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CAP 27 - Reunión, Parte 1.

Sábado, 31 de enero.
13:10 hrs


El sol brilla intensamente sobre Los Santos, sin embargo, el clima no es caluroso, al contrario, sigue haciendo mucho frío. A lo lejos, un grupo de vehículos, desgastados y maltrechos, se acerca a las barricadas que marcan los límites del pueblo, rodeándola por completo en un casi perfecto círculo de escombros y trampas a su alrededor. El sonido de los motores resuena en el ambiente, alertando a los soldados que custodian las torres de vigilancia. Estos mismos, a través de los binoculares, visualizan a los que se acercan, reconociendo de inmediato que son de la resistencia.

Los autos, algunos con abolladuras y otros con ventanas rotas, son un claro reflejo del caos y la desesperación que seguramente, aquellos enfrentaron en el camino. Llegan al pie de la puerta, que es abierta, permitiéndoles el paso. Daniela entonces, se asoma por la ventana del copiloto, los soldados la reconocen de inmediato, por lo que uno de ellos informa a través del radio que ya están de vuelta. Rápidamente, los autos se adentran en el pueblo, dirigiéndose hacia la base.

El portón de la base es abierto, Los vehículos se detienen justo al pasarla entrada, y los soldados comenzaron a salir, tambaleándose un poco debido al cansancio y las heridas. Anderson es el primero en bajar del auto. Se muestra cansado. Con la mano derecha aprieta con fuerza sobre una herida sangrante en su brazo izquierdo, cubierta por un pedazo de tela tomada de su camisa para detener el sangrado. A su lado Liz, también muestra signos de heridas leves.

Deiler sale a recibirlos, percatándose de que hay menos soldados que cuándo salieron, todos mostrándose muy maltratados. Entonces ve que detrás de ellos, Daniela hace acto de presencia, calmando las preocupaciones que siente, sin embargo, actúa un poco más sereno, atendiendo a cada uno de sus compañeros y evaluándolos para luego comunicar a Karla que necesita urgente atención médica para algunos compañeros.
Daniela se acerca a Deiler y lo abraza, quitándose un peso de encima, preocupaciones, miedos. Se siente finalmente segura de estar en casa, con él. Deiler alza la mirada nuevamente y observa a Anderson apoyarse en la puerta del auto, respirando profundamente para calmar el dolor que le recorre el cuerpo. Gabriel se muestra algo golpeado también, al igual que todos los soldados presentes.

—Pero... ¿Qué les pasó? —pregunta Deiler, mostrando angustia en la mirada.

—Fuimos emboscados, un combate a altas horas de la noche contra los muertos —responde Liz—, cayeron varios de nuestros compañeros, los vimos convertirse en... ellos. Tuvimos que matarlos, y matar a los otros también.

—Anderson casi pierde el brazo, la herida es más profunda de lo que crees —dice Daniela, separándose de Deiler—. Sobrevivimos por poco.

—Tuvimos que inyectarle una dosis de adrenalina para tratar de disipar el dolor —dice Abel, interrumpiendo—. Pero necesita atención médica urgente.

—Ya...

—¡Están aquí! —grita Karla, saliendo de la residencia, al mismo tiempo que un auto médico ingresa a la base.

—¿Necesitas ayuda? —pregunta Deiler.

Deiler se acerca a Anderson, su expresión refleja preocupación. Observa las heridas que marcan el cuerpo de su amigo. Anderson asiente lentamente, el dolor es evidente en su rostro.

A medida que los heridos son retirados de la base, un equipo médico se prepara para recibirlos en el hospital. El ambiente es tenso, lleno de murmullos y el sonido de pasos apresurados. Las luces brillantes del hospital contrastan con la oscuridad que han dejado atrás.

Anderson, con el brazo vendado y adolorido, siente una punzada de miedo al recordar el momento en que estuvo a punto de perderlo. La herida en su brazo es profunda, un recordatorio constante del peligro que tuvieron que enfrentar. Los médicos se mueven rápidamente, evaluando a cada paciente, pero todos saben que la situación de Anderson es crítica puesto que también ha perdido mucha sangre.

Mientras lo llevan a una camilla, Deiler se queda a su lado, tratando de ayudar en lo que más pueda.

—Vas a estar bien, hermano.

