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Capítulo 4 - Pegao

Punto de vista de Erick

La mañana había llegado a la ciudad de Miami, yo desperté en casa de Cris porque había pasado la noche con ella, necesitaba del apoyo de su hermano mayor y no sé lo iba a negar. Había pasado tres cuartos de la noche llorando, y yo cuidé de Jace en lo que ella se calmaba. No durmió a penas así que decidí llevar a Jace yo mismo a la escuela.

— Oye Jace. — le digo a mi sobrino — ¿Sabes donde queda la escuela cierto?

— si, tío. — lo monte en mi auto y nos dirigimos hacia la escuela, el se despidió de mí con un fuerte abrazo, me levanté y vi a Erick con él mientras me sonreía. María se encontraba a mi lado.

— ¿Cómo así que trajiste a Jace? — me dice.

— Cris lloró durante la noche y no durmió, a penas hace un rato que conseguí que se relajase. — le respondo a su pregunta. — Quise dejar que durmiera.

— Debo ir a verla. — me dice preocupada. Se va a marchar para su coche pero le tomo el brazo, haciéndola girar hacia mí.

— Yo puedo llevarte. — le digo con voz suave.

— No, gracias. — me dice y finalmente se dirige a su coche.

Yo me monto en el mío y vuelvo a casa de mi hermana, lo que eso indicó en sí que tuviera que encontrarme nuevamente con María. En efecto ahí estaba ella en la puerta; seguía siendo tan Bella como siempre, llevaba sus pantalones vaqueros rasgados y una blusa blanca, su pelo castaño ahora tenía más color rubio que antes y lo llevaba ondulado por los hombros. Mi hermana nos abrió la puerta y nos miró a los dos.

— Llevo seis años esperando a volver a ver esta imagen. — Maria y yo nos miramos a la vez para luego mirar a Cris. — Perdón, he pensado en voz alta. — la rubia de mi hermana se hace a un lado y dejo que primero pase la madre de mi hijo, y tras ella mientras mi hermana cierra la puerta, voy yo.

Mientras mi hermana y Maria conversaban yo la miraba embobado, no se podía negar lo muy enamorado que estuve de ella, y ella de mi. Ojalá las cosas hubieran sido diferentes, ojalá nunca hubiera montado en aquel avión, nunca me hubiera ido a L.A. Me daría igual no tener fama y a penas dinero para vivir, pero la tendría a ella, y a mi hijo.

— De hecho, debo irme. — dice levantándose y yo regreso a mi realidad. — Tengo que entregar hoy mi libro y casi no dormí por terminarlo.

—¿Eres escritora? — le pregunto.

— Aún no, pero lo será — Dice mi hermana como una mejor amiga orgullosa. — Su libro arrasará cuando salga.

— Ay, no digas tonterías. — ella sonríe y le da dos besos y se acerca a mí para abrazarme. — No olvides pasar por Erick por favor. — asiento y sale por la puerta cerrándola tras sí, siento un cojín estrellarse contra mi cabeza.

— ¡Idiota! — me grita Cris.

— ¿Que tú quiere'? — le digo.

— Deberías de invitarla a cenar, Con Erick y contigo. — me dice poniendo su dedo índice sobre su sien en señal de que debería pensar.

— Que Maria ya no me ama. — le digo.

— Que eres tonto chico. — mi hermana menor se va indignada, mientras yo me quedo pensando en si debería hacerlo o no.

Punto de vista de María.

Dejé mi coche en los estacionamientos de la editorial P&S, era una de las mejores que había en Miami, y tuve la suerte de que se interesaran por mi libro, espero que lo que terminé de escribir les guste. Este libro es la manera de cerrar mi etapa con Erick, de dejarle marchar, de por fin aceptar que lo único que nos une es un hijo y nada más.

El edificio de P&S era muy alto, a decir verdad era una alta torre de color gris lleno de ventanales tintados. La puerta principal era una puerta giratoria que tenía en grande arriba un cartel que ponía: P&S

Me adentré en la editorial y fui hasta el ascensor de puertas negras, marqué la sexta planta y ese aparato me llevó hasta ahí. Salí y me fui hasta la secretaria.

