que imbecil. — le dice golpeándole el hombro. Erick y yo nos miramos pero a los pocos segundos quitó la vista y se me vino el mundo abajo, Cris que salía de la cocina me vio.

— Óyeme, respira. — me abrazó. — todo va a salir bien. — Empezaron a servir la mesa grande, en la pequeña estaban todos nuestros hijos. Erick estaba a mi izquierda, Cris al lado de Erick y Richard, a mi derecha se encontraba Conchi seguida de Joel y en frente se encontraban, Sheila, Chris, Andrea y Zabdiel.

La cena por lo general fue bien, pero no pude dejar de mirarlo durante toda la noche, de sonreír como boba cuando sonreía. Estaba tan enamorada de él que no tenía duda ni un segundo en volver a dejar que entrara en mi vida y no dejarlo salir nunca.

Erick quiso dormir con padre asi que le dejé, los chicos se recogían a sus casas pues las edades ya no nos pedían tantas fiestas, los pequeños comenzaban a caer rendidos. Ahora era mi turno, no te vas Brian.

— Erick, ¿me puedes llevar a casa por favor?, no quiero ir sola. — él me mira y traga saliva.

— claro. — me dice no muy seguro. Nos levantamos de la mesa y me despido de Joel, Conchi, Cris y Richard, también de mi hijo. Salgo de la casa con Erick y nos montamos en su auto, él arranca el motor y salió dirección mi casa. Durante el trayecto no dejé de buscar contacto físico con él y tampoco miradas. Frenó frente a mi casa. — llegamos. — dijo sin mirarme.

— Gracias. — le digo, pero no me bajo y eso hace que él me mire.

— María, solo te pido un favor. — me dice. — no vayas al aeropuerto, no quiero verte antes de subirme al avión, no vayamos a hacerlo más difícil. No quiero nada más contigo.

— Vamos Erick, no te hagas el que no siente por favor. — le digo.

— Por favor. — me repite.

— Joder. No soporto la idea de que te vayas, no quiero volverte a perder, te quiero aquí conmigo y Erick. — él no me dijo nada y ni siquiera me miró, yo estaba al borde del llanto. — supongo que a ti nada te duele.

Cómo así que no duele, claro que me duele irme, claro que me duele dejaros pero no quiero estar en una montaña Rusa María. — me dice y sigue mirando al frente.

— ¡Te estoy pidiendo que te quedes! — exclamé mirándole y él me ignoró. — Da igual, déjalo. Que te vaya todo genial en Los Ángeles, Erick Brian. — digo saliendo del coche dirigiéndome hacia puerta de mi casa, cuando escucho que se abre la puerta y siento el contacto de sus dedos en mi brazo haciéndome girar, y sin dejarme decir palabra juntar nuestros labios en un beso que los dos deseábamos tanto que no hicieron falta más palabras.

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