Una enfermera le dice al pelinegro que, a partir de ahora, es trabajo de ellos y que ya no puede entrar en la sala. Entonces, un doctor, exclama con fuerza a mitad del pasillo que no hay anestesia en el hospital, que tendrán que tratar a los pacientes de esa forma. Todos asienten. El personal médico comienza a trabajar en cada uno de los cuartos, limpiando a los pacientes. Y entonces, se escucha el grito desgarrador de Anderson: han empezado la desinfección.
Los gritos de cada persona retumban en las paredes del hospital, escuchándose incluso hasta en la habitación donde descansa Dylan. Micneya, al escuchar todo el alboroto decide asomarse por la puerta, percatándose que los gritos son en el piso de abajo. La joven cierra la puerta y voltea a ver a su mejor amigo.

—¿Qué está pasando, Mic? —pregunta Dylan, alterándose un poco.

—No lo sé —responde la joven—. Tal vez haya un infectado, y pueda que intente contagiar a los demás. Iré a ver...

—¡Espera! —exclama Dylan—. ¿Tienes algún arma?

Tocan la puerta.

Micneya voltea y ve por la ventana que es Mayreth. La joven abre la puerta y nota que está acompañada de Gabriel, quién más allá del vendaje y algunos puntos que le cosieron, está bien. Ambos entran a la habitación, Gabriel saluda emotivamente a Dylan y empieza a explicar el porqué de los gritos en el hospital.

—Tal vez deberíamos salir a buscar anestesia, Mic —sugiere Dylan.

—Es imposible, ahora tenemos que recuperarnos, además tienes un brazo roto, serás más una carga para el equipo, que algo de apoyo —interrumpe Gabriel.

—¡Oye! —exclama Dylan, haciéndose el ofendido.

—Las cosas como son, bro... Pero me alegro que estés bien. Me enteré por Jesua de tu estado de salud y por ello vine a verte.

—Gracias, mi estado de salud ha mejorado bastante. Espero recuperarme pronto para poder empezar a ponerme en forma de nuevo.

—Ya veo, ¿y cuánto tiempo de reposo tienes por el brazo?

—Entre seis a ocho semanas, aproximadamente —responde Dylan, apretando el puño derecho.

—Dos meses... —Gabriel baja la mirada y exhala con pesadez—. En dos meses puede que ni siquiera estemos aquí...

—¿A qué te refieres? —pregunta Micneya, sin entender las palabras del moreno.

—A que todos debemos empezar a prepararnos para un posible ataque a gran escala por parte de los no muertos —responde Gabriel, tajante—. Tal vez haber salido con Daniela haya sido una mala idea, y eso pudo llamar mucho más la atención de los zombis. Nos atacaron constantemente, especialmente cuando estuvimos en Bakersfield, y probablemente, los hayamos atraído aquí también. Nunca los vi así...

—¿Así como? —pregunta Micneya, curiosa.

—Más violentos, chillones y erráticos de lo normal, hablando de los zombis de piel pálida, claro. Todo frente a Daniela.

—¿Será por su embarazo? —pregunta Dylan, deduciendo.

—De hecho, es una muy buena hipótesis—responde Gabriel—. Tuvimos la oportunidad de ver cómo reacciona un zombi pálido al estar cerca de ella y es aterrador. Como dije, se descontrolan. Son más impredecibles.

—Ahora la pregunta es ¿Por qué actuarían así? —se pregunta Micneya en voz alta.

—Normalmente los animales depredadores suelen cazar a las presas más vulnerables, ya sean por una herida mal curada, o que estén enfermos o... inclusive las hembras que estén embarazadas —responde Dylan—. Ya que eso implica menos gasto de energía y menos conflicto durante la cacería.

—¡Es cierto! —exclama Gabriel—, quizá por eso es. Los zombis ven a Daniela como una presa fácil.

—A pesar de lo evolucionados que estamos, seguimos siendo animales —dice Micneya, posando ambas manos en el espaldar de una silla—. El instinto cazador reprimido por tantos miles de años, ha sido liberado en los contagiados.

—Esto da miedo, ya no sé ni qué enfrentamos, ahora resulta que el instinto cazador es natural en el ser humano también —opina Mayreth, un poco agobiada de escuchar todo lo que dicen—. ¿Creen que ese virus también nos afecte a nosotros y seamos como esas cosas?

—Es probable —responde Gabriel—. Ni siquiera sabemos si somos inmunes al virus o no. Por cierto Dylan, ¿Cuándo te dan de alta?

—En uno o dos días, he evolucionado bien tras la fuerte caída, lo único afectado fue mi brazo —dice mientras alza el brazo enyesado.

—Esperemos que sea sólo eso y todo lo demás esté bien —dice Mayreth, entre risas.

