Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

CAPÍTULO VEINTISIETE

Only Love Can Hurt Like This -Paloma Faith 

Despertarse en una celda no era como en las películas, no había otras mujeres con historias rocambolescas ni un policía esperando en la puerta, no olía a orina ni estaba en la parte de atrás de una comisaría sino abajo, junto a unas escaleras solo iluminadas por la luz que llegaba desde arriba.

Era silencioso y solitario, no estaba la risa de Mavi ni los chistes de Halit, no estaba su cómoda cama ni el pitido de los coches de sus vecinos de fondo.

Jessica todavía podía oír la música de la feria dentro de su cabeza, el trajín de las extremidades chirriantes de la feria, los motores a todo dar, incluso el olor a palomitas de caramelo.

Podía sentir el humo, los focos del coche deslumbrando sus ojos. Se abrazó a sí misma, tenía frío aunque estuvieran a treinta y cinco grados a primera hora de la mañana, estaba temblando como una hoja.

Intentaba recordar la noche anterior pero estaba borrosa, todo lo que alcanzaba a percibir eran luces azules acompañadas de una sirena, el frío de las esposas cerrándose sobre su muñeca, los gritos de Mavi mientras se la llevaban lejos.

¿Cómo podía haberlo tenido todo en un segundo y después haberlo perdido con la misma facilidad?

¿Cómo podían haberse acomodado y relajado tanto que incluso olvidaron quienes eran?

Pensó en la niña, en dónde estaría, si tendría mucho calor o si alguien habría apagado la luz de su habitación.

¿Sabrían las personas con las que estaba cuáles eran sus cereales favoritos? ¿Le habrían dado su muñeca?

¿Dónde estaría ahora?

Jessica se levantó, el colchón en el que había dormido apenas estaba sobre una piedra rectangular y tenía apenas diez centímetros de grosor, le dolía la cabeza, le dolían todos los huesos, le dolía hasta el corazón.

Caminó hasta el final de la celda y apretó entre sus dedos los barrotes que la separaban de su libertad.

Cerró los ojos con pesadez, sabía que si dejaba salir los sentimientos que tenía guardados dentro del pecho, si comenzaba a llorar, ya no podría parar y no era momento de llorar sino de luchar, de recuperar a su pequeña, de regresar a casa.

Era momento de ser fuerte por todas las veces que había sido demasiado débil.

Esta vez no cerraría los ojos, no ignoraría la realidad, no dejaría a Mavi a merced de nadie más ni tampoco a Halit y si ellos no podían luchar, si ellos no eran lo suficiente fuertes, entonces ella se volvería de hierro por los tres.

Jessica ignoraba que por encima de su cabeza, un hombre trajeado había llegado a comisaría para sacar de la celda a uno de sus clientes habituales, le dejaron revisar la lista de detenidos y entonces, cuando vio el nombre de Jessica, palideció.

Unos pasos interrumpieron los pensamientos de la chica, el hombre trajeado bajó las escaleras hasta los calabozos de la comisaría de Santa Mar y cuando ella lo vio gracias a la poca luz que se colaba ahí,
contuvo el aire.

—Jessica —susurró él, dejando escapar su nombre como en un suspiro.

No podía creer lo que estaba viendo, era como si ella fuera un fantasma de una vida pasada, alguien a quien no había visto en tanto tiempo que incluso había olvidado el sonido de su voz.

Escuchar su nombre de esos labios le pareció más una tortura que un alivio, deseó hacerlo desaparecer, deseó que aquello fuera una pesadilla porque su presencia allí, solo confirmaba que todo se había ido a la mierda.

Frente a ella estaba Blake, el mismo hombre con el que había planeado toda una vida, solo que ya no era el mismo niño que solía ser cuando se conocieron, ahora era todo un hombre, el abogado representante del bufete de su padre.

—¿Blake? —preguntó ella en voz baja, mirándolo como a una especie extinguida.

Él la miró de arriba abajo, comprobando que de verdad se trataba de la misma persona, que aunque llevara el cabello un poco más oscuro y más largo, seguía siendo la misma mujer que le rompió el corazón tres años atrás, con la que todavía seguía soñando cada noche. 