— Hola vengo a ver a la señora Gómez. — ella me sonríe amable, era una chica morena con ojos verdes y un vestido pegado a su cuerpo.

— Venga conmigo. — ella hace sonar sus tacones y me lleva hasta una puerta gris que hay al fondo del pasillo. — Adelante la señora Gómez la está esperando. — la chica se va y yo respiro hondo, giro el mango de la puerta y entro.

La mujer estaba sobre su sillón mirando su ordenador gris Apple, mientras apuntaba cosas en su agenda. Llevaba una camisa negra y unos pantalones del mismo color, su pelo era castaño rizado y sus ojos eran marrones, calculo que tendría unos cuarenta y pocos años.

— Hola. — la mujer me mira y me sonríe — Soy María Sánchez, la autora de El que se enamora pierde.

— Si, Hola cariño, siéntate. — Me ofrece el asiento y yo la obedezco, saco de mi bolso el borrador que tengo para entregárselo. — ¿Terminaste lo que te faltaba?

— Si, claro — le paso el borrador Y ella lee lo que le falta, ya habíamos estado hablando por e-Mail y había leído hasta lo que llevaba escrito le faltaba tan solo dos capítulos.

— Oh, me gusta mucho. ¿Pero por qué se va? — me mira en shock por el final del libro. — Si tanto la ama debería de haberse quedado a luchar por ella, o al menos llamarla. ¿qué es lo que le tiene que decir?

— Él decide irse para olvidarse de ella, y ella aún aferrada a él le llama para contarle que está embarazada solo que él nunca le respondió. — le cuento cosas que no le han quedado claras.

— Me encanta. — ella sonríe y yo le devuelvo la sonrisa, se levanta de su asiento y se pone bien sus pantalones. — Pásate mañana y firmamos el contrato.

— Muchas gracias de verdad señora Gómez. — estiró mi mano para estrecharla con la suya.

— Ay no, señora no. Me hace sentir vieja y solo tengo cuarenta y dos. — se ríe y su risa me resulta familiar. — llámeme Ester.

— Está bien, Ester. — sonrio. — gracias y mil gracias. — salgo de P&S para ir a casa, la hora de recoger a Erick ya había pasado hace una hora, pero no me preocupo, Erick había ido por él.

Ahora que lo pienso, es un buen papá, lo está haciendo todo por Erick y está demostrando que realmente quiere formar parte de su vida. El timbre de la casa suena y voy a abrir a donde detrás se encontraban los dos amores de mi vida.

— ¡mamá! — dice nuestro pequeño abrazándome. — lo he pasado genial, hemos hecho sopa y hemos tocado la guitarra.

— ¿tocado la guitarra? — miro a Erick y nuestro hijo desaparece en el interior de la casa.

— Si, sabe tocar. — sonríe. — ¿Lo sabías?

— No, pero es normal. Sale a su padre. — los dos nos reímos. Había extrañado esa sonrisa a muerte. Sus ojos verdes se fijaron en los míos y volvía Aquella conexión, la nuestra, la de siempre. — debo volver dentro...

— ¡Aguarda!, ¿podrían venir mañana al cine conmigo? — me dice.

— ¿tú, yo y nuestro hijo? — él asiente. — Erick no va a pasar entre nosotros si es lo que buscas.

— Solo quiero pasar tiempo con Erick, y que mejor que lo pase con sus dos padres. — me sonríe y siento como mis defensas se debilitan.

— Está bien. — bufo. — Recógele de la escuela y luego pasa por mí a P&S.

— ¿P&S? ¿La editorial? — pregunta extrañado.

— Si, a partir de mañana trabajaré allí.

— ¡ESO ES GENIAL! — me coge de la cintura y me abraza. — Eres fantástica.

Nuestros ojos se quedaron conectados a nada de distancia, y a decir verdad mi corazón me pedía a gritos besarlo, ya que llevaba seis años sin hacerlo, pero no podía. Esto no estaba bien.
Él se fue acercando hacia mi, pero yo me alejé, no por falta de ganas de besarle, sino por pura dignidad.

— Mañana nos vemos. — entré en casa y lo dejé ahí en el porche, como si nada. Pero había algo muy dentro de mí que estaba feliz de tenerle de vuelta.

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