Dylan se le queda viendo sin entender mucho el comentario, hasta que finalmente capta y pone cara de sorprendido. Se siguen riendo, hasta que finalmente, las risas se ven interrumpidas por Gabriel, quien carraspea y hace una leve pausa, entonces empieza a contarles sobre Vicky y Abel, quienes ven toda esta posible alianza como una señal esperanzadora para poder seguir combatiendo contra los zombis. Aunque no han conseguido de lleno dar con la dichosa cura. De pronto, Gabriel dirige la mirada hacia la ventana y exhala suavemente, para luego voltear a ver a Dylan.

—Si hay personas en muchos países luchando por sobrevivir, en Venezuela también debe haber esperanza. Dylan, tú lo entiendes mejor que nadie... Tú, yo, Deiler, todos los que venimos de allá somos sobrevivientes de todo lo vivido en nuestro país años atrás. Es imposible que nuestra gente haya caído tan fácil.

—Sí, también quiero pensar en eso... Había olvidado todo lo que vivimos en los años anteriores a la pandemia por COVID —dice Dylan, mirando a Gabriel—. Quiero creer que, por nuestra experiencia, podemos sobreponernos a esta situación también.

—¿Qué pasó en su país? —pregunta Micneya, curiosa.

—Guerra civil, podría decirse —responde Gabriel, volteando hacia ella.

—¿Ustedes pelearon? —pregunta Mayreth.

—No, pero todo lo que ocurrió alrededor de esos enfrentamientos, quedaron marcados en nuestras vidas para siempre, así como este apocalipsis zombi. Quiero regresar a Venezuela luego de terminar con lo que tenemos aquí, quiero ser parte de la lucha —responde Gabriel mientras empieza a caminar en la habitación.

—Luchar en Venezuela puede ser más complicado que acá, especialmente por los barrios, cosa que comparte con los barrios de Colombia y las favelas de Brasil —dice Dylan, siguiendo con la mirada a su compañero—. Caracas es una ciudad rodeada por muchos barrios, no me quiero ni imaginar cómo han debido de ser las cosas allá durante estos años.

—Siempre es complicado...

—Quiero conocer tu país, Dylan. Siempre he querido conocerlo —dice May, acariciando el cabello del joven.

—Tal vez algún día —responde el joven, sonriéndole.

—Por ahora hay algo que me preocupa, y es el hecho de que, si no conseguimos una cura con estos niños de laboratorio, entonces habrá que hacer un traslado masivo de personas desde Bakersfield hasta acá y es un viaje arriesgado. Pero cada persona que logremos salvar, es un zombi menos contra el cual pelear.

—Gabriel —habla Micneya, sentándose en una silla—, sea aquí o sea allá, tenemos que colocar nuestros esfuerzos en encontrar una cura para esto. Me temo que los zombis pueden ser muy contagiosos, pero están formando una sociedad, ósea, cuándo salimos de misión antes de la lesión de Dylan, vimos una gran horda de zombis de piel pálida siguiendo a una especie de líder, depredando a un zombi diferente a ellos.

—Los salvajes —dice Gabriel—. Si, me he percatado también que prefieren mantenerse alejados y evitan cualquier tipo de enfrentamiento con esas cosas. Los zombis pálidos suelen depredarlos y matarlos, y no es una escena muy agradable de ver.

—Lo sabemos —dice Dylan— presenciamos algo similar en algún momento durante la misión a Luisiana.

—Bueno, iré a reunirme con Zailyn —dice Gabriel, estirándose un poco—. Antes de irme a Bakersfield le pedí de favor que usara la internet para poder conseguir cualquier tipo de información sobre cómo inició el apocalipsis zombi que pueda servirnos de algo.

—Salúdala de mi parte —dice Dylan, esbozando una pequeña sonrisa.

—Vale, con gusto lo haré.

Apenas Gabriel sale y cierra la puerta tras de sí, Mayreth exhala pesadamente, mostrando cierta angustia tras haber escuchado todo lo que han hablado. Micneya se percata de eso y le mira extrañada.

—¿Qué pasa?

—Que cada que algo parece ir bien, resulta ser todo lo contrario. Ya quiero que esta pesadilla se termine, quiero acabar con esto y volver a cómo éramos antes.

—Nada volverá a ser como antes —interrumpe Dylan con un tono de voz un tanto más serio—. Dudo mucho que las personas vuelvan a ser las mismas después de todo esto. Nadie ha vuelto a ser igual luego de la pandemia por el coronavirus, nadie ha vuelto a ser igual luego de una guerra y mucho menos nadie va a ser igual luego de haber vivido un fin del mundo por criaturas que nos quieren comer.

—En eso tienes razón, no habíamos asimilado bien todo lo que pasó con el coronavirus para que luego nos haya golpeado este apocalipsis. Es tan...