—Cuando vi tu nombre en la lista de detenidos, no podía creérmelo. Había venido a sacar a un cliente y… ¿Qué haces aquí, Jessica?

Ella se encogió de hombros y apartó la mirada, ¿por dónde empezar?

—Es una larga historia —dijo y no mentía. Una historia que había comenzado hacía años.

Blake se asomó a las escaleras, hizo una seña a uno de los policías que estaban arriba y este comenzó a bajar con las llaves en la mano.

Luego se acercó al calabozo mirando a Jessica y lo abrió sin mediar palabra. Jessica se quedó quieta cuando la celda se abrió pero entonces Blake extendió su mano hacia ella.

—Ya me la contarás después, vamos.

❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀

Jessica no recordaba la casa de Blake tan beige, ni las paredes tan limpias de cuadros, ni el gato que se paseaba de un lado a otro.

Todo estaba exactamente igual pero había algo muy extraño, le resultaba ajeno, lejano, como si esa fuera la primera vez que estaba allí.

Estuvieron juntos tres años pero para Jessica, era como si la vida antes se hubiera borrado.

Tenía retazos de imágenes dentro de su cabeza, se veía caminando de la mano junto a él, comiendo un helado mientras hablaban de su próximo viaje.

Pero todo había cambiado tanto que no llegaba a comprender sus propios sentimientos, no reconocía a esa mujer que planeó toda una vida con él, como si hubiera sido otra persona en su cuerpo y no ella.

—He conseguido que el juez te reduzca la fianza porque no tienes antecedentes y tu familia es muy apreciada en Santa Mar pero no estoy seguro de poder librarte de esto, Jessica. ¿Secuestrar a una niña? ¿De verdad?

Blake se sentó en el reposabrazos de su sofá, se desabotonó la chaqueta del traje y respiró hondo.

Jessica recordó lo poco que le gustaba utilizar corbata cuando era más joven, siempre se quejaba cuando tenía que llevarla al bufete de su padre y siempre salía de allí con ella en la mano.

Blake había crecido mucho pero algunas cosas no habían cambiado.

—Ya te he contado lo que pasó, Blake. Mavi estaba siendo maltratada —repitió, todavía de pie junto a la puerta.

Se sentía una extraña, una desconocida invadiendo el hogar de alguien.

—Su nombre es Seray y eso no cambia nada, no puedes llevarte a una niña sin más. La ley es la ley.

Ella se dejó caer contra la pared, todo le daba vueltas y estaba mareada. Tenía el estómago vacío y aún así, sentía que podría vomitar en cualquier momento.

Necesitaba saber algo que no se atrevía a preguntar pero la duda le estaba quemando la lengua y el corazón le dolía.

—No esperaba que tú lo entendieras, eres abogado.

—Acabo de sacarte de una celda, por lo menos podrías fingir que estás agradecida.

Jessica se sintió culpable por sus palabras, tenía razón y estaba siendo muy injusta con él.

—Estoy agradecida, de verdad. Lo siento.

Jessica se esforzó por acercarse a él pero cada paso que daba era como pisar arenas movedizas, sentía que se estaba hundiendo. Le colocó la mano en el hombro y frunció los labios en un gesto parecido a una sonrisa.

Blake miró su dedo, el redondel dorado que había estado ahí por tanto tiempo que Jessica incluso olvidaba su presencia.

—¿Esto es un anillo de matrimonio?

Jessica notó una punzada en el pecho porque ese anillo era un recordatorio de que todo había sido real, de que Halit y Mavi no habían sido un sueño.

—La niña nos lo regaló, lo sacó de una de esas máquinas de bolas.

—Qué ridiculez —soltó Blake.

Jessica suspiró, no quería discutir con él.

—¿Cómo es posible que nadie nos encontrara durante todo este tiempo?
—le preguntó luego de unos segundos.

—Nadie os encontró porque nadie os estaba buscando, Jessica. El padre de la niña la ve una vez cada dos años y para la madre fue un alivio perderla de vista. Si no hubiera sido porque esa mujer la reconoció, nadie os hubiera molestado nunca pero ahora que todo ha salido a la luz, no esperes clemencia de Claude porque será implacable.

