Capítulo 1 - Volverte A Ver
*6 años después*
Punto de vista de Erick.
Habían pasado seis años desde que me marché de Miami, jamás volví, ni siquiera de visita y por el momento no pensaba hacerlo, en L.A me va bastante bien, me volví un cantante famoso y todos mis sueños ahora mismo se estaban haciendo realidad.
En cuánto a relaciones si que hay varias chicas, pero nada serio con ninguna, no me volví a enamorar detrás de Maria. Es muy complicado eso.
Salí de mi magnífica casa de cuatro plantas y un jardín enorme para montarme en mi Ferrari rojo para ir a las oficinas de Sony Music para hablar acerca de mi gira.
— Es un día trágico para todos la ciudad de Miami, el importante empresario, Yashua Camacho ha sufrido un accidente de tráfico en el que lamentablemente no consiguió salir con vida. Deja a una mujer y a un hijo. — dijo el locutor de radio, frené el coche cuando llegué a las oficinas de Sony.
Salí en shock, mi cuñado, el marido de mi hermana, el padre de mi sobrino y el hermano de uno de mis mejores amigos; pero sobretodo mi amigo. Corriendo subí por el ascensor hasta la sexta planta y ahí entré en el despacho de mi manager.
— Renato, nada de flashes y nada de cámaras pero tengo que irme a Miami ahora mismo. — él se levantó de su silla de cuero marrón.
—¿Qué pasó Erick? — me dice.
— Uno de mis mejores amigos, ya no solo eso sino el marido de mi hermana ha muerto. — él parece conmocionado con la noticia y también comprenderme.
— Okay, está bien, vete a Miami y cuando puedas vuelve. — me da una palmada en el hombro, y yo vuelvo a bajar a mi coche para recoger mis maletas, me dirijo al aeropuerto y compre el primer pasaje que salía para Miami.
Vida antigua, allá voy.
Miami, Florida.
Punto de vista de María.
Yashua siempre fue un gran apoyo para mí, siempre me ayudó en todo, fue sin duda un gran amigo y sobretodo un buen padre. Ahora Cris me necesitaba más que nunca.
— La vida es tan injusta que siempre se lleva a los mejores. — me decía Conchi mientras acariciaba mi brazo.
— Yashua no se merecía esto — le digo. — Ni Cris, ni nosotros.
— Lo se, pero es el ciclo de la vida. — hace una curva en su boca. — anda vamos tenemos que ir a la iglesia.
— Ahora te alcanzo. — ella asiente y se va dejándome sola; estoy apoyada sobre la cómoda, me giro y veo una foto de Cris con Erick, me entra un poco la nostalgia de recordarlo, si, ya sé que han pasado seis años y que nunca más volví a saber de él pero eso no quita el hecho de que le quisiera y mucho.
Intento no darle otra pena a mi vida y Me dirijo hacía abajo todos parecían haberse ido.
— Vamos pequeño — tomo su mano y vamos caminando poco a poco. Pero llegábamos tarde. — Corre corre que llegamos tarde. — estábamos a punto de llegar cuando íbamos a subir la escalera y choqué con alguien. Iba a pedirle disculpa y entonces lo vi, estaba ahí con sus ojos verdes y vestido con una camiseta negra y unos jeans del mismo color, nos quedamos mirándonos sin saber qué decir, el corazón me dio un vuelco. — Disculpe.
Entré en la iglesia, tan pálida como si hubiera visto a un fantasma.
— ¿Qué te ha pasado? Pareces que has visto un fantasma. — me dice Andrea cuando me siento a su lado.
— Erick está aquí. — ella gira su cabeza y lo ve entrando.
— ¿No da señales de vida en seis años y aparece ahora? Vamos yo lo mato. — continúa Zabdiel.
— No por favor Zab. No es el lugar ni el momento. — le digo intentando calmarlo. — No es el momento de hacerlo, solo trata de pensar en Cris y Jace.
Zabdiel pareció relajarse, el funeral continuó como lo previsto, pero yo ya no me sentía cómoda ahí sabía que estaba él, había pasado tanto tiempo sin verlo personalmente, porque si sabía de él ya que ponían a todas horas sus canciones y me salía como recomiendo en YouTube.
Todos volvimos a nuestras casas, yo tenía que comenzar a trabajar la semana que viene y debía de preparar los borradores de lo que iba a ser mi primer libro, El Que Se Enamora Pierde. Pensé que contar la historia del amor de mi vida podría llevarme a lo más alto y no perdería la oportunidad de hacerlo.
El timbre de casa sonó sacándome de mi inspiración para terminar de escribir, cerré el ordenador y me dirigí a abrir la puerta.
— Hola. — sus ojos verdes estaban ahí, mirándome de nuevo mientras su brazo descansaba en el marco de mi puerta.
— ¿Qué haces aquí Erick? — le digo mientras me hago un hueco para que pase aunque no cierro la puerta ya que están Joel y Conchi en el patio de atrás.
— Han pasado seis años, quería saber que fue de ti. — me dice y río irónica.
— Me dejaste allí llorándote en el aeropuerto, mientras te rogaba que te quedarás conmigo y lo intentáramos otra vez, porque te quería. — sentí mis ojos aguarse. — Lo peor de todo es que ese día no solo me abandonaste a mi, sino a todos.
— ¿Qué querías que hiciera me iba para olvidarte?
—¡Me arrastre por ti Erick!. — le grito y veo como un niño pequeño entra corriendo en el salón.
— ¡Mamá! — me dice alargando sus brazos para que me agache.
— Hola mi amor. — le digo abrazándole. Miro a Erick que tiene la cara desencajada.
— Hola Erick. — le dice Joel con tono serio.
— Hola Joel. — responde Erick igual.
— mi vida, ¿por qué no vas a jugar? — mi hijo parece obedecerme pero Erick le para.
— ¿Como te llamas hermoso? — mi pequeño le sonríe.
— Erick. — Erick me mira.
— ¿Cuántos años tienes? — por favor no.
— tengo cinco años. ¡Adiós mamá y adiós amigo de mamá! — dice y se va corriendo, bueno ha llegado la hora de la verdad.
— Erick... — él me mira.
— Es nuestro...
— creo que ha llegado el momento de tener esa conversación que tantas veces he tenido en mi cabeza.
— no estaría mal.
— pues necesito una cerveza.
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