—Hay que matar a los zombis, o morir en el intento... No hay un final feliz en una historia de terror, nunca lo hay —interrumpe Dylan nuevamente a Mayreth, mirando seriamente hacia Micneya—. Pero pase lo que pase, tenemos que sobrevivir.

—Estoy contigo. Si no hacemos algo ahora, vamos a morir de alguna manera, ya sea por causas naturales, una enfermedad, los zombis, o de hambre... Suena cruel, pero traer a más personas a Los Santos, va a reducir nuestros recursos mucho más.

—Dylan, tú que lo conoces más... ¿Crees que Deiler pretenda traer a más personas? —pregunta Mayreth.

—No lo sé, de igual manera, tengo que hablar con él apenas me den de alta...




Lunes, 02 de febrero.
14:00 hrs

El sonido del motor de un auto, hace que Shiro levante la cara y empiece a ladrar constantemente hacia la puerta. Dylan, con un ligero movimiento, baja del auto y cierra la puerta tras de sí. Gabriel lo sigue, saliendo del coche por el lado del conductor, observando con detenimiento todo a su alrededor. La puerta se abre y Shiro sale a recibir al joven con euforia, Micneya entonces sale a recibirlos observando a Dylan moverse con una leve cojera. Entran a la casa, y entonces Mayreth hace acto de presencia, saliendo de la cocina.

—Sabía que vendrían pero no tan pronto, aún no he terminado de preparar algo para celebrar que ya estamos juntos de nuevo —dice la joven, con una sonrisa apenada.

—No tenías por qué molestarte en eso May —dice Dylan, acercándose a ella y abrazándola—. De igual forma, lo que estás cocinando huele delicioso.

—Está preparando alguna comida de nuestro país, aunque faltan muchos ingredientes pero, se las ha ingeniado —acota Micneya.

—Mayreth es una excelente cocinera, definitivamente siempre prepara algo rico —expresa Gabriel, olfateando el aire repetidas veces.

Mayreth acaricia un poco el cabello de Dylan que se percibe más largo, y luego ambos entre nerviosismo y risitas, se dan un leve beso. Micneya sonríe de forma pícara y algo divertida, mientras Gabriel no puede evitar observar la escena con algo de sorpresa.

—¿Cómo te sientes? —pregunta la joven, volviendo a acariciar el cabello de Dylan.

—Mejor, muchísimo mejor aunque no puedo evitar sentir dolor en todo el cuerpo —responde este.

—La doctora dice que al no tener muchos calmantes, deberá tomar una pastilla diaria solamente cuándo sienta que el dolor es insoportable, y le va a doler todo el cuerpo durante bastantes días.

—No suena nada agradable —dice Mayreth.

—Pero creo que entiendo cómo se siente Micneya todo el tiempo —dice el joven, para luego callarse la boca repentinamente.

Mayreth alza la cara repentinamente, y luego voltea a ver a Micneya, quién hace un gesto de no entender bien. Gabriel entonces interrumpe el momento, cruzándose de brazos mientras empieza a hablar.

—Bien, tenemos que sentarnos a hablar mientras comemos, hay buenas noticias, Zailyn logró encontrar información muy importante para nosotros referente a cómo inició el apocalipsis zombi. No estoy tan seguro, pero muy probablemente, vamos a dar con el origen de ellos.

Todos voltean a ver a Gabriel sorprendidos. La sonrisa no puede evitar dibujarse en el rostro de Dylan, quién aún no cree lo que escucha. Micneya también se alegra mucho al escuchar eso, y es que en la situación en la que se encuentran, saber el origen de los zombis o al menos cómo empezó el apocalipsis, es un paso muy grande.

—¿En serio Zailyn encontró eso? —pregunta Mayreth, sorprendida.

—Sí. Antes de ir a buscarte, fui con ella a la base, y quedamos en que haya una reunión mañana. No te lo comenté antes porque quería darles la noticia a todos de una vez —dice Gabriel, rascándose la cabeza—. Aunque Zailyn se mostró algo consternada al comentarme.

—Muy probablemente, no sean cosas bonitas lo que vamos a ver —dice Micneya.

—¡No me digas! —responde Dylan con un tono sarcástico.

—Los científicos Vicky y Abel también estarán en la reunión de mañana, exponiendo la situación desde su punto de vista, por ende, es necesario que ustedes también estén mañana. Deiler me ha pedido que les haga saber la información.

—Ojalá Moisés estuviera aquí también para poder ver esto —dice Dylan, bajando la mirada—. Tenemos que aprovechar todo lo que nos digan mañana y... Prepararnos para cuándo los zombis vengan.

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