Ella se cruzó de brazos, la mención a esa mujer le hervía la sangre.

—No quiero su clemencia, no necesito nada de esa mujer pero, ¿saldrá de esto sin ser castigada? ¿El juez no le preguntará porque no denunció la desaparición de la niña antes?

—Puede que sí, puede que no. Podría decirle que tenía investigadores buscándola, que no confía en la policía. No lo sé Jessica pero ese delito no es el que se juzga sino el vuestro, el tuyo. El secuestro de la niña.

Jessica negó despacio, no era justo.

—¿Dónde está la niña ahora?

—Mi contacto en servicios sociales me ha dicho que está en un centro de acogida temporal, pasando unos exámenes médicos. Le ha contado a Margaret, la trabajadora social que lleva su caso, la situación con su familia.

El corazón le dio un vuelco al imaginarse a la niña pasando por todo eso, tan solita y triste, preguntándose dónde estarían ellos. Se la imaginó con los ojos aguados, con las manos aferradas a su muñeca y los labios torcidos.

Su pobre niña.

—¿Se lo ha contado todo? ¿Qué va a pasar con ella ahora?

—En una situación normal, lo más común es que hubieran creído la versión de sus padres por encima de su propio testimonio pero teniendo en cuenta la especialidad de este caso, le realizarán unos exámenes médicos y si estos corroboran lo que ha contado, retirarán la custodia a sus padres de forma temporal y abrirán un proceso judicial. Después de que salgan condenados, que lo harán, la niña será elegible para una adopción. Pero eso no cambia nada para ti, te lo repito. El delito de Claude no justifica el tuyo.

Jessica había dejado de escuchar cualquier palabra que Blake hubiera dicho después de esa que le interesaba más que ninguna otra.

Sus ojos se iluminaron con esperanza.

—¿Adopción?

Blake se puso de pie como si alguien lo hubiera empujado desde debajo del sofá.

—Ni lo sueñes, Jessica. Será un milagro que consigas evitar la cárcel, ni de broma le darían la niña a alguien que la secuestró, aunque tuviera razones para hacerlo. Tuviste otras opciones pero escogiste la peor.

Ella suspiró, ya se lo imaginaba. Se mordió la lengua, no podía seguir contenido la incertidumbre dentro de su pecho pero no se atrevía a pronunciar su nombre frente a Blake así que bajó mucho la voz, como si hablar de él fuera el peor de los pecados.

—¿Y Halit? —susurró sin mirarlo.

—No irá a la cárcel, tiene una abogada y ha pagado la fianza.

Jessica negó.

—No es posible, él no tiene dinero.

—Él no pero Annabelle sí, no sé porqué le ha pagado la fianza pero lo ha hecho.

Jessica intentó descifrar de qué le sonaba ese nombre, si lo recordaba de verdad o era producto de su imaginación. Pero entonces, sus manos sintieron como si todavía estuviera alrededor de Halit, con las piernas colgando de su cintura y una noche de octubre a su espalda.

Claro que lo recordaba, Annabelle era la mujer de la que él le había hablado, la única que le había gustado de verdad.

¿Pero no había sido ella una de las estafadas por él? ¿Qué hacían juntos? Se mordió el interior de la mejilla.

¿Quizá Halit le había mentido? No, no tenía sentido pero, ¿entonces por qué estaba con ella?

Sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos, Halit la buscaría. Aunque hubieran peleado, él sabía que ella no decía nada de verdad, que solo estaba enfadada y confundida.

Halit volvería y se enfrentarían juntos a todo, como siempre había sido.

—¿A dónde irás ahora? ¿A casa de tu padre?

Jessica negó, no podía volver allí, no cuando no le había llamado en dos años.

—No, no puedo ir allí. No sé a dónde iré.

—El juez ha bloqueado tus tarjetas hasta que se resuelva el caso, no puedes pagar un hotel.

—No importa, ya encontraré algo —le dijo para evitar decirle que ya tenía un lugar al que volver cuando Halit regresara.

Blake se rascó la barbilla y dudó entre sí debía hablar o no.

—Puedes quedarte aquí si quieres, tu habitación está tal como la dejaste.

«Esa no es mi habitación» quiso decir ella pero no quería ser desagradable con él.

—No es necesario, Blake pero gracias.
Tengo que irme, gracias otra vez.

Jessica asintió en su dirección y abrió la puerta, tenía que volver a Luna Azul, tenía que regresar para cuando Halit volviera allí con las llaves de casa y su sonrisa invencible.

Tenía que estar allí para cuando él volviera con un plan infalible y juntos recuperaran a Mavi.

❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀

—¿Dónde está mi mujer? —bramó Halit desde la puerta de comisaría.

Annabelle resopló, le había preguntado lo mismo tres veces en cinco minutos pero Halit parecía no querer comprender la respuesta.

—Cálmate un poco, Halit. Vamos a casa, tenemos que hablar de tu defensa.

Él la miró, abrió los brazos y sonrió.

—¿Qué defensa, Annabelle? Te agradezco que me hayas sacado de la comisaría pero voy a declararme culpable de todos los cargos.

—¿Y crees que eso te servirá para algo que no sea pudrirte en la cárcel?

—A mí no pero a Jessica sí. La sacaré de esto y podrá recuperar a nuestra hija.
¿Dónde está tu coche?

Presionó el botón de las llaves y un todoterreno rojo se iluminó como un faro frente a él. Halit corrió, abrió la puerta del conductor pero Annabelle lo persiguió y cerró de un golpe seco, luego se postró entre él y el coche.

Halit no aceptaría mentiras ni medias verdades, no aceptaría refunfuños ni súplicas.

Nada podía separarlo de su familia salvo Jessica y sabía que ella estaba en alguna parte, esperándolo.

—Está bien, te diré dónde está Jessica. Esta mañana la sacó de la comisaría un tal Blake, no lo conozco pero tengo un amigo en su bufete de abogados. Es su novio, ¿no?

El dolor en las sienes de Blake se extendió hasta su nuca, apretó los párpados.

No podía ser, no era cierto. Annabelle estaba equivocada o mintiendo, ¿Qué haría Jessica con ese tipo? Todo lo que le había dicho en la feria era mentira, producto de su enfado.

—No es cierto —dijo con la voz ahogada.
Annabelle le acarició la mejilla con dulzura.

—Yo no conozco de nada a ese hombre, te digo que me lo ha contado un amigo mío. Cuando busqué información sobre tu detención, apareció su nombre. ¿Por qué me mentiría mi amigo, Halit?
Piénsalo un momento. A mi no me interesa lo que le pase a esa chica pero me interesa saber que ella ya tiene una estrategia de defensa y tú sigues abnegado —razonó con su mano todavía en el rostro de Halit.

Él negó, no se lo creía. No quería creerlo, ¿acaso todo lo que le había dicho en la feria era verdad? No, claro que no.
No lo creería mientras no lo viera. Se negaba a creerlo.

Annabelle le quitó las llaves del coche y él se sintió demasiado derrotado para pelear.

Resbaló hasta caer en el suelo, ella se arrodilló a su lado para consolarlo. Pero no había consuelo posible para él.

—Sé lo que vamos a hacer, basaremos nuestra estrategia en la suya. Sé el tipo de trabajos que realizan en ese bufete pero no voy a permitirlo, Halit. Vamos a destruirlos en los tribunales.

❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀❀

Halit nunca llegó.

Jessica esperó allí durante todas las horas de la mañana, luego el cielo se pintó de un naranja llamante y ella siguió allí.

Después el cielo comenzó a oscurecer capa a capa, pedacito a pedacito y ella siguió allí. Lo esperó porque le había mentido, lo esperó porque él sabía que ella lo amaba.

Tenía que saberlo.

Estaba dibujado en sus ojos cada vez que se miraban, en sus labios cada vez que se sonreían, en la expresión en su rostro todas las mañanas cuando se cruzaban en la puerta del baño, cada vez que se tocaban.

Jessica lo esperó durante todo el día pero Halit nunca llegó y ella comenzó a tener mucho frío dentro de su cuerpo, en su corazón y alma, allí donde los abrigos no llegaban y las estufas no eran suficiente.

Cuando miró al horizonte, sentada en las escaleras del porche, lo único que Jessica vio aparecer fue el coche de Blake.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro